Libro para descargar: Reyita, sencillamente de Daysi Rubiera

En el año 1996 salió a la luz el libro Reyita, sencillamente, de la escritora e historiadora afrocubana Daysi Rubiera Castillo, el cual es el testimonio de Maria de los Reyes Castillo, madre de la también historiadora.

El libro, que recibió mención en el concurso literario de Casa de las Américas, en la categoría testimonio en 1996, ha sido considerado un paradigma de la historia oral en Cuba. Desde entonces, se ha utilizado como bibliografía en varias universidades de Estados Unidos y Europa fundamentalmente y ha sido reeditado en cuatro ocasiones en Cuba.

Reyita, sencillamente recoge las vivencias fundamentales de Reyita, nacida en 1902, recorriendo un siglo de acontecimientos nacionales e internacionales, entre ellos sus recuerdos sobre la flotilla de barcos Black Star Line para regresarse a África, las condiciones de vida de familias pobres como la suya, y el deseo de que sus hijos e hijas no fueran negros para que tuvieran las oportunidades que ella no pudo tener.

Aquí les comparto la una versión digital de la obra que realizara el reconocido intelectual cubano Julio César  Guanche, con autorización de la autora, y que tomé del blog La Cosa.

Descargar Reyita, sencillamente.

El libro “Negra cubana tenía que ser” se presentará en San Jordi 2020

El libro Negra cubana tenía que ser, de Ediciones Wanafrica, saldrá a la luz el 21 de abril de 2020 en Barcelona, España, en el marco de la Fiesta de San Jordi.

El volumen es una selección de artículos publicados en esta bitácora y en varios medios de prensa. Además el libro incluye textos inéditos.

Ediciones Wanafrica es una editorial especializada en literatura africana y sobre África, incluyendo su diáspora, en castellano y catalán y es tanto un proyecto cultural como una reivindicación social y política.

Para la presentación de Negra cubana tenía que ser  estaré participando de las diferentes actividades, firmando ejemplares y compartiendo con gente interesada en activismo feminista cubano, antirracismo, derechos de las personas LGTBIQ+, del 20 al 26 de abril del 2020.

¡Apunta la fecha y pasa la voz!

Tomás Fernández Robaina: El negro en Cuba. 1902-1958 (libro para descargar)

El intelectual cubano Tomás Fernández Robaina, tiene una extensa otra publicada acerca del tema racial en Cuba. En esta oportunidad compartimos su libro El negro en Cuba. 1902-1958, el cual fue publicado en 1991.

Agradecemos al Dr. Julio César Guanche haber compartido este documento.

Descargar el libro El negro en Cuba. 1902-1958. La Habana (Cuba): Editorial de Ciencas Sociales, 1991.  ISBN-10: 9590601316. ISBN-13: 978-9590601316

Lucía Asué Mbomío Rubio: Las luchas visibles y ocultas del racismo y la identidad afro en España

Lucía Asué Mbomío Rubio es una periodista española, madrileña para ser más exacta, hija de madre segoviana y de padre de Niefang, Guinea Ecuatorial.

Esta multifacética comunicadora tiene a su haber, entre otras cosas, la publicación de la novela Las que se atrevieron, multiples colaboraciones, entre la que destaca el medio colectivo y aliado de Global Voices, Afroféminas y además, su propio canal de Youtube.Sobre su quehacer relacionado a la lucha antirracista en el contexto del estado español, sus consideraciones acerca de la negritud, así como su labor como activista, hablamos en esta entrevista.

¿Cuáles son los riesgos o retos de asumirse como “afro” o “negra” en una sociedad como la española?

En España da miedo hablar de la raza (asumiendo que las razas, desde un punto de vista biológico, no existen y se trata de una construcción socioeconómica), digamos que tratar determinados temas, incomoda o, como diría el fotógrafo Rubén H.Bermúdez “resulta violento”, entre otras cosas, porque se da por hecho que es algo malo.

De ahí que no resulte raro escuchar frases como “yo no soy racista, pero”, como si ese preámbulo invalidara la “racistada” que tiende a ir a continuación.

Así, Lucía explica cómo una parte importante de la lucha contra las injusticias por causa de racismos depende de la visibilización de las discriminaciones. Y esto, en gran parte, depende de los espacios en los que quienes son afectados puedan ser escuchados:

Hace poco, Luis Castellvi, profesor en Cambridge, escribía en un artículo: “para la mayoría blanca en España el racismo es invisible, como lo es el machismo para ciertos hombres, la homofobia para muchos heterosexuales y un largo etcétera. Pero obviamente eso no significa que estas formas de discriminación no existan. Para saber cuánto racismo hay en España, debe darse voz a las minorías afectadas y a quienes conviven con ellas.” Pues bien, eso es lo que, a menudo, sucede en esta sociedad, que se habla de algunos –ismos desde el privilegio de quien no los padece y que cuando opinamos como afectados/as se nos tilda de victimistas de manera automática sin entender que escucharnos es una oportunidad para modificar conductas y, por tanto, de contribuir a la mejora de un Estado del que también formamos parte.

Y continúa:

Mi toma de conciencia ha ido de la mano de un activismo antirracista que se ha traducido en mi colaboración durante casi cuatro años ya con Afroféminas, para visibilizar a través de entrevistas a mujeres negras que podrían ser referentes para cualquiera, si algún medio tuviera a bien el poner el foco sobre ellas. También me he enfocado en armar talleres en diversos foros con el fin de analizar con perspectiva crítica el modo en el que los periodistas contribuimos a difundir una imagen de las personas negras que trata a la parte como el todo y que se niega a dejar de lado los estereotipos consuetudinarios que nos asocian (sí, hablo como emisora y como receptora puesto que como informadora yo también he cometido errores).

“La racista eres tú por marcar las diferencias”

Si bien es de conocimiento general que las conversaciones sobre racismo son difíciles, muchas personas ignoran lo comunes que son los contra ataques. En la experiencia de Lucía Mbomío las respuestas son variadas y complejas, pero la mayoría comparte un denominador común que complica aún más la cuestión: las diferencias de la vida diaria que muchos no viven y que rehusan a ver.

Asumirse como negra o como afro, puede implicar escuchar más de una vez frases del tipo “si todos somos iguales” o “la racista eres tú por marcar esas diferencias”. Ese “todos somos iguales” deja patente la enajenación existente hacia determinadas realidades cotidianas, como puede ser ir por la calle y que te pidan la documentación más veces que a alguien blanco debido a que dan por hecho que no eres “de aquí” (y a lo que conlleva no serlo) o que no aparezcas casi nunca en medios de comunicación salvo de manera estereotipada, por poner un par de ejemplos.

A veces, asumirme como afro, desde un punto de vista, quizá, más mundano pero no menos importante, supone tener conversaciones desagradables con gente a la que quieres y que te quiere. El amor más infinito no tiene por qué estar exento de los prejuicios inoculados por un sistema racista.

¿Qué opinión tienes sobre las ideas que buscan ir más allá de la división racial y unirse a la lucha antirracista desde una idea de identidad y de la experiencia personal?

Que los y las aliadas son necesarias pero que de ninguna manera pueden encabezar la lucha antirracista. Ni siquiera mi madre, que ha tenido un par de hijxs leídxs y auto considerados como negrxs, podría. Ella puede aportar su visión como progenitora, sus experiencias y opiniones son importantes, pero no puede saber (aunque padezca algunas de sus consecuencias) lo que vivimos mi hermano o yo. Yo tampoco sé lo que es ser blanca y tener hijxs que no lo son: niños que lleguen llorando del colegio por haber recibido insultos o llenos de rabia o de miedo tras alguna agresión.

“El poder del dónde”: divisiones y contextos

Quiero sumergirme en una discusión que se aviva cada vez que tratamos de autodefinirnos: el uso de la palabra “negra”. Es un término que estuvo y está en el centro del racismo como teoría y cuyo uso nació vinculado a la colonización. ¿En qué lugar del debate te sitúas?

Creo que es algo muy contextual. Cuando yo era pequeña, aquí, si no eras blanca, eras negra. Todas las nomenclaturas creadas para marcar una gradación que te acercara más a unx o a otrx tan propia de algunos países de Latinoamérica (y herencia del sistema de castas español) no se usaban demasiado. Como a muchas personas en España, me han dicho que me vaya a África cuando me he quejado de algo que no estuviera bien o por tener opiniones que a algunas personas no les han cuadrado. Por eso, aún siendo consciente de mi parte blanca española, y últimamente, también del privilegio que se deriva de ella por el colorismo que existe y por el DNI con el que nací debajo del brazo, yo siempre me he autodenominado negra. Lo de “afrodescendiente” es algo muy reciente para mí, aunque reconozco que cuando estoy en algunos sitios, a sabiendas del poder del “dónde”, uso esa palabra.
También hay que tener en cuenta que hay mucha gente que está en contra del término “mulato” porque es una denominación exógena e impuesta cuya etimología proviene de mula, nos animaliza.

Y sobre la fuerza de los contextos geográficos y sociales:

Me consta que de haber crecido en otras partes del mundo seguramente lo vería diferente. En Guinea Ecuatorial, por ejemplo, que es mi otro país, me llamaban “blanca”. Pero yo he pasado casi toda mi vida (con excepciones que no han superado el año) en Madrid y mi posicionamiento responde a mis experiencias aquí en España.

Me gusta citar aquí a Amin Malouf que, en su libro “Identidades asesinas”, explicaba que, normalmente, pese a que somos poliédricos, nos asimos a la cara de nuestra identidad que consideramos que es más atacada.

Foto de portada: Maité Escarria. Cortesía de la entrevistada y publicada con permiso.

Sobrevivientes, 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista

He vivido la violencia de género tan cerca que aún no puedo ni contarlo. Compartirles Sobrevivientes, con prólogo de la (mi) querida profesora Clotilde Proveyer, más que una buena oportunidad, es hacerle justicia a todas las mujeres abusadas, violentadas, injuriadas y decirle a las otras que siempre hay una salida posible, una puerta que se abre.

Sobrevivientes, 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista, es un volumen también que nos habla de la posibilidad de vencer a la violencia machista, aquella que ejercen los hombres contra las mujeres y para la cual no existe razón alguna.

Dice Proveyer en el prólogo: “Este libro estremece, obliga a la reflexión y al compromiso, nos empuja a actuar contra ese flagelo, al demostrar cuán dañino es el silencio que desde el desconocimiento, la indiferencia o el temor nos convierte en cómplices de una de las lacras más antiguas de la humanidad.
Es un libro imprescindible, que debemos tener a mano para no dar tregua al desaliento.”

Además, me ha gustado mucho ver nombres de amigas, colegas, compañeras de lucha en el índice de Sobrevivientes: Lirians Gordillo, Sara Más, Lizette Vila y Dixie Edith. Me siento como en casa.

Descargar 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista. Aproveche y regálelo.

Alberto Abreu: “ya no se puede hablar de carencia de estudios o de libros sobre la cuestión racial cubana”

Por Alberto Abreu

Lo que más me llamó la atención durante la presentación de los libros Emergiendo del silencio. Mujeres negras en la historia de Cuba, compilación realizada por Daysi Rubiera y Oilda Hevia (Editorial de Ciencias Sociales), Por una Cuba Negra. Literatura, raza y Modernidad en el siglo XIX, (Hypermedia Ediciones) de Alberto Abreu, y Lágrimas Negras (Ediciones Unión), novela de Eliseo Altunaga fue la composición del auditorio.

Cansado de asistir a este tipo de reuniones donde siempre son las mismas caras, por primera vez estaba ante un público heterogéneo, integrado no sólo por líderes comunitarios, activistas contra la discriminación racial en Cuba, sino también por prestigiosos escritores, poetas, intelectuales y académicos cubanos; así como estudiantes de maestría y doctorado interesados en el tema, provenientes de universidades de Canadá y Estados Unidos, se efectuó el miércoles 9 la presentación de dichos volúmenes. Digamos que la actividad se vendió por sí sola.

¿Qué razones motivaron por primera vez la confluencia en un mismo espacio de un público tan variado? ¿El interés por la problemática racial cubana? ¿Los autores y los abordajes temáticos y perspectivas teóricas de los libros presentados? ¿El espacio? ¿La estrategia empleada por los organizadores para el diseño de la actividad y su concepto?

Según Víctor Fowler (Director del Centro Cultural Dulce María Loynaz), al dejar inaugurada la mesa de presentación: “Estamos en una ocasión de privilegio por la cantidad de autores que hoy nos acompañan, por la solidez de la contribución que están haciendo, por la amplitud temática que hay dentro de una unidad esencial, por la cantidad de temas que abordan. Es para mí una alegría compartir esta mesa con los autores”.

Mientras Roberto Zurbano (presentador) al explicar las intenciones de la actividad comentaba: “Queríamos hablar de esto que hemos llamado las nuevas bibliotecas de la isla porque es una manera de darle densidad al presente, de poner en relación estos libros y temas, pensar en término de serie.” Y en otro momento de su presentación, refiriéndose al estado actual del debate sobre la cuestión racial en Cuba, específicamente a su presencia e impacto en la literatura cubana actual se preguntaba: “O sea en el caso de la literatura hace que a veces se pierda de vista la pregunta ¿de quién estamos hablando? ¿sobre quienes estamos hablando? ¿Para quienes estamos hablando? Muchas veces se pierde esa consideración”. Mientras con relación a los libros presentados reconocía: “Entonces yo creo que se ha ganado en introducción, se ha ganado en rigor, se ha ganado en seriedad.”

Como era de esperar fue una brillante exposición de Oilda Hevia, sobre las diferentes estrategias empleadas por la mujer negra desde el siglo XIX para salir adelante. Reveladora en datos, anécdotas y hechos pocos conocidos, y la manera en que el feminismo blanco cubano las ha excluido. De las palabras de Eliseo Altunaga sobre Por una Cuba Negra. Literarura, raza y modernidad… que consideró un libro de un alto rigor académico y teórico, con propuestas y enfoques atrevidos, problematizadores e inusuales en la mirada a la literatura, la raza y la formación de la nación cubana, y de la presentación de Alberto Abreu sobre Lágrimas negras, que caracterizó a la novela como “un intento por discernir, desde el presente, lo que ha sido nuestro tortuoso y quebrado transitar como afrocubanos por la historia la nación y decidir nuestros actuales compromisos”.

Se abrió el debate sobre temas como: las trampas y lamentables consecuencias del concepto de mestizaje a la hora de delucidar la cuestión racial cubana, la escasa y distorcionada representación de los afrocubanos en la televisión que parece obedecer a una decisión del Estado. Fowler cuestionó el término unidireccional, homogéneo y reduccionista de “lo negro”, entre otros tantos tópicos. Tomás Fernández Robaina dijo que se trataba de una presentación memorable.

Como siempre estuvo el clamor sobre la urgencia de sacar estos debates de los recintos cerrados donde siempre asistía solo una élite o un grupo reducido. Pero este solo es un viejo deseo y demanda que no depende de quienes estábamos allí. Porque no ponemos las reglas del juego. Solo queda entonces continuar usando las plataformas de faceboock y las redes sociales, además de la labor en la casa, en el barrio, en el trabajo, en la calle para seguir democratizando este debate, y actuar como grupo de presión para que el mismo se coloque en la esfera pública cubana de hoy.

Después de esta presentación es evidente que ya no se puede hablar de carencia de estudios o de libros sobre la cuestión racial cubana; sino que hay que pasar al próximo paso: comenzar a hablar en términos evaluativos de la calidad de ese material que ya existe. El lugar desde donde es enunciado, y sus emplazamientos, de réplicas o contradiscurso a la mirada hasta hoy imperante en el ámbito académico y el discurso nacionalista e historiográfico cubano.

Tomado del muro de FB de Alberto Abreu
Foto tomada del muro de Victor Fowler

“Cuando morir era más sensato que esperar”: entrevista a Carolina de la Torre sobre su próximo libro.

En la entrevista anterior, publicada en Oncuba Magazine, nos habías dejado con la incertidumbre acerca de la publicación de tu libro. ¿Nos puedes comentar ya algo al respecto? ¿Cuándo y en cuál editorial saldrá?

Sí, claro, hace meses que tengo esa información. En el mes de noviembre de 2016 firmé con la Editorial Verbum, de España, un contrato para la publicación de mi libro, que por ahora se sigue llamando “Benjamín, cuando morir es más sensato que esperar” Me hizo muy feliz la aceptación de mi libro, me alegró que me dijeran que les había interesado y gustado.

Cuba Posible publicó, en noviembre de 2016, gracias a Julio César Guanche, una sinopsis con algunos fragmentos que, afortunadamente, despertaron el interés de muchas personas. Eso fue después de aquella entrevista que me realizaste y que salió en Oncuba Magazine. La propuesta de la editorial es de publicarlo este año 2017. Espero lo logremos, para que el libro no envejezca.

¿Tú crees que un tema tan familiar, tan personal, pudiera “envejecer”? Es una historia muy particular que no hay manera de repetir, ni copiar; tampoco creo que pueda “envejecer”. 

Es cierto. La historia de mi hermano, sus amistades, y mi familia, durante los años 60, las miradas retrospectivas (por ejemplo, las referencias de mi madre a la historia familiar), así como mi propia reflexión actual, son únicas, propias. Es la historia que he tratado de contar desde el corazón. Lo que a veces temo es que pierda actualidad o interés la historia del contexto que trato de reflejar, al menos tal y como yo lo he recordado y también investigado. Hubo muchísima investigación, no solo de mi propia familia y hermano, sino de la época que le tocó vivir a Benjamín. Además de las entrevistas a mi propia familia y a los amigos y amigas de Benjamín –por ejemplo, a algunos de los que estuvieron con él en la Academia San Alejandro, donde estudió pintura y escultura, en el Instituto de La Habana o en las mismas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP)-, también revisé la prensa y otras fuentes que dan cuenta  de aquellos años, de las políticas con relación a la homosexualidad o de la vida cultural habanera durante ese convulso y especial decenio.

Hablar de la UMAP, dicen algunas personas que no es necesario. ¿Crees que la publicación de tu libro ayudará a que se conozca un poco más de lo sucedido realmente?

Creo que sí, al igual que ayudan otras historias e investigaciones que otras personas han hecho y siguen compartiendo. No solo aportará otro grano de arena al conocimiento de la UMAP (por alguien que lo sufrió dentro de su familia y que lo ha conocido directamente desde la perspectiva de las psicólogas que participaron de ello), sino un grano de arena al conocimiento de la época y del tratamiento que se le daba en el país a la homosexualidad y a la “diferencia”.

Es algo que quisiera seguir investigando, ya no como autora de un libro testimonial, sino como investigadora social; aunque ese no ha sido mi objetivo actual. Yo soy psicóloga e investigadora, eso creo que me ayudó, pero he escrito desde la mirada y el sentimiento de hermana.

Mi libro, como te comentaba hace unos meses, no está centrado en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, sino en los años 60 en general. Siempre con el protagonismo de mi hermano Benjamín, con sus amigos y nuestra familia; siempre con la presencia de la huella que dejó la UMAP y la homofobia en su cortísima vida posterior y en la de todos nosotros.

Yo le di una estructura -o mejor dicho, fui encontrando una estructura- que me resultó muy satisfactoria para los fines que quería lograr. Necesité hacer algunas aproximaciones a ciertos momentos  que marcaban o ilustraban, a modo de zoom,días importantes, o un antes y un después. Estos acercamientos se intercalan con los capítulos más extensos donde se narran las diferentes etapas de la historia de Benjamín, con nuestra familia y con sus amigos, tal y como yo la he podido reconstruir.

Esos momentos importantes son, por ejemplo, el día que lo encontramos muerto (11 de octubre de 1968), ciertas fechas que marcaron la vida de muchos cubanos, el día en que se tomó las pastillas para morir, y el día 5 de agosto de 1966 (cuando Benjamín cumplía sus 22 años, estando en la UMAP). No te los menciono todos ni en orden, sino solo como ejemplos.

En el “zoom” dedicado al día 5 de agosto, yo recreé las 24 horas que transcurren desde la madrugada de su cumpleaños hasta las 12 de la noche en que termina ese mismo día. Nada de lo que escribo ahí es imaginado, sino armado, compuesto por la ficción para darle orden y sentido. El final de ese capítulo te lo puedo reproducir para que veas qué tipo de información ofrezco sobre, por ejemplo, las visitas e investigaciones que realizaron las psicólogas que fueron a la UMAP antes de yo entrar a la carrera de Psicología y, también, después. En mi libro no profundizo porque no es un ensayo, ni me he dedicado a esa investigación, pero menciono esas visitas y algunas de sus conclusiones.

Desde que entré a la Escuela de Psicología yo supe que un grupo de especialistas habían visitado la UMAP para una investigación. Creí siempre que mis colegas, apenas un poco mayores que yo, no me querían hablar de mi hermano allí, pero al final supe exactamente la verdad.

Cuando las psicólogas (digo psicólogas porque las mujeres fueron mayoría) llegaron por primera vez a los campos de caña de Camagüey, no tuvieron contacto con mi hermano, ni entrevistas, ni nada, porque ellas solo visitaron las unidades que para entonces se habían formado con los homosexuales que ya estaban separados de “los hombres”, como decían unos y otros. Luego, cuando las psicólogas regresaron en la primavera de 1967, ya Benjamín había sido dado de baja, estaba de regreso después de unos 15 meses allá.

Varias veces, antes de morir, María Elena Solé habló conmigo de esas experiencias; concretamente del primer estudio en la primavera de 1966 y del segundo en la primavera de 1967, también de la permanencia de ellas hasta el cierre de la UMAP. Y no solo ella, sino otras colegas y hasta jefes que pude entrevistar, además de las entrevistas que hice a algunos de los que allí convivieron con Benjamín.

En mi libro relato una especie de fiesta que le hacen sus amigos la noche de su cumpleaños (basada en relatos de lo que ocurrió en otras ocasiones). Esa noche, al final de la fiestecita, Benjamín y su pareja se sientan a hablar con dos reclutas recién llegados, dos reclutas que habían conocido en su anterior campamento a algunas de las psicólogas que estuvieron allá; ambos habían sido entrevistados por ellas, habían realizado las pruebas y participado en las entrevistas grupales. Después de relatar ese supuesto encuentro (eso está ficcionado) con los recién llegados -justo al final de la noche- yo termino el fragmento de la UMAP c uyo final te voy a reproducir:

“…La conversación entusiasmó un poco a Benjamín, y como era lo más prometedor que había escuchado desde que llegó a Camagüey, lo malo de ese día lo trató de olvidar. Esa noche se acostó más consolado, tendió su mano al Chino sin tapujos y durmió mejor. Le duró varias semanas la ilusión hasta que se dio cuenta que nada iba a cambiar.”

“Mientras eso sucedía, Carolina se presentaba a las pruebas de ingreso que le permitirían estudiar Psicología en la Universidad de La Habana y conocer a las psicólogas y estudiantes que habían ido a investigar la situación socioeducativa y clínica de los homosexuales retenidos en Camagüey, bajo la guía de una psicoanalista francesa llamada Josette Zarka que tuvo de principal ayudante a María Elena Solé. No preguntó nada al inicio, por pena o por temor, pero, como no se hablaba de otra cosa, muy pronto se pudo enterar. Supo que el equipo de psicólogas ya había terminado el estudio pedido por los Servicios Médicos de las FAR y que, entre otras cosas, habían concluido que los objetivos de la UMAP no estaban claramente definidos en cuanto al aspecto reeducativo; que no se podía lograr la reorientación sexual; que los campamentos tenían malas condiciones (como todos los campamentos del país); que, a diferencia de los otros, los campamentos de la UMAP parecían prisiones; que el trabajo era excesivo; que no había pases y carecían casi por completo de recreación o deportes; que eran pésimas las clases; que hubo maltratos y castigos “ejemplarizantes” y que el énfasis casi absoluto en la producción no favorecía ni lograba transformaciones en las conciencias de los reclutas, sino que “era más probable que ellos sintieran el trabajo como un castigo por la condición homosexual”. 

“A pesar de estos resultados –al igual que los de otro estudio que la propia Escuela de Psicología hizo bajo la dirección de María Elena Solé en abril y mayo de 1967 –pasaron dos años (y múltiples hechos que no forman parte de esta historia) antes que se desintegraran las Unidades Militares de Ayuda a la Producción.”

Después de este capítulo viene uno que se llama “En La Habana al volver”. Allí también trato de reflejar algunos aspectos relacionados con el tratamiento a la homosexualidad en Cuba y en la Universidad.

Hay alguna otra cosa nueva que, según tu criterio, aporte tu libro en materia de la vida cubana de los años 60. 

No es mucho lo nuevo, sino la forma personal en que cada familia lo vivió. Yo relato la historia de nuestra familia después de 1959; por ejemplo, la participación mía y de Benjamín en la campaña de alfabetización, la de mi hermano Salvador en la etapa de Playa Girón como artillero antiaéreo, etc. También la vida cultural de mi hermano y sus amigos en aquella Habana tan especial. Pensando en alguna historia menos conocida de esos años pienso en la polémica sobre el feeling y los sucesos que se desencadenaron con la canción “Adiós Felicidad”. Aquí te propongo también un fragmento recortado      -porque es más largo- del capítulo “Benjamín y sus amigos” (antes de 1965), que es más ilustrativo que mis palabras actuales:

“…Y como a ellos nada les era ajeno en materia cultural, también se interesaron por las polémicas que se desarrollaban en el plano de la música y su vínculo con lo ideológico y lo social.” 

“Fue el caso de la polémica que se produjo sobre el feeling en la Biblioteca Nacional. No era la primera vez que los intelectuales se reunían con los dirigentes más destacados de la cultura y la nación para analizar un hecho concreto hasta lograr una conclusión general. Pero para ellos, que estaban alfabetizando en junio de 1961, y que tenían menos formación cuando se desató el debate que dejó aquella sentencia de tanta claridad (“Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho”), la iniciación en estos asuntos se produjo en la primavera de 1963.” 

“A Benjamín y a otros del grupo, como Hiram y Marino, el feeling, sin resultarles desagradable, no les llegaba a apasionar, como tampoco el bolero del que en parte surge, al igual que del jazz. Pero sí les interesó como suceso cultural la crítica que Gaspar Jorge García Galló (profesor universitario, dirigente y miembro de la UNEAC) hiciera a la canción “Adiós felicidad” de Ela O’Farril. Según la crítica, la canción no solo evidenciaba “penas falsas y fingidas”, sino que estimulaba “sentimientos mezquinos” y podía ser utilizada “para hacer campaña contrarrevolucionaria” en un país donde el sistema no propiciaba la tristeza ni al desengaño personal. Tan grande fue el escándalo que dio lugar a un debate surrealista, entre las más altas figuras de la cultura cubana del momento. Tuvo lugar en el mes de abril y se prolongó durante tres semanas (a puertas abiertas) en el recinto de la Biblioteca Nacional. Benjamín todavía no había conocido a Ernesto y a Elisheba y andaba casi siempre –cuando de asuntos profundos se trataba– con Marino, con Alma y con Hiram; y en este caso también con Sixto, que sí amaba el feeling y podía matar por una entrada para escuchar a Doris de la Torre, Ela O’Farril o Gina León. En fin, ir al debate motivó a Benjamín.”

“—Ven con nosotros mami, vamos con Hiram, con Marino, con Alma y con Sixto, a ti te va a interesar. Dicen que García Galló no ha podido soportar que alguien en Cuba hable de tristeza cuando tenemos una Revolución –dijo con ironía Benjamín…” 

“…Ante tanta insistencia y argumentos, Blanca fue con ellos a la primera sesión. Repleto de público el salón. Escucharon a Alejo Carpentier disertar acerca del diálogo inevitable de la música con lo foráneo; argumentando que en el país que sea, la música influye y se deja influir. Todo el debate tenía tanto de prometedor por positivo como por negativo, dependía de cual tendencia acabaría por dominar.” 

“A ellos, en general, les parecía –y les parecería cada vez más– muy contrastante el hecho de que un proceso que hubiese dado tantas libertades a las mujeres, a los negros, a los pobres y a los discriminados de siempre, se empecinara contra otras libertades de pensamiento y de creación intelectual.” 

“Algunos regresaron a otras sesiones, pero todos siguieron el debate por la prensa nacional. Los dogmáticos perdieron ese round, porque era muy fuerte la presencia de intelectuales no extremistas que, por sus conocimientos, pudieron dominar. César Portillo de la Luz argumentó los orígenes del feeling tan atrás como después de la Segunda Guerra Mundial y la idea de que lo importante era poner “emoción y vida a lo que se va a interpretar”; Argeliers León desarrolló la tesis de que el feeling era “una expresión genuina de nuestro folklore urbano”; Valdés Arnau que al contrario de la decadencia que se le quería imputar, este era “una fuerza renovadora”; Doris de la Torre dijo que lo cantaba con el mismo sentimiento y por las mismas razones que tenía “para cantar a Sindo Garay”. Así, uno por uno, los artistas se fueron negando a ser aplastados por el dogmatismo. El feeling fue defendido tanto por algunos que más tarde se convirtieron también en dogmáticos, como por otros que después se tuvieron que marchar del país…”

Bueno, son solo fragmentos, hay mucho más, pero creo que se notan las contradicciones y debates del momento. Como te dije antes, además de mis recuerdos, traté de revisar y compilar toda la información disponible sobre cada hecho descrito en el libro.

Benjamín junto a su hermana Carola

Tú has decidido contar la historia de tu hermano, una historia íntima pero que también pertenece a este país. Mi pregunta es entonces: ¿por qué has decidido abrir la puerta de la sala de la casa de tu familia para contar sobre la vida de Benjamín?

Una persona no logra nada hasta que está lista. Antes de escribir o de hacer un documental donde lo menciono, la historia de mi hermano estuvo presente sin ocultarla, en muchísimas decisiones que tomé en mi vida, en muchísimas participaciones públicas.
En una ponencia que hice en un evento, en 2004, yo le dedico el trabajo a mi hermano Benjamín, luego lo menciono en mi documental “El Accidente”. Allí digo que mis padres no hubiesen podido resistir la muerte de otro hijo (en este caso la mía propia, pues estaba dentro del avión accidentado) porque hacía un poco más de 10 años habían perdido a un hijo que se había suicidado después de salir de la UMAP.

Ese comentario, me costó que eliminaran, de un día para el otro, la proyección del documental  en el programa “Arte Siete”, es decir, de la tanda del domingo. Dos años después se estrenó tarde en la noche en otro programa. En fin, desde que me jubilé y murió mi papá (en 2002 ambas cosas) yo tuve el tiempo y la posibilidad de enfrentarme a los papeles de mi familia. Pude recuperar los de mi mamá, que escribió un diario desgarrador al morir mi hermano y que incluyo (editado y recortado) en el libro.

Un día de 2010 o 2011, escribí el primer capítulo o segmento (11 de octubre de 1968) que salió de un tirón y nunca lo cambié. Después la motivación fue creciendo hasta que se hizo una necesidad y una obsesión. Empecé a buscar a sus amigos y los encontré a casi todos. Algunos me ofrecieron detallados y hermosos testimonios que eternamente agradeceré. Ojalá la historia y los poemas de mi hermano se publiquen. El libro contiene poemas de Benjamín y de mi mamá, cartas, diarios, fotos. Creo que es la forma que he tenido de que mi hermano y su obra no sean olvidados. Es también la historia de un período tal y como una familia cubana lo vivió; en especial mi madre.

¿Crees que tu madre estaría complacida con esta obra? 

Sí. Aunque hace 20 años que mi mamá falleció, creo que lo agradecería por su hijo y por ella misma. Su deseo era no dejar morir la historia y la obra de Benjamín y eso es lo que pretendí hacer al escribir este libro, aunque en mi caso he intentado, además, reflejar la historia de una época tal y como mi familia la vivió, haciendo, por supuesto, énfasis en lo que menos se ha conocido y lo que más nos lastimó.

Es verdad que el tratamiento a la homosexualidad -y a la “diferencia”, en general- ha sido y sigue siendo injusto y cruel en muchos lugares del mundo, pero mi libro se centra en la experiencia de mi país, en mi familia, en Benjamín y sus amigos artistas, en nuestra nación en general.

De todas maneras quisiera añadir que esta obra, aunque se basa en una historia real y contiene fotos y documentos escritos por mi madre, personas cercanas y por el propio Benjamín, no puede, ni pretende ser, una reproducción exacta o completa de la vida de mi familia ni de la época que nos tocó vivir; tampoco de los amigos que acompañaron en los años 60 a mi hermano; hasta que decidió que morir era más sensato que esperar.

Solo mis padres, hermanos, hijos y yo, además de algunas figuras públicas o incidentales, tenemos nuestros nombres y verdadera identidad. Los demás personajes, aunque están inspirados en seres reales, han sido recreados por la ficción.

Volviendo a tu pregunta, aunque yo he tenido, y tengo, mi propia evolución mental y proyecto mis propias valoraciones actuales, para ser justa, tengo que decir que mi madre educó a mis hijos mayores sin odio y sin rencor. A veces ella decía a sus nietos: “a mí me tocó perder, pero después de ver tantos niños pobres y hambrientos en Colombia (su país natal), yo me acuesto tranquila al saber que aquí los niños están protegidos y van a la escuela”.  Ni ella, ni mi padre, adoptaron el odio y el resentimiento como opción; pero hubieran querido, si hubieran podido, reivindicar a su hijo mayor, publicar su obra y denunciar lo que tuvieron que padecer. Yo creo que ella habría estado muy satisfecha con esta obra si hubiera vivido 20 años más. Y, si no es mucho abusar de tu paciencia y espacio, me gustaría cerrar con el exergo que escogí, porque es como decirle a mi madre que, al final, nadie muere si ha dejado una obra y una lección para la posteridad:

No hay muerto, por bien muerto 

                            que en las entrañas de la tierra yazga,

que en otra forma, o en su forma misma,

más vivo luego y más audaz no salga.”

 

                                    JOSÉ MARTÍ

Publicado en Cubaposible

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Yolanda Arroyo Pizarro: “¿Y tu abuela dónde está?”

La escritora afropuertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro se conduce magistralmente, en una intervención que hay que escuchar, sentir, y vivir, acerca de nuestras ancestras y su rol en la historia de las familias.

Disfrútelo con la conciencia racial abierta

 

Foto tomada del perfil de Yolanda Arroyo Pizarro en FB.

A propósito de la novela NEGRA de Wendy Guerra

Por Samantha Silva Makel

La novela Negra, de la escritora cubana Wendy Guerra, intenta presentar desde una mirada femenina las agruras de las raícess históricas del racismo, teniendo como plano de fondo la ciudad de La Habana, Cuba.

El preciosismo retórico con el cual la autora desarrolla la narrativa de su protagonista y heroína, Nirvana del Risco, aquí llamada siempre por “negra”, “negrita”, “azúcar negra” o “azuquita”, no construye per se un discurso anti-racista. Por el contrario, se constata aquí una representación peyorativa de la mujer negra. Ese es un tema que no se limita sólo a Cuba sino que a todos los países, donde la mano de obra esclava negra fue la base de su economía, evidenciando, por un lado, el predominio blanco e imperialista en una sociedad patriarcal, y por otro, la condena de las poblaciones africanas e indigenas a la miseria, el ostracismo sociocultural y el racismo.

Quisiera añadir que en Brasil existe, al contrario de la novela de Wendy Guerra, la tendencia a la deconstrucción de la exotización del cuerpo negro, principalmente la imagen de la “mulata exportación” -figura vinculada a las mulatas do samba y hipersexualizadas –, con el objetivo de restituir la humanidad de la mujer negra. Por eso, Lelia Gonzáles, sociologa y escritora afrobrasileña, dijo que la mujer negra se presenta con “nombre y apellido”.

Entre muchas escritoras, académicas, militantes negras y brasileñas como Conceição Evaristo, Ana Maria Gonçalves, Djamila Ribeiro, existe el compromiso de tematizar la falta de representatividad y la soledad de la mujer negra, es decir, aquellas que son preteridas a la hora de ser presentadas como novia o esposa a los padres o a los amigos de sus novios. Aquí podemos destacar, entre otros trabajos de investigación sobre la situación de la mujer afrobrasileña y muchas veces también periférica, el artículo “Branca para casar, mulata para foder, negra para trabalhar”: Relações afetivo-amorosas de mulheres negras no rap e no romance brasileiro contemporáneo”(1) de Andressa Marques Silva.

La propuesta de Wendy Guerra se queda por el camino, para no darle la humanidad necesaria a su “co-protagonista y narradora” negra (su amiga y novia Lu, la china medio-china, medio-francesa-rubia es quién nos cuenta su história), una abogada de formación que se gana la vida como modelo y no se siente preparada para lidiar con las dificultades impuestas a una mujer negra y cubana: sufre discriminación racial en la relación abusiva con Jorge, el cubano blanco y rubio que no quiere tener un hijo con una negra.

“Negra” también es la manera como él se refiere a Nirvana durante las relaciones sexuales. Después de un aborto provocado por su novio, ella decide aventurarse en Francia con su amiga-amante Lu, quien obtiene una beca universitaria para una investigación sobre el racismo en Marsella.

Entre una y otra experiencia sexual Nirvana vuelve a La Habana e intenta adquirir su autonomía a través de un negocio (“Noir”) de productos naturales y belleza, que no existe a causa de la burocracia cubana. Nirvana lo intenta sin un hilo conductor de pensamiento, porque eso no es rol en la trama. Pensar y solucionar sus própios problemas con madurez no es para ella, y por eso se siente tan segura en la compañía de su amiga-novia Lu.

La hipersexualización de Nirvana viene explícita en todo el romance, sea en los cuentos eróticos (a lo estilo Carne Trémula de Pedro Almodóvar) o en los estereotipos de la mujer africana y “negra-caliente” con “cocomordan” (“vagina que muerde”) (2) siempre dispuesta al acto sexual:

“Como en trance lo derribé de golpe, y me encajé moviendo mi sintura en aquella espiral desenfreada. No pude escuchar lo que le dije mi lado tribal gritaba, una negra conga se apuderó de mí y, entumecida en el deseo, vencí reventándonos al mismo tiempo, llenando de leche sus delicados muslos y mis fuertes pierna temblorosas de placer.” (Guerra:247).

Existe una preocupación de la autora por delimitar la sexualidad de la protagonista a lo exótico, y claro, a su ancestralidad africana. La santería, la musicalidad, la revolución y el socialismo también aparecen una que otra vez para legitimar a esa mujer negra, bisexual y cubana que “cavolga como una egua desgubernada” buscando por libertad sin saber al cierto cómo y qué hacer para lograrla. El espíritu de su madre, mujer negra bisexual conocida en la escena artística cubana por su trabajo en el cine, junto a su amante francesa, intenta ayudarle sin suceso.

En su novela Wendy Guerra subraya la mayoría de las cuestiones enfrentadas por mujeres negras latinoamericanas: violencia de genéro, falta de representividad en los medios de comunicación (televisión y cine), imposición del padrón de belleza blanca (vs. pelo malo), la bi- y homosexualidad como una forma de estigmatización social y la soledad enfrentada por mujeres negras.

La impresión general es que a la autora no se le ha olvidado ningún ingrediente a la hora de hablar sobre la mujer negra, y es precisamente aquí que sus pretenciones llegan a ningún lugar: falta la impresión subjetiva de la “negra” en el yo-lírico contruido supuestamente por Lu, amiga-novia medio-china y medio-francesa de Nirvana (lo que descubrimos en las dos últimas paginas del romance), porque el “ser negra” no le quita la humanidad a ninguna mujer en el planeta tierra.

Al fin y al cabo, Guerra no ha logrado crear una “heroína negra” y tampoco desconstruir el discurso racista en Cuba o en Francia cuestionado en su obra. Lu, mujer mestiza, historiadora, cientista social ( investiga las raíces del racismo en Cuba), tiene una relación sentimental con una mujer negra, y no es capaz de cuestionar su propio racismo.

(1) Trad.: „Blanca para casar, mulata para follar, negra para trabajar“: Relaciones afetivo-sentimentales de mujeres negras en el rap y en el romance brasileño contemporáneo. Disponible en portugués en: https://www.yumpu.com/pt/document/view/25012568/branca-para-casar-mulata-para-foder-negra-para-trabalhar.

(2) Guerra: 295. Según la autora cocomordan es una palabra del patois o criolla que significa “vagina que muerde”. Eso le explica el diplomata norte-americano y “mulato”(el obamita), Tom, a Nirvana, cuando él subtiende que ella así como su ex-amante haitiana posee ésta habilidad sexual.

Foto de portada: Kaloian

 

Almas en pena: Belkis Cuza Malé e Ileana Álvarez

Por Rolando Jacomino

Cuando se habla de arte, cuando se habla de literatura, lo que uno menos esperaría es que salten a darse mordiscones, como fieras celosas, aquella que decidió antologar a una poetisa y aquella otra, la escritora, que inconsultamente fue incluida en la antología. Porque… no sé, pero uno debería agradecer la mayoría de las veces que “te incluyan.” ¿No? En un mundo como este, donde cada cual ha tomado su propia cuerda y ha decidido halar el bote para donde le plazca, resultaría placentero que una poetisa “perdida” dentro de la generación post 59 como Belkis Cuza Malé sea traída de vuelta en forma de versos para las actuales generaciones de cubanos. El mérito – si acaso puede llamársele así – estaría dado, pienso, porque Belkis Cuza, desde hace años, enfiló sus cañones contra la Revolución cubana y sus dirigentes, y esta antología ha sido publicada dentro de Cuba, y ya sabemos que el gobierno cubano, con sus muchos tentáculos, es bien celoso con estas cosas. En un inicio se dice que:

“(…) comenzó siendo una antología, por el camino nos fuimos percatando de que, aunque nuestro principal objetivo era propiciar un diálogo entre generaciones de autoras cubanas vivas, se hacía imprescindible abrir el espectro hacia otras zonas donde ese diálogo nunca había ocurrido, o apenas se habían insinuado en anteriores antologías de poesía cubana. Apareció entonces la necesidad de echar abajo toda una serie de obstáculos o estancos erigidos casi en monumentos a través de esas prácticas compilatorias; y ya no solo el generacional, sino también el estético, el racial, el sexual, el geográfico, el religioso y el ideo político, este último asimilado durante muchos años como un tabú, pues apenas se intentaba romper el silencio con la presencia de una o dos voces. (1)

El chu-chu-chú comenzó cuando Ileana Álvarez, una de  las antologadoras, vino a la ciudad de Miami hace par de meses a presentar la antología de poesía femenina cubana Catedral Sumergida.

No voy a saltar en defensa de Ileana, quien no tuvo la decencia, siquiera, de invitar a algunas poetisas residentes en esta ciudad que están incluidas en su antología. El disparate me parece mayúsculo porque, entre las muchas ideas que Ileana Álvarez intenta esbozar en su prólogo una parece ser determinante: AUNAR

¿Cómo – entonces – se intenta aunar dejando fuera a las protagonistas?

El detalle más visceral en todo este entuerto entre Belkis Cuza Malé y la propia Ileana, se saltó las bardas cuando la segunda, en un intento de explicar tanto desatino político-cultural en Cuba durante estas décadas (me refiero a la segregación por motivos de muy diversa índole) dice:

“Entre una y otra escritora, el lector podrá conocer la obra de una extensa nómina de poetas: unas cultivadoras de las formas clásicas, otras con un discurso experimental; unas residentes en la isla, otras asentadas en otras latitudes del mundo; unas heterosexuales, otras lesbianas; unas conocidas, otras casi desconocidas; unas religiosas, otras ateas…  (2)

El mejunje a Belkis no le causó mucha gracia, y en un artículo aparecido en Martí Noticias – expresó:

“Yo no he dado mi autorización para esa antología. Ni para ninguna de ustedes, y mucho menos con supuestas poetas que no las conoce ni su madre y donde se excluyen a otras que son disidentes (…) Además, detesto las antologías racistas, sexistas, o lo que sea. No me interesa ser etiquetada por nada ni nadie. Soy un ser humano, no un sexo (…)” (3)

En este punto, es donde Belkis pierde la batalla. Primero, porque ser disidente no garantiza, per sé, calidad. Aunque yo la entiendo. En esta ciudad de Miami pululan falsos escritores que se atrincheraron en la publicación de sus memorias y sus catarsis, para ocupar un puesto dentro de la élite cultural de la ciudad. Una editorial como Neopress Club se ha cansado de publicar libros de estos disidentes, cuyo valor literario es nulo. Ponderar disidencia en detrimento del valor literario es un error cuyas consecuencias viven a diario muchos escritores en esa ciudad.

Sus palabras, de que la antología solo beneficiaría al régimen castrista, más parecen haber salido de la boca de un Miguel Saavedra trepado en su aplanadora frente al Versailles, que de la boca de una escritora como Belkis Cuza.

También se hace necesario aclararle a Belkis que ella no es quien para juzgar de “Don Nadie” a Fina García Marruz (por ejemplo) Su valía literaria, la de Belkis, se resume en tres menciones ganadas en concursos Casa de las Ámericas. Tres menciones de la cual rescataría su “Cartas a Ana Frank:”

Las otras dos menciones, Belkis, son solo eso: menciones.

(1) Ver más: Catedral sumergida, en Trabajadores.

(2) Idem.

(3) “Escritora rechaza firmemente participar en antología del régimen“, en Martí Noticias.