Las cubanas somos herederas de siglos de lucha feminista

La presente entrevista fue ofrecida a la corresponsalía en La Habana de la agencia IPS. Aquí se incluyen las respuestas originales a las preguntas.

¿Se puede hablar de la existencia de un feminismo en Cuba? ¿Cuáles han sido algunos de sus principales hitos y tropiezos? 

En mi opinión, se puede hablar de muchos feminismos en Cuba, desde los más radicales hasta los más light; desde los más inclusivos hasta los hegemónicos; desde los más naifs hasta los más estudiados. Hay de todo, gracias al Universo. Yo estoy construyendo en estos momentos una especie de sistematización o hitos del feminismo y de la lucha de las mujeres por sus derechos en Cuba. 

Las cubanas somos herederas de siglos de lucha feminista y, si bien el feminismo como corriente de pensamiento fue vilipendiado en algún momento posterior a 1959, pues se le identificaba con corrientes burguesas, lo cierto es que cada vez hay más personas interesadas por el mismo, especialmente gente muy joven, no conforme con el mundo que hemos construído para elles. Al mismo tiempo, es probable que desde fuera de Cuba se note que en el archipiélago prevalecen algunos acercamientos al feminismo que siguen disponiendo de las mujeres para lo que el patriarcado decida ​—​recordaremos que hasta hace relativamente poco el logotipo de la Federación de Mujeres Cubanas contenía un bebé en brazos de una mujer sin rostro que en el hombro llevaba (y aún porta) un fusil​—, guardándolas para algunos espacios de “empoderamiento” pero no para todos, manteniéndolas además en relaciones amorosas monogámicas, tóxicas, pensándolas heterosexuales, prescribiéndoles la maternidad. 

Tomado de Granma

En otras palabras, noto muy pocos debates acerca de temas que hoy constituyen prioridades en las agendas de cualquier tendencia feminista, como son la interseccionalidad, la decolonialidad, el antirracismo, el capacitismo, el antiespecismo, el cambio climático, la economía solidaria, el veganismo, etc. Es como que en el archipiélago andamos aún, como para otros tantos temas, treinta años atrás. Un ejemplo sencillo: ya muy poca gente se cuestiona la radicalidad del feminismo, dado que ciertamente querer subvertir las relaciones entre los géneros, entre niñes y adultes, entre las identidades raciales, entre las especies animales, etc, es algo que solo haciéndose de raíz es que podría lograrse. En Cuba, ahora, “feminista radical” ha pasado a ser insulto, cuando hace ya muchos años que las propias activistas de otros países han revindicado el término. 

Otro ejemplo: el ciberfeminismo existe desde finales del siglo pasado. La publicación de Cyborg Manifesto (1985), de la docente universitaria Donna Haraway (Denver, Colorado, 1944), ha sido considerada trascendental en su origen. Personalmente me reconocí ciberfeminista desde el primer día de salida de mi blog ​Negra cubana tenía que ser, en el ya lejano junio de 2006. En ese entonces, ya participaba en colectivos ciberfeministas internacionales, fundamentalmente europeos. En las redes sociales cubanas se ha intentado criminalizar esta vertiente del feminismo, lo cual evidencia el desconocimiento de los movimientos de mujeres/feministas y los usos que ellas han hecho de las tecnologías, que ya dejaron de ser nuevas, para la consecución de su derechos, para su bienestar, para su desarrollo profesional, etc. 

Existe un viejo debate sobre la presencia en Cuba de un movimiento feminista, ¿cuál es su criterio? 

No estoy muy clara acerca de lo que se necesita para que una tendencia, preocupación o modo de sentipensar y actuar se convierta en un movimiento. Claro que se precisa de un grupo de personas más o menos numeroso. Sin embargo, quizás lo trascendental no está en el número sino en los intereses, metas, propósitos comunes, los vasos comunicantes entre unas y otras tendencias o ramas que permiten trabajar con una misma finalidad o al menos establecer puntos de encuentro y trabajo. A partir de ahí, no creo que en Cuba exista, en la actualidad, un movimiento feminista pues, entre otras cuestiones, el activismo, tal cual se le conoce en el siglo XXI, es relativamente nuevo en el país. Razones para ello son, por solo citar algunas: cómo se organiza nuestra sociedad y la centralidad del poder en ella, la estructura vertical que prevalece, una frágil sociedad civil, así como el paternalismo con el que somos vistas las mujeres y el rol salvador que aún se le adjudica a los hombres. Por demás, un “movimiento” no es ni un grupo, ni varios proyectos, ni una comunidad, sino que constituye un “algo” mucho más no solo términos cuantitativos, sino sobre todo en los contenidos, las estructuras, las sinergias entre sus diferentes componentes, las alianzas, las metas, etc. Personalmente, lo que noto, luego de tantos años de activismo y ejercicio intelectual son feministas (no todas son activistas) que trabajan de manera individual, que eventualmente se reúnen para llevar a cabo una iniciativa, un proyecto, un “algo” y entrecomillo porque no se pueden fundar organizaciones de ningún tipo en el país; eso ya lo sabemos. 

Otro asunto es que parte de las inquietudes feministas en Cuba han sido “implantadas” por la cooperación internacional y ya sabemos que donde llega la cooperación llegan las agendas que se entrometen en procesos que deberían ser espontáneos y deciden a cuál de ellos apoyar, qué duración han de tener, etc. Como también conocemos que los circuitos en los que se mueven la información y los recursos económicos constituyen también círculos de poder. Me pregunto entonces: ¿de qué movimiento podríamos hablar en un país donde les activistas no pueden crear asociaciones, tener personalidad jurídica, autogestionarse, unirse a redes internacionales, realizar demostraciones, etc., sin ser vistas como contrarias a lo que el gobierno hace o prefiere? Es un contexto muy complejo donde no se propicia el debate, la argumentación y mucho menos el establecimiento de alianzas. El descrédito y la sospecha imperan. Lamentablemente, en Cuba unas feministas legitiman el patriarcado, como en todos los países, y otras lo quieren deconstruir, derribar. Las primeras son llamadas “revolucionarias”, “verde olivo”, las otras son vendepatrias, mercenarias, radicales, etc. Al final, el debate entre nosotras no tiene lugar porque el patriarcado (que aquí estaría representado por el gobierno) determina cuál feminismo le sirve y cuál no. Es más, se atreve a decir qué es feminismo y qué no lo es, dado que las mujeres en Cuba le servimos, en primer lugar, a la Revolución, no a nosotras mismas ni a nuestra especie, sino a un proyecto masculino y hegemónico. 

Si me permitieran construir una pequeña (reduccionista) clasificación del feminismo cubano, esta sería: “feministas verde olivo” (las que hablan de Fidel como el fundador del feminismo cubano y a Vilma como su seguidora); “feministas de a pulmón” (las negras, las trans, las pobres, las artivistas, que están en los barrios haciendo lo que se puede, sobreviviendo a todo tipo de problemática); “feministas onegistas y académicas” (cuyos proyectos existen porque existen oenegés, las universidades y los fondos de la cooperación), “feministas garrapatillas” (las que se sitúan desde la oposición frontal al gobierno) y las “jíbaras o cimarronas” (quienes trabajan de manera independiente, crean, gestionan sus propios emprendimientos, etc). 

Otra cuestión es que no todo el feminismo cubano se hace en el archipiélago. Por razones harto conocidas, la migración ha supuesto también la residencia fuera del país de activistas, pensadoras y artivistas feministas, lo cual no es una novedad; por ejemplo, Inocencia Valdés, líder de las despalilladoras y quien participara en el Segundo Congreso de Mujeres (La Habana, 1929), realizó una buena parte de su activismo desde Cayo Hueso, Florida, Estados Unidos, en el marco de los clubs de mujeres que se fundaron en el exilio. La artista de la plástica Ana Mendietta (​La Habana​, ​18 de noviembre de ​1948 – ​Nueva York​, ​8 de septiembre de ​1985​), una de las voces más irreverentes de las artes cubano-estadounidenses, vivió la mayor parte de su corta vida en Estados Unidos. Por otra parte, Cuba también se ha enriquecido con mujeres extranjeras, como la dominicana Camila Henriquez Ureña (Santo Domingo, 9 de abril de 1894-La Habana, 12 de septiembre de 1973). 

Cuba vive momentos de cambios económicos y sociales que repercuten de diversas formas sobre la ciudadanía, ¿cuáles serían los impactos que el contexto actual dejaría para el feminismo? 

Ya no estamos en la Cuba (casi) uniforme de los 70 y 80. Ahora existe un país más segmentado que enfrenta problemáticas como la gentrificación, la extrema pobreza, la violencia machista, las clases sociales, la feminización del empleo precario, el establecimiento de una élite del emprendimiento y el negocio privado. En ese contexto, a los feminismos les toca ajustarse a lo que se vive, al menos a aquel que se hace en los barrios o con su gente, y también para quienes toman decisiones. 

El feminismo es una filosofía que reivindica los derechos de las mujeres para insertarse y participar en la vida política, social, económica y laboral. En el caso cubano, ¿considera que esos derechos ya obtenidos se han visto lesionados en los últimos años? ¿Por qué? 

Para mí el feminismo no es una filosofía aunque sí existe filosofía feminista. El feminismo en el cual milito no quiere más derechos: quieren que no nos maten, porque aún teniendo derechos nos matan, y quiere que el patriarcado racista binario misógino capacitista y homotransfóbico no exista. O más bien, quiere el derecho a una vida digna, a la educación, al bienestar. Efectivamente, en el feminismo la reivindicación de los derechos de las mujeres constituyó la principal de las preocupaciones. Con los años se ha complicado, de manera que ya hay muchas otras problemáticas en dependencia del lugar donde se viva, en algunos sitios todavía se pelea el derecho a recibir instrucción, en otros por abortar y en algunos por un parto humanizado. Es conocido que la crisis económica de los 90 hizo retornar a muchas cubanas al hogar, mujeres que luego se reincorporaron o que jamás volvieron al trabajo remunerado. A mí me preocupa el tema del acceso al aborto, porque he sabido de primera mano casos de pacientes a las cuales se les ha intentado convencer de no abortar. Eso es muy peligroso en un país donde no existe una norma jurídica que legalice el aborto, sino que solo describe cómo es que tiene que acontecer. 

Tanto para mujeres como para hombres y personas con otras identidades, declararse feminista ha sido un conflicto. ¿A su juicio, cuáles siguen siendo los estigmas que sufren esas personas y cómo podrían ser cambiados? 

El “objeto de estudio” de los feminismos son las relaciones que establecemos entre nosotres los seres humanos, sin distinción de ningún tipo y también con los otros seres, la naturaleza, las cosas, etc. Si partimos de que declararse vegana o antiespecista también es un conflicto, podremos entender por qué asumir el feminismo como posición política y actitud ante la vida despierta por lo general suspicacias y críticas. Además, el feminismo es tan variado, tan diverso que en muchas ocasiones en su interior se generan contradicciones. Tanto las abolicionistas como las reformistas, como quienes creen que los hombres pueden ser feministas, como quienes creen que pueden ser profeministas, incluso quienes consideran que ellos deben renunciar primero a ser hombres para poder, como quienes creen en la igualdad y quienes no. Todes encuentran su espacio en el feminismo. Poner el “feministómetro”, algo que todes hemos hecho alguna vez, no sirve para nada. No existe una manera de ser feminista. Esa es una realidad. 

Ser feminista en mi opinión es estar en contra de la opresión de todos los seres que han estado subordinados al homo sapiens (fijate que ya homo es masculino), por eso ser feminista también incluye no participar en circuitos de opresión de los animales, por ejemplo, o de les niñes. Rechazar el capacitismo también podría ser un ejemplo de lo anterior. 

Sobre los estigmas, las mujeres feministas son “frígidas”, “están mal folladas”, no han encontrado un tipo que le “dé bien”, son lesbianas. Si un hombre se declara “feminista” es cool, ​progresista, buena gente, en fin, un amor. O sea, hasta en eso las mujeres llevamos las de perder. Por otra parte, los hombres que he conocido en mi vida cerca del activismo, que ya están comprometidos con el feminismo hasta la médula, quienes no luchan al lado de las mujeres, sino detrás, a veces desde el anonimato, ninguno ha declarado ser “feminista”. Precisamente de ellos aprendí aquello de ser “profeminista”, en absoluto respeto con lo que las mujeres hacen cada día, especialmente cómo son tratadas por ello y también porque saben que su rol en la lucha por los derechos y el bienestar de las mujeres no puede ser el tradicional. Una manera fácil de entenderlo es considerarse “pronaturaleza” (como es mi caso) sin ser ecologista. 

Foto: Kristen Reynolds

Artículo tomado de afrocubanas.com

Soy la Negra cubana que tenía que ser

Llevaba cierto tiempo sin escribir en este, mi espacio. Desde que creé Negra cubana tenía que ser, en el año 2006, nunca había tenido un periodo tan largo, durante cual no publicase algún texto propio. Es más, en algún momento de lo que va de 2020, pensé que, quizás, debería darle prioridad a otros proyectos por encima de continuar con este blog. Idea festinada la mía. Hoy estoy plenamente convencida de espacios como este han de mantenerse.

Abrí entonces la compu y le escribo estas letras al gobierno de Cuba, específicamente a la Seguridad del Estado, al pueblo cubano, a mis amistades y también a la gente que no me conoce. A Karlito Marx no le escribo porque él no existe. Es un perfil falso. Eso lo saben hasta los cientos de personas y cuentas falsas que le siguen. Sin embargo, quienes están detrás de ese perfil sí existen, podrían ser funcionarios, agentes de la seguridad del estado, personas corrientes, nadie sabe. Tampoco importa mucho. El texto posteado ayer desde aquel usuario de Facebook se inscribe en la ola de descrédito donde “ciberclarias” y “garrapatillas” llevan la voz cantante. Yo no pertenezco a ninguno de esos dos bandos.

Quien(es) quiera que sea(n), se aprovecha (n) de que mucha gente “scrollea” a la velocidad de la luz, saltándose toda confirmación posible. El resultado es toda una sarta de comentarios risibles, desproporcionados, llenos de odio, que parecen emitidos durante los años 80 del siglo pasado, cuando una parte de les cubanes se prestaron para tirarle güevos a los “gusanos”. Se aprovechan también de los huecos legales que existen en Cuba, de manera que no es posible denunciar este tipo de acciones con consecuencias para el delincuente —porque eso son: delincuentes—, la injuria, la difamación son, en cualquier parte del mundo, delitos.

Aquí va lo que tengo que decir sobre este incidente, uno de los tantos que he vivido en las redes sociales desde que las tomé para llevar adelante mi activismo:

A la gente que no me conoce: Googlee antes de opinar. Entre a la Wikipedia. Lea. Cultívese. Jamás he dado una entrevista a Radio Martí, ni dicha emisora se ha interesado por tener mi voz. La entrevista que se cita en el post de marras data del año 2013 y la ofrecí a la corresponsalía en Cuba de la agencia Rusia Today. A partir de ella, Radio Martí escribió una nota. Aquí les dejo los dos enlaces para que se documenten: Entrevista ofrecida a Rusia Today y Nota de Radio Martí. Por cierto, lamentablemente, lo que expresé en aquel año sigue conservando su validez y me apena que así sea. Ya no estoy tan segura que mis nietes vivirán en una Cuba más justa. Tampoco gano dinero por mi activismo. En más, en varias oportunidades me han comentado que es posible tener ingresos con un blog, a través de la publicidad —como hacen muchos medios para poder sustentarse—, y si revisan con detenimiento, notarán que en mi bitácora no existe anuncio alguno, tampoco en el Directorio de Afrocubanas, pues pago para ello. Me interesa que mis mensajes sean leídos sin distracciones. He ejercido el periodismo, desde mis principios y no desde agendas impuestas. Lo ejercí por diez años en Cuba y durante los siete que llevo residiendo fuera. También he dejado de colaborar con medios y rechazado publicaciones en libros y revistas —por razones obvias me reservo los nombres—, cuando he considerado que hacerlo atentará contra mi integridad, mis valores y, sobre todo, contra las causas que defiendo. En mis 20 años de activismo he recibido tres becas o financiamientos para participar en dos eventos: la Cumbre Mundial de Juventud Afrodescendiente, celebrada en Costa Rica en 2011, y el Congreso de LASA que me ha dado, en dos oportunidades, fondos para asistir al mismo, en 2013 y 2019. En la primera oportunidad, no me dieron la visa para entrar a Estados Unidos de América, así que no pude disfrutar de la beca que cubriría mis gastos. Acerca del bloqueo, hace poco hablaba con un amigo sobre ello. No considerar las consecuencias que esto tiene, tanto para el desarrollo del país como para el pueblo, es querer obviar una parte importante del cotidiano de la gente de a pie que tiene que luchar cada día para sobrevivir. Sí, porque en Cuba, en muchos barrios, en muchas familias, se sobrevive. Yo sentí en mi propia piel lo que era el bloqueo la primera vez que salí de Cuba, en el año 2009, cuando no pude usar mi pasaporte cubano —que por entonces no se encontraba en el programa informático usado por Western Union para hacer las transferencias—, para recibir un dinero que mi compañera me había enviado desde Europa. Y así tengo innumerables ejemplos de cómo la vida se nos hace más difícil en todos los ámbitos posibles, desde el económico hasta el más privado, el acceso a medicamentos, terapias, etc. De esta manera, convencida de que el bloqueo existe, he participado de acciones concretas en contra del mismo y cada vez que ofrezco una conferencia, taller o formación me refiero a este. Suena patético que yo tenga que reiterar que estoy en contra del bloqueo y que no conozco una Cuba que no sea la bloqueada. No obstante, esta vez lo creo necesario, dado que por momentos pareciera que les cubanes nos dividimos (únicamente) en quienes están a favor y quienes están en contra de las sanciones contra Cuba.

A la Seguridad del Estado: todo lo que hago está en este en blog, en mis redes sociales, en mis artículos, en mis textos, en mis columnas, en mi activismo, en mi propia vida. Soy una activistamujerfeministanegralesbianaantirracistaantiespecistaveganasocialista. Soy la Negra cubana que tenía que ser. Una de las primeras cosas que hice cuando llegué a Alemania, fue ir a registrarme en el consulado de Cuba en Bonn, precisamente porque quería que se supiera que yo estaba aquí, que esa negra que escribía en ese blog “conflictivo” era yo; aún cuando en ese entonces, dada mi residencia temporal, no tenía que inscribirme. Si en algún otro momento de mi vida —recuerden que ya me han entrevistado en tres oportunidades mientras vivía únicamente en Cuba—, se toman el derecho que les asiste de interrogarme, solo les pido que me busquen para dialogar a una oficial que tenga, como mínimo, un máster en estudios de género, como yo lo tengo, y que haya investigado sobre racialidad y racismo tanto como yo lo he hecho. Suena altisonante pero no es mi intención. Solo quiero prevenirles de lo que pasará: hablaré de feminismo, de violencia machista, de antirracismo, de veganismo… hasta por los codos, hasta el cansancio; me tendrán que dar merienda porque soy diabética… y además vegana, así que nada de pan con jamón. Algo más sobre aquel texto injurioso firmado por aquel perfil falso, pero que (ustedes y todes) sabemos que es de vuestra autoría. Lisandra, mi hija, tiene 27 años, es médica, trabaja en el Policlínico Mantilla y ahora se encuentra en su casa, en cuarentena, luego de haber trabajado por casi tres semanas en el centro de aislamiento de La Lenin. Ella se alistó porque quiso. Es asmática. Tener un hijo pequeño le hubiese permitido no considerar a ir a trabajar allí, por el riesgo que supone para ella y para el niño. Sin embargo, fue, dejó a su peque con otra familia y cumplió con su país. Para mí, ella es mi heroína. También lo es para les pacientes de un barrio marginalizado de La Habana. Mi nieto, Adrián, tiene 6 años e iba a la escuela Manuel Saíz de la barriada de Lawton cuando llegó la COVID 19 a Cuba. Ustedes saben cuál es la dirección de mi (nuestra) casa. Yo les encargo a Lisandra y Adrián, les pido públicamente que la cuiden, que lo protejan. Qué nada les pase, que nadie la llame de madrugada para molestarla, que su trabajo  y sus estudios continúen tan bien como iban, que nadie le ponga un traspié a ese negrito cubano, que no se raspe la rodilla montando bicicleta, que nadie me le grite “negro mono”… Les dejo a mis dos seres queridos en vuestras manos con la petición de que velen por su seguridad.

Al pueblo de Cuba: Tenemos una larga tradición revolucionaria que no nació precisamente en 1959, sino mucho antes. Hemos de agradecer a nuestres ancestres por la fortaleza que hemos heredado, la misma que nos permite, a pesar de las UMAPs, de la Zafra de los 10 Millones, del Cordón de La Habana, de la Central Electronuclear de Cienfuegos, de la Zona del Mariel, del bloqueo arranca vidas, permanecer dignamente sobre la Tierra y continuar soñando una Cuba mejor: inclusiva, progresista, revolucionaria, donde quienes tomen las decisiones tengan en cuenta los criterios todes y no solo las ideas enquistadas, obsoletas y discriminatorias de unes cuantes. Yo soy una ciudadana cubana porque mi madre me parió en ese archipiélago, porque mis ancestres fueron arrancades de sus tierras y fueron esclavizades en Cuba. Yo no escogí nacer en aquel pedazo de Caribe, como sí escogí irme. Por amor. Soy activista porque en el año 2000, luego de la muerte de mi madre y cansada del racismo y del clasismo del Polo Científico. Me fui a luchar por la vida, la mía propia y la de personas infectadas con VIH. Ese fue el inicio de mi trayectoria activista, cuando tan solo se le llamaba “voluntariado” o “promoción de salud”. Así, progresivamente, se le han ido adicionando causas a mi labor social, porque es también mi labor individual, como ya he dicho, es mi propia vida: activistamujerfeministanegralesbianaantirracistaantiespecistaveganasocialista. Nadie me ha regalado nada, ni la Revolución cubana, ni Alemania —el país donde resido y del cual también soy ciudadana—, ni el Universo. Todo lo que pueda tener —virtudes, actitudes, bienes materiales, espiritualidad, conocimientos, defectos, etc.—, se gestó en la máquina de coser de mi madre. El cuerpo que tengo me lo dieron esa Singer e Hildelisa Ramirez Oviedo. En Alemania trabajo con refugiados menores de edad que están solos en el país. Mi niños, son todos varones, me llaman “Mama Sandra”. He visto crecer a cerca de 60 adolescentes de varias naciones: Eritrea, Ghana, Iran, Nigeria, Iraq, Siria, Guinea, Etiopía, Afganistán, entre otras. Así me gano la vida, cuidando a los hijos de otras mujeres. Desde donde les escribo, una ciudad del norte alemán, también hago activismo, milito y, sobre todo, he expandido mis horizontes, tanto emocionales como cognitivos. Todo a costa de mi propia piel, de mi nostalgia, de no tener al Malecón a 30 minutos de mi casa, de haber aprendido otra lengua, de haber sentido que La Habana puede estar en todas partes, de haber conocido otros cielos tan azules como aquel.

A mis profesores, colegas, amistades, amigues, amantes, amadas: Gracias por las enseñanzas, por tantos mensajes de amor, por la lealtad, por el camino recorrido. Gracias por el codo a codo, por las preguntas, por los debates. Si para algo sirvió este lamentable episodio ha sido para poder agradecerles públicamente por vuestra compañía. Como han visto nos queda mucho por recorrer; el racismo, la misoginia, el clasismo, —también presentes en post del tal Karl Marx que no es Karl Marx—, cada día toman nuevas formas.

Alemania, 18 de Julio del 2020.

Solidaridad con las comunidades afrodescendientes y/o negras en Estados Unidos, Cuba y el resto de América Latina y el Caribe

Con mezcla de profundo dolor e impotencia hemos sido testigos en los últimos días del asesinato del estadounidense George Floyd a manos de un miembro del cuerpo policial del estado de Minnesota y también de las subsiguientes manifestaciones de descontento y desobediencia civil protagonizadas por manifestantes en todo el país. Vaya nuestra mayor muestra de condolencia y amor para los familiares y amigos de Floyd y en general para aquell@s miembr@s de las comunidades afrodescendientes y/o negras que han perdido sus vidas en condiciones de abuso policial semejantes, perpetradas esas en diferentes países de las Américas.
Una vez expresados nuestro dolor y empatía, queremos hacer un llamado a tod@s l@s cuban@s que, tanto en Cuba como en la diáspora, nos identificamos como antirracistas para que mostremos nuestro apoyo incondicional a quienes por su visible herencia africana han estado y siguen estando sometidos a crímenes y demonizaciones simbólicas y deshumanizantes.Desmarcados de toda narrativa que intente relativizar la incontestable injusticia que el asesinato de Floyd supone, deseamos mostrar aquí nuestra voluntad para trabajar con l@s herman@s negr@s en la isla y más allá de sus fronteras para aprender con ell@s, de ell@s, cuáles serían las más efectivas vías para eliminar prejuicios, prácticas y estructuras que nos ayuden a conseguir espacios de convivencia definitivamente armónicos y equitativos.

Atendiendo con humildad y ojo avizor a lo que sucede en los Estados Unidos hoy, nos ponemos a total disposición de activistas y procuradores de afroconciencias que existen ahora mismo tanto en Cuba como en sus espacios transnacionales. Pensar al país en términos democráticos y diversos contiene la demanda inmediata de iniciar estas difíciles conversaciones con las comunidades negras, tan largamente marginadas y hasta hoy abusadas policial e institucionalmente.

Serán conversaciones difíciles porque les adeudamos empoderamientos factuales y la instauración definitiva de un imaginario que no l@s mire y represente desde cotos de jerarquía colonial. Difíciles también porque habría que asumir que nuestra labor sería la del escucha y nunca la del dictaminador. Usar nuestros privilegios en función de una reestructuración profunda de la sociedad es trabajo de tod@s. Para Cuba y sus actores en la sociedad civil esta no es tarea de futuro sino del presente.

Lejos estamos, tal y como ha quedado establecido en el debate público de estos días, de entender la complejidad de la herida que los procesos de colonización y esclavitud han dejado tras de sí en las Américas. Lejos de empatizar sin poner condicionantes previas y hacer denuncias frívolas, acaso falsas, sobre lo que sucede hoy en Estados Unidos. Hay un histórico y conveniente malentendido en el que asumimos que las narrativas de gloria de l@s afrodescendientes en las Américas solo pertenecen al ámbito de la cultura o los deportes y que corresponde al resto de sus conciudadanos consumirlas acríticamente; mientras que a la par sus actos de desobediencia pasan de inmediato al mundo de lo criminalizado y por ende punible.

La imagen de un grupo de mujeres caucásico-descendientes haciendo de sus cuerpos una barrera para que la policía en Louisville no pudiera reprimir a los manifestantes el pasado jueves 28 de mayo es lección aprendida en Selma cuando el nunca olvidado Martin Luther King Jr. en 1965, mientras marchaba a Montgomery, se dejó acompañar por activistas y periodistas blancos para que los primeros golpes que asestara la policía local cayeran sobre sus cuerpos.

Como Estados Unidos, Cuba es un país multiétnico y, de un modo u otro, nos reconocemos como hij@s del cañaveral, de una economía y un orden social que nos puso a algunos a cortar las cañas y a otros a dar los latigazos para que esas cañas fueran cortadas. Pero somos también hij@s de la mezcla entre ambos. Corre por nuestra sangre la del esclavo y la del mayoral. Toca entonces y ahora mismo definir, a cuál de nuestros ancestros queremos socorrer. Acaso a ambos; solo que a uno debemos pararle la mano para que no golpee más mientras que al otro urge, sin preguntas o condiciones, dejarle respirar.

Roberto Zurbano

Roberto Zurbano: Desde mi balcón. Siete párrafos de memoria contra la pandemia del olvido (Segundo round)

Por Roberto Zurbano

Un blackface cubano celebrando el día de África en redes sociales, el incendio provocado en un terreiro de San Salvador de Bahía, el asesinato poco difundido de un joven líder comunitario garífuna en Honduras y otro asesinato racial en Estados Unidos, en la misma semana, confirman que el racismo opera en un amplio espectro de negaciones y violencias presentes indistintamente en cada país. Las gradaciones del racismo comenzaron con la esclavización y crecen en visiones culturales excluyentes, ausencia de historias negras en aulas, difícil acceso a estudios universitarios y puestos laborales y se regodean recortando presupuestos escolares en barrios negros y en la brutalidad policiaca, con sus altas cuotas de impunidad, hasta ofrecer una saga interminable de asesinatos, segregación racial y económica, cárceles y nuevos apartheid. Son muchas las expresiones visibles e invisibles del racismo: culturales, institucionales, públicas, privadas, en países pobres y ricos, en gobiernos demócratas o autoritarios, capitalistas o socialistas…El racismo, como el dinosaurio de Monterroso, siempre ha estado ahí. Pero casi nunca lo vemos hasta que un hecho mediático dispara las alarmas en busca, más que de justicia, de compasión. Así falseamos las agendas antirracistas, corriendo detrás de la crónica roja del mundo negro y no enfrentando las causas del fenómeno, ni a las razones que evaden el compromiso cotidiano en una lucha tan agotadora, como sofisticada y brutal. De estas visiones mediáticas erradas se alimenta el racismo, tranquilizando a quienes se creen afortunados, pues el último crimen ocurrió a mil kilómetros de casa y creen imposible que este dolor les alcance. El racismo es un hecho local que es también global y nos exige asumir la responsabilidad que toca ante lo pequeños racismos que toleramos a diario.

Hace diez años durante el congreso Cultura y Desarrollo, celebrado en La Habana, varios participantes nos trasladábamos en un microbús y algunos académicos e intelectuales blancos, comentando un panel del día anterior dedicado al racismo en Cuba; afirmaban que era un exceso de los panelistas y argumentaron que era resultado de las visitas que estos hacían a Estados Unidos. Una cineasta afrocubana sentada a mi lado me impidió responder y escuchamos en silencio todos los argumentos.

Llegamos al Palacio de Convenciones y todavía discurrían sobre el asunto. Sé que muchos investigadores de la cuestión racial fuimos a Estados Unidos años después de publicar tales textos y otros, aun no han visitado ese país. Recordé el primer viaje de raperos cubanos a Estados Unidos, en 2001; se presentaron en el mítico teatro Apolo, en Harlem y allí confirmaron lo que tan bien hacían antes en el Anfiteatro de Alamar, no fue al revés. Mi compañera de congreso y yo, esa mañana tuvimos una larga conversa para sacarnos tanta idea tóxica, injusta e ignorante. Sin embargo, aquellos argumentos aun me sirven de termómetro para medir la labor antirracista en Cuba, pues comparto una de sus alarmas: No aplicar métodos y soluciones fuera de contexto. Todo lo demás es clásico del proceso de negación del racismo cubano y, curiosamente, quienes hacían una lectura norteamericana de nuestra situación racial eran ellos, esperando encontrar aquí sucesos que no corresponden a esta realidad e invisibilizando eventos discriminatorios que tienen lugar ante sus propias narices, esos que, a veces, ellos mismos protagonizan consciente o inconscientemente, da igual. No dijeron Brasil o Alemania, porque cuando se trata de Estados Unidos el análisis tiende al desborde comparativo, no a la historicidad ni al campo de relaciones que ocultan políticas raciales, muchas veces también ocultas en leyes, estructuras socio-económicas, pactos religiosos, mass media y programas políticos.

Comparar problemáticas raciales entre Cuba y Estados Unidos, no es asumir sólo historia reciente, obviando el tejido de sucesos, figuras e ideas que marcan siglos de interacción, aun subalternizados por una escritura donde nunca aparecen negros de aquí ni de allá. Son los sesenta, cuando suceden hechos claves para los afrodescendientes de ambos países: Los afrocubanos tuvimos la Revolución de 1959 y los negros de Estados Unidos el Civil Right Movement. Ambos sucesos marcan puntos de partida diferentes en nuestras respectivas historias sociales y políticas. ¿Cómo ambas poblaciones llegan a este momento? Los afroamericanos venían de una sociedad legalmente segregada, donde trataron construir un espacio propio, lejos del mundo blanco, para vivir con dignidad. Sus luchas raciales tenían lugar en una sociedad multirracial y multicultural donde distintas razas, etnias y culturas no se mezclaron como en Cuba y configuran un gran mosaico fragmentado por historias e identidades particulares. El Civil Right Movement fue resultado de la lucha de los negros en específico, sus liderazgos, grupos, ideologías y demandas. Con ayuda de algunos aliados, pero fue resultado de una lucha política altamente racializada que, finalmente, les convierte en verdaderos ciudadanos.

El significado político que tuvieron las iglesias negras en Estados Unidos, es similar al de los sindicatos en Cuba. Curiosamente las religiones afrocubanas han sido subestimadas en el trabajo político, a pesar de su nivel de convocatoria, cohesión, horizontalidad y solidaridad, activas desde la colonia hasta nuestros días. Las iglesias negras en USA y los sindicatos en Cuba fueron espacio de aprendizaje más allá de los clubes y sociedades de color, cuyo ejercicio político fue más cercano a la negociación de intereses económicos, aunque desarrollan valiosos proyectos cívicos en la educación, la salud y las artes, apoyados por las fuerzas dominantes de ambos países. Dichos clubes asumieron vías políticamente correctas en busca de una armonía racial, aunque sin mucho éxito en sus respectivos empeños. Para los negros cubanos la Revolución es un innegable acto emancipatorio, resultado de luchas sociales, no raciales. Un hecho que les abre el acceso a todos los derechos ciudadanos. Crea las condiciones objetivas para la dignificación de una población negra inferiorizada y explotada durante siglos que, junto a otros preteridos, disfrutan derechos antes negados. (Aunque no sucedió en igualdad de condiciones, detalle entonces pasado por alto, que convierte igualdad de oportunidades en un ejercicio desigual). No se olvide que la población negra venía de una sociedad que no legalizó la segregación, pero la sufría en algunas ciudades y que la Constitución de 1940 coloca, por primera vez, el racismo como un delito.

Por su parte, el Civil Right Movement emancipó a los afroamericanos, tras manifestaciones y asesinatos. Lograron grandes victorias políticas y fuerte movilidad social apoyada en la Affirmative Action. Ganan el derecho al voto, mejoran las condiciones de trabajo de la clase obrera negra; aumentan las escuelas públicas y cede la resistencia a las escuelas racialmente integradas. Nacen programas educativos que favorecen a millones de niños y adolescentes. Se fortalece el modelo universitario negro, fundado en el siglo XIX, más allá de los Black Historical Colleges. Hay un crecimiento inusitado de clase media, empresariado y elite negras que comienzan a ocupar altos puestos en el stablishment. Fue el resultado más visible de aquel triunfo de los derechos civiles, pero no los únicos. Al mismo tiempo, surgen nuevas organizaciones como el Partido Panteras Negras y su filosofía Black Power, entre otras que estimularon movimientos de artistas, estudiantes, sindicatos y mujeres, a quienes le resulta insuficiente lo logrado y proponen, desde otras visiones críticas, continuar la lucha, intuyendo que las ganancias del Civil Right Movement no llegaron para quedarse, en los años ochenta, tras la ola conservadora que inicia Reagan y continua Bush padre, sobreviven pocas de sus ganancias jurídicas, afirmativas y laborales.

La conciencia racial en la historia afroamericana es un importante factor de cohesión para la lucha y movilidad socio-política. El ejercicio crítico y público de dicha conciencia guió comunidades, instituciones y clases sociales; generó la creación de organizativas propias (religiosas, sociales, políticas, económicas, etc.), desde aspiraciones comunitarias hasta las que incorporan otros intereses (clase, género, ideología, profesión).En Cuba, es baja la estima y conciencia racial entre la población negra, heredera de cimarrones, pero lenta en denunciar y desmontar agresiones racistas. Demasiada resignación en las personas negras que defienden sus derechos y valores en un contexto discriminatorio creciente. Acudir a las leyes, los medios y autoridades ha de ser común; amén de ese activismo antirracista cuyo esfuerzo retórico es mayor que su diálogo en las comunidades y la urgencia crítica de su misión social.

Sí, las respectivas historias de nuestros pueblos negros difieren en cuanto a integración social y racial: en Estados Unidos ha sido una imposibilidad histórica frente a la supremacía blanca, por eso también pensaron en la emigración (África) y en negociar con la hegemonía blanca, a través de las leyes y la democracia, otras sociedad y ciudadanía. Dicha estrategia aun no ha triunfado. En Cuba la integración de negros y blancos es una aspiración martiana que llena páginas enteras del ideario de Antonio Maceo y Juan Gualberto Gómez, aunque también hubo familias negras que regresaron a África. La idea de integración racial alcanza un fuerte consenso social, que se renueva con la Revolución. La aspiración social de cubanos negros no está separada de las demandas de cubanos blancos ni de los presupuestos libertarios del grupo vencedor; (aunque el Movimiento 26 de Julio era un espacio con poca conciencia crítica sobre la cuestión racial, ver la ausencia del tema en La historia me absolverá).

Las demandas de instituciones y líderes cubanos negros siempre desbordaron las exigencias raciales en busca de una ciudadanía plena y ellos aportan esa visión integradora a la lucha sindical, partidista y cultural donde nunca faltó el tema racial, como uno más entre las necesidades de la nación. Así, las luchas antirracistas cubanas no tuvieron una visión tan radical ni solitaria como en Estados Unidos. En la historia del antirracismo cubano concurren personas blancas con una visión antidiscriminatoria más allá del paternalismo y politiquería al uso; y se suman otras implicaciones clasistas y religiosas de peso en la integración de los grupos étnicos y raciales que arman la nación cubana. Eso explica una dinámica diferente a la norteña en nuestra experiencia social y tradición antirracista.

Es difícil constatar el conocimiento de la tradición antirracista cubana entre ciertos académicos y activistas entusiastas, pero desnudos de herramientas histórico-conceptuales para su trabajo de denuncia y propuestas que podrían verificar en el registro de una tradición que les sirva, sobre todo, para no repetir errores ni retrasar su necesaria labor. En esta tradición lo mismo cuenta un ensayo, un patakin o un poema. Cuando la televisión mostraba cómo asesinaron a George Floyd, recordé muchas otras víctimas, en especial a Emmett Till, de catorce años, mutilado y tirado al rio por sus asesinos blancos en 1955. Al recuperar el cuerpo, su madre dispuso que durante el funeral el ataúd quedara abierto, exponiendo el tamaño del ultraje. La imagen impactó al mundo y la tradición antirracista cubana lo fijó en Elegia a Emmett Till de Nicolás Guillen, donde el poeta llora “este mínimo muerto sin venganza”.

¿Eso también será el menos joven George Floyd? ¿Tenemos una conciencia mínima para la solidaridad racial? ¿Miramos atentamente nuestro entorno, donde no vemos crímenes así, pero sufrimos chistes, discriminación y pequeños maltratos que alguien calla, se traga y no sabe qué hacer con tanta humillación? No respondas hoy. ¡Sólo intenta hacer la tarea!”

En Centro Habana, a viernes 29 demayo.

Racismo en Cuba: La culpa es de las totí

Aracely Rodríguez Malagón

¡¡¡Las colas están llenas de NEGRAS!!!. Así contestó mi vecino a grito y a viva voz a ante la pregunta de otro de cómo estaba el ambiente. Creo que no hace falta describir a mis vecinos pero lo haré: uno es blanco, de clase media, profesional, cuenta propista. El otro blanco también, profesional, militante y militar. Quedé estupefacta no a lo que escuche eso lo sé y lo veo a diario, sino el tono despectivo y lacerante con el cual acentuó y vociferó “NEGRAS”, encerrando en sus palabras todo el desprecio visceral acumulado resultado de un colonialismo transformado y un racismo latente vivo, trasmutado, nunca acabado. Mientras el otro contestó con una sonrisa de satisfacción afirmativa.

Y es que desde sus puntos de vista las negras somos las culpables de la escasez que hay en el país y, por la entonación, yo diría que hasta del Corona-Virus. Lo peor es, que aquel grito en plena calle y a la luz del día sonó como un eco a pesar del nasobuco. Nadie salió (excepto yo) a rebatirlo o al menos a decirle “fulano no es de esa manera”. Fue como si toda mi cuadra estuviese reafirmando su ofensivo insulto ante el silencio otorgado. Me levanté como un resorte y antes que pasara por el frente de mi casa me vino una ráfaga retrospectiva en mi memoria de opresiones, esclavización, resistencia, cimarronajes y luchas…… y hubiese querido vociferar de la misma manera (lo cual no me cuesta mucho trabajo), pero esperé que se acercara y muy calmadamente en un tono casi silente, le expliqué las múltiples razones por las cuales las colas también tienen raza, sexo, territorio y clase; y que además son una medida de las desigualdades. En ellas es donde nos mezclamos y concentramos toda/os, sólo que las negras somos el último eslabón de la cadena alimenticia y el eslabón más gordo de esa cadena y por tanto las más visibles, es cierto que la escasez es general, pero no a todas/os nos llega con la misma intensidad. Adquirir alimentos es una necesidad existencial y va más allá del ¨QUEDATE EN CASA¨ que es atravesado por el privilegio y como resultado tiene dos bandos: los favorecido/as, que pagan por que les traigan los productos y los necesitado/as, que hacen colas para poder adquirirlos e incluso como un modo de sustento llegando a convertirse en un trabajo informal.

Las colas integran la vida cotidiana de las cubanas/os como resultado del bloqueo al cual ha estado sometido la isla por décadas, y que trae como consecuencia la escasez sobre todo en los productos de primera necesidad. Así hacer colas o las ¨colera/os¨ (como trabajo informal) es una práctica ejercida fundamentalmente por mujeres, generalmente negras o mestizas, de barrios marginalizados y/o de la zona oriental de país.

Estos actos son de conocimiento público, han estado presente en todo momento, pero en épocas de crisis se agudizan y se acentúa el color de las mismas coincidiendo con la visión de mi vecino, pero también con las estadísticas de los informes de desarrollo humano. Aunque para el caso de Cuba se hace complicado la veracidad de los índices de desigualdad, no obstante, se plantea que las mujeres en Cuba más pobres son precisamente las de este grupo distinguiéndose en época de Pandemia

Discriminar a las personas verbalmente es un acto que ocurre a diario como ejercicio permanente de la “colonialidad”. El lenguaje es una herramienta de poder que en este caso mi vecino la utilizó como expresión despectiva “LAS NEGRAS”, que enfatiza e indica de manera punitiva quienes son las responsables de las colas.

Es imposible deconstruir un racismo visceral, genético sino vamos al fondo del asunto y sólo lo dejamos en el plano cultural cuando en realidad es una problemática que pasa por lo histórico, económico, político, social, etcétera. Mientras se hace uso del derecho de gritar improperios como este, sin ningún tipo de impunidad.

Y no me puedo ofender según mi vecino: “no soy ese tipo de negras” (o sea tengo que sentirme halagada), peor, “no lo dice por mí “, (no sé a qué clase yo pertenezco), evidentemente tiene daltonismo racial. Su incapacidad no le da para comprender que mi condición de mujer y NEGRA no me separa de aquellas a las cuales él desprecia, lo que me reafirma una vez más el desconocimiento en nuestra sociedad del significado de ser NEGRA. No entienden que entre esas NEGRAS de las colas y yo existe una conexión histórica que no lo borra un espacio físico, ni las condiciones de vida, nos une un pasado, que a la vez es un presente y que tenemos que luchar para que en un futuro, no se nos siga discriminando.

Lo mejor de esta conversa sosegada es que la cosmovisión socio-racial de las colas de mis vecinos, no procede desde sus experiencias ya que ninguno de los dos hace cola, ni de la bodega. Es sólo una visión subjetiva de LAS NEGRAS y de las colas en tiempos de Coronavirus desde los carros con aires acondicionados…

Náutico 2020

Totí o Zanate: especie de ave de color negro endémica de la isla de Cuba. Conocida por un refrán para indicar cuando se le echa las culpas de una acción sólo a las personas negras ¨Todos los pájaros comen del nido y el totí carga las culpas¨

Soliloquios: Ayer me mandaron de regreso a África

Por primera vez en mi vida de activista, que ya suman 20, me han mandado para África. Una mujer cubana, feminista cubana, feminista cubana blanca cree que el lugar desde el cual tengo que luchar contra el racismo y la discriminación racial es África. Europa, donde vivo, es solo para la gente blanca. Así piensa alguien que se autotitula militante, que participó de la construcción de la revolución cubana, no un nazi alemán de los que vilipendia con quién le pase por delante y no tenga ni ojos ni pestañas rubias. Repito: ayer me han devuelto a África. Me montaron en un barco y me dejaron en una de sus costas. He de sobrevivir a toda costa. Me han hecho un favor, me han trasladado sin tener que pagar. Bueno, ha sido el premio por ser tan bocona, por incendiar los puentes rotos que tira el feminismo blanco. Para esa mujer solo es legítimo hablar de racismo si he pisado África. Ella, que ha producido parte de su obra cinematográfica en aquellas tierras, se ve como una heroína: una blanca que ha filmado historias de gente negra. Por demás, esa mujer me silenció, me taponó la boca. Gente blanca que no puede lidiar con una negra que hable, que cuestione, que construya, que sueñe. Nos quieren complacientes, sumisos, solícitas. Ese es el deseo blanco. Te devuelven al barracón y al barco negrero.  Eso lo hizo ayer una feminista blanca.

Nancy Cepero: Sobre racismo estructural y la gente negra que le hace coro a la opresión

Constituye una reacción común responder a críticas sobre comportamientos y comentarios racistas aludiendo el “racismo inverso”. De esta manera, no se quiere entender la realidad porque no conviene.
El racismo es estructural, vertical y apuñaleante para la gente que va quedando más abajo en la lista: lxs más oscurxs, lxs más oscurxs y mujerxs, lxs más oscurxs y gordxs, lxs más oscurxs y disidentes sexuales, lxs más oscurxs con diferentes capacidades.

Estas personas no tiene el poder estructural, la economía, poder de decisión, ni el interés para ejercer racismo y aplastar a otros grupos sociales. Por eso no existe racismo inverso, es una falacia, una balsa pal desespero; aunque a una persona negra no le guste la gente blanca y lo exprese, no tiene poder para invisibilizar, desacreditar, negar empleo, despedir o limitar el acceso por su aspecto.

Obviamente, tampoco nos interesa apropiarnos de su cultura, ya que nosotrxs y lxs nuestrxs hemos creado cultura con talento y alegría ilimitada a pesar del cepo al sol, la castración del lenguaje, de la religión, a pesar de la privación de libertad, se creó y se crea.

Por otra parte, la sociedad está establecido, estructurado de manera que en todos los contextos, negrxs tengan menos oportunidades y, además, miles de dificultades para acceder a esa mínima oportunidad, no hablo de individuos sino de grupo social.

“Todos somos iguales” es un planteamiento sin fundamento, facilista y racista que pasa por encima de la vivencia de un montón de cuerpas que llegaron al punto de partida con desventajas tangibles, reales. La apropiación cultural es racismo. No hay más vueltas. A estas alturas, con todo mezclado en el mundo, muchas cosas se pasan por alto, muchas menos la desfachatez del no reconocimiento, de la invisibilización y la burla.

Las negras somos humilladas y limitadas profesionalmente por nuestra complexión física, por nuestro color de piel. Luego las blancas y blanco-mestizas se doran al sol con artificios, se ponen culos, labios gruesos y son cool. A nosotras nos hacen problemas en las escuelas por llevar el pelo natural o dread locks, incluso las trenzas son mal vistas y automáticamente te ubican en contextos marginalizados en el imaginario social. Sin embargo, cuando la gente blanca utiliza estos “estilos”, es leída como artistas, transgresores, creativxs, innovadores. Hay que ir a YouTube a ver tutoriales de chicas blancas enseñándole al mundo a ponerse turbantes.

Es necesario que se entienda cómo cada apropiación, sin al menos reconocimiento a la fuente matriz, invisibiliza la vida, los cuerpos y la historia de mucha gente que ya de por sí está bien jodida solo por ser, por existir. Esta negación contribuye al racismo, a fomentarlo, a naturalizarlo, a normalizarlo a tal punto que incluso gente negra reproduce estas conductas, le hacen coro a la opresión y son incapaces de ver la tierra que se echan ellxs encima y a toda la comunidad consigo.

Georgina Herrera: La voz de una negra cimarrona

¡¡¡Qué bueno llegar a esta edad que cumplo 84 años!!! Hoy día 23 de abril, día del idioma castellano, con la felicidad de una Negra Vieja de Antes, atendida y cuidada por las más jóvenes.

Más de una persona, que sabe de mi vocación de cimarrona, ha sonreído con burlona ironía diciéndome que debí haber nacido el día de un idioma africano y, sin ironías, he respondido que es el día del idioma de los racistas, para decirles en el idioma de sus ancestros, lo que pienso que deben oir, sin traducciones, para que se entienda bien lo que tarde o temprano les va a caer encima, más tarde o más temprano. En fin de cuentas, lo que tenía que saber, amar y perpetuar de África lo aprendí ya, bebiendo de lo que contaban mis Negras Viejas de Antes, esas, a las que entiendo y admiro más cada día por la edad que cumplo y a la que llegarán ustedes en tradición irrompible.

Y, mira tu qué casualidad, precisamente en estos días, la muerte anda rabiosa, disfrazada con el nombre de una novedosa enfermedad. Y lo confieso, tengo miedo, miedo a que se tome un descanso en mi puerta, que está llena de cuantiosas señales que la harán sentirse como llegando a su propia casa: asma, poliomeuritis, cardiopatía, hipertensión.

Creo que el miedo es la mejor manera de no sentirme vencida.

Entonces, en medio de este torbellino, dejo un espacio lleno de claridades para un posible futuro, por si es cierta la reencarnación. Quiero ser lo que soy ahora, volver las veces que sean necesarias como la primera vez: fuerte, guerrera, amorosa, cimarrona, palenquera, volver como si no me hubiera ido, siendo lo que soy: negra, pobre y mujer y retomar mi puesto en nuestra lucha, porque esta lucha, la nuestra, no va a acabarse en largo tiempo.

Yoya

abril/2020.

Foto tomada de Universidad de Texas y Austin.

Libro para descargar: Reyita, sencillamente de Daysi Rubiera

En el año 1996 salió a la luz el libro Reyita, sencillamente, de la escritora e historiadora afrocubana Daysi Rubiera Castillo, el cual es el testimonio de Maria de los Reyes Castillo, madre de la también historiadora.

El libro, que recibió mención en el concurso literario de Casa de las Américas, en la categoría testimonio en 1996, ha sido considerado un paradigma de la historia oral en Cuba. Desde entonces, se ha utilizado como bibliografía en varias universidades de Estados Unidos y Europa fundamentalmente y ha sido reeditado en cuatro ocasiones en Cuba.

Reyita, sencillamente recoge las vivencias fundamentales de Reyita, nacida en 1902, recorriendo un siglo de acontecimientos nacionales e internacionales, entre ellos sus recuerdos sobre la flotilla de barcos Black Star Line para regresarse a África, las condiciones de vida de familias pobres como la suya, y el deseo de que sus hijos e hijas no fueran negros para que tuvieran las oportunidades que ella no pudo tener.

Aquí les comparto la una versión digital de la obra que realizara el reconocido intelectual cubano Julio César  Guanche, con autorización de la autora, y que tomé del blog La Cosa.

Descargar Reyita, sencillamente.

Descréditos, falsos elogios, revictimización y punición son alimento para la estructura racista

Por Yarlenis Mestre Malfran

Años´90, Escuela Vocacional de Santiago de Cuba (más conocida por IPVCE “Antonio Maceo”). En plena adolescencia me veo en la zona de la escuela donde la gente “apretaba” (lo que consigo recordar porque mi sabio inconsciente no me permite recuperar estas memorias en su totalidad). No sé cómo llegué allí, la cosa es que llegué. Era de noche. El muchacho blanco de la escuela que más se reía de todos, y de mí, estaba allí. Curiosamente en ese momento no me llamó de fea como acostumbraba a hacerlo a la luz pública en los pasillos de la escuela. Allí, me convidó sin ninguna amabilidad a estar con él. Claro, hoy, después de muchas lecturas feministas antirracistas y decoloniales, solo hoy puedo entender que en su cabeza de hombre y blanco yo, un cuerpo desvalorizado, debía sentirme “elogiada” con su invitación. Miren lo perverso que es el racismo, que se reviste de elogio en la cabeza del racista. Una fetichización supuestamente positiva que es en verdad una expresión de la persistencia de lógicas coloniales. En la cabeza de los colonizadores “civilizar a los pueblos salvajes” era algo que lxs colonizadxs debían agradecer, una ofrenda que ellos “seres superiores” estarían dando. En la cabeza de los racistas, la apropiación de nuestros cuerpos sería un favor que tendríamos que agradecer. Las lógicas coloniales tienen como sello distintivo el posicionarse y pensarse como autorreferencia del mundo mundial. Inmunda colonización. Este cuerpo negro que era/soy yo, podía hasta ser deseado en la oscuridad de aquel lugar recóndito de la escuela, pero ese deseo no podía ser admitido a la luz pública. El tipo me dio una cañona. Años después, en sesión de psicoanálisis conseguí llamar las cosas por su nombre. No fue cañona, fue violación. Peor que eso (si es que puede haber algo peor que semejante vejación). Recuerdo que tuve el coraje de contarle a la psicopedagoga de la escuela lo que había sucedido. La psicopedagoga convocó a mi mejor amiga a una sesión, y entre otras cosas le preguntó: ¿cómo era yo? No basta no ser racista, es preciso ser antirracista, antisexista, practicar la sororidad y no sé cuántas cosas más. O sea, al parecer, desde su entendimiento, habría alguna “característica de mi personalidad” que precisaba ser verificada a través de terceras personas, para darle legitimidad o no, a mi relato. Hasta hoy estoy aguardando un retorno de la psicopedagoga. Al parecer concluyó, por alguna razón que (des)conozco, que lo que me pasó estaba justificado o yo lo merecía. No me llamó más a consulta. El racismo se alimenta del descrédito. Y el descrédito desgasta. Todas las veces que intenté apuntar a otrxs actitudes racistas, se instauró la duda, el descrédito, la revictimización (¡¡¡¡tú también discriminas!!!! una tentativa de simetría de opresiones que es ilógica y perversa) y hasta la punición. Y no es que yo haya lidiado siempre tranquilamente con el racismo. No es que yo no haya querido imponer “mi verdad”, de tan obvia que es para mí. Si la trato de imponer es porque ella es continuamente sometida a descrédito, sospecha y a la contra-argumentación de “voces autorizadas”: ya sabemos, voces blancas y hasta feministas. Y no es que yo misma no haya desvalorizado ciertos cuerpos, pero de ahí a tener poder estructural para revertir posiciones de privilegio hay un abismo. Tampoco me sustraigo del ejercicio crítico y honesto de repensarme, pedir disculpas cuando sea necesario y avanzar. Ninguna de mis agresiones y discriminaciones (sí, yo también he discriminado, a veces para sentirme menos mal con quien me dejó en la mierda, a veces no) cambia situaciones estructurales de privilegios blancos y de clase, por citar apenas algunos de ellos. Piensen si por yo decirle a alguien que tiene menos culo que yo, (si esa alguien es blanca) eso la coloca en una situación estructural desventajosa. Qué hombre me va a preferir a mi antes que, a ella, inclusive ella sin culo y/o con celulitis. Eso tampoco hace menos peores a mis discriminaciones, así que me toca reverlas. Al final, la maldita comparación es un vicio colonial también. Comparar para imponer a unos sobre un montón de otres.

No dejen de leer, si pueden, un texto de Djamila Ribeiro, filósofa y feminista brasileña, en el que ella aborda el asunto. El título del texto es: Hablar de racismo reverso es como creer en unicornios y aparece en su libro Quem tem medo do Feminismo Negro? Eso me lo enseñan a diario las feministas negras, tan lúcidas ellas. Hoy admito que el camino del debate en las redes o a nivel individual es muchas veces desgastante psíquicamente. Lo que menos hay es debate. Nadie gana absolutamente nada. No pretendo una tentativa hipócrita de justificación, pues como dijo Fanon en Piel negra, máscaras blancas, la descolonización es un proceso violento. No tiene como ocurrir en el confort. ¿No es confortable para lxs que son apuntadxs como racistas? Entonces imagine por un solo instante para quienes tenemos que lidiar con el racismo que nos estructuró, que se actualiza en forma de fetichización “positiva” y con los egos lastimados de quien no se quiere ver en ese lugar. El colonizador que habita en muchxs no quiere (re)conocerse. Reconocer su racismo es demasiado pedir para sus egos coloniales, para sus múltiples posiciones de privilegio. Es mejor, mucho mejor proyectar la culpa en (nos)otras y punir, siempre punir. Construir a la feminista negra como conflictiva es fácil, muy fácil. Esta es una manera óptima de seguir alimentando esa estructura racista, sexista, machista. Y todavía hay quien duda de la necesidad de una Ley contra la Violencia de Género en Cuba. Yo no deposito todas mis esperanzas en una Ley, porque creo que, junto con ella, cada unx de nosotres tiene que tener el coraje suficiente de hacer el ejercicio de (re)conocerse: yo misma, el tipo que me violó, la psicopedagoga, las mujeres blancas que se colocan como voces autorizadas de lo que ellas mismas no han vivido y no consiguen ni de lejos imaginar, los machos punitivistas, las feministas que antes de practicar la sororidad, optan por los pactos narcisistas con los machos y otras privilegiadas. Nada de eso lo va a cubrir una Ley. Cada unx tiene que hacer su trabajo.

Foto: Daria Shevtsova