Zaida Capote Cruz: Mi contribución al debate constitucional

Por Zaida Capote Cruz

Comparto algunas sugerencias al proyecto constitucional; les ahorro otras, más livianas, de redacción o para añadidos puntuales, como el de agregar “las playas y costas” al artículo 23.

Preámbulo
Párrafos 20 y 21: eliminar
Comentario: Asumir el llamado “concepto de revolución” como dogma es un gesto que niega la historia de la revolución. Esas palabras de Fidel –quien tuvo otras más brillantes e inspiradas, más movilizadoras– son fruto de un momento específico. El uso excesivo que se ha hecho de estas palabras, reproducidas en pancartas y por otros medios, ha contribuido a su pérdida de significado y a su utilización como lema y escudo de la burocracia; no creo que deberíamos, en tanto ciudadanos, “identificarnos” con ese “concepto”, sino con nuestra historia.

Constitución
Artículos 5 y 6 (párrafos 38, 39 y 40): eliminar.
Comentario: La idea de que el PCC es la vanguardia de la nación no debe darse por sentada. El PCC, cuya membresía efectiva es inferior a un 10% de la población cubana, no es “fuerza dirigente” a menos que el pueblo cubano lo decida. Si la soberanía reside en el pueblo, como reza el artículo 10, ¿cómo es posible que a una mínima parte de ese pueblo se le conceda el derecho de gobernarlo sin haber sido electa o comisionada para ello por la mayoría?
Todas las instancias de gobierno, salvo estas organizaciones políticas, rinden cuentas al pueblo. ¿Por qué concederle al PCC y la UJC el derecho de actuar en nombre de todos si sus dirigentes no han sido electos por el pueblo? ¿Por qué librar a estas organizaciones del escrutinio popular en la Asamblea? ¿Por qué concederles derechos sobre el presupuesto nacional sin supervisión de los diputados?
No es un hecho menor, además, que la ejemplaridad de muchos militantes sea cuestionable y que la estructura del PCC funcione de manera más apegada a la disciplina partidista que a la discusión franca y abierta, que es la que debe prevalecer en la sociedad que necesitamos. Lo mismo vale para la UJC, cuya presencia en el artículo 6 solo se justifica como cantera del PCC y cuya ejemplaridad es aún más discutible.
Ambas organizaciones aparecen en el texto como supraconstitucionales y permanentes, aun antes de la definición de la constitución. Deberían incluirse como “organizaciones políticas” en los artículos referidos a las organizaciones de masas y sociales.
Artículo 15: Añadir un nuevo párrafo donde quede constancia de que, puesto que el Estado es laico, ningún representante de gobierno podrá, en actos oficiales, hacer declaración de sus creencias o fe religiosas.

Artículo 21:

Párrafo 92:
d) Eliminar
Comentario: sustituir por otro donde esa propiedad se defina como parte de la “socialista de todo el pueblo”, de manera que tales organizaciones sean usufructuarias y no propietarias de medios y bienes que les hayan sido concedidos por el estado cubano.
Párrafo 95: sustituir “aquellas de carácter más social” por “las cuatro primeras”
Artículo 23:
Párrafo 100: Comentario: Donde dice en qué circunstancias la propiedad socialista puede ser objeto de otros derechos, debería incluirse también cuál sería el procedimiento (por ejemplo: la transferencia de derechos sobre estos bienes precisa la aprobación de la Asamblea Nacional del PP, etc.).
Párrafo 276: g) se favorece la incorporación Comentario: ¿a dónde, a qué? No queda claro.

Artículo 96:
Párrafo 285: b) el pueblo controla… Comentario: ¿por qué exceptuar de ese control a las organizaciones políticas que, según este proyecto, no responden más que a sus propias autoridades?

Artículo 97:
Párrafo 293: Comentario: Si la ANPP representa a todo el pueblo y expresa su voluntad soberana, ¿por qué las candidaturas son designadas, en una amplia proporción,por vía indirecta? Los diputados deberían provenir siempre de las asambleas populares.

Artículo 99:
Párrafo 295: Comentario: Cuando dice “en la proporción y según el procedimiento que determina la ley”, debería regularse lo comentado en el Artículo 97.

Artículo 104:
Párrafo 337: j) designa… etc. Comentario: ¿Por qué el cargo de Gobernador es por designación y no por elección? Debería ser por elección popular, aunque mantenga el requisito de ser ratificado por la Asamblea. De esa manera, quienes aspiren al cargo deben ganarse a sus electores con propuestas específicas, y no por designación de ninguna otra instancia.

Artículo 108:
Párrafo 361: Comentario: La elección de los diputados debería ser territorial de verdad, no adjudicarle al territorio, como se hace con bastante frecuencia, un diputado que vive en otra parte, previamente designado candidato por organizaciones o instituciones, pero no propuesto en asambleas populares de base. Puesto que el sistema de representantes políticos es territorial, la elección debe serlo igualmente.

Artículo 121:
Párrafo 401: Al Presidente de la República lo elige la ANPP (…) y le rinde cuentas a esta… Comentario: ¿cómo se lleva a cabo la elección de candidatos?
Párrafo 405: Eliminar.
Comentario: Cuba es un país con un alto índice de envejecimiento poblacional, sobran hoy en el mundo ejemplos de líderes ya ancianos que concitan la unidad de un pueblo y cuyo gobierno resulta beneficioso para las mayorías. ¿Por qué no ceñir la elección a quien demuestre mayor capacidad? Ser joven no es un mérito o una virtud, ni tampoco garantía de trabajar bien.
Añadir un inciso sobre la posibilidad de revocar el mandato de la persona que ocupe ese cargo y establecer las causas y procedimiento.

Artículo 123:
Párrafo 411:
f) … sustitución en sus funciones de los cargos de Primer Ministro, Presidente…, Fiscal…, Contralor…, Presidente y miembros… y gobernadores… (Comentario: Deben enunciarse los cargos, sin artículos, para no dejar sentado que sean solo hombres quienes los ocupen)

Artículo 139:
Párrafo 487: e) asumir la dirección… Comentario: debe especificarse en cuáles circunstancias)
Comentario: Añadir un inciso sobre la posibilidad de revocar el mandato concedido por la ANPP a la persona que ocupe el cargo de Primer Ministro y establecer las causas y pasos del proceso.

Tomado de Asamblea Feminista.

Foto: Dietmar. Reproducida bajo licencia Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.0 Generic (CC BY-NC-ND 2.0).

Afrocubanas celebran la llegada de Epsy Campbell Barr a la vicepresidencia de Costa Rica

El Grupo Afrocubanas celebra el arribo a la vicepresidencia de Costa Rica, de la economista y activista Epsy Campbell Barr (San José, 4 de julio de 1963).

A Campbell Barr la conocimos personalmente en La Habana, durante la fundación del capítulo cubano de la Articulación Regional Afrodescendiente. Durante aquellas sesiones reconocimos la trascendencia de su trabajo antirracista, no solo en su país sino también en el continente.

Hoy nos satisface su designación teniendo en cuenta, además, que Campbell Barr es la primera mujer afrodescendiente en llegar a la vicepresidencia de Costa Rica y de América Latina continental, y de las aún pocas en dicho pues en la región americana y en el Caribe.

Envíamos entonces un abrazo a la nueva vicepresidenta de Costa Rica, esperando que tenga una labor fructífera para el bienestar de su pueblo.

¡Ashé!

La Habana, 6 de abril de 2018

Foto tomada de la página Epsy Campbell Barr en Facebook.

 

Negrón de discoteca: ¿nuevas formas de racismo en Cuba?

 El siguiente artículo me parece un acercamiento superinteresante al tema de la presencia de personas negras en los negocios privados. Reconozco además como certera la intención del autor de abordar el asunto desde todas las aristas posibles, como también sirve como anticipación a las nuevas manifestaciones de racismo, que se manifestarán en Cuba a raíz de la privatización de ciertos sectores.

“Para que aguanten la puñalá”, resuelve de un tirón uno de los encuestados. Luego ríe. Es un chiste a la mitad. “Fifty en broma, fifty en serio”, equilibra y pide no poner su nombre en el reportaje.

Salpicada de cinismo, la respuesta alude a una eventual carne de cañón, pero evade la causa que investiga la propia pregunta. De cualquier modo, no debería arruinar la pertinencia de una indagación: ¿Se expande un patrón racial en la división del trabajo en la ciudad? Y ese patrón, que se aprovecha de las simbologías raciales, ¿es dominante en la ideología que atraviesa al sector privado?

Algunos activistas lo ven así y lo interpretan como una segregación que se enquista en una economía arrogante. “Al ser negocios privados se reservan el derecho de contratación y, mientras más nivel alcanzan, más se blanquean sus empleados”, estimó hace año y medio Daysi Rubiera, historiadora y fundadora del grupo feminista Afrocubanas, durante una entrevista con la agencia IPS.

De acuerdo con esta investigadora, “las personas de piel oscura quedan para aquellos espacios donde no se atiende al público y en los cuales se paga menos”.

Otro académico, Esteban Morales, valida tal opinión. “A lo mejor, ves en la recepción algunas muchachas negras, pero los negros están en la cocina. No son jefes de departamento, no son directores de hoteles, no son presidentes de corporaciones”, manifiesta en una exclusiva con OnCuba. “Eso tiene que ver con las desigualdades, que han crecido en nuestro país”.

Pese a ello, Morales se muestra cauto. “No diría que hay un problema negro en Cuba”, dice y desdramatiza el conflicto mediante lo que describe como “un racismo light”.

Esteban Morales. Foto: Angel Marqués Dolz
Esteban Morales. Foto: Angel Marqués Dolz

El ensayista cubano, Fernando Martínez Heredia, aplica un zoom más potente para escrutar la situación en el mediano plazo. Entrevistado por la revista digital La Jiribilla, Martínez Heredia entiende que las manifestaciones actuales de racismo “son un territorio del crecimiento de la cristalización de desigualdades sociales, un paso muy necesario para los que aspiran al retorno al capitalismo”.

Hace seis años, una carta llegó al buzón de la Central de Trabajadores de Cuba. Contenía una denuncia. El firmante era el ingeniero Norberto Mesa Carbonell, fundador y presidente de la Cofradía de la Negritud, un proyecto ciudadano independiente y antirracista que fue horneado en la caldera de presión de los años noventa.

En su misiva afirmaba que “durante los dos últimos decenios, las manifestaciones de discriminación racial han tenido clara presencia en el campo laboral”.

Hacia 2010, el gobierno preparaba al sector estatal para restar un millón de puestos de trabajo, alrededor de la cuarta parte de la población económicamente activa. Se trataba de la mayor poda de empleos en todo el período socialista y aunque escalonada, los cofrades temían un masivo desempleo de trabajadores negros y mestizos que obviamente no serían rescatados por el mercado privado, entonces larvario y con los resquemores sociorraciales de rigor.

Para Alejandro de la Fuente, uno de los intelectuales cubanos más acreditados de la diáspora, “el decreciente control estatal sobre la contratación y promoción del personal en el sector privado crea oportunidades adicionales para que las prácticas discriminatorias operen libremente”.

En su libro Una nación para todos, editado por la casa de altos estudios Fernando Ortiz, este profesor titular de historia latinoamericana en la Universidad de Harvard, insiste en que los criterios precondicionantes de selectividad, entre ellos la llamada buena presencia y el nivel cultural, han vetado oportunidades de empleo a los negros en la Isla, sobre todo en sectores codiciados como el turismo. “Como ocurre con frecuencia, la intensidad de los prejuicios raciales se relaciona directamente con cuán deseable es el trabajo”, suscribe de La Fuente.

El asunto parece más complicado y se enreda en los sesgos que trae consigo toda generalización. Algunas de las presuntas víctimas del blanqueo en el mercado laboral niegan que tal cosa ocurra y exhiben un vigoroso sentido de autoafirmación.

Piel negra: ¿un valor agregado?

En una de las esquinas de la Plaza Vieja, donde desemboca la calle Muralla, un animado restaurante cafetería, con decorado vintage y mistificación de los años cincuenta (Fidel, Hemingway, Coca Cola…) se desmarca de la exclusión descrita por académicos y activistas.

Bien. Cabe la posibilidad de que La Vitrola, un botón de muestra de la triunfante economía no estatal, se comporte como una isla en medio de un mar de prejuicios étnicos y culturales. Su empleomanía es multirracial, también equilibrada en género y en edades, aunque prima la juventud de los mozos.

José Angel es uno de ellos. Es negro. A los dieciocho años se estrenó en el puerto, atendiendo cruceros y yates como empleado de Inmigración y Extranjería. Ahora tiene veintinueve, domina el inglés y trabaja turnos de ocho horas en días alternos. “Aquí no exigen requisitos físicos. Ni por el color, ni por ser bonito o feo”, pero advierte, sin citarlos: “Hay lugares en que debes ser blanco”.

En La Vitrola, donde esta semana la reina del pop, Madonna, celebró su cumpleaños, los empleados tienen que exhibir rostros rasurados y pulcros. Ni tan siquiera un bigotillo es permitido, y el uniforme –pantalón negro y camisa blanca cruzada con tirantes rojos y rematada con pajarita de igual color– exhibirá una limpieza de monaguillo. “Tienes que tener una imagen de higiene, prestancia. Es un lugar que siempre está lleno. La mayoría son europeos”, dice José Angel y haciendo gala de sus buenas maneras, termina cortésmente la charla para atender a unas turistas recién llegadas de Canadá.

Desde su discreto puesto de observador, la escena ha sido monitoreada por alguien que dice llamarse Eloy, a secas. Alto, macizo, negro al igual que el mesero, es uno de los hombres de la seguridad de La Vitrola y responde al estereotipo de “negrón de discoteca”, esos que al levantarse dejan combado el sofá y cuyas manazas podrían darle trabajo de sobra a los cirujanos reconstructivos. Con los brazos cruzados, Eloy dialoga con OnCuba sin perder contacto visual con su perímetro de vigilancia.

“Mi función aquí es controlar el área. Que no existan problemas ni asedios a los clientes. No he tenido problemas serios. A las personas las trato con respeto y ellas son recíprocas”. Eloy tiene un pasado de custodio. No entra en tratos, ni en diálogo con los extranjeros. “Lo mío es la seguridad. Cuando piden direcciones, los remito al portero del lugar”, dice, en tono afable, pese a lo tronante de su voz.

¿El hecho de que seas negro, es un elemento a favor…? “No hombre, no. No creo. Eso va en la persona. No va en el tema racial, de si es blanco o negro, cualquiera puede ocupar esta posición”, responde convencido y por si las moscas, reconfirma su parecer: “Cualquier tipo de persona impone respeto y según su forma y su carácter, así lo valorarán y lo respetarán. Eso no va en la raza”.

¿Y este trabajo es todo el tiempo de pie? “Todo el tiempo. No me canso. Tengo 39 años y estoy de pie desde que tenía 18.”

Custodios de todos los colores

Foto: Angel Marqués Dolz
Foto: Angel Marqués Dolz

La guayabera de René Lázaro Gómez Sánchez es blanca y está impoluta. Le concede una dignidad emanante. Fornido y palabrero, tiene cuarenta y siete años y de acuerdo con la escala vernácula de la epidermis, es un “negro claro”. Hace catorce años es guardia de la Sociedad Gallega Rosalía de Castro, ubicada en un hollinado e imponente edificio de la calle Egido, a unas cuadras del Capitolio Nacional.

René ostenta un expediente deportivo. Practicó judo y boxeo. Pese a la conflictividad social de la zona, su trabajo transcurre sin muchos sobresaltos. Debe velar por que los clientes no entren “en short y camiseta, porque hay una escuela de baile de niñas”, o que porten o introduzcan, de contrabando, bebidas alcohólicas.

“Hasta ahora no he tenido que enfrentar actos de violencia”, reconoce y está en desacuerdo en que su condición racial ayude en la proyección del respeto. “Hay custodios de todos los colores. Los hay blanquitos y chiquiticos. Son luchadores, boxeadores, karatecas. Hay quien busca gente que sea grande, superior, corpulenta, para poder meter una llave. Pero eso no determina. Determina la bomba (corazón) de la persona y su inteligencia”.

Y remata: “Se busca otro tipo de dialéctica que traiga poder de convencimiento. No siempre la violencia. La violencia requiere violencia”, dice mostrando unos incisivos encasquillados en oro.

Falsos positivos

¿Puedo hacer algunas preguntas…?

¿Si no vamos a salir por algún canal de televisión subversivo?

A muchos les gusta el ardid retórico de responder con una pregunta. Ganan segundos para ponerse en guardia. Tal es el caso de Ernesto, custodio del restorán El Criollito, un negro atlético con gafas de lágrimas, mentón firme y guayabera planchada. Junto a él, dos custodios más. Frank, un mestizo de ojos claros y desafiantes, y René, un capirro o mulato blanconazo, si aplicamos la alucinante tipificación racial de los cubanos.

A diario los tres enfrentan un catálogo situacional diverso en este negocio de La Habana profunda. Unas veces es divertido, otras peligroso. Lidian, sobre todo, con timadores de turistas. Les hacen creer que El criollito es un restaurante de alta gama, cuando en realidad es un local con un bufet sin muchas pretensiones.

“Vienen personas con diferentes características: el que está en la calle sin trabajar, el que está jineteando, el delincuente, el que es un guía que tiene educación”, enumera Ernesto y afirma que “si pudiera trabajar en una oficina con aire acondicionado y con un lápiz pusiera números y ganara miles”, no estuviera “aquí parado doce horas”.

Igualmente da cuenta de conductas exasperantes. “Aquí vienen colombianos, mexicanos, rusos, que son pesadísimos cuando beben y gritan y hay que persuadirlos sin llegar a la violencia.”

La obligación más ingrata del personal de seguridad es impedir el robo de alimentos por los cocineros u otros empleados, a quienes deben revisar cuando entran y cuando salen. “Estamos aquí para cuidar los intereses de alguien, que paga para eso. Esa es la filosofía de esta vida”, resume René.

Los custodios deben ser altos, fuertes y negros para que sean más respetados. ¿No es así?

A coro, los tres desmienten la hipótesis, presentada con una dosis afirmativa para insuflarle un poco de mérito.

“El respeto no es por el tamaño, ni por el color de la piel, sino por la presencia. Si el custodio tiene mala apariencia, lo respetarán menos”, entiende Frank, el menos parlanchín del trío.

Según René, la psicología aplicada a situaciones de riesgo da buen resultado. “Aquí han venido negros altos, fuertes y feos y al final han tenido que coger su camino y portarse bien, porque uno le explica las cosas”.

“Cuando tu respetas a una persona, aunque te vea chiquitico, la persona te atiende y te escucha”, argumenta Ernesto. “Hay personas que son grandes, fuertes y no inspiran respeto”. Y procura una sentencia para sellar la plática. “En esta profesión lo que no se puede ser es cobarde”.

Casting racial

Pedro es dueño de una cafetería en el oeste de la ciudad y quiere negociar. “No pongas mi nombre y seré todo lo sincero que quieras”, propone a OnCuba, mientras exhala el humo de un Montecristo número cuatro e invita a un café.

Aceptado el trato tiene un par de cosas que decir: “Por su tradición pendenciera, por siglos de desventaja –recuerda la esclavitud– los negros están más aptos para enfrentar hechos de violencia o potenciales amenazas. Son tipos de la calle, toda la vida han tenido que sobrevivir en la calle y son unos malditos, en el mejor sentido de la palabra. ¿Y lo segundo?: “Que los blancos no están pa’ eso. Los blancos no se fajan”.

Propongo a este emprendedor, antiguo becario en Moscú como estudiante de ingeniería, la siguiente dinámica de opción. Dos hombres igualmente de fornidos, resueltos, íntegros y leales, con edades similares y experiencia en artes de defensa personal. Uno es negro, el otro es blanco. ¿Cuál es el favorito para cuidar tu negocio?

Frotando su antebrazo izquierdo con el índice de su mano derecha, Pedro responde sin titubear. “El color decide”.

Foto: Angel Marqués Dolz
La población negra está en mayor desventaja social. Foto: Angel Marqués Dolz

En el censo de 2012, el último de los efectuados, de un total de unos 11,2 millones de habitantes, 9,3 por ciento eran de piel negra y 26,6 por ciento mestiza. El resto era blanca y los menos de todos, asiáticos.

Como la clasificación racial se dejó a la autoevaluación de los encuestados y no estuvo sujeta a criterios científicos, un investigador como Esteban Morales disiente de las estadísticas. Según este doctor en economía, más del 60 por ciento de la población cubana es no blanca.

Más allá de tales referencias, el color de las personas no aparece en ningún otro indicador del censo, lo cual es un disparate a los ojos de muchos investigadores y activistas raciales.

“Si le interesa conocer la tasa de fecundidad de las mujeres negras, cuáles son las profesiones en las que negras y negros están sobrerrepresentados o la cantidad de personas negras en puestos de dirección, sus preguntas nunca serán respondidas por un Censo realizado en la Cuba post-revolucionaria”, se lee en el blog Negra cubana tenía que ser.

“Nuestras estadísticas no pueden ser incoloras”, exige Esteban Morales. “Si tenemos un tres por ciento de desempleo, tenemos que saber qué color tiene ese desempleo. No es lo mismo ser blanco y estar desempleado, que ser negro y estar desempleado”, explica y revela que actualmente, contrario de los años ochenta, la mayoría de la población carcelaria es blanca, “porque son los blancos los que más están en el poder y tienen la posibilidad de corromperse en esas empresas de capital”.

Graduado de Economía Política en la universidad Lomonosov, de Moscú, y profesor por décadas de la Universidad de La Habana, además de fundador del Centro de Estudios sobre Estados Unidos, Morales es autor, entre tantos, del libro Desafíos de la problemática racial en Cuba, Editorial Fernando Ortiz, 2007, una deriva de su tesis para un segundo doctorado, esta vez en Ciencias Económicas.

Su trabajo de tesis enfrentó no pocas reticencias en el aparato académico, pues desde 1962 el pensamiento oficial considera el racismo institucional una práctica desterrada por la Revolución, respondiendo con ojeriza a su debate público. “El prejuicio y la negación de que el problema existe está en todas partes. El problema más grave que tenemos es que hay gente que niega el problema”, advierte el investigador.

Esteban Morales. Foto: Angel Marqués Dolz
Esteban Morales. Foto: Angel Marqués Dolz

Interesado en ilustrar a la burocracia en la necesidad de unas estadísticas con cromatismo racial, el doctor Morales se ocupa de tal asunto en la comisión José Antonio Aponte. Esa iniciativa de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) encara, desde la perspectiva cultural, los conflictos raciales en el país.

Nombrándose Aponte, la Comisión echó mano a la historia para blindarse de legitimidad ante cualquier impugnación. En 1811, setenta y cinco años antes de que se decretara la abolición de la esclavitud en la isla, un negro liberto, carpintero y tallador, José Antonio Aponte, encabezó un conato de insurrección inspirado en la república haitiana.

El movimiento aspiraba a la supresión del sistema esclavista y de la trata de africanos que para entonces había forzado a cerca de un millón de ellos a trabajar como bestias en la colonia cubana. Aponte fracasó. Fue ahorcado en 1812 y su cabeza mostrada en una jaula de hierro en La Habana como escarmiento público. En el imaginario de los blancos quedó por muchos años una frase, ya en desuso, para describir la vileza de alguien. “Es más malo que Aponte”.

Tomado de Oncuba.

Para decir el lema

Llevo años diciéndole a la gente de Cuba en las redes sociales que allá no hay comunismo, así que mejor dejar de usar el adjetivo comunista a todo lo que viene de la Isla, a pesar de haber jurado solemnemente que un día llegaríamos, Che mediante, a tal sistema.

¿Y socialismo? ¿Es que hay socialismo en Cuba? Según un adicto a mi muro de Facebook: “El Estado aún es propietario de los medios fundamentales de producción”. No hago más que sonreír y preguntar: cuál producción, si ahora ni siquiera fabricamos azúcar, durante siglos nuestro principal renglón económico. Tiro entonces por Rogelio Manuel, nieto del Moreno Fraginals, y con un pensamiento tan agudo como su abuelo. Este joven, físico-médico, lleva años advirtiendo que los cambios que han tenido lugar del modelo económico no apuntan hacia al socialismo, sino todo lo contrario.

Yo que no soy erudita como él, pero que observo la sociedad cubana a no-sé-cuánto-kilómetros (desde lejos se ve más bonito reza la canción) y que una vez al año desembarco en tierra firma, noto las clases sociales en Cuba, perfectamente distinguibles, tanto en posesiones como en aspiraciones. Y si hay clases sociales entonces no hay socialismo, ¿o me equivoco?

No es difícil percibir las diferencias entre quienes tienen mucho y quienes tienen casi poco o nada

Hace un tiempo les hablaba de la gentrificación, y alertaba sobre este fenómeno propio de grandes urbes con sectores residenciales privatizados y remodelados para personas que puedan pagar por el alquiler de esos inmuebles y los costosos servicios que brindan los locales de la zona. Por ese entonces algunas personas expresaron su desacuerdo rotundamente y pensaron que yo estaba “viendo mucha película americana”.

Pues con curiosidad noté precisamente en La Habana que ya hay calles enteras, en las cuales la mayoría de las viviendas han sido compradas por estos nuevos ricos, tanto para ser usadas como viviendas como para negocios. Por supuesto que esta gentrificación es casi única en el mundo pues no se trata de grandes inmobiliarias que están detrás de la compra, venta y reparación de esos inmuebles, sino ciudadanos cubanos que un día fueron de “a pie” y que en la coyuntura económica actual de la isla han logrado hacerse de un capital importante que les permite el emprendimiento.

De manera que no es difícil percibir las diferencias entre quienes tienen mucho y quienes tienen casi poco o nada. Algo que jamás pensé que viviría en Cuba, a pesar de que mi familia siempre fue de las menos poseyó y por tanto desde pequeña supe que aquella Cuba que pretendía ser estrictamente uniforme nunca lo fue.

 Los implantes en los traseros no son una utopía en Cuba

Se vislumbra entonces una especie de “american way of life”. Se percibe en las aspiraciones de la gente, patrones de belleza, productos que se consumen y prácticas de la vida cotidiana, cada día más cercanos a los de esa clase media-baja miamense, la que además de mandar dólares envía también valores e ideología. Por demás, ya los implantes en los traseros no son una utopía en Cuba.

Quizás a la hora de decir el lema en las escuelas debamos buscar alguno más realista. “Pioneros por el Socialismo” o algo así, porque el comunismo del que tanto se habló, parece cada día más lejano.

Publicado en eltoque.com

Foto: Anabel Díaz Mena. Tomada de Cubadebate.

El problema del siglo sigue siendo, también, racial y étnico

Por Maria Ileana Faguaga

El profesor Enrique Cunha, entre otros estudiosos y activistas de la lucha contra la discriminación étnica-racial que afecta a la población afrodescendiente, durante años viene advirtiendo que “la apertura de nuevas perspectivas futuras de igualdad democrática de oportunidades” depende de la “reestructuración moral, social, económica y cultural que denominamos conciencia negra” (1).

Es interesante que, pasado poco más de un siglo del último país americano en abolir legalmente la esclavitud, Brasil (1888), y acomodadas nuestras naciones indoafroamericanas en el sistema democrático, tengamos todavía que pensar en términos de qué es democracia. Tengamos que pensar en cómo debe estructurarse la democracia en este lado del mundo.

Es interesante que la afrodescendencia americana tenga que continuar pulsando para ser contemplada en una democracia que, como la lejana y primigenia, sigue siendo parcializada.

Aquellas, la griega y la romana, eran explícitamente para uso y abuso de hombres libres, en muchos casos no extranjeros. Esta es hipócritamente para todos y todas. No obstante deja en sus márgenes, de fácil exclusión, a dos de los grupos poblacionales que deberían estar en su génesis: la población americana originaria y la afrodescendencia.

A los ítems puntualizados por el Profesor Cunha como indispensables para la “igualdad democrática de oportunidades”, deberíamos agregar el político. Pues la renovación democrática que nos urge emprender debe tener un consciente, franco y explícito, contenido político.

Y este es punto fundamental. Es así en tanto hasta el presente las experiencias de supuesta inclusión de poblaciones autóctonas y afrodescendientes en el continente son indicadoras de que no se debe esperar a que las transformaciones políticas lleguen de la mano generosa de paquetes más o menos mezquinos que nos impongan los protagonistas de la estructura estatal.

Lo cierto es que la experiencia brasileña, como la ecuatoriana, la colombiana y la boliviana, por ejemplo, son indicadoras de que es mucho más positivo que las transformaciones suban, siendo propulsadas por el accionar de los necesitados, colocando a los protagonistas del Estado ante la imposibilidad de negarlas.

Con todo, los protagonistas estatales intentarán presentarlas como sus donativos, como iniciativas políticas que obedecen a sus buenas y caritativas acciones. Tentativa esa de capitalizar a su favor los efectos de una lucha que viene de siglos. Que no por ser estructuralmente silenciada ha dejado de librarse, muchas veces con encono. Una lucha que tiene aristas y niveles, que transita entre la teoría y la práctica.

Es esta una dinámica que transversaliza todas las problemáticas existentes en el continente. Y que, en correspondencia, debería estar transversalizando todas las discusiones, diálogos y gestiones, pues en todas se nos implica, incluso por omisión.

Es importante el criterio de un cientista social como el Dr. Cunha, quien a la reflexión teórica y a la pesquisa de la historia suma el accionar cívico. Fortalecido y vigorizado en su natural e intrínseco espíritu afro, desde la nordestina ciudad brasileña de Fortaleza, moviéndose por el mundo, en primer lugar retornando una y otra vez a África, él es continuidad en el linaje intelectual de afrodescendientes que desde el siglo XIX y con sólida formación, sin complacencia, han venido exponiendo sobre la situación de la población afroamericana.

A la par, ese linaje de intelectuales afrodescendiente ha venido intentando participar en la búsqueda de soluciones a un problema que, como ya difícilmente pueda negarse, aunque estén los muchos que en ello insisten, no es un problema negro. Es un problema, un trauma y un drama, incluso no en pocas ocasiones se manifiesta como una tragedia, pero que nos viene impuesta por las políticas supremacistas y por los consecuentes accionares.

Se les escuche o no, esa pléyade de intelectuales afrodescendientes ha venido alertando al respecto. Tenemos que reconocer que excepto en los Estados Unidos a estos intelectuales apenas se les tiene en cuenta o, sencillamente, se les ignora o se les descalifica. Es decir, prácticamente nunca se le escucha y aun menos se les considera en la elaboración de políticas. Como tenemos que reconocer su permanencia y continuidad.

Son intelectuales que alertan basados en experiencias de sus vidas y las de su colectividad. Intelectuales que teorizan, buscan, rebuscan y descubren. Analizan e interpretan, develan y revelan. Sin prejuicio de apostar por el por tan temido revisionismo. Temor que en el caso cubano nos impusieran desde la catequización de un marxismo manualista soviético, y del que incluso proponiéndonoslo y fervorosamente queriéndolo es difícil que nos liberemos.

Es difícil, aunque como dijo el cubano poeta, “sólo lo difícil es estimulante” (José Lezama Lima). Y él bien que sabía de dificultades de muchos tipos.

A ese linaje de intelectuales negros del que desde Brasil hace parte el Dr. Cunha, pertenecieron y pertenecen figuras afrocubanas como Juan Gualberto Gómez, el tan llevado y traído Martín Morúa Delgado, Rómulo Lacahatañeré, Fernando Ortiz, José Luciano Franco, etc. En generaciones posteriores están, sin dudas, Walterio Carbonell, Gustavo Urrutia, Juan René Betancourt, Rogelio A. Martínez Furé, Juan F. Benenelis, Carlos Moore, Leyda Oquendo, Iván C. Martínez, Tato Quiñonez, Oilda Martínez, Tomás Fernández Robaina, Enrique Patterson, Inés María Martiatu, Vicky Ruiz Labrit, Roberto Zurbano, Odette Casamayor-Cisneros, Pedro Cuba, Yesenia Selier, Alberto Abreu y Ramón Torres, entre otras y otros.

Porque no somos ni tan pocos ni tan pocas como se intenta hacer creer. Por eso y para eso se nos invisibiliza.

Lo que hasta el presente resulta curioso es la insistencia castrista en someternos al ocultamiento, especialmente cuando no coincidimos con su ideología política. Cuando no entramos en el juego y en el rejuego del sí pero no.

Es decir, cuando no defendemos la tesis de que “la revolución acabó con el racismo pero quedan prejuicios. Porque esos son herencias de la esclavitud y del capitalismo”. Cuando no coincidimos en que “hay que esperar. La revolución ha hecho mucho por los negros”, ni tampoco aceptamos aquello de que “en ninguna parte se ha hecho tanto por los negros como en Cuba durante la revolución”. Cuando no asentimos ante la contradictoria aseveración de que en Cuba “no se educa para ser blancos” pero, a pesar de eso, “subsisten prejuicios raciales”. Cuando refutamos que el racismo había acabado en 1959 pero “resurgió con la crisis económica del Período Especial”.

Y, claro, en especial, cuando no aceptamos que el racismo es un mal exógeno, que llegó con la ocupación estadounidense de la Isla. Cuando no aceptamos la “ingenuidad” del chiste antinegro, porque “eso no es racismo. Es un modo de divertirse. Hay que reírse. Siempre ha sido así. Y ahora ustedes quieren verlo de otra manera. Eso es victimizarse. Eso es querer ver racismo en todo”.

Y no lo aceptamos, porque no hay que aceptar el chiste antinegro, como no hay que aceptar el chiste en el cual el chino o su descendiente quedan tan mal parados. Como no hay que aceptar el chiste contra ningún grupo social. Y quienes no tengan riqueza en su bagaje de experiencias para expresarlo en su sentido del humor, quienes no sepan improvisar o provocar la improvisación que explote en risa a partir de otros resortes de estímulo, son quienes tienen que revisarse, enriquecerse, ampliar el ángulo de sus miradas.

Esa oposición respecto a las tentativas de disminución de cualquier ser social, individual o colectivo, sea o no a través del chiste, es fundamental dejarla clara en el presente. Es importante asumirla públicamente. Porque no se podrá avanzar hacia la verdadera democracia si se deja al azar, al tiempo, otra vez a la espera, una problemática cardinal de la nación cubana. Y deconstruir el andamiaje estructural del racismo pasa, asimismo, por la revisión del uso de la lengua y de las manifestaciones de humor.

No será nuestra crasa ignorancia nacional la que nos libere de esa responsabilidad. Una ignorancia que tiene origen en un currículo de enseñanza de la historia que pareciera pensado, diseñado y puesto en práctica por colonialistas blancos europeos. Currículo de enseñanza de la historia que no favorece la formación de ciudadanos, ni contribuye a la desestructuración del racismo. Pero currículo que ampliamente colabora en el propósito de garantizar la continuidad del monopolio del poder en manos de la descendencia de los colonialistas de ayer o de sus iguales (más apropiado sería señalar, de sus similares).

Currículos que, en relación a nuestra Isla, como en relación al resto de las naciones forzosamente resultantes del colonialismo blanco europeo, corresponden a la hechura de la ideología colonialista propia de los criollos blancos y sus descendientes. Currículos no pocas veces acogidos por aquellos que, entre los discriminados, ostentan todavía la psiquis colonizada.

Por eso no podría ser acogido en Cuba un libro como aquel en el cual el Dr. Walterio Carbonell, curiosamente marxista, emprende la revisión de la historia de Cuba situando en su lugar a la afrodescendencia. Por eso no podrían ser acogidos en Cuba libros como los del Dr. Juan F. Benemelis. Refiero expresamente su vasta historia de África como su monumental y muy actualizada obra sobre el racismo en nuestra Isla.

Se les rechaza porque rompen esquemas, que no por curricularmente caducos en gran parte del resto del mundo dejan de estar vigentes entre cubanos y cubanas. Se les rechaza porque ambos representan posiciones afortunadamente revisionistas. Posiciones que reconocen otro tipo de visibilidad a un amplísimo sector racial y de variedad étnica, revolucionariamente forzado a la subalternidad.

Subalternidad que en su momento el gobierno castrista dijo combatir y que hasta el presente reproduce y sostiene. Claro, la idea de acabar con la subalternidad sería siempre que se tratase de otras naciones del mundo, y, por supuesto, siempre que se sometieran a los designios castristas.

Por eso fue mutilada la serie de textos que con el africanista Armando Entralgo redactó Benemelis, destinados a la enseñanza de la historia de África en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.

Por eso la tendencia, caso de no ser posible evitarlo, a tolerar y a veces estimular el cultivo de la etnología, pero no de la antropología. Esta última siempre de implicaciones más nítidamente políticas.

Por eso hasta el presente, cuando en todas partes del mundo es aceptada la revisión de la falsificada historia de Egipto que eurocéntrica y colonialistamente nos habían dado, en Cuba se mantiene la resistencia a aceptar la perspectiva oficialmente asumida y difundida por la UNESCO, órgano del cual hace orgullosa parte y por el cual es evidentemente tan acariciada y lisonjeada.

Las manifestaciones de reticencia castrista a re-conocer las aportaciones africanas y de la afrodescendencia, y el lugar que históricamente a estas corresponde en concordancia con sus aportes, como la negativa castrista a reconocer en toda su magnitud la humanidad de la afrodescendencia (pues hacerlo implicaría el reconocimiento y puesta en práctica de sus derechos), todo ello resultado del coloniaje al que se refiere el estudioso peruano Aníbal Quijano.

Es decir, del colonialismo reproducido por sectores americanos que se dicen nacionales y se comportan como sus ancestros blancos europeos. Comportamiento ideológico que rebasa las ideologías políticas. Porque se es o puede ser colonialista y racista profesando ideologías de las denominadas de derecha o de izquierda.

Comportamiento con el cual y en correspondencia, los revolucionarios castristas o los supremacistas de cualquier otra ideología política, se enredan en la imposibilidad de asumir la mayoría de edad y la suficiencia de la población afroamericana. Y en consecuencia quedan atrapados en la imposibilidad de aceptar con respeto la existencia de una intelectualidad afroamericana. Lo cual va coligado al hecho de que a la población negra se le suele percibir en los márgenes.

Porque a la afrodescendencia se le reconoce en el centro únicamente cuando esta es motivo de focos, para diversión y entretenimiento de los otros. Es en teatros y estadios que se nos deparan aplausos. Aunque en Brasil, debatiéndose entre el etnocidio y el genocidio de una población negra cada vez más politizada y consciente de sus derechos naturales, se nos lanzan plátanos. Como en Cuba, en correspondencia con el falso y supremacista criterio de que la revolución nos hizo personas, se nos grita negras monas.

Según un atrofiado sistema de representaciones, de perversas consecuencias, el negrito o la negrita puede ser percibido como bueno, decente, simpático, alegre o agradecido. Estos, y similares, son los reconocimientos y los elogios que se nos deparan. O, en su lugar, somos tenidos como todo lo contrario. Pero cuesta, y mucho, asumir que la población afrodescendiente tiene tanta capacidad intelectual como cualquier otro sector poblacional y que, igualmente, es capaz de desplegarla y por supuesto que lo hace.

Como en otras partes de Afroamérica, al afrodescendiente cuesta re-conocerle y aceptarle desde la realidad de su humanidad, de sus potencialidades y de la visibilización social de estas. Cuesta, porque ello significa asumir a la afrodescendencia en condiciones de paridad. Y esta se tiene que expresar en la distribución de las riquezas y, consecuentemente, de todas las esferas de poder.

Ese es un gran dilema. Porque significa emprender la real descolonización, esa que implica atravesar y salir airosos de la primera fase del proceso de postcolonialidad. Proceso este del cual estudiosos asiáticos, africanos y americanos tanto hablan en las últimas décadas. Proceso que implica el fin de la supremacía de un grupo racial que comprende una variedad étnica, en este caso europeo blanco.

Cuesta, porque la postcolonialidad es situación nueva que no se vivencia sin la equidad. Y en nuestras naciones indoafroamericananas vivenciar la postcolonialidad no es, y no será, sino con el reconocimiento de la multi-racialidad y de la pluri-etnicidad. Y será necesario, imprescindible, el reacomodo estructural a partir de ambos re-conocimientos.

Llegados a ese punto, podremos entonces hablar con propiedad de abolicionismo. Mientras no se llegue hasta ahí, estaremos reproduciendo más de lo mismo. Es decir, nuevas variantes de esclavitud aún si con la apariencia de libertad, ya revolucionaria, ya democrática. En ambos casos no se trata más que de libertades cercenadas que remiten a nuevas formas de esclavitud.

Como en su momento tan claramente nos avisara W. W. B. Du Bois, “el problema del siglo XX es el problema de la barrera racial” (2). Sólo que ni él, preclaro y profético, sabio, analítico y consciente, avistó que ese sería un problema que trascendería la vigésima centuria para adentrársenos en la turbulenta que hoy vivenciamos.

Este siglo XXI en el cual como nunca antes se disfruta tanto de los frutos culturales afro, desde las religiones hasta la variedad de look, en el cual se paga para a riesgo de la salud hacerse colocar botox en los labios y en las nalgas, intentando imitar los labios y los cuerpos de un tipo de mujer negra. Pero este siglo en el cual se sigue rechazando al negro y a la negra, con sus características fenotípicas, con su pelo natural y más si su vestuario no se inclina a las normas tenidas por occidentales.

Porque, como señala la muy joven actriz afroestadounidense Amandla Stenberg, todavía la sociedad “no ama” (diría yo, no valora ni acepta, según el lugar ni siquiera tolera) a la población negra “como ama” (entiéndase: se apropia, aprovecha y disfruta) sus culturas. En todo lo cual se perpetúan relaciones de poder, terciadas estas por una multiplicidad de recursos, como los medios de difusión de información, tan tendientes a estereotipar (3) y a hacer atractivos esos estereotipos.

(1) Las negritas corresponden al ánimo de esta autora de destacar una conceptualización polémica e imprescindible.
(2) Du Bois, W. E. B. As almas da gente negra. 1999. Lacerda editores. Rio de Janeiro (Brasil). Pág. 49.

(3) La problemática de los estereotipos étnicos ha sido ampliamente trabajada por estudiosos como el jamaicano Stuart Hall.

Tomado de Neoclub Press.

Foto: Abelo

El VII Congreso del PCC y el racismo antinegro en Cuba

Por Alberto Abreu Arcia

Lograr que el VII Congreso del PCC se pronunciara contra el racismo antinegro en Cuba o lo incluyera como parte de su agenda de debates resultaba, en los meses previos al cónclave, un motivo de desvelo para varios líderes y activistas afrocubanos. ¿Qué se esperaba obtener con dicho pronunciamiento? De ocurrir, ¿cuál sería el próximo paso?, ¿cuánto ayudaría esta acción política a cambiar la correlación de fuerzas vigente en el escenario de la lucha contra el racismo y la discriminación racial en Cuba?, ¿se convertiría el esperado pronunciamiento en un arma a esgrimir contra aquellos cuadros políticos, funcionarios y personas que todavía niegan la existencia del racismo en la sociedad cubana?, ¿abriría esta operación las puertas del tan esperado debate público sobre el tema?, ¿permitiría desplegar nuevas estrategias y acciones afirmativas destinadas a lograr el empoderamiento (término que después de la visita de Obama el discurso político oficial amenaza con desterrar de la historia del pensamiento social) de este grupo social secularmente tan desvaforecido?

En lo que a mí respecta, tengo que confesar mis recelos ante estas formas tan verticales de concebir las relaciones de poder, subalternización y otras dinámicas de estigmatización social. Conozco las trampas que subyacen tras ella, lo que encubren y las dominaciones otras que terminan (re)produciendo. Es como viajar de un extremo a otro de la doxa, sin encontrar un punto de fuga.

Pero volviendo, a estos desvelos de los hermanos y hermanas que aspiraban al reconocimiento del racismo antinegro y su inclusión en la agenda del VII Congreso del Partido, se podría decir que uno de los puntos más sugestivos de su Informe Central es la aceptación que hace dicho documento de la supervivencia del racismo contra negros y mestizos en Cuba. Examinemos la manera en que dicha problemática es enunciada dentro de un extensísimo informe que tenía, entre sus innumerables finalidades, pasar balance a la política interna del Partido, los agobiantes problemas sociales, económicos y políticos de la sociedad contemporánea cubana (y en este punto no caben eufemismo), así como el complejo escenario internacional.

“Al propio tiempo -dice el informe- se ha incrementado progresiva y sostenidamen¬te la promoción de mujeres, jóvenes, negros y mestizos a cargos de dirección, sobre la base del mérito en su tránsito gradual por diferentes responsabilidades y las condiciones personales”. Aunque la descripción de la problemática racial que hace el documento está vinculada a ciertas estrategias destinadas a superar un grupo de insuficiencias relacionadas con la política de cuadros, el género, el tránsito generacional y las deficiencias internas de la organización. Es de suponer que dicho enunciado codifique un problema que afecta no solo a la vida partidista, sino a la sociedad cubana en su conjunto.

A manera de un juego de espejos, se me ocurre que esta estrategia que busca la visibilidad y reconocimiento de las mujeres afrodescendientes, descrita por el Informe, pudiera sugerir cierta tensión hacia el interior de la comunidad afrocubana -históricamente tan patriarcal y heteronormativa. Nos lleva a interrogarnos sobre ciertas dinámicas de inclusión y exclusión, (in)visibilidad y representabilidad tanto al interior como al exterior de los distintos grupos, asociaciones enfrascadas en la lucha contra el racismo en Cuba. La necesidad de deconstruir definiciones y categorías, denunciar creencias y prejuicios los cuales no dejan de generar cierta incomodidad o controversia.

Para nadie es un secreto el liderazgo de las afrocubanas dentro de este movimiento (Georgina Herrera, Negra cubana, Daysi Rubiera, Gisela Arandia, Norma Guillard, Maritza López, Hildelisa Leal, Denyni Terry, Magia López, Yasmín Portales y otras tantas). Su labor se expande sobre prácticas y áreas tan diversas como la de producción del saber, el debate en la blosfera, la capacitación en defensa de los derechos y libertades de grupos vulnerables por motivos de racialidad o preferencia sexual, la producción simbólica, el trabajo en las comunidades social y económicamente más desfavorecidas y la gestación de espacios de participación ciudadana y equidad racial seguimos. Gracias a ellas el movimiento antirracista cubano y el activismo contra la discriminación racial ha ido transitando de la machangada a los territorios siempre transgresores y liberadores de las mujerangas y las teorías del afrofeminismo. A través de ellas, también, el cuerpo homosexual de negrxs va gestando su propia mirada: sus reflexiones des (atadas) e intranquilizantes. Pero este último fenómeno, está clamando por la aparición de varios libros y antologías, que más allá de nuestros perjuicios otros, corrobore las iluminadoras dosis de contrainsurgencia y desmontaje emancipador de las percepciones patriarcales y heteronormativas que atraviesan, amén de sus contribuciones, las textualidades de los grandes pensadores de la Diáspora Africana, o muchos de los recientes intentos de construcción de una historia del movimiento negro y su lugar en la historia de la nación cubana, los cuales terminan reproduciendo los mismos paradigmas y la epistemología monolítica y totalizante, la confianza en ese sujeto universal y homogéneo que propugna la filosofía de la historia eurocentrista de la que pretenden liberarse, con sus dominaciones, exclusiones y silencios en torno a la mujer, las lesbianas, los gays. Como dicen el sugerente verso del poeta homosexual afronorteamericano Essex Hemphill “pero no tiene sentido que los esclavos tengan esclavos”.

Retornemos a estos dos párrafos del Informe relacionados con la problemática racial. El documento reconoce: “No obstante, tampoco nos sentimos complacidos con los resultados alcanzados porque persisten viejos hábitos y prejuicios que cons¬piran contra la política de cuadros del Partido”. Y a continuación enfatiza: Deberá proseguirse sin tregua el combate contra cualquier vestigio de racismo que obstaculice o frene el ascenso a car¬gos de dirección de los negros y mestizos, cuyo peso especí¬fico en el total de la población cubana ha seguido elevándose de censo en censo”.

Sobre este último tema, el del censo, recordemos que su metodología y resultados estadísticos han provocado controversias y miradas de desconfianza no solo entre algunos académicos y activistas contra el racismo, sino también dentro del movimiento LGBI cubano. (A propósito de ello, al referirse a la lesbofobia, la activista afrocubana Norma Guillard lamenta: “En Cuba aun no contamos con la posibilidad de saber de los más de 11 167325 millones que tenemos en la población cuántas personas son lesbianas y cuántas bisexuales y mucho menos tener una idea de cuántas se asumen como lesbianas”).

Como se puede apreciar, en relación con la presencia del componente racial negro dentro de la población cubana actual, el Informe si bien no señala su preponderancia, lo ubica como un elemento de movilidad y en ascenso. Esta observación presupone para el activismo antirracista y la sociedad civil cubana readecuar sus estrategias de acuerdo al nuevo escenario político, económico e internacional que vivimos. Al llegar aquí, no sé porque motivos, y más allá de las diferencias de contextos y el tiempo transcurrido, me vienen a la memoria las palabras de Bayard Russting, -líder afroamericano abiertamente gay, defensor de los derechos para gays y lesbianas y asesor de Martin Luther King sobre las técnicas de la resistencia no violenta- pronunciadas en su discurso “La Revolución negra en 1965”, en el Centro para las Instituciones Democráticas de Santa Bárbara, California, allá por el lejano Otoño 1964, cuando afirmó: “Es decir, queremos nuestra rebanada de ese pastel. Nosotros no queremos cambiarlo de vainilla al chocolate. Queremos de la torta, nuestra parte de ella, y la queremos ahora. Ese es el objetivo consciente del movimiento negro”.

Desconozco los debates que estos párrafos suscitaron entre los delegados del congreso. Sin embargo, cabría preguntarse sobre las presuntas implicaciones e impactos en la escena de la lucha contra el racismo antinegro y la constelación de voces, actores sociales, agendas y propuestas que hoy en día confluyen hacia el interior de este escenario batallas; así como las estrategias que estas organizaciones y líderes antirracistas seguirán para que sus demandas aparezcan reflejadas en la Conceptualización y las bases del Plan Nacional de Desarrollo que según se anunció serán debatidos por los militantes del Partido, la Juventud militancia, representantes de las organizaciones de masas y de amplios sectores de la sociedad con la finalidad de enriquecerlos y perfeccionarlos. Desde luego, el hecho que nuestra voz sea audible en estas discusiones y que nuestras demandas, a favor del empoderamiento o de la implementación de políticas y estrategias más justas para negras y negros, mulatas y mulatas, sean escuchadas, será consecuencia de la fortaleza y unidad del movimiento antirracista cubano, hablará de nuestros visibles avances y retrocesos en esta lucha. Por eso me pregunto, si estaremos listos para este momento.

Foto de portada: Abelo

Me dicen Cuba: A propósito del próximo congreso del PCC

Por Zaida Capote Cruz

Creo que aprendí en Lévi-Strauss que las relaciones humanas son relaciones de intercambio. Y aun sin leer a Rousseau sabemos que sin acuerdo no hay gobierno posible. En Cuba, en vísperas del congreso del Partido, tanto aquel intercambio como este acuerdo están en crisis. Y por más que el espacio virtual se inunde de reclamos sobre la discusión ausente –innecesaria, en la lógica de la dirección del Partido, porque ya hubo una discusión popular previa a la aprobación de los “lineamientos”– no resolveríamos nada reeditándola.

Hay problemas en Cuba que son estructurales y no precisan, por tanto, de una discusión “para el congreso”, sino de otra, permanente y sincera, donde todos expongan sus opiniones y aporten sus saberes, y cuyos acuerdos reflejen los intereses del conjunto, no la opinión de “expertos” o cuadros del Partido, que, merece recordarse, no han sido electos por el pueblo. No es casual que algunos hablen de la necesidad de una nueva constituyente o de rediseñar el poder popular. El diseño político de la sociedad cubana dejó de resultar satisfactorio para muchos. Y su incapacidad para canalizar los deseos y necesidades de las mayorías queda en evidencia cada día.

Nos abruman, por ejemplo, con apariciones en los medios de prensa de funcionarios que abogan por mayor control, por mayor productividad, por mayor eficiencia (cuestiones que, en apariencia, corresponde solucionar al “pueblo”), sin que se apunte al responsable real de la falta de control, de productividad o de eficiencia. Es decir, se privatizan las decisiones, al tiempo que se transfieren las responsabilidades a –y se diluyen en– todos.

En cuanto al Partido, varios señalamos, en aquellas asambleas de discusión de la política futura, el contrasentido de que las organizaciones políticas y de masas –el Partido notoriamente, aún cuando sea el único– vivan del presupuesto estatal, a menudo utilizando los recursos a discreción, según la estructura interna de la organización y sin supervisión pública. Por otra parte, si alguna vez fue saludable para Cuba que el Partido tuviera en sus manos, además de la administración de los medios, la facultad de establecer gobiernos paralelos en todas las instancias, hoy no parece que lo sea. Oímos hablar mucho de los gastos superfluos, y de los costos de la salud y la educación públicas, pero nunca se habla de cuánto cuesta mantener, con los recursos del Estado (que, no hay que olvidarlo, son propiedad de todo el pueblo) al Partido y las demás organizaciones políticas y de masas o asociaciones profesionales, las cuales, para ser justos, deberían recabar sus recursos del aporte y la gestión de sus miembros.

Un tema particularmente serio es el de la sucesión presidencial en nuestro país. Como anunció el propio Raúl (puesto que la Constitución no lo prevé), su mandato cesará en febrero de 2018, es decir, en menos de dos años. Aunque tal vez la cuestión se discuta en el congreso, es algo que involucra a todos los ciudadanos, militantes o no. La organización y la cobertura de la visita del presidente de los Estados Unidos puede ofrecer algunas pistas. El supuesto sucesor, Miguel Díaz-Canel, no apareció prácticamente en las actividades públicas de Obama, y, en reciprocidad, uno de los expertos extranjeros en el tema de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, al ser entrevistado por Telesur, ofreció una lectura curiosa de la realidad cubana. Allí le escuché decir algo así como: “se dice que el futuro presidente será Díaz Canales [sic] pero hay que tener en cuenta que es posible que no lo sea, sino uno de los Castro: Mariela Castro, que tiene un alto perfil fuera de Cuba, y es muy respetada en el país, o Alejandro Castro Espín, que ha estado en todas las negociaciones del gobierno cubano y está tomando un sitio importante en el gobierno”. Su interlocutora, la periodista Arleen Rodríguez, increíblemente, no hizo el menor comentario; mejor aún, esa noche presentó a Mariela, en una entrevista personal, como “líder de opinión” en Cuba. Hay que rescatar la práctica cívica, la discusión y el diálogo del gobierno con el pueblo, no cabe duda.

Está claro, se repite una y otra vez, que las conversaciones con los Estados Unidos se llevan a cabo con “respeto y espíritu constructivo”, que somos firmes en la defensa de la soberanía nacional, así como en las exigencias del cese total del bloqueo y la devolución del territorio ocupado por la base naval de Guantánamo. Más allá de esos justos e inalienables reclamos, no sabemos a ciencia cierta qué acuerdos están en marcha. El afán por captar inversión extranjera, evidentemente la gran esperanza para remontar la crisis, puede ir de la mano con decisiones que afecten nuestra sociedad o el medioambiente (muchos expertos señalan, por ejemplo, el costo ambiental de los campos de golf –además de su inherente exclusividad social–, o el riesgo de la importación de transgénicos). No se trata de paralizarnos por miedo al error, sino de decidir todos juntos.

Quizá el congreso proponga a la sociedad cubana los cambios que necesitamos; pero la autoridad se consigue sobre todo cuando los gobernados están dispuestos a delegar en una persona, una institución o un gobierno, según sus méritos, sus propuestas o su capacidad de interpelación, el derecho a ella. Y no creo que el Partido cuente hoy con esa confianza. Ese es nuestro mayor dilema.

Foto de portada: Borja García de Sola Fernández

Obama en Cuba: La caída de los imaginarios

Por Yesenia Fernández Selier

Sin tiros, amenazas o invasiones militares, llegó y partió de Cuba el presidente número cuarenta y cuatro de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama. Los cubanos en distintas latitudes hurgamos las pantallas y nos hicimos al inevitable debate sobre las motivaciones, las reacciones y ya más recientemente los efectos de la visita. Más allá de las imágenes y los discursos, el fin del antagonismo con “el norte revuelto y brutal” sacude como un terremoto invisible imaginarios que han definido nuestras narrativas nacionalistas, entre ellos las relaciones Cuba- Estados Unidos, el lugar del no-blanco en el ideario nacional y cuál es la coalición bajo la que es definida la nación.

Los patriotas cubanos, desde Saco hasta los Castros, han entendido nuestra cercanía a los Estados Unidos como eje de nuestro destino político y económico. El pánico de que la isla se convirtiera en un segundo Haití, junto a las aspiraciones de mayores libertades comerciales y políticas de la élite criolla, hizo atractiva a los capitalistas cubanos del SXIX la alianza con el norte. Estados Unidos, en fin, venía deslindándose como faro de modernidad en el mundo industrializado, mientras el imperio español se tambaleaba con la independencia de las naciones latinoamericanas y con un resentido despecho por las nuevas disidencias internas y externas.

Las guerras independentistas y la formación de la primera gran oleada de la diáspora cubana en los Estados Unidos, catalizaron el entendimiento de las posibilidades y amenazas concretas que representaba el creciente imperio. La amenaza se manifestó con la invasión americana de 1898, y la garantía intervencionista que representó la rúbrica de la Enmienda Platt en 1901. Las protesta de patriotas como Juan Gualberto Gómez, Enrique José Varona, Martínez Villena, Mella solidificaron la corriente antiimperialista claramente establecida por José Martí.

La invocación de esta tradición antiimperialista ha sido fundamental en la narrativa nacionalista de la revolución cubana e instrumental para galvanizar una coalición internacional, con el campo socialista, los movimientos de liberación en África y la izquierda internacional.

Pero ahora el norte aterriza en el aeropuerto José Martí. La ausencia de Raúl Castro al pie de la escalerilla recordó las tensiones bajo las que se ha hecho a la mar el barco de la reconciliación. Para espanto de mi antiguo profesor de “Preparación para la Defensa”, los insulares no corrieron al refugio. A pesar de las “seguridades” mancomunadas, el pueblo agolpó calles, ventanas y balcones, llenos de júbilo y emoción incontenida. La doctrina de Obama, para con Cuba, hasta el momento, parece suspender el intervencionismo de la Doctrina Monroe. Bajo un aura de carismática diplomacia el nuevo “soft power”, obedece a lógicas más sutiles y ágiles de la geopolítica y el capitalismo tardío. Para ellas nuestros discursos nacionalistas no han estado preparados. Barack Hussein Obama, avanza imperturbable a pesar nuestras demandas, nuestras crisis o nuestros insultos políticos.

Desde los inicios de su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos, Obama ha lidiado con el escrutinio de sus detractores. No ha sido escaso el racismo que ha cuestionado su capacidad para gobernar, su supuesta adscripción al islam o la veracidad de su certificado de nacimiento. Inaugurado como presidente de la nación más poderosa de la tierra, su retórica sobre el asunto se ha contenido, no ha sido este el caso de la óptica. La primera familia ha proyectado una impecable una imagen de respetabilidad sin sacrificar su identificación con la cultura negra de los Estados Unidos y la Diáspora. Recién llegado a la Casa Blanca, y no sin controversias Obama sustituyó el busto de Winston Churchill por el de Martin Luther King. Los Obamas en sus numerosas galas sociales no solo han legitimado la excelencia de pintores, músicos y bailarines negros sino también los han hecho políticamente correctos.

La labor descolonizante de la familia Obama no podría completarse sin visitar Cuba donde la castración política del negro ha sido concomitante a la formación nacional. El cuerpo negro que creó las riquezas del criollo blanco y cargó al machete contra los españoles, fue también masacrado en números aún desconocidos en 1906 y en 1912, cerrando con sangre una centuria de lucha por derechos civiles en el marco de la nación. La supuesta invalidación del racismo bajo la doctrina revolucionaria, no ha impedido que la figura del negro siga siendo el símbolo de la barbarie, la incultura y el ridículo nacional.

Dentro y fuera los ofendidos “tradujeron” al racismo criollo el cuerpo negro de Obama y así le vimos desfilar en memes y caricaturas como el negro rumbero, el negro músico, el negro congo y el negro calesero. La caricatura racista sigue siendo un lugar común para la afrenta, como nos recorda el artículo de Tribuna de la Habana “Negro, tú eres sueco?.

Obama en Cuba
Imagen tomada de internet

Obama no necesita por suerte de un pasaporte sueco para comprar en una boutique con precios prohibitivos, pues simplemente encarna el poder del imperio. Sin embargo, muy su corona no eclipsó su sencillez. Su controversial e informal “que volá” dejó una estela de familiaridad en los barrios más dilapidados de la ciudad en los que se agolpa mayormente la población negra. Obama bailó el tango en Argentina, pero no bailó en Cuba, ni fumo tabacos. En cambio fue a una paladar de propietarios negros, escasamente representado en la nueva clase media, asi como exhortó a una mayor participación de los afrocubanos en las nuevas proyecciones económicas.

Según los silogismos del racismo criollo un mulato cubano no iría a Harvard para casarse con una mujer pobre y más oscura que él. Obama en esta lógica perversa, es cuando menos un mulato paradójico, que en inglés nos convoca una nueva coalición nacional. A través de Babalu, San Lázaro, Jesucristo y la divina intervención del Santo Padre, el presidente número cuarenta cuatro, apela a creencias más antiguas y entrañables quizás que las políticas. No en balde Marx las etiquetó como el “opio el pueblo”. En ese opio según la Doctrina Obama es posible establecer una nueva comunidad imaginada, una nueva hermandad con más afinidades que diferencias, con más afectos y menos rencores. Desde su primer twitazo o la elección de una paladar en un barrio periférico para cenar con su familia, quedó claro que le interesaba más el pueblo que el protocolo. Así se sentó a la mesa de Pánfilo, un personaje que gravita entorno a la libreta de abastecimiento, para jugar el domino y dejarlo ganar.

El jiujitsu político del Obamazo, a través de sus discursos habaneros, superpuso apelaciones disímiles en su llamado por una Nueva Cuba. Con su propia historia personal, legítimo la necesidad de la protesta y el disenso. “Cuando mis padres se conocieron no hubieran podido casarse en muchos estados de mi propio país, pero gracias a disidentes como Martin Luther King y otros he podido llegar a ser el presidente de los Estados Unidos”. Su inclusión sin miramientos del exilio histórico y la disidencia como segmentos necesarios e indispensables de la nación en el futuro supera, lamentablemente, a un régimen que ha sepultado su humanidad con lemas y uniformes.

Foto de portada: Ismael Francisco, tomada de Cubadebate.

No conozco otra Cuba que la bloqueada

fidelelche
Meme circulado por Facebook

De todas las medidas de Barack Obama, no hay ninguna, para mí que posea mayor revelancia que la referida al bloqueo/embargo de Estados Unidos contra Cuba y la restauración de las relaciones diplomáticas entre los dos países americanos.

Nací en Cuba y viví allí los primeros 39 años de mi vida, antes de mudarme a Europa en el 2013. No conozco otra Cuba que la bloqueada (aunque el término esté mal usado, así fue como lo aprendí) y la que se construyó en contraposición a los “señores imperialistas del norte”. Crecí escuchando que todos los males de la sociedad cubana, tangibles e ideales, tenían como una excusa el cartapacio de medidas reestrictivas que, nacidas en 1961, nos hacían la vida miserable a la gente de la isla.

Pude palparlo vívidamente cuando hace un par de años en una visita a Londres se me negó la posibilidad de cobrar una plata en una oficina de la Western Union, la única razón: “el país desde el cual Ud. proviene (comprobado por la presentación de mi pasaporte) no aparece en la lista”. Igual me pasó en San José de Costa RIca.

Por eso, cuando el 17 de diciembre de 2014, me di cuenta que Obama no solo estaba hablando del cambios de prisioneros, sino también de la futura aplicación de un grupo importante de medidas, entre ellas algunas concernientes al bloqueo o embargo, y a la normalización de las relaciones entre los dos países. Me dije entonces: pellízcame que estoy soñando. Parecía tan irreal como que pueda ir a Cuba el 30 de diciembre. Lo de los agentes cubanos y el contratista estadounidense había pasado entonces a un segundo plano.

Habría que decir que el 17 de diciembre, es una fecha muy importante en Cuba pues se celebra al milagroso San Lázaro, que en la Santería cubana es Babalú Ayé, santo y orisha que vela por las personas enfermas o en situaciones difíciles, como lo han sido hasta el momento las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

El día en cuestión, sentada aun delante del televisor, comencé a enviar información para Cuba, porque ya sabemos que las maneras de comunicarse en la isla son las más arcaicas posibles y quería que como yo todos supieran la envergadura de lo que estaba sucediendo.

La comparecencia de Raúl Castro se centró casi exclusivamente en la liberación y canje de prisioneros, algo que ya sabía de antemano. Pero la de Obama, con su “TODOS SOMOS AMERICANOS”, me puso los pelos de punta, no podía imaginar que este hombre propiciaría un cambio tan rotundo e histórico.

En nuestra casa en Alemania, mi compañera Esmeralda y yo pasamos por todos los estados posibles: la ansiedad de la espera, la expectación, la alegría, la incertidumbre, el llanto, la euforia. Nuestros vecinos alemanes tuvieron que aguantar nuestros aplausos, gritos y celebraciones. Para ella, crecida en Alemania Federal durante la guerra fría, esta nueva circunstancia significaba, creo, una legitimación de su identidad cubana en el exilio, aquella que desde niña le fue expropiada y la convirtió en una “comunista”, aun cuando ella había salido de Cuba antes de 1959.

Al mismo tiempo que escuchaba a los presidentes (Raúl primero y luego Obama), se me agolparon entonces muchas ideas o peticiones: Internet universal en Cuba, pasaportes y trámites migratorios baratos, dejar se ser un “posible emigrante” para los consulados estadounidenses, término de la cacería de brujas en la isla, diálogos respetuosos entre un disidente y un revolucionario, etc.

Sé que hay cosas dentro del embargo que el presidente de los Estados Unidos de América no puede cambiar. Conozco también que todo dependerá de lo que el Congreso defina. Pero de que el hombre “lanzó la pelota”, estoy convencida.

Días después del anuncio sigo con este manojo de sentimientos y reflexiones que presumo llevaré encima por un tiempo. Y aparecerán otras preocupaciones, aquellas que he intentado mantener a raya y que tienen que ver el discurso colonialista que aun transmiten las palabras del presidente de Estados Unidos:

Hoy vamos a renovar nuestro liderazgo en el continente americano. Vamos a levar las anclas del pasado porque es necesario alcanzar un futuro mejor: para nuestros intereses nacionales, para las personas que viven en Estados Unidos y para el pueblo cubano.

Fragmento del mensaje de Barack Obama: Un nuevo rumbo para Cuba

Publicado en Global Voices

Cuba-EEUU: Veintidós memes de un re-encuentro

Las siguientes imágenes han estado circulando por las redes sociales desde hace una semana. Algunas son sencillamente espectaculares por las preguntas que contienen. Otras son objeto de preocupación. De cualquier manera, celebro la prontitud y comicidad con que fueron realizadas. No tengo idea quienes son los autores, pero a ellos va mi respeto. Espero no incomodar a persona alguna ante la falta de créditos.

apertura

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Sin la ayuda de mi amigo Manolito Iglesias hubiese sido imposible hacer este post.