Homofobia institucional: Notas sobre la agenda de una “especialista” de la Radio Cubana

Por: Yarlenis M. Malfrán

La pasada semana ha circulado por las redes un audio con la intervención de una funcionaria del Instituto Cubana de Radio y Televisión —la Directora de Comunicación de la Radio y la Televisión Cubana, quien es además diputada del Parlamento cubano—, que ha venido a replantear el asunto de la homofobia institucionalizada en Cuba. El audio data del 2017, sin embargo explica muy bien las lógicas de la heteronormas que funcionan en el país. Según palabras de Yusimi González Herrera:

“Nosotros monitoreamos el año pasado alrededor de 438 programas con varias emisiones […] hay un uso en las voces masculinas platinadas de locutor […] las voces platinadas son voces blandas, voces suaves, voces amaneradas.”

Para calificar un registro vocal como amanerado es preciso estar operando con la heteronorma como criterio de clasificación de esas voces. Presumo que NINGUNA LITERATURA CIENTÍFICA del campo de la locución establezca este tipo de clasificación. Por ende, esta “especialista” es homofóbica. Y noten cómo este dispositivo de vigilancia funciona: ella admite haber monitoreado una x cantidad de programas y, desde su perspectiva homofóbica, consigue detectar este “fallo o desvío” de la heteronorma. Esto de por sí descalifica su “trabajo de monitoreo” como una labor estrictamente profesional. Peor que eso, tal patrullaje es explícitamente homofóbico. Una homofobia institucionalizada que en mucho recuerda el caso de la transfobia que fuera denunciada en el Hotel de Holguín en fecha no muy lejana. Yo me pregunto: ¿qué respaldo institucional ampara este patrullaje homofóbico?

Continúa la “especialista” vomitando su homofobia cuando dice:

“y no es solamente de locutores, son periodistas y son colaboradores. Hay colaboradores señor mío y usted tiene que seleccionarlos, porque mire no hace un mensaje creíble, cuando usted empieza a dibujar florecitas y colores en las voces […] el programa se distorsionó, no es creíble ”.

No bastándole el policiamiento compulsivamente hetero, esta “especialista” se atreve a proponer una selección de personal con base en su homofobia, lo que equivale a una expulsión institucionalizada de todas las voces de personas que, a su juicio posean “voces con florecitas” (nótese el absurdo de esta metáfora).

La credibilidad del mensaje se sustenta, de acuerdo con ella en que “no se dibujan florecitas en las voces”. Las “florecitas en las voces” son tan ficticias como la existencia misma de “voces masculinas versus voces femeninas”. Calificar una voz como femenina o masculina indica que se está operando con una construcción simbólica de género binario, una construcción que es cultural e histórica y que por ende no tiene existencia en ninguna instancia de orden biológico como pudiera ser el registro vocal de alguien. Sin esa construcción simbólica esos calificativos – “voces femeninas/masculina” ni tendrían razón de ser. Los registros vocales son tan diversos como la humanidad misma, encasillarlos en femeninos o masculino es una expresión de un orden de género binario y biologizante que forzosamente quiere apelar a una supuesta “naturaleza” para sustentar la ficción de dos géneros.

“Y eso todavía hoy no es un problema, pero si nosotros no lo atendemos ahora sí va a ser un problema” O sea, hay una intención de hacer de la homofobia una agenda institucional.

Enfatiza la “especialista”:

“…y no estoy hablando… reitero, lo hago con todo respeto y responsabilidad. A mí lo que me interesa es la profesionalidad, no la orientación sexual de nadie, eso a mí no me interesa, ni a la Radio Cubana le interesa. Nosotros tenemos que ser profesionales”

Aquí vuelve a reiterarse la agenda homofóbica disfrazada de “respeto a las diferencias”. ¿No le interesa y monitoreó 438 programas y el resultado de ello fue la detección de “voces blandas”? ¿No le interesa la orientación sexual de nadie y cree que, si las voces de locutores identificados como hombres tienen alguna similitud como lo que se considera femenino, el programa se distorsiona y no es creíble?

Obviamente sí hay un interés marcado en esta funcionaria, y ese interés tiene que ver con preservar la heteronorma y todas las exclusiones e inferiorizaciones que desde ella se establecen. Imposible defender que se respeta y que se hace un trabajo profesional con semejantes argumentos homofóbicos.

Es cuando menos peligroso que esta especialista represente a la Radio Cubana, por lo que ello puede suponer en términos de expulsión, persecución, asedio y violencia contra personas homosexuales o que simplemente ella juzgue como portadores de “voces blandas”. Porque además la orientación sexual de nadie está en el dominio de la atribución externa, mucho menos de un ejercicio de monitoreo auditivo. Se trata de una violencia homofóbica brutal que convoca a varias instancias de la Radio cubana a sumarse a ella: directores, consejo artístico. A todos los responsabiliza con la preservación del legado heteronormativo como emblema de la Radio Cubana y propone “detectar” (palabras textuales de la especialista) como una tarea prioritaria. ¡¡¡Es absurdo que esa sea la misión y el encargo social de una institución del Estado cubano!!!
“…porque nosotros somos como herramienta la palabra, la interpretación, su ritmo, sus tonos, sus timbres, y eso lleva también un diseño, porque todo en esta vida se diseña” Obviamente que sí, en esto tenemos que darle la razón a la Yusimi González Herrera. Pero si el medidor para el diseño es la heteronormatividad, el diseño es casi una réplica del “diseño original” que proponen los fundamentalistas religiosos. Un diseño originalmente homofóbico.

El ICRT como institución de un Estado socialista que se precia de respetar la igualdad de toda su ciudadanía está en el deber de posicionarse frente a estas actitudes homofóbicas que laceran el principio de no discriminación por orientación sexual refrendado en la Constitución de la República del propio país en el que esta “especialista” despliega su homofobia institucional.

COVID -19, la telenovela cubana y la lucha antirracista que no para…

Por Yarlenis M. Malfrán

En este contexto de pandemia posiblemente la programación de la televisión cubana gane más audiencia (o tal vez no), de cualquier manera, sabemos que el espacio de la telenovela es una de las marcas distintas de la identidad nacional, si se quiere. Sabemos, por lo que nos han legado los estudios de comunicación, que las tecnologías de comunicación no son neutras, muy por el contrario, su uso está asociado a determinados valores e ideologías que se promueven, diseminan, como también pueden ser soportes problematizadores del orden social, en función de principios como la igualdad entre otros.

De la mano de Teresa de Lauretis (1987) y partir de sus estudios sobre el cine, también aprendimos que tales tecnologías son, sobre todo, tecnologías de género, o sea, modelan y refuerzan ciertos ideales de ser mujer, hombre, etc. Ampliando la perspectiva de Teresa de Lauretis y a partir de lo que vienen discutiendo muchas feministas antirracistas, tampoco podemos sustentar una neutralidad en materia de cuestiones raciales. O sea, estas tecnologías, proponiéndoselo o no, tienen siempre, una agenda de género y raza (entre otras, obviamente). El problema radica en que, cuando no hay una intención antirracista y antisexista, tales tecnologías se vuelven aliadas de sistemas hegemónicos y de las discriminaciones que a partir de ellos se promueven.

Vayamos al grano. En tiempos de COVID y confinamiento le he dado más atención a la novela que se trasmite actualmente en Cuba: “El Rostro de los días”. La acompaño en el Canal de Youtube Raul Martin Alocubano .

En el capítulo 24 que se transmitió por este canal (no sé si equivalente al orden de los capítulos transmitidos por Cubavisión) una secuencia de escenas me resultó particularmente incómoda, por el modo en que ella reproduce estereotipos racistas y pone en escena lo que varias feministas antirracistas han designado como “la soledad de la mujer negra”, una problemática que obviamente no se da como una condición inherente a los cuerpos negros, sino que es resultante del racismo que estructura nuestras sociedades. El racismo que, a mi modo de ver reproduce esta secuencia de escenas y, por ende, este guión, es estructural y explico por qué.

¿Qué significa que una cosa es estructural? Implica que ella molda, organiza, da forma, base y sustento a un determinado orden social. Cuando decimos que el racismo es estructural eso supone que esta discriminación está en la base (como los cimientos y las columnas de una casa), determinando que las cosas sean del modo en que son. Una de las formas de interpelar las estructuras racistas puede ser preguntándonos: ¿dónde están negras y negros en la estructura social? De estar, ¿de qué modo están, ¿cómo aparecen? ¿en qué posiciones? Son estas preguntas las que quiero llevar para el contexto de esa secuencia de escenas para argumentar cómo en ellas se reproduce el racismo, o por lo menos se peca de reproducir un lugar estructural en el que, mujeres negras, son inferiorizadas.

La escena en cuestión se encuentra a partir del minuto 13, entonces, me pregunto: ¿Dónde y cómo está la adolescente negra en medio de una historia de amor blanca, protagonizadas por dos cuerpos blancos? La secuencia habla por sí, pero coloco aquí algunas respuestas posibles. La adolescente negra está sí, pero como un elemento decorativo, un lugar de no protagonista de la historia de amor. Un lugar de espectadora de una historia de amor blanca, con la que ella probablemente ni se atreva a soñar. Ese “no lugar” es el lugar que el racismo atribuye a mujeres y personas negras. ¿Cuántas protagonistas de historias de amor en las telenovelas cubanas SON PERSONAS NEGRAS? ¿Es que ese lugar no puede ser corporificado, protagonizado por cuerpos negros? Si el amor es una experiencia humana, ¿no ha de esperarse que todxs lxs humanxs puedan ocupar ese lugar? ¿Cómo los medios se compromenten con la lucha antirracista?

Mujeres negras, en la adolescencia son las que escuchan las historias de amor de las amiguitas blancas (doy fé de ello) y no tienen ninguna historia para contar, hasta porque hombres blancos y negros, ambos, son educados para pensar que conquistar a una mujer blanca es lo mismo que alcanzar un trofeo, por consiguiente, lo que resta para las mujeres negras es ese lugar estructural de soledad.
¿Dónde están las mujeres negras dentro de una estructura afectivo-sexual que es racista? Están en un lugar que las produce (sí es producido, no es natural) como feas para que mujeres blancas se sientan bonitas y objeto de deseo. Están en el lugar de la fetichización y objetificación sexual (buenas de cama, culos grandes) que las retira del lugar de merecedoras de afecto (negra pa casarse qué va, negros ni los zapatos!)

¿Dónde están las mujeres negras dentro de una estructura afectivo-sexual racista? Están allí, esperando ser vistas como humanas, consideradas como humanas. O forzándose a caber en un patrón que de por sí nos oprime, que no nos contempla, que no nos incluye. Estamos muchas veces intentando enblanquecer porque el referente de humanidad, de amor es blanco y ¿quién no quiere ser amado y aceptado? Entonces una de las maneras de lidiar con el sufrimiento que el racismo genera es vestir máscaras blancas en pieles negras como dicen Franz Fanon en su emblemática obra titulada así mismo.
Precisan producirse otras narrativas en las que personas negras ocupen espacios como humanas. La lucha antirracista es de todxs, también de personas blancas. Para escribir este texto me inspiré en la cólera que me produjo esa secuencia de escenas y en un post de Instagram de la artista brasileña Luedji Luna (@luedjiluna) que lleva por nombre “Eu planta”.

 

Referencias:
FANON, Frantz. Piel Negra, más caras blancas. Madrid: Ediciones Akal, 2009 .

LAURETIS, Teresa. A tecnologia do gênero. In: LAURETIS, Teresa. Technologies of
gender. Indiana: University Press, 1987

Zaida Capote: “Creo que habría que promover crítica televisiva sobre la televisión”

Por: Zaida Capote Cruz

Veo bastante televisión, sobre todo cine en televisión. Ahora me está costando porque uno de los programas que solía ver, La séptima puerta, nos llega cada vez más tarde. Para colmo, el traslado de Pasaje a lo desconocido para la noche del viernes retarda una hora la película.

Hace unos días el programa de Reinaldo Taladrid estuvo dedicado a la llamada “viagra femenina”, un medicamento de moderada efectividad en el tratamiento de la disminución del deseo sexual femenino durante la menopausia, cuya necesidad no ha sido ampliamente aceptada. Si bien el diálogo introductorio —entre el anfitrión y el doctor Pérez Peña, conocido por su programa La dosis exacta— transcurrió en un permanente tono socarrón que me puso en guardia, la cosa empeoraría.

Taladrid llamaba “princesa” (ahora yo tampoco puedo recordar su nombre) a la corresponsal en Camagüey, que entrevistó a varias mujeres; en La Habana, por el contrario, una joven estudiante de periodismo interrogaba a algunos transeúntes —varones, claro— si aceptarían que sus parejas tomaran la pastillita. Apenas lo podía creer, pero la televisión cubana parece atestiguar aquel dictum casi panglosiano de que tenemos los medios que nos merecemos; será por eso que el desvarío ideológico es tan evidente. Al final, el supuesto documental era una especie de promoción del uso de la flibanserina donde se incluía (si no lo hubiera visto no lo hubiera creído) una declaración sorprendente: algo así como que las mujeres son reacias al sexo sin amor, pero los hombres, ¡ah, los hombres solo de ver ropa interior en una tendedera ya están dispuestos!!!

A veces me parece que estoy en otro país. No me lo explico; creo que habría que promover crítica televisiva sobre la televisión, porque de lo contrario estar frente a las cámaras se convierte en una suerte de patente de corso y la desinformación puede echar raíces, incluso fuera de la pantalla.

Hace unos días, en el comentario del NTV del mediodía, la periodista Maray Suárez dedicó su intervención a cierto “sexismo lingüístico” que la molestaba mucho. Me entusiasmé, pensando que se referiría al sexismo; pero cuál no sería mi sorpresa al ver que se refería como “sexismo lingüístico” al lenguaje inclusivo que pretende combatirlo. Increíble. El comentario de marras citaba como la verdad revelada (sin mencionar a su autor) el muy difundido informe de Ignacio Bosque. Mientras ignoraba otros puntos de vista menos gramaticales, digámoslo así, como el enjundioso estudio  De mujeres y diccionarios,caricaturizaba la búsqueda del lenguaje inclusivo (creo incluso que hay por ahí un manual de comunicación editado por el Instituto Internacional de Periodismo y la Editorial de la Mujer, que la periodista se saltaba olímpicamente) y cerraba apelando a la autoridad suprema de Martí, de quien abusamos todos los días. Si él dijo “los niños son la esperanza del mundo”, no hay por qué decir “las niñas y los niños son la esperanza del mundo” (sic). Me dio risa, pero luego me dio pena. ¿Alguien se da cuenta de lo importante que pueden ser los medios en la (de)formación cultural? Aquellos animadores de la Universidad del Aire, que leían sus conferencias frente a los micrófonos de la radio en los años cuarenta, o la idea de Fidel de hacer una Universidad para todos en televisión parecen cosas de la prehistoria.

He comentado mi desazón con algunas personas y muchas me han contestado, simplemente, que no vieron esos programas; puede que estuvieran viendo otro canal o se dejaran arropar por la seductora oferta del paquete semanal, que brinda más libertad de elección y nos permite ver una buena película antes de caernos de sueño.

Esta semana, por cierto, una amiga me pasó Reversing Roe, un documental estadounidense del año pasado que bien pudiera llamarse en español Contra el aborto. Allí se aborda la batalla por la legalización del aborto, desde el señero caso Roe vs. Wade, que permitió la legalización del aborto en los Estados Unidos en 1973. Además de la reconstrucción histórica y la entrevista a participantes en aquel hito para la historia del movimiento feminista norteamericano, el documental aborda casos específicos de discusión de la ley en varios estados y nos muestra las campañas contrarias, resultantes incluso en el asesinato de médicos abortistas. A mí me pareció que la doctora que va de un estado a otro ofreciendo servicios médicos a quienes deseen abortar queda demasiado expuesta. El asunto del odio a las libertades en el país de la libertad es peliagudo, y hay armas en la calle. Como para asustarse.

Puesto que en los Estados Unidos la escena legal es tan influyente en política, y viceversa, el documental testimonia el ascenso de los grupos evangélicos antiaborto y su invención de un término crucial: el aborto del niño vivo o algo así. Pues bien, con una campaña muy bien montada y el entusiasmo bravucón de sus fieles, los miembros de esas iglesias o grupos de presión se plantan frente a las clínicas que hacen abortos o frente a los edificios de gobierno donde deben aprobarse las leyes para exponer su desacuerdo. Portando imágenes de fetos despedazados, centran su campaña en los abortos tardíos (que, según la doctora, no pasan del 1%) para calificar la práctica de asesinato sin más.

Ahora bien, una de las lecciones más interesantes del documental proviene de la declaración de cómo se organizan las batallas políticas en aquel país. Hay prácticas ciertamente anticuadas, como esa de la legislación de Texas que impide a quien esté en uso de la palabra beber agua o ir al baño, utilizada por una congresista para demorar la votación del congreso estadual; una victoria momentánea, porque finalmente la ley se aprobó. Y lo más curioso, el análisis que hace el documental acerca de la importancia de la correlación de fuerzas en el Tribunal Supremo, decisivo cuando el caso Roe vs. Wade y decisivo siempre. Importante, porque en estos días se estuvo discutiendo el acceso al máximo órgano de justicia de un juez conservador que, aunque acusado de abuso sexual, fue aceptado. Vale ver este documental para entender cómo la manipulación de la política en los Estados Unidos es congénita.

La batalla de los exaltados evangélicos que combaten el aborto en las calles o frente a las clínicas se resuelve entre los elegantes por la postulación de jueces antiaborto al TS; pero no solo. Uno de los líderes de esos grupos declaró que pusieron todo su empeño en apoyar a Trump porque se declaró antiaborto (a su modo grandilocuente, declaró que no aceptaría asesinatos de bebés, frente a una desconcertada Hillary Clinton) y podía ser la vía para cambiar la correlación de fuerzas en la máxima instancia judicial del país, al tiempo que varias entrevistas discuten e ilustran el proceso sufrido por el partido republicano hasta su conversión en uno ultraconservador (muy ilustrativos, los ejemplos de Ronald Reagan y George W. Bush, cuya actitud frente al aborto cambió para conquistar apoyos del poderoso lobby evangélico).

En Cuba, recientemente algunas instituciones religiosas se han pronunciado contra la posibilidad del matrimonio igualitario provista por el artículo 68 del proyecto para la nueva constitución. Es solo el comienzo de una larga batalla que hoy puede parecerle ajena a unos cuantos, pero terminará involucrándonos a todos. Sobre todo, por la carencia de espacios públicos accesibles e informados para la discusión política de temas que hoy pueden parecernos banales, pero no lo son. No digo más, vean Reversing Roe y luego hablamos.

Texto tomado de Asamblea Feminista. Publicado allá con el título Frente al televisor

Foto tomada de Trabajadores.