Viajera: Hamburgo, con quien le fui infiel a La Habana

Fischmarkt en el puerto de Hamburgo, el mas famoso de todo Alemania
Fischmarkt en el puerto de Hamburgo, el más famoso de todo Alemania

Las ciudades que empiezan con H me persiguen. He vivido el La Habana y en Hannover. Sin embargo, dedico estas letras a Hamburgo, lugar que por ahora me enamora, y me ha hecho infiel a La Habana.

Desde que llegué a Alemania quise poner mis pies en la ciudad norteña, pero no fue hasta hace unas semanas que llegué a este puerto. Una mano y una vida me condujeron por aquellos lugares de obligada visita, aquellos que te hacen sentir que esta es una ciudad abierta al mundo, y también un lugar irreverente que burla los límites establecidos entre países.

Contrario a otras ciudades germanas, Hamburgo es políglota, diversa y disfruta de serlo. Mi estancia en ella, de tres días, me permitió vivir esa diversidad propia de las ciudades puertos. Dicen que por estar al norte su clima es lo único molesto pero la naturaleza quiso que yo la conociera soleada y calurosa.

Caminando por Hamburgo me pude sentir nuevamente en mi Habana; y allí descubrí que Alemania también puede ser una tierra extraordinariamente colorida y multirrítmica. Una importante celebración de la comunidad portuguesa asentada en la ciudad me hizo colocarme de nuevo en vínculo con Iberoamérica.

Es sencillo, en Hamburgo lo diferente es la norma.

Esto es lo que mi lente pudo atrapar.

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Hamburgo, ciudad puerto.
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Ayuntamiento de Hamburgo, uno de los edificios más bellos de la ciudad. 

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Músicos en la calle alegran la ciudad. 
La Hamburgo política
La Hamburgo política. Ninguna persona es ilegal.

 

a Hamburgo tambien han llegado los "candador por el amor" lamentablemente
A Hamburgo también han llegado los «candados por el amor» lamentablemente. 

Viajera: La maleta en el alma

maleta-755x490Esta no es la columna de Amado del Pino, aunque tenga un nombre muy cercano. Es una maleta el tema que nos convoca, la maleta que nos acompaña en los viajes de regreso a La Habana, portadora de regalos y esperanzas para quienes esperan en la Isla.

Es una maleta sufrida y cuestionada. Nunca hubo artefacto alguno, en la historia cotidiana de Cuba, que despertara tantos sentimientos encontrados. No importa su color, su estilo, la prestancia con que es conducida. Importan su peso, sus cantidades.

A mi amigo Roly lo traumatiza el proceso de empacar, tanto que ha inventado el “Síndrome de Estrés post-maleta-pa’-Cuba” o su designación alternativa “Estrés post-aduana”. Dos días antes de su partida comenta en su perfil de Facebook: “Manual de cómo preparar la Maleta que llevas a Cuba. ¿Alguna literatura al respecto? ¿Algún tratamiento psiquiátrico para cuando ya crees que la has llenado? ¿Algún seguimiento después de pasar la Aduana?”

Ha preparado, confiesa, más de 20 maletas, que coinciden con su número de viajes a la Isla, pues de manera general las aerolíneas solo permiten una única pieza de 23 kilos cuando viajas en “Economy Class”. Siempre sale dolido, avasallado, porque tiene que pesar el equipaje una y otra vez, y tiene que manejar las cantidades. Cuenta que en una de esas oportunidades le pesaron hasta el pasaporte.

Ya sabemos que en la maleta de muchos no van cosas demasiado costosas ni tampoco cantidades exuberantes -qué son diez maquinitas de afeitar cuando hay 3 hombres en una familia. Pero nadie duda que en las maletas viajan soluciones temporales, alivios para una parte de la población.

Cada maleta tiene también su cuota de misterio y suerte. Puede hacerte sentir victorioso o frustrarte. En el primer caso pasas por la puerta, la cinta y la cola, sin tener que abrirla, pagar, ni pesar. En el segundo, te costará días de mal sueño y explicaciones a los familiares: “me lo quitaron en la Aduana”, quizás te costará también un par de viajes al aeropuerto para recuperar lo tuyo, si es que te quedan ganas de insistir.

Darío, otro amigo de las redes sociales, ofrece una metodología cubana para empacar: “Hay que hacer la maleta varias veces y empezar unos meses antes. Una semana antes del viaje la vuelves a hacer y un día antes, lo mismo. Luego la cierras y que sea lo que Dios quiera.”

Amén.

Publiado en OnCuba Magazine