Declaración del Colectivo Cuba Liberación Negra

Somos personas Negras cuir cubanas que, desde una perspectiva abolicionista y antiimperialista, militamos dentro y fuera de Cuba, algunas afiliadas a grupos de liberación Negra y al movimiento Black Lives Matter en las ciudades y países donde residen. Con el presente comunicado pretendemos denunciar la invisibilización de las realidades de las personas Negras cubanas, especialmente en el contexto de crisis económica que se vive en Cuba, agravado por la pandemia de COVID-19, y tras las manifestaciones sociales que han tenido lugar desde el 11 de mayo del 2019 hasta las más recientes del 11 de julio de 2021.

Cualquier valoración que se realice sobre la situación de derechos humanos de la población afrocubana debe partir del reconocimiento del racismo estructural y la discriminación racial en todos los ámbitos de la sociedad cubana. Frases como “la revolución hizo a los Negros personas”, por ejemplo, refuerzan el mito de que el proceso revolucionario acabó con la desigualdad y la discriminación raciales y pretenden colocar a las personas Negras en un lugar de subordinación e indefensión y eterno y acrítico agradecimiento. Además, desconoce los logros y luchas de las poblaciones Negras en Cuba anteriores a 1959 y les deshumaniza. Antes de 1959 ya eran personas. Tanto las personas esclavizadas en Cuba como sus descendientes participaron de manera destacada de las gestas libertarias y en el desarrollo económico, cultural, político, científico y social de la nación. Fueron protagonistas de la historia y no simples espectadoras que esperaron a que los poderes blancos reivindicaran sus derechos. La revolución no fue solo ni fundamentalmente blanca.

El uso de expresiones peyorativas como “coleras”, “revolucionarios confundidos”, “vándalos”, “mercenarios”, “delincuentes”, “malandrines”, para intentar estigmatizar a quienes disienten del gobierno, protestan o intentan sobrevivir en un contexto adverso, revela una visión despectiva del propio pueblo cubano y, en particular, de su lado afrodescendiente. Encierran en sí mismas tanto el racismo como el clasismo que refuerzan el gobierno, las instituciones y los medios de comunicación oficiales, al tiempo que sirven para criminalizar a quienes sufren pobreza y desigualdad. No podemos pasar por alto que muchas de las personas en las que recaen esas etiquetas son afrodescendientes de comunidades cada vez más marginalizadas por las últimas reformas económicas y vulnerables a los abusos de poder.

Y esa marginalización tiene que ver con cómo la hegemonía blanca ha delimitado los espacios de relaciones (sociales, económicos, culturales) y los territorios. Fenómenos como la gentrificación en Cuba toman características particulares cuando el Estado desplaza a residentes de barrios neurálgicos -como La Habana Vieja- hacia viviendas en la periferia de la ciudad, con el fin de construir hoteles. Del mismo modo, decenas de miles de personas Negras viven hoy en asentamientos donde no se les satisfacen las necesidades básicas y en condiciones de “ilegalidad”.

Durante y después de los sucesos del 11 de julio hemos visto innumerables fotos y videos en los que personas Negras, especialmente jóvenes, son víctimas de la brutalidad policial, de las fuerzas militares y paramilitares. A pesar de que la policía cubana está formada en un número considerable por personas Negras, que en muchas ocasiones provienen de zonas orientales afectadas por pobreza extrema, en busca de salarios medianamente altos, la hegemonía blanca instrumentaliza las necesidades y aspiraciones de las personas Negras y enfrenta unas contra otras. Este es quizás el ejemplo más rotundo de cómo funciona el racismo estructural en Cuba.

Pero la brutalidad policial no implica únicamente la violencia física sino también otras formas de violencia mucho más solapadas, pero igual de condenables, que se ejercen a través de la vigilancia, el acoso, amenazas, citaciones extrajudiciales, interrogatorios, prohibiciones de salir del país, cercos policiales afuera de las viviendas o en calles aledañas, etcétera. Es importante mencionar que personas activistas antirracistas han sido reprimidas por su lucha contra la discriminación racial. Y sus parejas, familiares y amistades también han vivido situaciones de violencia.

Además, queremos recordar que la policía cubana suele operar con un perfil racial. Muchas veces los jóvenes negros son considerados y tratados como delincuentes en potencia solo por el color de su piel. Y esto nos lleva a preguntarnos sobre la composición racial que predomina en las cárceles cubanas. Una información que probablemente el gobierno posea, pero que hasta ahora no es de acceso público. De hecho, muchos de los datos recogidos en censos y encuestas no son procesados, presentados o publicados teniendo en cuenta el color de la piel.

La existencia de la figura legal conocida como “estado de peligrosidad”, que tiene el fin de contribuir al control social y ha llevado a prisiones a personas consideradas por las autoridades “proclives a cometer delitos” -entre ellas trabajadores sexuales y consumidores de drogas-, nos obliga también a preguntarnos si el color de la piel no estará siendo un elemento que se use, de manera más o menos consciente, para determinar quiénes son “proclives a cometer delitos” y deben sufrir sanción penal. Lamentablemente, nos faltan las estadísticas actualizadas para confirmar que la población negra es mayoría en el sistema judicial-carcelario cubano.

Sin embargo, sí sabemos, por testimonios de personas que han estado encarceladas y sus familiares, que en las prisiones cubanas hay graves problemas de hacinamiento, precariedad alimentaria, falta de condiciones higiénicas adecuadas, restricción de visitas familiares, entre otros. Si la situación de la generalidad de la población y en especial de quienes se encuentran en los centros de aislamiento como parte de los protocolos para enfrentar la COVID-19, es ya extremadamente difícil, podemos suponer que en las cárceles debe serlo aún más.

En el caso de las personas Negras cuirs, no binarias, agénero, trans, etcétera, la criminalización se relaciona con el control y el policiamiento de sus cuerpas, la forma de vestir, las expresiones de género y de la sexualidad. Estas personas son arrestadas y encarceladas con más frecuencia que otros grupos de la sociedad y sufren el binarismo y la violencia de género que el sistema penitenciario refuerza. El hecho de no respetar el nombre según la identidad de género, tan común en las detenciones por parte de la policía, representa una conducta represiva que responde al “cis-tema” sexo-género por el cual vela la hegemonía blanca.

El debate internacional sobre el punitivismo, la criminalidad, la función de las cárceles y la inoperancia del poder judicial aún no llega a Cuba con toda la fuerza que ha llegado a otros países; en gran medida, gracias a movimientos feministas y antirracistas. Dicho debate se centra en el cuestionamiento de la efectividad del castigo, la pertinencia del sistema judicial, la invisibilización de las personas Negras cuirs, no binarias, agénero, trans, etcétera, y la violencia en las prisiones.

Nuestra propuesta es pensar y desarrollar alternativas y estrategias contra los sistemas que nos oprimen y nos impiden tener una vida digna y emancipada. Esto implicaría garantizar los derechos humanos de las personas presas al tiempo que trabajamos para eliminar el uso de la prisión como método de control social.

Considerando todo lo anterior, exigimos a las autoridades cubanas:

  1. Reducir drásticamente la población carcelaria y poner fin al uso de la prisión como método predeterminado de abordar las problemáticas sociales.
  2. Disminuir la inversión en los cuerpos policiales, sectores represivos, armamento, patrullas, indumentaria antimotines, etcétera.
  3. Impulsar políticas y campañas educativas contra el racismo y la discriminación racial.
  4. Detener la criminalización del ejercicio de libertades civiles y políticas.
  5. Garantizar la participación de la ciudadanía en la vida política del país con autonomía del Estado y sus instituciones.
  6. Detener la criminalización de la población afrodescendiente y de las personas en condiciones de vulnerabilidad social o económica.
  7. Eliminar la figura del “estado de peligrosidad” del código penal cubano.
  8. Garantizar el acceso público a información actualizada y verificable sobre la realidad de las cárceles cubanas: número de cárceles, cantidad de personas que cumplen una sanción penal y su distribución por edad, género, lugar de origen, color de la piel, delito que se le imputa, etc. Publicación de dicha información en sitios y medios de prensa
    oficiales.
  9. Adoptar medidas urgentes que permitan responder de manera oportuna a las problemáticas de los sistemas penitenciarios que estarían siendo exacerbadas en el contexto de la pandemia.
  10. Velar por el cumplimiento de las garantías procesales en todos los juicios.
  11. Propiciar el debate sobre punitivismo y sistema carcelario en Cuba a través de los medios de comunicación y el sistema educativo, que incluya abordar la problemática del uso del castigo para resolver problemas sociales.
  12. Garantizar el acceso pleno y sin condiciones de las personas privadas de libertad a servicios de salud, higiene, visitas de sus familiares y amigues, alimentación adecuada, actividades recreativas, etcétera. Dichas medidas no deben tener como fin la creación de un sistema penal más fuerte, sino su abolición.
  13. Invertir en recursos sociales que contribuyan a una verdadera seguridad pública basada en la justicia social y la equidad.
  14. Liberar a las personas encarceladas por motivos políticos en Cuba.

Cuba Liberación Negra

Texto escrito por: Odaymar Cuesta, Sandra Alvarez y Marlihan Lopez

30 de julio del 2021

Siete respuestas acerca del caso más reciente de racismo en Cuba

Sin duda alguna, el acontecimiento de la semana en Cuba (al menos en las redes sociales) es el caso de discriminación racial denunciado por la estudiante de Derecho Yanay Aguirre Calderín,  y que apareciera en el periódico Trabajadores.

Muchas han sido las preguntas que me han llegado acerca de lo que ha sucedido, y con este post intento responder algunas de ellas, aunque sea de manera sucinta. Comienzo entonces:

1) En Cuba la discriminación racial es delito. En el año 2014 publicamos un post en este espacio donde recogíamos toda la información legal al respecto.
2) A pesar de lo anterior, en Cuba existe el “racial profiling”, sobre la cual los agentes de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) tienen el derecho de parar a cuanto joven negro pase por su lado, solo por su color de piel, pues se les asume como “potencial delictivo”.
3)No es la primera vez que en Cuba se realizan denuncias por discriminación racial. El ingeniero Norberto Carbonell, fundador de la Cofradía de la Negritud, en su propia persona ha presentado denuncias ante la PNR. Hasta donde sé, ninguna con consecuencias importantes.
4) Tampoco es la primera vez que denuncias de este tipo llegan a las redes sociales. Este mismo blog ha publicado varias de ellas. La última fue la carta que escribiera un joven profesional de las comunicaciones, Reiniel Eduardo Pool Rodríguez, quien recibió múltiples maltratos de la PNR, solo por ser negro y estar junto a un grupo de extranjeros, quienes además eran sus amigos.
5) Existen organizaciones de la sociedad civil cubana que se han propuesto la lucha antirracista entre uno de sus objetivos, tomando como punto de partida los instrumentos jurídicos que ya existen para ello. Dos de esas organizaciones son Alianza Unidad Racial, fundada por la abogada Deyni Abreu Terry y CUBALEX, cuya líder es la también abogada Laritza Divergent Cambara.
6) Sin embargo, es la primera vez que tales denuncias llegan a los medios oficiales, lo que explica el  repercusión de esta en particular, al menos, en las redes sociales (mi hija, allá en el Lawton profundo sigue sin enterarse a ciencia cierta qué es lo que ha pasado).
7) Quizás esta sí sea la primera ocasión en la cual la policía cubana detiene al presunto infractor. Como consta en la nota que le envíase la PNR a Trabajadores:

A partir de los cargos que se le imputan, se formuló la denuncia por el Delito Contra el Derecho de Igualdad, establecido en el artículo 295 del Código Penal, en función de adoptar las medidas jurídico-penales correspondientes.

Foto de portada: Abelo

Denuncia: La policía, el “asedio al turismo” y el neorracismo cubano

Me ha llegado a mi buzón la siguiente carta, la cual denuncia hechos muy vinculados al “neorracismo cubano”. Se trata de un joven profesional que cuenta lo que le ha sucedido recientemente, al ser detenido por supuesto “asedio al turismo”, cuando en realidad se encontraba con amigos y amigas extranjeras, a quienes les había dado conferencias sobre la ciudad donde vive, Trinidad, e invitado a asistir a un centro cultural.

En la carta, el joven alega que el 95% de las personas que se encontró, en la celda donde durmió esa noche, eran personas negras y estaban allá respondiendo a figura delectiva que se llama “asedio al turismo”. La misma se aplica aunque los visitantes demuestren que la están pasando muy bien, pero el policía asegura que se les está importunando.

Sinceramente, yo creí que a esta altura del campeonato, con tantos visitantes que recibe el archipiélago cada año, ya la policía no tenía tiempo para tamaño maltrato. Sin embargo, el tema acá es que, como ya hemos denunciado en este espacio, las detenciones policiales “prefieren” sobre todo a los jóvenes negros; lo cual es conocido en otros países como “racial profiling”.

En fin, les dejo con la carta de Reiniel Eduardo Pool Rodríguez.

Descarga Carta de Denuncia.

Foto: Andrew Wragg

Carta tomada del Boletín Desde La Ceiba.

 

Cuando ser negro es un delito

I- Quizás pueda Alex inscribir en los Récord Guinness una marca: la policía cubana ha llegado a pararlo en la calle 5 veces en un mes. De manera que ha pasado repetidamente largas jornadas en estaciones habaneras de policía. Ya conoce todo el procedimiento, paso a paso, lo que va a suceder. Solo el humor que Alex le pone a la vida le ha permitido contar sus “historias policiales”. Su único delito es ser negro.

Yo sé muy bien lo que es un ca-la-la-la-la-bozo
Por de-de-de-dentro, mi amor.
Por pu-pu-pu-pu-pu-pura ca-ca-ca-casualidad
Me confundieron pero
No fui yo, no fui yo.
Y una vez más quien me culpó se equivocó.
Porque no fui yo.

II- Adonis fue a Lawton a visitar a su madrina. Él está haciendo una maestría en México, de manera que cuando regresa a la Isla intenta ver a las personas queridas. Le tomó un poco tarde pues a la madrina no se le hace visitas de médico. Mientras esperaba la guagua que le devolviera a su casa una patrulla de la policía lo paró y le registraron el bolso pequeño que llevaba consigo. Para su sorpresa, el oficial no sabía lo que era un palo de selfie. “Se portó bien feo. Al final no pudo cogerme porque llevaba mis documentos”. Al llegar a su casa hizo la denuncia por maltrato policial. Su único delito: ser negro.

III- Con la impotencia que causa la injusticia, Marta María desde una conexión trasnochada en un hotel de la vieja Habana, nos cuenta en su muro de FB que su amigo, Angelo Del Castillo, estaba detenido en la estación de Cuba y Chacón. Angelo es negro, nos advierte. Por eso lo pararon y le pidieron sus documentos, justo cuando salían de un concierto. Ella y quienes le acompañaban no pudieron hacer mucho: “Angelo terminó en la estación y nosotros afuera como protesta”. Su único delito: ser negro.

La verdad, estoy exagerando
pero es que mi herma’ hasta cuándo
seguiremos siendo las víctimas
del mal procedimiento.
Y hasta de su aburrimiento,
también por supuesto
de nuestro
propio desconocimiento ¿Miento?
Hace poco dejé a uno boquiabierto cuando le dije, lo siento, eso
no está en la Constitución. ¡Pon!

IV- Iba con apuro para Radio Progreso donde tendría una entrevista en vivo a la que nunca pudo llegar. Muy cerca de la emisora, lo abdujo un carro de la policía para luego dejarlo en el puente de la calle 23, a pesar de sus ruegos de que iba a una gestión de trabajo, es músico, y tenía poco tiempo. No importó que llevase consigo la guitarra. Su único delito: ser negro.

V- En unas de sus visitas a La Habana, Armando me confesó que su angustia se dispara cuando visita “la capital de todos los cubanos”, ante la posibilidad de que le pidan el carnet y le maltraten. Él ejerce una especie de preparación para tan no deseado pero inminente encuentro. Ensaya entonces mentalmente que va a responderle a policías, mayoritariamente orientales, que le preguntan con una curiosidad incisiva: qué tú haces en La Habana con una dirección de Santiago de Cuba. Su único delito: ser negro (y oriental).

Fíjate bien en su cara
Y en el número placa
Mira bien el carro
Cógele la chapa y toma nota.

Epílogo: Habrá quien me diga que en Estados Unidos les matan. Es cierto. Pero en la Isla del color cubano, que la policía pare a los jóvenes negros atendiendo a perfiles raciales, es una copia genuina de sociedades donde efectivamente te matan por tu color de piel o tu nacionalidad. En la Isla todo transcurre, hasta el momento, entre maltratos, amenazas, extorsiones, arrestos indebidos, abusos, golpes… ¿Les parece poco?

(Con fragmentos de Víctimas de Alexey Rodríguez Mola aka…el tipo este..)

Foto de portada: Yordanka Almaguer 

Oración por la Policía Nacional Revolucionaria

Por Teresa Cárdenas

Señor, ante tu trono de gracia, te ruego, te suplico tomes el control de la PNR de Cuba. Dios, tu sabes todo el poco bien que hacen, tu sabes cuanto se equivocan, cuan errados actúan… Te suplico pongas en ellos un espíritu de querer actuar, trabajar como debe ser. Saca de la PNR a los inmorales, a los abusadores, a los racistas, a los que amenazan, a los que no resuelven nada ni defienden a nadie. Dios, cuídanos de los criminales y de los malos policías, que son lo mismo. Bendice a los que acuden rápido ante una emergencia, a los que saludan a las personas, a los que tratan de ayudar, que son los pocos…A los que no fuman en uniforme, a los que no se meten con las jóvenes en la calle, a los que no atropellan a los desvalidos. Renueva nuestra policía, lo necesitamos, Dios, oye mi ruego …

Foto de portada: Emmanuel Huybrechts

Hello Manto Negro

 Por Juana Dinorah Laza Herrera

Era mi primera mañana de domingo en aquel lugar. Después del habitual recuento a las 6: 00 me había vuelto a la cama. La tristeza invadía todo mi ser, aún me parecía mentira que me encontrara allí pero la realidad se imponía aunque durmiera para olvidar y hacer que el tiempo pasara más de prisa. Y acababa de llegar, carne fresca.

Cada mañana desde que llegué, la mañana me traía y me arrojaba a la cara la realidad del momento. No me importaba nada, sólo dormir y pensar en los duros días que me esperaban en ese lugar, desconocido hasta ahora para mí, aunque había escuchado muchas veces historias allí acontecidas.

Mi primer domingo, una música entra en mi sueño, creo que estoy soñando. Poco a poco me hago consciente de que no sueño, estoy escuchando una de mis canciones favoritas, sin abrir los ojos, estos se me inundan de lágrimas. Intento ahogar el llanto presionando mi cabeza contra la almohada.

Escuchando esta canción se me derrumbaba otro mundo, primero el de la libertad y segundo, el de el amor. Justo había empezado una relación con un chico que me hacía sentir la mar de bien. Aún no lo había presentado a la familia, porque conociéndome debía de estar segura, de mis sentimientos, que por aquel entonces eran muy volátiles. Sobre todo cuando de mantener mi independencia de movimientos, de vestirme, bailar, actuar, hablar, salir y relacionarme con los demás, cosas con las que siempre he sido muy fiel, y no todos los pretendientes estaban dispuesto a soportar, desde su machista posición, a una hembra tan libre.

Aquella canción que se metió en mi sueño y me despertaba, traía un dulce recuerdo que había quedado muy dentro de mí, en el mundo de afuera. Porque creo que fue la última imagen que vi o que quise ver, aún hoy no podría precisarlo y presiento que no lo sabré nunca. Les cuento:

Un jefe de sector de mi pueblo, desde hacía algún tiempo, me tenía puesto el dedo. Siempre que me veía me pedía carnet de identidad, yo siempre complaciente se lo daba, le miraba directamente a los ojos, estos de un azul casi gris, bajo aquellas cejas negras pobladas, hacían la mar de encanto.

Este contacto visual a propósito y con toda alevosía y premeditación por mi parte, duraba apenas unos segundos, me echaba una sonrisa y volvía mi cara y allí le dejaba leyendo los datos del carnet de identidad, que ya había perdido la cuenta de las veces que me lo pidió. Cuando dos personas no se son indiferentes es una emoción que se siente, es como una química, lo que pasa, la cual se transforma en la medida en que se van viendo actos malvados, y era lo que sentía por este señor. Sabia que le gustaba, y él sabía que también a mi.

Lo cierto, es que también sabía que no me iba a tener nunca y por eso reconocía mi risa como una venganza; ciertamente ese fue el mensaje. Por si no le quedó claro alguna vez, se lo confirmé con palabras una noche, la misma que comprendí que venía a por mi, y a por todas. Mi único delito, sentarme en cualquier esquina de mi pueblo, ser mujer, negra, contestataria, que no me dejaba amedrentar ni podían callarme. Además de no plegarme a sus deseos.

Primero con un perro…
Para un hombre y policía que le digas estas palabras, si tiene algún poder te va a tratar de exprimir. Este era el jefe de sector mayor: Capitán. No es necesario decir más. Un descubrimiento que hice en unos de los camerinos del cabaret del pueblo me permitió mantenerlo a rayas. El señor Capitán bebía estando de servicio.

Pues este señor consiguió que me declararan culpable, pidiendo una condena de 4 años de privación de libertad por los cargos de antisocial, jinetera, siendo una persona potencialmente peligrosa para la sociedad. Lo de antisocial, si, probablemente, todo aquel que aprovechaba su poder para aprovecharse y joder en nombre de la revolución me provocaba ser una antisocial. Jinetera, no, eso llegó accidentalmente allá por 1997, y estamos hablando de Mayo del 1984.

Decirles a la cara todos los actos que hacían en nombre de un poder que no cumplían;  no hay mejor manera de enfrentarme a la policía que echándoles en cara aquello que dicen: predica con el ejemplo. ¿Me va a llamar la atención por algo que no estoy haciendo, alguien que está bebido, alguien que infringe la ley porque tiene un uniforme puesto, abusando de su poder para lograr prebendas personales? No, me revolvía la bilis. Claro, además sin miedo a represalias ni al enfrentamiento. Pero muy inexperta en eso de tratar de salir ilesa cuando la policía te fabrica un historial policial por no conocer las leyes. Normal que Guido, que así se llamaba el Capitán, lograra mandarme a prisión por dos años.

Terminado el juicio debía esperar el furgón (jaula) que traslada a quienes fueron sancionados a prisión y serían conducidos al Combinado del Este. Pero demoraría y ya eran cerca de las 4 de la tarde, debían efectuar el traslado lo más rápido posible, según escuché.

Luego vino después me encendió la sangre: el juez le decía a Guido que debía conducirme él mismo en su moto hasta la Séptima (comisaría), y allí esperar el furgón que me llevaría a prisión por dos años de mi vida sin haber cometido delito alguno. Y todavía este cabrón me llevaría en su moto con sidecar. Nomás escuché aquellas palabras y mirando aquellos profundos ojos azules, con la rabia más despiadada que en aquellos momentos me invadía, le dije: “Si me llevas en la moto, ten la seguridad de que te voy a volcar y pase lo que pase, después de aquí, no hay más pueblo. Me conocía perfectamente o había escuchado historias de lo que podía o había sido capaz de hacer,  y casi todas con la policía. Así que él sabía que no estaba tirándome un farol. Vamos, de que volcaba la moto, la volcaba. Se aconsejó y pidió un patrullero.

Una vez de vuelta a comisaría me devuelven al calabozo. Lloré a moco tendido, primero muy bajo, luego no escondí ni tapé mi llanto. Me desahogué. No sabía lo que entrañaba perder mi libertad, ahora lo sabría y era lo peor que me podía ver pasado, a mi, a una mujer que había hecho de si misma toda la libertad del mundo.

Entonces siento que están abriendo la puerta del calabozo, me limpio las lágrimas, no quiero que me vean llorar. Es un amigo del barrio, policía él. Me mira; le miro con mis ojos hinchados de tanto llorar. Con una inclinación de cabeza a la izquierda, cerrando un poco sus ojos, como con gesto de pena, me anuncia que el Capitán Guido quiere hablarme.
.
Me conduce a una sala pequeña, cuando llego Guido no se encuentra, llega unos minutos después y le escucho decir:
-Viste como al final caíste, viste como al final se cumple lo que te prometí aquella noche. Y mira, te traje un caramelo, cómetelo porque es el último que te vas a comer en la calle.
Estiré mi mano y mientras lentamente le quitaba el papel al caramelo, mirándole a la cara le dije:
-Muchas gracias, espero que un día tu vida sea tan dulce como este caramelo que hoy, ultimo día en la calle, me voy a comer. Un día vas a pagar todo el daño que hoy me causas. Un día.

1 de Mayo de 1984, lo recuerdo perfectamente y jamás lo voy a olvidar.

Aquella canción que se metió en mi sueño una mañana de domingo, que me traía la alegría a pesar de estar donde estaba, fue el dulce recuerdo que había quedado muy dentro de mi, en el mundo de afuera. Porque creo que fue la última imagen que vi o que quise ver. Aún hoy no podría precisarlo y creo que no lo sabré nunca. Está canción me volvió a traer a aquel amor de vuelta que había dejado fuera, razones poderosas así me lo confirman. Antes de conocer a este chico ya la canción “Hello”  me llegaba al alma. Una vez que le conocí le dije que tenía algo de parecido en su forma de vestir y el corte de pelo de Lionel Richie, no así su cara. Este era un negro bello.

Hello Prisión

Prisión de Mujeres de Occidente o lo que era lo mismo Manto Negro, como también es popularmente conocida esta prisión, que se encuentra a unos pocos kilometros de mi pueblo. Menos mal, gracias a que estaba muy cerca de casa, allá trabajaban personas de los pueblos colindante así que encontrarme con guardias o reeducadoras conocidas, hasta amigas, fue un gran aliciente. Todas me conocian fijo, yo a tres de ellas, una de trato muy familiar, otras del barrio, había hasta una compañera de clases.

También encontré caras conocidas provenientes del llamado mundo antisocial en que nos encasilla la policía a los que decimos verdades o simplemente aplican su poder sobre personas que no saben cómo defenderse. Muchas veces jueces y abogados prestados pa´ lo mal echo, y lo digo yo que he sido una víctima en las dos ocasiones en que me han llevado a prisión.

Esta canción me sacaba el alma a plena 7 de la mañana. Después de pegarme la llorera, me quedé tranquila en la misma posición, me deleitaba en mis recuerdos y sólo de pensar en ello me fui poniendo contenta. Era domingo y estaba en prisión. Una voz me sacó de mis cavilaciones.
Dignorah tu turno de baño. Una amiga conocida, de esas con la que bailé mucho y en muchos lugares, era mi cara conocida en el mundo antisocial. Mambisera como yo, con 20 años, un año más que yo.

Tomado de Juana Dinorah Laza Herrera

 

Alfabetizar a la policía cubana en el respeto a la diversidad

Por: Francisco Rodríguez Cruz

“¡No te pongas pa’ eso, que te meto pa´l calabozo encantado de la vida!”. Esa fue la frase que usó un policía para amenazarnos a mi pareja, a un amigo cubanoamericano y a mí cuando intentamos saber la razón por la cual nos desalojaban de una céntrica esquina habanera a la que acuden cada noche decenas de jóvenes gais, lesbianas, bisexuales y trans.

Ese tipo de operativos policiales, según activistas y amistades homosexuales, son frecuentes en esa intersección de Infanta y 23, en la barriada del Vedado, uno de los puntos de reunión de la comunidad LGBT desde hace bastante tiempo.

Al día siguiente, luego de publicar en mi blog el audio de aquella tensa conversación con los oficiales del orden, presenté una queja formal contra el procedimiento policial, y en particular por la actitud y tonos abusivos de uno de los uniformados, ante la dirección de Atención a la Ciudadanía del Ministerio del Interior (Minint).

Semanas semanas después recibí respuesta a esa reclamación en una reunión con oficiales de esa dependencia y la jefatura de la Policía del municipio Plaza de la Revolución, con la cual quedé solo parcialmente satisfecho. ¿Por qué?

Aunque las autoridades esgrimen un rosario de indisciplinas y hasta probables delitos como justificación para a menudo intervenir y dispersar a la juventud que con asiduidad se reúne en esa u otras áreas urbanas cubanas, todavía nuestras fuerzas del orden público adolecen de mucha falta de profesionalidad en su desempeño frente a la ciudadanía.

Actuaciones discriminatorias como consecuencia de los prejuicios sobre la orientación sexual, la identidad de género, el color de la piel, el origen territorial o el estatus económico de las personas, por desgracia todavía resultan abundantes hasta en las acciones policiales más rutinarias, como pedirle a alguien su identificación personal en un espacio público.

Esta carencia de tacto para el manejo imparcial y respetuoso de la diferencia se manifiesta en una bastante extendida percepción ciudadana acerca de que existe una vigilancia mucho más estrecha —hay quienes dicen que puede llegar a ser casi un hostigamiento— hacia integrantes de determinados sectores sociales, a veces incluso con el empleo de lenguaje y gestos despectivos o inapropiados.

La diferenciación negativa en el tratamiento policial hacia individuos o grupos poblacionales que sufren cualquier tipo de estigma social, como puede ser el caso de la comunidad LGBT —pero podrían ser otros—, requiere mucho más que una simple disculpa como la que recibí a modo de satisfacción ante mi reclamo, aunque eso resulte un buen primer paso.

Porque la policía no puede atribuir las indisciplinas a la orientación sexual, la identidad de género o cualquier otro rasgo distintivo de las personas que asisten a determinado lugar.

Hoy ninguna autoridad o entidad pública en Cuba declararía o reconocería que detrás de alguna de sus acciones hay una motivación homofóbica, transfóbica o racista, pero todavía en la práctica puede suceder que tales sentimientos asomen su desagradable e injusta pezuña y decidan en un comportamiento puntual.

Los oficiales con quienes me reuní, por ejemplo, admitieron con honestidad que persisten los prejuicios homofóbicos y transfóbicos en parte de sus fuerzas. Les sugerí que les brinden a sus infantes y postas policiales en las calles una capacitación específica sobre aspectos de la diversidad sexual.

El estatal Centro Nacional de Educación Sexual y sus redes comunitarias de activistas que abogamos por los derechos de la comunidad LGBT, tenemos que continuar esta labor educativa, y no cansarnos de proponerles esa asesoría a todas las instituciones gubernamentales posibles, lo soliciten o no. Digo más: si la policía no va al Cenesex, el Cenesex debería ir a la policía.

De esa forma, si cada cual hace lo que corresponde, policía, instituciones, ciudadanas y ciudadanos, podremos salir a pasear una noche y compartir civilizadamente, ya sea en la esquina de Infanta y 23 o en cualquier otro sitio donde la gente joven —y vieja también— vaya a enamorar, flirtear, escuchar música o exhibir sus peinados y atuendos de moda, sin que les desalojen ni nos amenacen con meternos a un calabozo.

Foto: “Policía” de Jeff

Publicado en eltoque.com

Jinetera

A mi amiga Nanny quien era jinetera y psiquiátrica, pero que no puteaba por loca
sino porque no tenía que comer, según ella.

Esta es una entrevista difícil porque supone que la persona entrevistada asiente diciéndote: “si, yo podría ser una de ellas” y lo que acá se cuenta no es para nada una situación común. No lo es en Cuba, donde al principio de la etapa revolucionaria las mujeres que ejercían la prostitución fueron convocadas a integrarse de otra manera a la sociedad, y de ahí nacieron “las violeteras”. Mujeres que conducían taxis color lila o violeta en la plena Cuba de los 60.

Casi 30 años después la realidad nos llamó la atención sobre la prostitución, justo durante la grave crisis económica que vivió el país y que también avivó otras problemáticas sociales como la discriminación racial por ejemplo, de profundo cuestionamiento sobre aquello que la Revolución había logrado y lo que no. Sin hablar de que las jóvenes negras y mestizas son quienes sistemáticamente son identificadas con el estereotipo de mujer que se prostituye, pero eso es asunto para otro artículo.

Que en Cuba existe el “sexo comercial” no constituye novedad alguna. Sin embargo, sobre las razones o causas que explican su existencia se esgrimen diversos argumentos, los cuales pueden ir desde culpabilizar a la mujer y tratarla como inmoral, hasta responsabilizar al gobierno y justificar la prostitución con la crisis económica del país.

Como quiera que sea, cada vez el tema de la prostitución esta más presente en la agenda de la Isla; por ejemplo el periodista y bloguero Francisco Rodríguez (PaquitoeldeCuba) lo ha abordado directa o tangencialmente en un par de posts: ¿Manzana de la prostitución en paraíso cubano? y Trata de personas y abuso sexual o No dormirnos en cómodos laureles.

Desde la música, varios han sido las canciones dedicadas a este tema, entre ellas “La llaman puta” del dúo cubano de rap Obsesión, donde se parte de la experiencia de la  mujer implicada y trasciende las valoraciones morales.

Acá está Maritza es una joven cubana que vive en Europa, mujer de 34 años, quien hace alrededor de un año salió de la Isla en busca de “un futuro mejor”.

¿Para tí que es una “jinetera”? ¿Hay diferentes tipos?

Para mí una “jinetera” es una mujer que intercambia su cuerpo y sexo por dinero o cosas materiales.

Todas las jineteras no son iguales, existen diferentes tipos: están las que viven y dependen de eso totalmente, para ellas jinetear es un empleo como otro cualquiera. Esa es su vida y la mayoría de estas tienen su chulo, que las cuida de la policía, les busca los turistas y hasta las llevan al lugar. Por supuesto ellas mantienen a los chulos y le tienen que pagar. Casi siempre los chulos son los maridos.

También están las integradas a la sociedad, trabajan o estudian. Pueden ser maestras, doctoras, enfermeras, licenciadas y hasta universitarias. Estas no viven de eso, pero en un momento determinado también se prostituyen.

Todas buscan lo mismo, dinero, cosas materiales o sea pacotilla, comida, una salida a un restaurante caro, y hasta para salir del país.

¿Cuál es la diferencia fundamental entre las “jineteras por cuenta propia”, aquellas que no tienen chulo, y quienes tienen un hombre para el cual trabajan?

La diferencia de las jineteras por cuenta propia, es que esas luchan para ellas, para su familia, hijos, etc. Eso yo si lo veo muy bien, que luchen por su bienestar, pero las otras no. Estas tienen a los chulos que tienen que mantener, como ya te explique anteriormente.

Según tu opinión: ¿Que es lo más usual que quiere a partir de su vínculo con un extranjero una jinetera: irse del país o vivir en Cuba?

Bueno lo más usual que buscan las jineteras, es el dinero por supuesto que le paguen por sus servicios. Aunque ya a la vez que tiene un vínculo seguido con un extranjero sea “un punto fijo” … las más inteligentes por ahí buscan una forma para poder salir del país, ya sea casada o invitada y hasta por contrato de trabajo, eso sí sería la mejor opción.

En Cuba la prostitución no es delito sin embargo, las muchachas son “recluidas” en Villa Delicias, por ejemplo, un “centro de mujeres aseguradas”. Te pregunto: ¿qué significa para una mujer ir para ese lugar?

En Cuba la prostitución no es un delito, ¿eso dicen? Pues no lo creo. Porque una mujer joven y bonita no puede caminar de la mano de un extranjero por las calles de La Habana sin que la policía la moleste, pidiéndole y exigiéndole identificación y explicaciones. Eso es en el mejor de los casos, si tienes suerte, si no te montan en el carro de la patrulla y te llevan para la unidad más cercana y ahí te hacen pasar un mal rato y corres el riesgo de que te hagan una carta de advertencia, como dicen ellos por “asediar al turista”.

¿Crees que en un lugar como Villa Delicias una mujer pueda ¨aprender¨ a no prostituirse? ¿Crees eso posible?

Yo pienso que caer en Villa Delicias, es lo peor que le pueda pasar a una mujer y más joven. Yo no se nunca he estado ahí por suerte, pero tengo amigas que si pasaron por eso, y no creo que allí una mujer pueda aprender a no prostituirse, además de que una con su cuerpo es libre de hacer lo que quiera.

La policía en Cuba, ha tomado mucho auge con este tema de las jineteras, de ahí que hay tantos policías corruptos y descarados que en las calles de La Habana están haciendo y deshaciendo, viviendo de las putas y de los chulos. Ellos son iguales o peores, solo les diferencian que llevan el uniforme y se aprovechan de eso.

Para finalizar ¿Tienes alguna anécdota que quisieras compartir?

Una anécdota que tengo … ya hace unos años en el 2006… era sábado, y estábamos un grupo de amigos que salimos esa noche a El Vedado. Estábamos exactamente en la entrada del Wakamba, en calle O, y esa noche había en esa zona un operativo especial.

Detienen a mi amiga, quien venía con otra más, y le preguntan por la identificación. Seguidamente, sin explicación alguna, las montaron casi a empujones en una guaguita de policía, de las que son cerradas que no tienen ventilación. Allí las trasladaron para la unidad de Zapata y C, ahí mismo en El Vedado, pero junto con ellas, un grupo de jóvenes más, sin ninguna razón, porque no andaban ni con extranjeros y esa misma madrugada se las llevaron a todas para Villa Delicias …Allí estuvo 2 días, hasta que la madre de mi amiga tuvo que ir a buscarla, porque no la querían soltar y ya le habían dado hasta el uniforme de presa.

A la vez que tu pones un pie en ese lugar, aunque sea “por gusto” o no, como en el caso de esta amiga mía, ya ellos te abren un expediente como que estuviste en ese lugar, y a partir de ahí la policía te mantiene chequeada.

De cómo los jóvenes negros pueden ser “abducidos” en Cuba, por ser negros

En el muro de Reno de Facebook hay un interesante debate acerca de una ” rara” experiencia de abdución. A él le conocí luego de que compartiera, el domingo pasado, en su perfil las fotos que sacara en La Ronda para Teresita. Tenemos una amiga en común: la periodista Milena Recio.

Sin embargo, pareciera que no solo tenemos esa razón para coincidir, también ciertas preocupaciones acerca de los aconteceres de nuestro país nos hermanan, en este caso los excesos policiales con los jóvenes negros, a los cuales ya me he referido en esta bitácora.

No se preocupen que no contaré la anécdota. Acá está Reno Massola en primera persona:

Abducción

Éramos tres temprano en la mañana de este domingo pasado. Mi amiga, su novio y yo. Ella, blanca como el papel bond de las impresoras. Su novio, negro, como el carbón. Y yo, rojo como el vino tinto.

¿Y esto a que viene?

Resulta que mi amiga y yo quedamos en asistir a la maravillosa convocatoria de homenaje a la recientemente desaparecida cantante Teresita Fernández en la Plaza de San Francisco de Asís. Yo lleve mi cámara. Ella la suya y a su novio como se dijo antes. Temprano, los tres aguardábamos a la sombra de la escalera de un edificio cercano a que empezara la ronda.

De la nada, tres guardias se nos acercaron y fueron a dar directo al novio de mi amiga. Sin pedir permiso, sin dar buenos días a nadie. Solo con un rictus ansioso en sus caras como de quien va a la caza de algo, lo convidaron a que los acompañara fuera del grupo. Apenas reaccionando,(debi grabar con mi cámara) alcanzo a preguntarles porque se lo llevan y ellos, los guardias, medio se asombran (juro que pensaron que éramos extranjeros) y preguntan si es amigo nuestro…. ¡Es mi marido! contesta mi amiga. Pero igual, se lo llevan diciendo que van a comprobar los papeles del compañero. Y atraviesan la plaza con él, a la vista de todos, hasta un camión donde lo suben y sin decirle nada a su compañera, lo secuestran.

Mi amiga no sabía qué hacer. Literalmente la policía le abdujo el novio a pesar de que estábamos muy lejos del Área 51. Hicimos una llamada a la casa y le prometí que cuando terminara la ronda saldríamos a rastrear a su novio por las unidades de la policía cercanas.
Ella pasó un rato amargo en una actividad que prometió y fue mágica. Ya casi al final, apareció su compañero, justo para darse las manos en una inmensa ronda. Lo habían “soltado “después de ponerle una multa de 7 pesos por tener el carne en mal estado. Ni disculpas, ni devolverlo a donde lo secuestraron. Nada.

Yo sentí pena por los compañeros de la Policía Nacional. Se equivocaron de hombre. De haberme pedido los documentos, al blanco (o al rojo), hubiesen descubierto que además de en mal estado, el carne esta vencido hace tres años y tiene una foto tan antigua (hasta en blanco y negro es) que en los bancos lo piensan dos veces antes de creerse que soy yo el de la foto y liquidarme algún exiguo cheque, de esos que te pagan a veces por fotos publicadas. Pero no, el negro era él. Suerte que es una persona extremadamente ecuánime. Solo pudieron multarlo por un documento en mal estado y sin otro asidero ¿legal?, “liberarlo”.

Había oído y leído que estas cosas pasan. Me acordé de Zurbano, de Morales y hasta de Guillén. Tuve una novia negra y recuerdo como algunos ojos miraban con mal brillo en el barrio, en el trabajo y por debajo de las viceras, enfundados en sus uniformes, los policías de la Habana vieja cuando pasábamos cerca de ellos alguna que otra tarde. Pero confieso que soy un poco cándido.

Tu color de piel puede ser un salvoconducto o una condena. Aún.

La policía, todos sabemos, tiene que hacer su trabajo. Yo solo les puedo llamar Policía Nacional, a secas.