“Cuando morir era más sensato que esperar”: entrevista a Carolina de la Torre sobre su próximo libro.


En la entrevista anterior, publicada en Oncuba Magazine, nos habías dejado con la incertidumbre acerca de la publicación de tu libro. ¿Nos puedes comentar ya algo al respecto? ¿Cuándo y en cuál editorial saldrá?

Sí, claro, hace meses que tengo esa información. En el mes de noviembre de 2016 firmé con la Editorial Verbum, de España, un contrato para la publicación de mi libro, que por ahora se sigue llamando “Benjamín, cuando morir es más sensato que esperar” Me hizo muy feliz la aceptación de mi libro, me alegró que me dijeran que les había interesado y gustado.

Cuba Posible publicó, en noviembre de 2016, gracias a Julio César Guanche, una sinopsis con algunos fragmentos que, afortunadamente, despertaron el interés de muchas personas. Eso fue después de aquella entrevista que me realizaste y que salió en Oncuba Magazine. La propuesta de la editorial es de publicarlo este año 2017. Espero lo logremos, para que el libro no envejezca.

¿Tú crees que un tema tan familiar, tan personal, pudiera “envejecer”? Es una historia muy particular que no hay manera de repetir, ni copiar; tampoco creo que pueda “envejecer”. 

Es cierto. La historia de mi hermano, sus amistades, y mi familia, durante los años 60, las miradas retrospectivas (por ejemplo, las referencias de mi madre a la historia familiar), así como mi propia reflexión actual, son únicas, propias. Es la historia que he tratado de contar desde el corazón. Lo que a veces temo es que pierda actualidad o interés la historia del contexto que trato de reflejar, al menos tal y como yo lo he recordado y también investigado. Hubo muchísima investigación, no solo de mi propia familia y hermano, sino de la época que le tocó vivir a Benjamín. Además de las entrevistas a mi propia familia y a los amigos y amigas de Benjamín –por ejemplo, a algunos de los que estuvieron con él en la Academia San Alejandro, donde estudió pintura y escultura, en el Instituto de La Habana o en las mismas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP)-, también revisé la prensa y otras fuentes que dan cuenta  de aquellos años, de las políticas con relación a la homosexualidad o de la vida cultural habanera durante ese convulso y especial decenio.

Hablar de la UMAP, dicen algunas personas que no es necesario. ¿Crees que la publicación de tu libro ayudará a que se conozca un poco más de lo sucedido realmente?

Creo que sí, al igual que ayudan otras historias e investigaciones que otras personas han hecho y siguen compartiendo. No solo aportará otro grano de arena al conocimiento de la UMAP (por alguien que lo sufrió dentro de su familia y que lo ha conocido directamente desde la perspectiva de las psicólogas que participaron de ello), sino un grano de arena al conocimiento de la época y del tratamiento que se le daba en el país a la homosexualidad y a la “diferencia”.

Es algo que quisiera seguir investigando, ya no como autora de un libro testimonial, sino como investigadora social; aunque ese no ha sido mi objetivo actual. Yo soy psicóloga e investigadora, eso creo que me ayudó, pero he escrito desde la mirada y el sentimiento de hermana.

Mi libro, como te comentaba hace unos meses, no está centrado en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, sino en los años 60 en general. Siempre con el protagonismo de mi hermano Benjamín, con sus amigos y nuestra familia; siempre con la presencia de la huella que dejó la UMAP y la homofobia en su cortísima vida posterior y en la de todos nosotros.

Yo le di una estructura -o mejor dicho, fui encontrando una estructura- que me resultó muy satisfactoria para los fines que quería lograr. Necesité hacer algunas aproximaciones a ciertos momentos  que marcaban o ilustraban, a modo de zoom,días importantes, o un antes y un después. Estos acercamientos se intercalan con los capítulos más extensos donde se narran las diferentes etapas de la historia de Benjamín, con nuestra familia y con sus amigos, tal y como yo la he podido reconstruir.

Esos momentos importantes son, por ejemplo, el día que lo encontramos muerto (11 de octubre de 1968), ciertas fechas que marcaron la vida de muchos cubanos, el día en que se tomó las pastillas para morir, y el día 5 de agosto de 1966 (cuando Benjamín cumplía sus 22 años, estando en la UMAP). No te los menciono todos ni en orden, sino solo como ejemplos.

En el “zoom” dedicado al día 5 de agosto, yo recreé las 24 horas que transcurren desde la madrugada de su cumpleaños hasta las 12 de la noche en que termina ese mismo día. Nada de lo que escribo ahí es imaginado, sino armado, compuesto por la ficción para darle orden y sentido. El final de ese capítulo te lo puedo reproducir para que veas qué tipo de información ofrezco sobre, por ejemplo, las visitas e investigaciones que realizaron las psicólogas que fueron a la UMAP antes de yo entrar a la carrera de Psicología y, también, después. En mi libro no profundizo porque no es un ensayo, ni me he dedicado a esa investigación, pero menciono esas visitas y algunas de sus conclusiones.

Desde que entré a la Escuela de Psicología yo supe que un grupo de especialistas habían visitado la UMAP para una investigación. Creí siempre que mis colegas, apenas un poco mayores que yo, no me querían hablar de mi hermano allí, pero al final supe exactamente la verdad.

Cuando las psicólogas (digo psicólogas porque las mujeres fueron mayoría) llegaron por primera vez a los campos de caña de Camagüey, no tuvieron contacto con mi hermano, ni entrevistas, ni nada, porque ellas solo visitaron las unidades que para entonces se habían formado con los homosexuales que ya estaban separados de “los hombres”, como decían unos y otros. Luego, cuando las psicólogas regresaron en la primavera de 1967, ya Benjamín había sido dado de baja, estaba de regreso después de unos 15 meses allá.

Varias veces, antes de morir, María Elena Solé habló conmigo de esas experiencias; concretamente del primer estudio en la primavera de 1966 y del segundo en la primavera de 1967, también de la permanencia de ellas hasta el cierre de la UMAP. Y no solo ella, sino otras colegas y hasta jefes que pude entrevistar, además de las entrevistas que hice a algunos de los que allí convivieron con Benjamín.

En mi libro relato una especie de fiesta que le hacen sus amigos la noche de su cumpleaños (basada en relatos de lo que ocurrió en otras ocasiones). Esa noche, al final de la fiestecita, Benjamín y su pareja se sientan a hablar con dos reclutas recién llegados, dos reclutas que habían conocido en su anterior campamento a algunas de las psicólogas que estuvieron allá; ambos habían sido entrevistados por ellas, habían realizado las pruebas y participado en las entrevistas grupales. Después de relatar ese supuesto encuentro (eso está ficcionado) con los recién llegados -justo al final de la noche- yo termino el fragmento de la UMAP c uyo final te voy a reproducir:

“…La conversación entusiasmó un poco a Benjamín, y como era lo más prometedor que había escuchado desde que llegó a Camagüey, lo malo de ese día lo trató de olvidar. Esa noche se acostó más consolado, tendió su mano al Chino sin tapujos y durmió mejor. Le duró varias semanas la ilusión hasta que se dio cuenta que nada iba a cambiar.”

“Mientras eso sucedía, Carolina se presentaba a las pruebas de ingreso que le permitirían estudiar Psicología en la Universidad de La Habana y conocer a las psicólogas y estudiantes que habían ido a investigar la situación socioeducativa y clínica de los homosexuales retenidos en Camagüey, bajo la guía de una psicoanalista francesa llamada Josette Zarka que tuvo de principal ayudante a María Elena Solé. No preguntó nada al inicio, por pena o por temor, pero, como no se hablaba de otra cosa, muy pronto se pudo enterar. Supo que el equipo de psicólogas ya había terminado el estudio pedido por los Servicios Médicos de las FAR y que, entre otras cosas, habían concluido que los objetivos de la UMAP no estaban claramente definidos en cuanto al aspecto reeducativo; que no se podía lograr la reorientación sexual; que los campamentos tenían malas condiciones (como todos los campamentos del país); que, a diferencia de los otros, los campamentos de la UMAP parecían prisiones; que el trabajo era excesivo; que no había pases y carecían casi por completo de recreación o deportes; que eran pésimas las clases; que hubo maltratos y castigos “ejemplarizantes” y que el énfasis casi absoluto en la producción no favorecía ni lograba transformaciones en las conciencias de los reclutas, sino que “era más probable que ellos sintieran el trabajo como un castigo por la condición homosexual”. 

“A pesar de estos resultados –al igual que los de otro estudio que la propia Escuela de Psicología hizo bajo la dirección de María Elena Solé en abril y mayo de 1967 –pasaron dos años (y múltiples hechos que no forman parte de esta historia) antes que se desintegraran las Unidades Militares de Ayuda a la Producción.”

Después de este capítulo viene uno que se llama “En La Habana al volver”. Allí también trato de reflejar algunos aspectos relacionados con el tratamiento a la homosexualidad en Cuba y en la Universidad.

Hay alguna otra cosa nueva que, según tu criterio, aporte tu libro en materia de la vida cubana de los años 60. 

No es mucho lo nuevo, sino la forma personal en que cada familia lo vivió. Yo relato la historia de nuestra familia después de 1959; por ejemplo, la participación mía y de Benjamín en la campaña de alfabetización, la de mi hermano Salvador en la etapa de Playa Girón como artillero antiaéreo, etc. También la vida cultural de mi hermano y sus amigos en aquella Habana tan especial. Pensando en alguna historia menos conocida de esos años pienso en la polémica sobre el feeling y los sucesos que se desencadenaron con la canción “Adiós Felicidad”. Aquí te propongo también un fragmento recortado      -porque es más largo- del capítulo “Benjamín y sus amigos” (antes de 1965), que es más ilustrativo que mis palabras actuales:

“…Y como a ellos nada les era ajeno en materia cultural, también se interesaron por las polémicas que se desarrollaban en el plano de la música y su vínculo con lo ideológico y lo social.” 

“Fue el caso de la polémica que se produjo sobre el feeling en la Biblioteca Nacional. No era la primera vez que los intelectuales se reunían con los dirigentes más destacados de la cultura y la nación para analizar un hecho concreto hasta lograr una conclusión general. Pero para ellos, que estaban alfabetizando en junio de 1961, y que tenían menos formación cuando se desató el debate que dejó aquella sentencia de tanta claridad (“Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho”), la iniciación en estos asuntos se produjo en la primavera de 1963.” 

“A Benjamín y a otros del grupo, como Hiram y Marino, el feeling, sin resultarles desagradable, no les llegaba a apasionar, como tampoco el bolero del que en parte surge, al igual que del jazz. Pero sí les interesó como suceso cultural la crítica que Gaspar Jorge García Galló (profesor universitario, dirigente y miembro de la UNEAC) hiciera a la canción “Adiós felicidad” de Ela O’Farril. Según la crítica, la canción no solo evidenciaba “penas falsas y fingidas”, sino que estimulaba “sentimientos mezquinos” y podía ser utilizada “para hacer campaña contrarrevolucionaria” en un país donde el sistema no propiciaba la tristeza ni al desengaño personal. Tan grande fue el escándalo que dio lugar a un debate surrealista, entre las más altas figuras de la cultura cubana del momento. Tuvo lugar en el mes de abril y se prolongó durante tres semanas (a puertas abiertas) en el recinto de la Biblioteca Nacional. Benjamín todavía no había conocido a Ernesto y a Elisheba y andaba casi siempre –cuando de asuntos profundos se trataba– con Marino, con Alma y con Hiram; y en este caso también con Sixto, que sí amaba el feeling y podía matar por una entrada para escuchar a Doris de la Torre, Ela O’Farril o Gina León. En fin, ir al debate motivó a Benjamín.”

“—Ven con nosotros mami, vamos con Hiram, con Marino, con Alma y con Sixto, a ti te va a interesar. Dicen que García Galló no ha podido soportar que alguien en Cuba hable de tristeza cuando tenemos una Revolución –dijo con ironía Benjamín…” 

“…Ante tanta insistencia y argumentos, Blanca fue con ellos a la primera sesión. Repleto de público el salón. Escucharon a Alejo Carpentier disertar acerca del diálogo inevitable de la música con lo foráneo; argumentando que en el país que sea, la música influye y se deja influir. Todo el debate tenía tanto de prometedor por positivo como por negativo, dependía de cual tendencia acabaría por dominar.” 

“A ellos, en general, les parecía –y les parecería cada vez más– muy contrastante el hecho de que un proceso que hubiese dado tantas libertades a las mujeres, a los negros, a los pobres y a los discriminados de siempre, se empecinara contra otras libertades de pensamiento y de creación intelectual.” 

“Algunos regresaron a otras sesiones, pero todos siguieron el debate por la prensa nacional. Los dogmáticos perdieron ese round, porque era muy fuerte la presencia de intelectuales no extremistas que, por sus conocimientos, pudieron dominar. César Portillo de la Luz argumentó los orígenes del feeling tan atrás como después de la Segunda Guerra Mundial y la idea de que lo importante era poner “emoción y vida a lo que se va a interpretar”; Argeliers León desarrolló la tesis de que el feeling era “una expresión genuina de nuestro folklore urbano”; Valdés Arnau que al contrario de la decadencia que se le quería imputar, este era “una fuerza renovadora”; Doris de la Torre dijo que lo cantaba con el mismo sentimiento y por las mismas razones que tenía “para cantar a Sindo Garay”. Así, uno por uno, los artistas se fueron negando a ser aplastados por el dogmatismo. El feeling fue defendido tanto por algunos que más tarde se convirtieron también en dogmáticos, como por otros que después se tuvieron que marchar del país…”

Bueno, son solo fragmentos, hay mucho más, pero creo que se notan las contradicciones y debates del momento. Como te dije antes, además de mis recuerdos, traté de revisar y compilar toda la información disponible sobre cada hecho descrito en el libro.

Benjamín junto a su hermana Carola

Tú has decidido contar la historia de tu hermano, una historia íntima pero que también pertenece a este país. Mi pregunta es entonces: ¿por qué has decidido abrir la puerta de la sala de la casa de tu familia para contar sobre la vida de Benjamín?

Una persona no logra nada hasta que está lista. Antes de escribir o de hacer un documental donde lo menciono, la historia de mi hermano estuvo presente sin ocultarla, en muchísimas decisiones que tomé en mi vida, en muchísimas participaciones públicas.
En una ponencia que hice en un evento, en 2004, yo le dedico el trabajo a mi hermano Benjamín, luego lo menciono en mi documental “El Accidente”. Allí digo que mis padres no hubiesen podido resistir la muerte de otro hijo (en este caso la mía propia, pues estaba dentro del avión accidentado) porque hacía un poco más de 10 años habían perdido a un hijo que se había suicidado después de salir de la UMAP.

Ese comentario, me costó que eliminaran, de un día para el otro, la proyección del documental  en el programa “Arte Siete”, es decir, de la tanda del domingo. Dos años después se estrenó tarde en la noche en otro programa. En fin, desde que me jubilé y murió mi papá (en 2002 ambas cosas) yo tuve el tiempo y la posibilidad de enfrentarme a los papeles de mi familia. Pude recuperar los de mi mamá, que escribió un diario desgarrador al morir mi hermano y que incluyo (editado y recortado) en el libro.

Un día de 2010 o 2011, escribí el primer capítulo o segmento (11 de octubre de 1968) que salió de un tirón y nunca lo cambié. Después la motivación fue creciendo hasta que se hizo una necesidad y una obsesión. Empecé a buscar a sus amigos y los encontré a casi todos. Algunos me ofrecieron detallados y hermosos testimonios que eternamente agradeceré. Ojalá la historia y los poemas de mi hermano se publiquen. El libro contiene poemas de Benjamín y de mi mamá, cartas, diarios, fotos. Creo que es la forma que he tenido de que mi hermano y su obra no sean olvidados. Es también la historia de un período tal y como una familia cubana lo vivió; en especial mi madre.

¿Crees que tu madre estaría complacida con esta obra? 

Sí. Aunque hace 20 años que mi mamá falleció, creo que lo agradecería por su hijo y por ella misma. Su deseo era no dejar morir la historia y la obra de Benjamín y eso es lo que pretendí hacer al escribir este libro, aunque en mi caso he intentado, además, reflejar la historia de una época tal y como mi familia la vivió, haciendo, por supuesto, énfasis en lo que menos se ha conocido y lo que más nos lastimó.

Es verdad que el tratamiento a la homosexualidad -y a la “diferencia”, en general- ha sido y sigue siendo injusto y cruel en muchos lugares del mundo, pero mi libro se centra en la experiencia de mi país, en mi familia, en Benjamín y sus amigos artistas, en nuestra nación en general.

De todas maneras quisiera añadir que esta obra, aunque se basa en una historia real y contiene fotos y documentos escritos por mi madre, personas cercanas y por el propio Benjamín, no puede, ni pretende ser, una reproducción exacta o completa de la vida de mi familia ni de la época que nos tocó vivir; tampoco de los amigos que acompañaron en los años 60 a mi hermano; hasta que decidió que morir era más sensato que esperar.

Solo mis padres, hermanos, hijos y yo, además de algunas figuras públicas o incidentales, tenemos nuestros nombres y verdadera identidad. Los demás personajes, aunque están inspirados en seres reales, han sido recreados por la ficción.

Volviendo a tu pregunta, aunque yo he tenido, y tengo, mi propia evolución mental y proyecto mis propias valoraciones actuales, para ser justa, tengo que decir que mi madre educó a mis hijos mayores sin odio y sin rencor. A veces ella decía a sus nietos: “a mí me tocó perder, pero después de ver tantos niños pobres y hambrientos en Colombia (su país natal), yo me acuesto tranquila al saber que aquí los niños están protegidos y van a la escuela”.  Ni ella, ni mi padre, adoptaron el odio y el resentimiento como opción; pero hubieran querido, si hubieran podido, reivindicar a su hijo mayor, publicar su obra y denunciar lo que tuvieron que padecer. Yo creo que ella habría estado muy satisfecha con esta obra si hubiera vivido 20 años más. Y, si no es mucho abusar de tu paciencia y espacio, me gustaría cerrar con el exergo que escogí, porque es como decirle a mi madre que, al final, nadie muere si ha dejado una obra y una lección para la posteridad:

No hay muerto, por bien muerto 

                            que en las entrañas de la tierra yazga,

que en otra forma, o en su forma misma,

más vivo luego y más audaz no salga.”

 

                                    JOSÉ MARTÍ

Publicado en Cubaposible

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2 comentarios en ““Cuando morir era más sensato que esperar”: entrevista a Carolina de la Torre sobre su próximo libro.

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