Tengo orgasmos, soy feminista y vivo happy (+ vídeo)

Clitoris
Muchas de las ideas que recorren el mundo, intentando describir qué es feminismo, están basadas en la ignorancia y el “dejarse llevar por cantos de sirenas”. Pero la ignorancia se reproduce, juega su papel al punto que convertir a las víctimas en verdugos. Sin embargo, si malo es lo anterior peor es remitirlas a la condición crónica de personas sufridas e infelices, porque eso no es cierto.

Muchas mujeres feministas, no importa cual sea la condición de su activismo, somos divinas, felices, y estamos agradecidas con esta vida que alguien nos ha dado. Pero esa felicidad molesta y duele a quienes nos conciben agrias y frustadas. Aun más, perturba que tengamos nuestras ideas, estudios, opiniones, comentarios, títulos universitarios, maestría, doctorados, etc., y que no necesitemos ni de un Dios ni un macho que nos indique qué es la espiritualidad o cómo alcanzar nuestros orgasmos, esos que solo nosotras sabemos de qué van. (Yo especialmente no soporto cuando un hombre me trata como una descerebrada, una niña, intenta hablar de experiencias privativas de quienes tenemos clítoris o me dan consejos que no les he pedido).

Yo Negracubana me reconozco una gozadora universal, divinamente acompañada en esta vida por otros seres. Mis amadxs, mis amigxs, mi hija, mi nieto, mis…, mi…, mis…..

Así que soy parte de la banda de Chimamanda Adichie.

Si pudiste llegar al final de este corto post sin decir “pero”, entonces eres “uno de los míos” y estoy a tu disposición para acompañarte en el proceso de aprender que el feminismo es mucho más que “no necesito que me cargues la caja de cerveza que acabo de comprar (con mi plata)” . Si no, “dale pa la escuelita” y cuando hayas leído lo que yo, hablamos.

Importante recomendación, empezar por acá (tienes permiso para mirarle el culo, pero cuídate de no desconcentrarte):

 

 

 

Me dicen Cuba: Ernesto Pérez Chang quiere polemizar

Ernesto-Pérez-Chang

Especial para Oncuba Magazine

Esta es una entrevista que no necesita demasiada introducción. Si usted quiere saber quién es el Ernesto Pérez Chang (El Chino), no deje de llegar al final de esta conversación, surgida en las noches de una internet de banda ancha, en uno de los extremos, y en el otro una conexión algo más que lenta.

Has trabajado por muchos años como editor en instituciones cubanas, también estuviste a cargo de publicaciones. Con esa experiencia acumulada, me interesa saber cuáles son las principales lecciones aprendidas en ese entorno para ahora desarrollar una vida profesional freelance?

Fueron más de diez años los que trabajé como editor en numerosas instituciones culturales cubanas. Es decir, trabajador con un salario mensual, con un expediente laboral y con los ciento cuarenta y siete mil compromisos a los que obliga en gran medida ese vínculo, llamémosle “oficial”. Obligaciones que van desde aceptar cualquier libro y autor que alguien decide poner en tus manos, sin que guarden relación con gustos y filiaciones personales, hasta la asunción de posturas y criterios ajenos, solo por la necesidad de mantenerme en una plaza, con un salario fijo, una posición de relativa influencia y otras cosas que a veces uno piensa que son necesarias para vivir cuando en verdad se van convirtiendo en estorbo en muchos sentidos.

Pecaría de una ingenuidad muy peligrosa quien se niegue a reconocer que hay un trasfondo político en cada una de las instituciones culturales cubanas. En todas, y me atrevo a ser categórico, el juicio ideológico, alineado con el discurso oficial, se impone a la hora de tomar decisiones sobre obras y autores.

Nuestras instituciones son incapaces de tomar un rumbo individual, con sello distintivo, si antes no reciben el beneplácito de las instancias de gobierno. Esta situación lamentable no solo limita el desarrollo de las instituciones sino que afecta la credibilidad de sus estamentos y se desvirtúan como espacios para propiciar el diálogo con los escritores y artistas. Una institución cultural que se pretenda como tal, no puede plegarse incondicionalmente a los designios de un gobierno, sea de la tendencia que sea, porque terminará o comenzará por convertirse en un mecanismo de control ideológico verdaderamente diabólico, siniestro. Eso no le hace bien a nadie porque corromperá la cultura generando esperpentos, caos, estableciendo retorcidas jerarquías intelectuales donde solo tienen voz quienes no cuestionan ni ponen en jaque todos los estamentos de la sociedad.

Yo no puedo ser escritor ni editor para complacer a un grupito en el poder. Soy escritor porque tengo necesidad de traducir un universo personal y me creo con la capacidad de hacerlo y no puedo traicionarme solo por ver mi nombre impreso en papel, por ganar notoriedad. Las instituciones culturales deben existir para propiciar que el escritor y el artista se realicen plenamente tanto como deseen hacerlo y desde la posición política que estimen conveniente. Tantos años trabajando, viviendo, soportando el ambiente cultural cubano me han dejado esa experiencia y me han llevado a concluir que una obra y una vida auténticas, despojadas de compromisos, solo es posible cuando uno se deshace de ciertas ataduras.

Continúo editando freelance para algunas instituciones pero solo cuando me siento libre de elegir y de realizar mi trabajo. Mi última experiencia como editor “fijo” me convenció de que la cultura y la política cubanas tienen recovecos sórdidos, tóxicos que mejor sería no explorar. Mi única experiencia como editor de una revista me hizo ver los verdaderos rostros de la mentira y el oportunismo, y te aseguro que no son para nada agradables. Pero eso pertenece a otra historia que en su momento contaré con lujo de detalles.

Un día de febrero del 2014 descubrimos tus artículos de opinión en Havana Times y otra de abril, se detuvieron. Te pregunto: ¿es posible hablar en Cuba de un impacto de las revistas digitales en la sociedad a pesar del poco acceso de la población a Internet? Segundo: ¿qué ha pasado que no has publicado más?

Antes de febrero de 2014, hace más de dos años, ya había publicado un par de artículos para Havana Times. Aquellos fueron textos que regalé al editor, por los cuales no cobré ni un centavo. Aclaro esto porque hay quienes piensan que los escribí por dinero. Aunque no tengo nada en contra de ganar por lo que se escribe, prefiero señalar el detalle para esos que se preocupan por los ingresos de uno y su vinculación con algo “conspirativo”. No me agradan las conspiraciones. Como sé de ellas y he participado de algunas, tengo razones para detestarlas. Todo cuanto he escrito en Havana Times lo sostengo tal cual.

Aquella primera vez tuve que dejar de mandar textos porque hubo amenazas solapadas y no me sentía seguro teniendo que abandonar mi plaza “fija” en la revista Unión. Quería realizar un proyecto de publicación diferente, me ilusionaba con eso y opté por finalizar mis colaboraciones. O cuidaba mi trabajo o escribía para HT, y preferí lo primero. Otra vez me reprimía a la hora de opinar, nuevamente terminaba cediendo ante presiones tontas y te confieso que el período posterior a esa decisión fue un infierno. Me encontré aprisionado en una etapa de mi vida en que pensaba de un modo y me expresaba de otro por conveniencia. Cuando me armé de valor por sucesos personales y familiares que, como puñetazos en la cara, me abrieron los ojos, decidí desligarme de todo compromiso mezquino y, entre otras cosas, regresé a Havana Times que era el medio que tenía a mano, publiqué esa veintena de artículos pero luego dejé de escribir para allí. No me parece el sitio idóneo para debatir en profundidad temas que en realidad no llegan a quienes deben participar del debate y creo, además, que muchos de sus columnistas desvarían, improvisan y muchos de los análisis son realmente pueriles, absurdos, incoherentes. Creo que el editor debería ser más exigente y trabajar en proveer a Havana Times de un nivel de credibilidad mayor. No se debe acumular colaboradores simplemente por dar la idea de quórum o de pluralidad de criterios. Havana Times debería crearse un público lector de fuerza, no convertirse en un espacio de mera catarsis.

Me gustaría tener una columna donde expresarme a diario o con asiduidad pero no me gusta hacer ni sumarme a pataletas solo por escandalizar. Prefiero debatir, invitar al diálogo inteligente, que mi punto de vista llegue al mayor número de personas no para decirles “mira qué agudeza tengo”, no, sino para que alguien, no importa quién sea ni la ideología que abrace, me riposte, me ilumine, me haga pensar o sentir seguro o inseguro con las cosas que tengo por verdades. Creo que ese es el objetivo de publicar en revistas digitales, el poder interactuar con los lectores, dialogar, cosa que no se logra en las publicaciones de papel. En Cuba ese diálogo tan saludable es una fantasía por las limitaciones con el internet. Los medios de información y de opinión oficiales que emplean el papel o lo digital no permiten libertades ni disidencias de ninguna clase. A duras penas comienzan a introducir un tipo de diálogo artificial que se estructura solo dentro de los márgenes trazados previamente por un mecanismo de censura igual o peor que un tribunal inquisidor.

Quienes detentan el poder saben de las peligrosas libertades de los medios digitales alternativos y hacen todo cuanto pueden por controlar el acceso de la mayor parte de la población. Ese es un mecanismo de control que defenderán a capa y espada aludiendo cuestiones de soberanía, de patriotismo, cuando uno sabe que solo es expresión de la soberbia de algunos pocos. Hoy estoy convencido de que un ciudadano no debe esperar a que lo autoricen para opinar, y que no puede ser bueno un gobierno que se adjudique el derecho exclusivo a controlar las opiniones individuales.

Pero no creo que sea desacertado abandonar las posibilidades que brindan los medios digitales y las redes sociales para expresarnos fiel a nosotros mismos mediante blogs o simples cuentas de Facebook o Twitter. Cuando no tenía internet (y aún no lo tengo, simplemente juego al gato y al ratón, como le digo a mis amigos) muchas cosas que se publicaban en la web me llegaban por otros medios, un poco tarde, pero me llegaban y uno siente con eso un soplo de aire fresco en medio de este ambiente enrarecido que terminará por asfixiarnos como escritores y como seres humanos.

En un artículo publicado en lo que podría haber sido una exitosa columna decías: “Ni hablar de las publicaciones existentes. Cada una es el reflejo especular de la otra. Indistinguibles, sin personalidad propia, son un verdadero desastre al no cumplir el objetivo de toda revista cultural: ser una voz en medio de voces disímiles.” Si fundases una revista, ¿cuáles son los ingredientes que le pusieras para no repetir aquello que cuestionas?

Todas las publicaciones institucionales cubanas padecen de la misma enfermedad contagiosa de la despersonalización. Lo único que las diferencia es el nombre, la cantidad de páginas y la calidad del papel. Si revisas el contenido te encuentras con los mismos autores y los mismos temas, los mismos homenajes a las mismas figuras y el mismo silencio con respecto a los temas más urgentes para la nación cubana. Cuando se van más allá de los límites de lo permitido, enseguida sale algún funcionario a recoger riendas. Mira lo que sucede con La Noria, en Santiago de Cuba, una de las pocas revistas que ha logrado identificarse con una estética y un grupo afín, sin embargo, constantemente recibe los ataques de mucha gente mediocre que le hace el juego a la censura. La atacan porque no publica a los mismos autores que las otras, porque se ha propuesto focalizar una estética determinada; la atacan porque es de las poquísimas que cumple la verdadera y más genuina función de una revista literaria. Cuando te acercas a cualquier publicación en Cuba te encuentras con las mismas trabas para publicar asiduamente en ella. Aunque el editor quiera mantenerte en todos los números, no lo dejan. Un autor que colabora esta vez, la próxima tendrá que irse a otra revista y así hasta que le llegue el turno de regresar. Y cuidado con los contenidos. Si vas a ponerte demasiado crítico con lo que sea, la cosa es más grave. También cuando decides publicar a determinados autores cuyos nombres no suenan muy agradables en algunos oídos. Si deseamos crear un ambiente de publicaciones culturales bien saludable, debemos comenzar por permitir las iniciativas individuales en tales proyectos, derribar las censuras y dar luz verde a que autores y editores con imaginación y deseos de trabajar echen a andar sus proyectos. Pero habrá de pasar mucho tiempo, muchísimo, para que esto suceda por eso que te decía sobre las instituciones culturales y su relación con los mecanismos de control. No son instituciones, te repito, son piezas de un engranaje sofisticado donde las libertades de creación y expresión pasan a un segundo plano, muy por debajo de la salvaguarda ideológica que es la joya de la corona. Las revistas que se generen en tales espacios desvirtuados no pueden realizarse en plenitud. Una revista para ser REVISTA, en mayúsculas, necesita de la iniciativa individual, de la independencia ideológica, no prestarse como pantalla decorativa de algo que nada tiene que ver con la literatura y el arte. Si yo tuviera la oportunidad de hacer una revista, el primer ingrediente sería ese, la independencia total, el no rendirle cuentas a nadie ajeno.

En ese mismo texto te quejabas de que en el trabajo por cuenta propia no se permite la industria editorial. ¿Qué soluciones loables plantearías para que los profesionales de la edición pudieran insertarse junto con otras ya legalmente reconocidas, como el diseño y la ilustración, y desarrollasen la pequeña empresa privada en el ámbito editorial?

Las nuevas leyes cubanas que autorizan el trabajo por cuenta propia y la creación de pequeñas cooperativas, ignoran a los profesionales de la edición. Cuando preguntas por qué tales absurdos, te responden con evasivas. Nadie se atreve a revelarte la verdad: el gobierno no está dispuesto a ceder terreno en el control de la información. Existe una estricta vigilancia sobre lo que se publica y lo que se lee. En apariencias se publica todo, pero sabemos que solo se promueve aquello que no resulta nocivo para el grupo de poder político. Un libro que no convence ideológicamente a los censores puede llegar a los anaqueles de las librerías, pero su promoción será prácticamente nula. Nadie hablará de él, no al menos en un periódico de gran alcance ni en un programa de televisión en horario estelar. Ese libro pasará sin penas ni glorias mientras la última novela muy mal escrita de Periquito Pérez o el libro de Historia de Cuba que habla sobre la lucha en la Sierra Maestra será tema central hasta en los programas televisivos sobre cocina. Si la iniciativa individual, privada, llegara al sector editorial, enseguida podrás ver cómo crearán leyes paralelas que subordinen estas empresas a una especie de control político. ¿No lo están haciendo con el cine cubano que ahora debe pasar por la censura del Ministerio del Interior? Ahora son los militares quienes deciden qué película se filma y cuál no. Con el libro pasaría lo mismo si permitieran la empresa privada en la cultura, tendríamos a un coronel que nada sabe de literatura orientándonos al oído qué autores son los más adecuados. Regresaríamos a un Quinquenio Gris o Decenio Negro, si no es que estamos a las puertas de él con tales truenos. Todos saben que no se permitió abordar el asunto en el más reciente congreso de la UNEAC. Los debates fueron saboteados y los artistas y escritores silenciados de modos diversos. Hubo un grupo que moderaba los debates pero en verdad se encargó de bloquear y chotear aquellos planteamientos bien candentes. El bonche, el chistecito, la payasería de algunos dirigentes es antológica, bufonesca, detestable y síntoma de que no cambiará el ambiente hostil en mucho tiempo.

Creo en lo beneficioso de las iniciativas individuales en la cultura cubana pero igualmente no creo que en las condiciones actuales se pueda confiar en que serán genuinas aquellas que logren realizarse. Mientras el gobierno no renuncie a establecer un control sobre las expresiones artísticas y literarias, mientras nos tengan a todos bajo sospecha, no servirá para nada crear empresas propias porque siempre habrá un vínculo subterráneo o explícito con la censura oficial que restará credibilidad y participación a los proyectos.

Ahora sobre tu obra: locos, prostitutas, asesinos, seres deformes, criaturas mediocres, denominados así por ti, son los personajes que han habitado tus obras. ¿Lograste o no poner fin a ese ciclo de soledad y el silencio de tus personajes? ¿Que otros vendrán próximamente?

He querido ponerle fin a eso que alguna vez pensé como un ciclo de extrañas y retorcidas criaturas pero debo reconocer que he sido ingenuo al intentarlo. No era un ciclo, era el mundo tal y como lo veo desde el punto de vista donde me sitúo al escribir. No soy capaz de adoptar otra perspectiva. Cada vez que termino un libro pienso que será el definitivo, que ya lo dije todo y que no hay más. Sin embargo, pasan los días, los meses y me vuelvo a poblar de esas criaturas, o tal vez no me abandonan jamás y simplemente se esconden o se transforman en materia literaria, demasiado volátil, y regresan o salen del escondite.

Recientemente he concluido dos libros, uno de cuentos y una novela. Otra vez retornan las mismas criaturas decrépitas, mediocres, alucinadas. Con personajes similares he comenzado una nueva novela y alisto otro libro de cuentos que me han pedido. En fin, comienzo a aceptar que están en mi cuerpo, en mi cabeza, metidos bien dentro y que solo puedo aligerar tanto peso escribiendo más y más y más hasta que ellos terminen venciéndome. Y lo harán, sin dudas. Ya no los combato, solo gano tiempo.

Cada día publicas especies de micro-post o mini-cuentos en tu perfil de Facebook, ¿en qué condiciones nacen esos textos? ¿Los guardas? ¿Son escritos previamente o nacen justo cuando estas conectado?

Todos los días escribo microrrelatos, es lo primero que hago al despertarme y lo último antes de dormir. Nunca comienzo a escribir si no esbozo una idea y logro cerrarla en ese mismo instante. Si no alcanzo a hacerlo, ese día no será bueno para escribir. Si no culmino el día con una historia, la jornada no ha sido exitosa y no podré conciliar el sueño. A veces no son cuentos breves sino solo ideas que se me ocurren para poner en boca de algún personaje en que estoy trabajando, por eso hoy pueden ser textos individuales pero mañana pasan a formar parte de una historia mayor.

En pocos días saldrá publicado mi primer libro de relatos breves, Cien cuentos letales, y pronto daré a la editorial otro volumen que he titulado Manual de privaciones. Preparo otro sobre animales, como fábulas.

Anotadas en cuadernos de apuntes tengo centenares de historias. Son como el disparo de arranque tanto para la vigilia como para el sueño. Comenzar y terminar uno en un rapto mínimo me asegura que puedo comenzar a escribir en ese instante, que tengo todos los sentidos puestos en la escritura, que nada me puede sustraer de ese acto. No soy escritor de domingos, soy escritor a tiempo completo. Me gusta compartir lo que escribo con mis amigos de Facebook y leer lo que otros publican, establecer un diálogo, una conversación que raras veces uno entabla con los conocidos no virtuales. No escribo directamente cuando estoy conectado a Facebook, me conecto para compartir, leer, abrir una ventana y salir de mi habitación y dejar entrar a todos. Cada día me voy quedando sin secretos y eso antes me intimidaba pero ahora me satisface. Son sensaciones nuevas y eso me gusta.

En otros momentos te refieres a la polémica de turno en Cuba, en uno de ellos decías: “Todavía no logro comprender el efecto que provoca en la calidad de la obra literaria el mejoramiento del entorno para producirla. Eso de esperar por las condiciones óptimas para poder crear una gran novela es como tener fe absoluta en que un lujoso retrete nos cure una diarrea.”

Siempre estoy dispuesto a polemizar y enredarme en discusiones sobre temas que me afectan directa o indirectamente. Detesto las opiniones excluyentes, los criterios absolutos, aunque tengo que reconocer que a veces suelo ser drástico en mis opiniones. Pero de eso se trata, de provocar el pensamiento, el debate para aclarar mis propias ideas. Como se dice en buen cubano: “meto la cuchareta” en casi todo y aguijoneo buscando la reacción a favor o en contra. No puedo ser de otro modo, “el ser se es y no puede ser declinado”, ha dicho Spinoza y me gusta repetirlo en algunas ocasiones.

Un tema que me apasiona es ese de la creación y las condiciones para realizarla. Detesto cuando hay quienes se escudan en la hostilidad del entorno para dejar de hablar o escribir. En el fondo esos silencios enmascaran mediocridades, oportunismos. Una cosa es escribir y otra publicar, de modo que jamás comprenderé esa espera de un permiso o un estado de tolerancia o un mejoramiento del entorno para poder crear. Escribo de lo que creo debo escribir, de lo que necesito exteriorizar, si eso llega a ser publicado o no, es otra cosa, pero no me sostengo la mano al escribir ni permito que nadie me guie ni me trace los límites. Pensar que el bolsillo y el estómago llenos son condiciones esenciales para escribir como Dios manda es una tontería, es desconocer el sinnúmero de obras maestras que fueron escritas en condiciones de miseria extrema. Esa idea de que no es posible escribir bien en Cuba porque el contexto conspira, es ignorar que la literatura y el arte son ejercicios donde uno debe estar dispuesto a sacrificarse a pesar de los pesares, aunque el estómago y hasta la cabeza estén en peligro mortal. El encierro en una urna de cristal —aspirando perfumes y bebiendo ambrosía—, no logrará hacer de una obra algo mejor y mayor. Somos escritores más allá de eso y si no hay que revolcarse en el estiércol para decir que hemos sacrificado un mundo en favor de la literatura tampoco hay que esperar a dormir en un lecho de rosas. Escribir es un estado inaplazable.

Mi cuerpo me pertenece. Reflexiones en torno al tratamiento mediático de la baja natalidad en Cuba

Mi cuerpo es mio

Por Helen Hernández Hormilla
Estoy harta de escuchar por los medios cubanos, en boca de periodistas, especialistas y hasta de altos dirigentes de la nación, que las mujeres somos responsables por la baja fecundidad del país. Durante años demógrafos y estadistas estuvieron advirtiendo sobre la tendencia poblacional cubana hacia el envejecimiento, que cada vez eran menos los alumbramientos y la de una emigración mayoritariamente joven, en edad fértil y femenina. Cuando el asunto fue inminente, se precisó, por lógica, un llamado de atención hacia la sociedad toda, como parece estar sucediendo hace un par de años. Sin embargo, más que juicios alarmistas “para crear conciencia del problema”, empezamos a requerir políticas públicas coherentes con el escenario real y un enfoque mediático menos reduccionista.

No pretendo aquí explicar el fenómeno de marras. Junto a las excelentes investigaciones desarrolladas por el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, existen colegas que desde las revistas Bohemia y Mujeres, entre otros medios, han descrito a profundidad el asunto desde hace más de una década. Especialmente, mi colega y amiga Dixie Edith reúne decenas de reportajes y comentarios al respecto, además de una investigación sobre el tratamiento de este tema en la prensa cubana, con la que recibió su título de Máster en Demografía y cuyos resultados ha mostrado en eventos y pueden rastrearse en internet.

Sin embargo, el conocimiento acumulado en temas de población en Cuba parece invisible para la prensa cubana, en especial la televisiva. Aunque no me agrada cuestionar el trabajo de colegas a quienes estoy segura les resulta complejo el acceso a las fuentes, la lucha por derribar los límites de las políticas editoriales y unas rutinas productivas asfixiantes, lo sucedido con la sección “Cuba dice” del noticiero estelar televisivo el 29 de abril, dedicada al tema de la baja fecundidad, me parece agraviante y ofensivo del desarrollo de las cubanas en el último medio siglo.

Como en otros materiales de este tipo, se enfatiza en el tema de la natalidad como un asunto de mujeres, desde la entrada de las primeras reflexiones de las periodistas. Junto a más de 5 gestantes o madres entrevistadas como público, solo opina un padre joven (sobre asuntos meramente económicos), y un doctor del Programa Materno Infantil interviene como especialista. Ante cuestiones como la crisis económica, la situación de la vivienda, las múltiples generaciones precisadas a convivir, la emigración externa, entre otros factores que condicionan el que cada vez nazcan menos bebés en Cuba, se decide enfatizar en el lugar social alcanzado por las mujeres como causa del conflicto. Todo el tiempo se refieren a la mujer que decide tener hijos, la mujer embarazada, la madre que atiende a sus bebés y compra la canastilla, la bailarina que no temió tener un hijo aunque pospusiera su trabajo. En fin, si un marciano hubiese llegado a visitar el planeta en ese preciso instante y sintonizara Cubavisión, probablemente considerase que las humanas nos fecundamos por nosotras mismas.

Pero lo más desconcertante fue escuchar a aquella madre primeriza aconsejar a las otras mujeres que no aborten, porque ya verán lo bonito que es tener un hijo, y muy tiernamente evoca al suyo, pequeño y seguramente encantador. “Todo niño viene con un pan debajo del brazo”, declara, como si criar se tratara únicamente de alimentar una criatura, y no de educar, de brindar afecto, de compartir su vida y formar valores. Para todo ello la madurez y la seguridad son elementos determinantes.

El derecho al aborto es una de las primeras conquistas de las mujeres cubanas en el período revolucionario. Algo por lo que luchan muchas de nuestras hermanas feministas en todas partes del mundo, porque, lamentablemente, son varios los gobiernos negados a conceder el derecho de seres humanos autónomos a decidir sobre su cuerpo. Prohibir el aborto ha sido la causa de múltiples muertes debido a prácticas abortivas caseras o en condiciones de inseguridad. Me parece ofensivo que, con marcada intencionalidad, el material periodístico se detenga en este comentario de una ciudadana incuestionablemente feliz por su elección, pero ignorante de lo que la imposibilidad de esta puede costar a otras cuando son juzgadas o se les impide decidir lo contrario. En Cuba disfrutamos del derecho a abortar desde hace 5 décadas. DEFENDÁMOSLO.

Ese ideal de maternidad sublimada, absoluta, responsabilizante, puede ser una de las razones que motiva a muchas jóvenes cubanas a posponer la decisión de procrear, e incluso a negarla. Mientras tener hijos se convierta en un límite, no importa si se tiene dinero, o casa propia, o una sociedad segura, algunas seguiremos esperando. Así lo demuestran estadísticas de naciones desarrolladas con dinámicas poblaciones similares a la cubana.

Si el asunto de la fecundidad hace tornar la vista hacia las mujeres: ¿Por qué no preguntar sobre la participación de los hombres cubanos en la manutención y la crianza de sus hijos e hijas? ¿Por qué no insistir en la irrisible cantidad de hombres que optaron por la licencia de paternidad en casi una década de ley? ¿Por qué no mencionar las débiles garantías legales para las madres divorciadas, que muchas veces ven partir al esposo “para siempre”? ¿Por qué no hablar de la baja calidad de la educación y el déficit de círculos infantiles? ¿Por qué no mencionar la sobrecarga del cuidado familiar que pesa sobre las mujeres, sobre todo en la edad mediana? ¿Por qué no cuestionar aquellos directivos o dueños de negocio que no emplean a mujeres gestantes o con hijos pequeños? ¿Por qué no exigir a las instituciones sus propias estrategias para garantizar el cuidado de las familias de sus trabajadoras y trabajadores, por ejemplo: guarderías dentro de las empresas? ¿Por qué no se menciona que las mujeres con hijos tienen más dificultades para estudiar, acceder a postgrados, ocupar cargos de dirección, superarse?

Hay muchas otras preguntas que hacer cuando se trata un asunto tan complejo, con tantas aristas. Tal vez debamos pensar, como notaba una sabia amiga, en cómo hacer más productiva a la población económicamente activa y motivar a la juventud para fundar sus proyectos de vida en esta isla.

¿Hasta cuándo seguirán repitiéndose en la televisión cubana tantos clichés, sin profundizar, sin acudir a fuentes profundas y resultados de investigaciones sociales que nos gritan nuevas verdades desde cátedras universitarias y centros de investigación? Lo peor es que aunque desde la prensa digital, las revistas de corte investigativo, la academia, la blogosfera o los correos personales, se difundan otras versiones y el desconcierto que estas producen, ninguna tendrá tanto impacto como la del Noticiero Nacional de Televisión y otros programas informativos de la pequeña pantalla en los que se ha abordado este tema.

Creo que no basta ya con quejarse, debemos hacer algo que eleve la protesta por este tipo de abordaje sexista al tema de la baja natalidad y los dilemas demográficos cubanos. Si la televisión cubana atiende regularmente el pedido de personas escandalizadas con las relaciones afectivas entre el mismo sexo, espero que sea igual de receptiva para este tipo de llamados.

LA CULPABILIZACIÓN DE LAS MUJERES POR LOS ÍNDICES NEGATIVOS DEL CRECIMIENTO POBLACIONAL EN CUBA DESDE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ES INACEPTABLE.

29 de abril de 2014

Imagen tomada de THF

Los hermosos peligros de la libertad

globosEn estos días se discute muchísimo en La Habana acerca de diversos temas. Desde el libre acceso a Internet, el filme Conducta, hasta la nueva Ley de inversión extranjera en Cuba suscitan diferentes opiniones y posiciones encontradas.

En mi opinión, esos son puros pretextos. El punto álgido es un proyecto de nación que incluya la libertad de pensamiento, expresión y de creación.

Hoy me levanté con un texto en mi buzón que mi amigo Victor Fowler me envió con el siguiente epígrafe:

 

Hace unos días publiqué en el suplemento digital de la revista Espacio Laical este artículo ensayístico que ahora comparto por correo electrónico. Comencé intentando hablar acerca de la necesidad de debate social, tema habitual en numerosas intervenciones de todo tipo y procedencia en el país, y terminé escribiendo exactamente sobre lo contrario; es decir, ¿cuáles son las condiciones necesarias para que, en un territorio cualquiera, no exista debate social? El texto contiene un párrafo más que en su edición digital, así un subtítulo que introduce mejor las paradojas de su contenido, pues –a la manera de una especie de borrador permanente- es tema acerca del cual he seguido pensando. Como mismo otras veces, lo mando a ustedes, colegas a los que respeto, cuyo trabajo sigo y a quienes pienso que tal vez les interese.

Es posible que entre las personas que leen esta bitácora surja una interesada. Por eso lo comparto:

Descargar Los hermosos peligrosos de la libertad por Victor Fowler

Imagen tomada de Registro Personal 

 

La lucha contra las discriminaciones en Cuba: Un pasito pa´lante y un pasito pa´trás

Transexual Cuba

Leyendo comentarios en blogs, sitios, y cuantos medios digitales atraen mi atención, he podido advertir las diferentes posiciones que desde Cuba, se asumen en temas como la diversidad sexual, la violencia de género y las relaciones raciales.

Por ejemplo, cuando ya pensábamos que teníamos ganado el debate a favor de la diversidad sexual, un medio oficial cubano publicó un artículo de opinión cargado de homofobia y pseudociencia.

Lo que más me ha sorprendido es, en primera instancia, las múltiples conexiones posibles entre las ideas defendidas por quienes usualmente se reconocen a sí mismos como adversarios, de manera que se desdibujan las fronteras si estas alguna vez existieron, entre la derecha y la izquierda.

En Cuba, cuando una piensa que ya no hay una vuelta atrás y presume de cualquier vuelta de tuerca será hacia la izquierda, aparecen posiciones decimonónicas en el abordaje de ciertas temáticas, de manera que ya no sabemos si se trata de una cuestión puramente ideológica o simplemente política.

Una amiga me dijo en una ocasión que habían temas para los cuales esa distinción no era útil, pues la gente se posiciona más bien atendiendo a sus propios intereses, actitudes y según sus prejuicios.

No quisiera ser categórica, pero en la Cuba de ahorita, encontrada en esos comentarios en los espacios digitales, se dibujan posiciones conservadoras, tradicionales, muy alejadas al desarrollo social de nuestro país.

Violencia de género

El primer acontecimiento que llamó mi atención fue cuando un grupo de intelectuales cubanas intentamos visibilizar, a partir de un caso puntual, la violencia de género.

Muchas personas hicieron de esta su causa, sin embargo no dejó de sorprenderme como activistas por la diversidad sexual o los derechos sexuales, prefirieron pasar de largo ante la realidad que constituye la violencia machista contra la mujer.

Más allá de las razones individuales de cada quien, lo importante para mí fue notar cómo los problemas de las mujeres son cuestiones de segundo orden, supeditadas a cualquier otra. Entonces, la violencia contra ellas no es una razón suficiente para movilizarnos. Como consecuencia somos para mucha gente de derecha, de izquierda, de arriba y de abajo, ciudadanas de segunda. Es violencia simbólica, es el patriarcado, es la misoginia…

Diversidad sexual

Fui, hasta hace poco, parte del comité organizador de las jornadas contra la homofobia (donde colaboraban muchas personas e instituciones y no solo el CENESEX) y por tanto testigo de como gente de bien trabaja por mucho tiempo y por puro activismo, con el objetivo de que las personas sexo-diversas logren vivir y disfrutar de sus derechos, atendiendo a que la Constitución de la República declara la igualdad de todos los cubanos y cubanos.

El href=”http://proyectoarcoiris.wordpress.com/” target=”_blank” rel=”noopener”>Proyecto Arcoiris, al cual pertenezco, se ha organizado desde ese mismo activismo pero de manera autónoma. En junio del 2012 realizamos una besada por la diversidad sexual, como manera de transgredir el paradigma heterosexista existente en la sociedad cubana. Asistieron personas de diversas procedencias, todas comprometidas con un futuro de derechos sociales, sexuales y reproductivos no solo para los heterosexuales. Realmente fue un día especial para quienes asistimos. Un logro más.

Pues cuando ya pensamos que tenemos ganado cierta parte del debate, entendiendo por ello que nos acercamos cada vez más a las soluciones dentro de la justicia social y la equidad que presupone un sistema donde el ser humano es lo más importante, un medio de prensa oficial presenta un artículo con referencias a conceptos ya desestimados dentro de las ciencias naturales y sociales.

En el artículo en cuestión, usted puede encontrar tanta pseudociencia y homofobia (incluida la preocupación ante el “estímulo desenfrenado a la homosexualidad”) que duda de su procedencia y puede llegar a considerar la colocación premeditada y alevosa en un medio que pertenece al único Partido que hay en Cuba; el cual, a partir de la discusión con el pueblo, consideró dentro de sus Lineamientos el respeto a la diversidad sexual y la identidad de género en la Isla. Sencillamente inexplicable, otro pasito pa´ atrás, diríamos en buen cubano.

Entre los comentarios a dicho artículo, se encontraron soluciones como realizar un referéndum nacional para establecer (o no) la posibilidad que parejas de un mismo sexo puedan ser reconocidas legalmente, como si los derechos humanos no fueran inherentes a todos los seres humanos y sin considerar que todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna (valgan todas las supuestas redundancias).

Me preguntaba entonces si se ha hecho alguna vez en Cuba un plebiscito para aprobar por ejemplo la Ley de Seguridad Vial, la Tributaria o la de Maternidad. ¿Por qué entonces necesitan las personas reconocidas como heterosexuales decidir sobre la vida particular del resto de los cubanos y cubanas? ¿Es miedo? ¿Es enfermedad? ¿Es mala vibra? ¿Es homofobia?

Racismo

Cuando aquel texto de Roberto Zurbano salió en el New York Times (NYT), mucha gente salió a criticarle, y en muy contadas ocasiones se propició el debate, más bien la oleada de intervenciones proponía apalearlo, a la manera más primitiva posible.

En aquel entonces una amiga me preguntó, ¿qué es lo que no le perdonan a Zurbano: decir que hay racismo en Cuba; decirlo en el NYT; desde Cuba; por haberlo planteado siendo el director del Fondo editorial de Casa de las Américas; por ser un negro quien lo dice o por decirlo Zurbano?

En las críticas a Zurbano se vislumbraba el cuestionamiento de la validez del discurso de un negro acerca de su vivencia de discriminación racial.

Estoy segura de que las opciones anteriores no son excluyentes, o sea que en las duras críticas que se le hicieron a Zurbano (que no al texto, ojalá hubiesen trascendido el título para arribar a la discusión sobre la discriminación racial en Cuba) se cruzan más de una de las condiciones incluidas en la pregunta inicial. Sin embargo, la razón más recurrente en los comentarios, a veces explicita otras tácita, fue porque era negro.

El caso de los intelectuales que sobre el incidente y desde la Isla escribieron en contra de Zurbano saltó a la vista que las valoraciones emergieron del hecho de ser un negro dentro de la Revolución y con un cargo que escribe en un periódico del enemigo.

El punto de encuentro entre los comentarios dejados por lectores/as y los textos de esos intelectuales fue el cuestionamiento de la validez del discurso de un negro acerca de su vivencia de discriminación racial. La pertenencia racial de Roberto Zurbano matizó cada una de esas valoraciones de las cuales fue objeto, algo como que es menos legitimo hablar si se es objeto de la discriminación.

Me sigo preguntando que hubiese pasado si hubiese sido una persona blanca quien firmase el texto de marras. No obstante, en el momento en que vislumbré que había un subtexto a la hora de evaluar las palabras del Zurbano, y a propósito de los diversos debates en los que participé en aquellos días y los epítetos que allá se me endilgaron, declaré en mi bitácora:

Si una persona blanca habla de racismo:

1. Es solidaria
2. Es objetiva
3. Es una buena persona
4. Es antirracista

Si yo, mujer negra cubana, hablo de la discriminación racial:
1. Soy una malagradecida
2. Tengo una herida abierta
3. Me subvaloro
4.Soy una racista

Sobran las explicaciones. No obstante escribir esas breves líneas fue para mi un buen ejercicio terapéutico, una vuelta a mí misma, al tiempo que varias persona, de esas que no necesitan ser negras para reconocer al racismo en Cuba, lograron percatarse de cómo se nos cuestiona por el simple hecho de ser negros o negras activistas antirracistas. ¿Es miedo al negro? A ese negro que ya no pueden tildar de ¨atrasado¨, ¨haragán¨ o ¨marginal¨.

Las mujeres negras

Son contados los intelectuales varones, blancos y negros, que respaldan lo que están haciendo las cubanas afrodescendientes por visibilizar sus propias contribuciones a la historia y cultura.

Los mitos de la fragilidad femenina, la hipersexualidad de las mujeres negras o la creencia del ¨negro violador¨ han sobrevivido dentro de un paradigma feminista aún blanco.

El sexismo pulula por las intervenciones y decisiones; además son minoritarios los espacios abiertos para discutir el tema y proponer soluciones. La problemática de las mujeres negras en Cuba continua siendo de tercera, al cual se le antepone hasta el propio tema racial.

Si tenemos en cuenta cómo ha sido planteado dicho tema en la agenda de las diversas comisiones y organizaciones cubanas dedicadas a trabajar por la equidad racial, las mujeres negras han quedado históricamente al margen. Sin embargo, existe una excepción que confirma esa regla, es más, existen dos excepciones en mi opinión: la primera el grupo Afrocubanas, donde se privilegian la horizontalidad y el consenso, y el capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendientes, donde las negras han sido decisivas. En ambas estructuras a las mujeres les ha tocado parir contenidos y maneras de hacer, por suerte para el resto de integrantes, y lo han sabido aprovechar sobremanera.

Pero también son pocas las feministas cubanas blancas que reconocen el problema racial dentro y fuera del feminismo. Se otorgan premios, se realizan jornadas y las negras quedamos sumidas en el etcétera.

Por otra parte, la historia del feminismo cubano está contado desde la blanquitud, a pesar de que varias intelectuales han revelado acontecimientos importantes en la historia y la cultura nacionales que tuvieron como protagonistas a las mujeres negras.

Pasé una maestría que, a pesar de tener un módulo acerca de las identidades y las subjetividades, aportó muy poco a la consideración de la pertenencia racial a la feminidad-masculinidad. Tampoco escuché hablar, dentro de aquel programa académico, de la existencia del feminismo negro.

He encontrado en contadas ocasiones al racismo como temática fundamental de algún evento organizado por las feministas académicas. Es aún insuficiente la deconstrucción del sistema de valores y creencias asociados a la identidad racial. Los mitos de la fragilidad femenina, la hipersexualidad de las mujeres negras o la creencia del ¨negro violador¨ han sobrevivido a un paradigma feminista aún blanco. ¿Es desidia? ¿Es desconocimiento? ¿Es la necesidad de homogeneizar el(los) feminismo(s)?

Lo peor es que en Cuba, a pesar del paradigma humanista que muchas personas siguen, los activismos no logran conectarse de manera coherente y definitiva: las mujeres andan por un lado, los gays por otro, los negros en sus asuntos. Vaya, que cada vianda del socorrido ajiaco de Fernando Ortiz se ablanda no solo cuando puede, sino también, y sobre todas las cosas, cuando quiere. Ceder una parte del poder que otorgan la masculinidad, la heteronormatividad, la blancura constituye aún un reto en la Cuba del siglo XXI.

Tomado de Pikara Magazine.

MICROPOST: Decididamente,sirvio!!!!

Parece que la publicación en el NYT del articulo signado por Roberto Zurbano sirvió para algo más que para sacarlo de su puesto de trabajo, pues Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, dijo hace dos días en Naciones Unidas:

Como complemento al esfuerzo gubernamental y a la completa protección que dan nuestras leyes, se ha decidido encargar a un Vicepresidente del Consejo de Estado del seguimiento y la supervisión de la lucha contra el racismo y la discriminación racial.

Evidentemente es el reconocimiento de que SI HAY RACISMO Y DISCRIMINACIÓN RACIAL EN CUBA y sobre todo que, para su solución, hace falta que el Gobierno (y el Estado) se meta en el asunto.

Comienzo a soñar con la posibilidad de constar con una Ley contra el racismo y la discriminación racial que convierta en delito lo que ahora se asume como un ejercicio de cubanía: burlarse de los negros, agredirlos verbalmente, etc.

Ps: No soy ingenua, se que las cosas pasan cuando tienen que pasar… donde se incluye hasta la acción de nuestros egguns, luz para esos espiritus!

The Country to Come: and My Black Cuba? By Roberto Zurbano. The original article as submitted to the New York Times

AN INTRODUCTORY NOTE

There is a Yoruba proverb which says “By losing you win.” Reflection, criticism, and greater commitments for change are what I have won in these recent days, first turbulent and then clarifying. Because of these discussions, today I better understand the people and the positions they have defined with regard to racism.

At the end of a month there have been dozens of texts published in and outside of Cuba. My questions are still the same and my convictions even stronger. The answers multiply, ramify and achieve new pathways in the debate. The original Spanish text has been requested more than once; in my March 26th note, I explained why I could not make it immediately available: it was not merely out of respect for my contractual arrangement, but also a moral response to the New York Times.

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El país que viene: ¿y mi Cuba negra?. Texto original entregado al NYT por Roberto Zurbano

Por Roberto Zurbano, 13/3/13: artículo original entregado a The New York Times

NOTA DE PRESENTACION

Un refrán yoruba dice que perdiendo se gana. Reflexión, crítica y compromiso mayores he ganado en estos días, primero turbios y luego, esclarecedores. Hoy entiendo mejor a los sujetos, sus ideas y las posiciones con que, en la discusión, se definen ante el racismo. Al cabo de un mes se cuentan decenas de textos dentro y fuera de Cuba. Mis preguntas siguen siendo las mismas y mis convicciones más fuertes. Las respuestas se multiplican, se ramifican y alcanzan nuevos caminos en el debate. El texto original, en español, fue
requerido más de una vez; en mi nota del 26 de marzo expliqué la causa que impedía publicarlo de inmediato: no fue un simple respeto al contrato sino también una respuesta moral al NYT.

Finalmente, traigo a la luz los textos prometidos: el original en español, tal y como lo envié, antes de ser traducido por el periódico y una traducción al inglés, más decente, profesional y respetuosa que la aparecida finalmente en el NYT; obra de la amistad y el compromiso con la causa antirracista. Estos son los textos y el itinerario que explican las distorsiones que he denunciado. Sobre las ideas originales sigo sosteniendo la responsabilidad y el ánimo de discutirlas dentro y fuera de Cuba.

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Zurbano y el “New York Times”: Lo perdido y lo ganado en traducción

Por Alan West-Durán

Un artículo de opinión escrito por Roberto Zurbano de Casa de las Américas, publicado el 23-24 de marzo, 2013 en el “New York Times” (NYT) es un buen ejemplo, por una parte, de valor y franqueza; y por otra, de mala traducción, insensibilidad cultural y ceguera histórica (en especial en lo que toca al esfuerzo de titular descarriado sino mendaz por parte del diario neoyorquino. Empecemos con el título: la versión original en español era “El país que viene: ¿y mi Cuba negra?” La veracidad del título de Zurbano estriba en su consonancia con el compromiso cubano a favor de la igualdad social y las futuras posibilidades del país que auguran nuevas transformaciones y en cómo explora el futuro de Cuba y la verdadera igualdad para su población negra. Su crítica se hace dentro de un proceso revolucionario activo y en marcha, en el cual la justicia debe trabajarse, y no tomarse por dado. Este entendimiento del futuro a construirse es medular porque el artículo se hilvana sobre el proceso inacabado de la Revolución cubana, más todavía cuando se ve a la luz de las transformaciones económicas del país, que ha desatado nuevas realidades sociales, algunas positivas, otras perturbadoras. Tanto el futuro del país y el de su población negra se articulan como preguntas, como incógnitas.

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PROBLEMATICA RACIAL EN CUBA: Construcción de consensos

Por Gisela Arandia

¿Podrá la sociedad cubana construir un consenso para romper con el racismo actual e histórico y, al mismo tiempo, aprovechar las oportunidades revolucionarias?

“…Lo peor para los pueblos negros no es haber sido víctimas, durante siglos, de la mayor deportación de la historia de la humanidad, la trata de esclavos; lo peor es que ellos mismos hayan interiorizado, hasta cierto punto, el discurso racista inherente a esa práctica y hayan terminado por creerse inferiores; que hayan prestado oídos crédulos y a veces cómplices a las voces que pregonaban en todos los tonos su inferioridad congénita”.

Nicéphore Soglo

El debate surgido en los últimos días a propósito de un artículo de Roberto Zurbano, publicado en el diario estadounidense, The New York Times, nos ha tirado a la cara de modo virulento la pertinencia del racismo cubano. Un fenómeno que sigue insertado en los intríngulis más ocultos y sofisticados de nuestra consciencia social.El discurso racista con plena vigencia, es capaz de lanzar ráfagas de hostigamiento, con insólitas tesis para el mundo moderno, donde irrumpen ideas arcaicas desde las zonas remotas del pensamiento como parte de un imaginario social que todavía niega su existencia.

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