Un libro para Benjamín. Testimonio de Carolina de la Torre


Ella tiene un nombre rimbombante sin embargo muchas personas la conocen como “la profe Carola”, porque ha sido formadora de más de 5 generaciones de profesionales de la psicología en Cuba.

Carolina de la Torre se estrenará próximamente como autora de uno de los libros que, sin duda alguna, marcarán un hito en la cultura cubana, se trata de una historia familiar, la de su hermano Benjamín quien se suicidó luego de haber pasado por las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), aquellas especies de cárceles donde fueron a parar miles de jóvenes cubanos (clasificados como lacras sociales), con la intención, se cree, de que salieran reformados. Luego de tres años de existencia, las UMAP dejaron de existir, sin embargo sus consecuencias aún son palpables:

Querida Carola, te toca presentar a Benjamín, de él solo sabemos que era tu hermano mayor y que se suicidó después de haber pasado por la UMAP… cuéntanos un poco más.

Hace casi medio siglo que mi hermano Benjamín se suicidó. Lo encontró muerto mi madre en el amanecer del 11 de octubre de 1968, y, desde ese momento, todos nos acostumbramos a recordar ese día como el aniversario de su fatal desaparición. Él era una persona brillante y todo lo importante que él hacía tenía algún fundamento conceptual. Yo creo que en su caso hubo un mensaje y una decisión: morir la misma noche en que se conmemoraba el centenario de aquel 10 de octubre de 1868 en que Carlos Manuel de Céspedes proclamó en el ingenio la Demajagua la libertad de sus esclavos y el comienzo de la guerra de liberación contra el dominio español. Pienso que para Benjamín morir el 10 de octubre era un acto congruente con su idea de la muerte como liberación. Y empiezo por contarte esto porque mi libro comienza por ese negro amanecer que cambiaría la vida de mi familia y, por supuesto, la mía también: “Blanca Molina encontró a su hijo muerto…”, es la primera línea que vas a leer. Mi libro comienza cuando nuestra familia se enfrenta a esa tragedia y termina casi donde mismo comenzó.

Y sí, Benjamín se quitó la vida después de haber estado en la UMAP (en singular como se les llamó siempre por la gente común) y lo dije en mi documental “El Accidente” donde por primera vez hablo públicamente de mi hermano. Èl salió de la UMAP en 1967, la sobrevivió, trató de resistir, y resistió el año y medio en que estuvo allí. Después luchó y sufrió más de un año por tratar de encontrar su lugar, esta vez con el agravante de ser un homosexual (tímido para el sexo y con culpabilidad) puesto al descubierto y con un certificado del Servicio Militar cumplido en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Verse cerrado y sin oportunidades, el estigma, la homofobia y la intolerancia, además de su trauma personal con su homosexualidad, el desequilibrio psicológico y la impotencia que su falta de opciones le causó, creo que fueron las causas que lo hicieron tomar su decisión. Pero no puedo decir que el libro trate solamente sobre la UMAP; debo decir que trata de Benjamín y su vida junto a las personas cercanas que compartimos con él. No es porque evite criticar a la UMAP; por el contrario, creo que reducir el análisis a ese negro episodio, sería olvidar el daño causado por la intolerancia y el machismo que hicieron de la homosexualidad –durante muchísimos años, antes y después de la UMAP- un asunto político que supuestamente conspiraba contra el futuro de este país. Sería olvidar el daño que han causado la intolerancia y la discriminación -tanto en Cuba como en otros lugares- a todos los que han sido diferentes por cualquier razón de raza, sexo, pensamiento, apariencia, gustos, religión etc.; pero, en este caso, sobre todo por las ideas y por la preferencia sexual. Sería olvidar la tragedia personal de los que sufrieron la intransigencia que nos condujo poco después al tan mencionado quinquenio gris; tal vez más negro y de más duración.

Si bien la Revolución hizo grandes esfuerzos para reducir la discriminación racial, la desigualdad de clases y la desigualdad de la mujer, eso no ocurrió con respecto a la diversidad de opiniones políticas y de pensamiento, ni con la diversidad sexual. Y Benjamín era precisamente un intelectual y artista con mucho talento y, además, homosexual. Ojalá en sus tiempos hubiera existido un CENESEX, o al menos mayor comprensión sobre la diversidad.

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Benjamín de la Torre

¿Pudieras adelantar algo de la estructura del libro y de lo que cuentas o incluyes en él? Se trata de una historia novelada y testimonial, aunque no es, ni pretende ser, una copia exacta de las personas que aparecen ni de la realidad que me tocó vivir y que he querido contar.

Siempre supe por dónde debía empezar y de hecho el primer capítulo lo escribí hace ya como cinco años y muy poco lo cambié. Igual supe siempre – porque es lo que deseaba hacer- que el centro de mi libro sería la historia y la obra de mi hermano Benjamín, poeta, pintor y estudiante de música, con un enorme potencial intelectual. El libro recoge la vida de mi hermano así como sus relaciones con mi madre, el resto de mi familia y con sus talentosos amigos, que en aquellos años empezaban a manifestarse en las letras y artes hasta convertirse, casi todos, en importantes figuras de la cultura cubana en Cuba o en el exterior. Muchos de sus amigos, los que resistieron, aquí o afuera, la presión de ser diferentes por su orientación sexual, por su raza, por sus orígenes o por cualquier otra razón, llegaron a ser lo que seguramente hubiera llegado a ser mi hermano Benjamín.

El relato en sí, tiene 9 partes que cubren la vida de mi hermano, de mi familia en los años sesenta y de un grupo de amigos en esa época que he tratado de dibujar. En uno de esos capítulos “Carolina soy yo”, expreso resumidamente mis motivaciones, sentimientos y reflexiones sobre lo que he tratado de relatar, aparecen anexos con poemas de mi madre y mi hermano, cartas, testimonios y otros materiales que completan la visión de Benjamín y de las circunstancias en que le tocó vivir y morir.

No estoy segura de cómo quedará por fin el título, pero me gustaría que fuera así: “Benjamín: cuando morir es más sensato que esperar”. Contiene palabras de él.

¿Por qué has decidido poner en blanco negro esta historia tan personal? ¿Desde cuándo estás en ello?

Hace muchos años que yo empecé a pensar en escribir de mi familia y de Benjamín. Primero era un deseo, no un proyecto concreto ni una investigación. Treinta y cinco años después de muerto él, recién jubilada y terminado mi último libro como profesional, tuve el tiempo y la necesidad de empezar a procesar información, y me dispuse a enfrentar este pasado que ha sido tan fuerte para mí.

Después de muertos mis padres yo pude acceder a sus papeles y fotocopiar la obra escrita de mi hermano y de mi mamá, y me senté, en el año 2003, con una grabadora frente a mi hermano Salvador. “¡Cuéntame tu versión de los últimos años de Benjamín y de su muerte; cuéntamelo todo tal y como lo recuerdas tú” fue lo único que le pedí antes de llenar dos o tres cintas con informaciones que nunca antes nos habíamos contado ninguno de los dos. Supe de su última conversación con Benjamín y le conté la que él había tenido conmigo sin confesarme –como tampoco le confesó a Salvador- que se despedía de nosotros y que no lo íbamos a ver vivo nunca más. Después, con recesos y angustias, seguí investigando hasta que encontré la forma y comencé a escribir. El deseo se hizo proyecto después del 2010. Una de las razones por las que me demoré era cierto pudor de convertirme en “escritora” a costa de tanto dolor familiar. Pero a la vez sentía que esa era y había sido la voluntad de mi mamá, que siempre anheló dar a conocer la vida y obra de mi hermano Benjamín. Ella nunca hubiera deseado dejarlo morir en la memoria, que es más muerte que la muerte material.

¿Cuáles son las fuentes y personas que has consultado para poder hilvanar la historia?

Yo he estudiado -no solo leído- poco a poco lo que he ido encontrando de lo mucho que escribieron mi madre y mi hermano. Al morir su hijo mayor mi mamá encontró un motivo para vivir en la meta de publicar lo que ella llamó “la obra de Benjamín”. Ella estuvo dos años en Colombia después de 1972 en que logró viajar; y su principal objetivo, además de cuidar a mi hermanita Liz (que tenía 7 años cuando Benjamín murió) fue siempre lograr esa publicación y hacer la historia de ese hijo que perdió. Aquí no lo podía hacer, ni lo pudo lograr al regresar en 1974, tampoco después. Allá no pudo porque le pedían ciertos enfoques que ella no estaba dispuesta a adoptar, mucho menos teniéndonos a nosotros aquí. Siempre se quejó de manipulación. Entonces la obra quedó sin realizar. Sus diversos escritos han sido una de mis fuentes, además de los diarios que ella dejó, sobre todo el que comenzó el día 13 de octubre de 1968, al otro día de haber enterrado a Benjamín.

Lo demás ha sido la búsqueda de amigos, familiares y conocidos que me pudieran hablar de la vida de mi hermano. Pude entrevistar, hasta más de una vez, a los que yo misma conocía o encontré después, muchos de ellos devenidos importantes figuras de la cultura nacional, entre ellos Manuel Mendive, Silvia Bacallao, Huberto Llamas, Tomás Piard, Justo Pérez, Tulio Peramo, StinmiaSasturaín,WernerLúhrsen, Iván Arocha, quienes me ofrecieron valiosos testimonios.

También entrevisté a otras personas que los primeros entrevistados me ayudaron a encontrar. A algunas personas las busqué (cuando he viajado y usado internet con facilidad) en listas de teléfonos o en Google y Facebook, incluso por buscadores especializados. En fin, en estos años, he podido conocer de anécdotas, opiniones y vivencias de más de treinta personas, que de una forma u otra tuvieron cercanía con Benjamín o con los lugares donde vivió y se desarrolló, desde su barrio, sus centros de estudio o la propia UMAP, incluyendo reclutas, jefes y, por supuesto, las colegas psicólogas que fueron allí a investigar.

También fue amplia la búsqueda bibliográfica que tuve que hacer sobre los años sesenta, la historia de Cuba y la cultura cubana, en su sentido más amplio y más estrecho también. De todos modos ha sido largo y difícil. Afortunadamente yo entré en la Escuela de Psicología cuando el primer grupo de investigadores que había ido a la UMAP estaba cerrando sus primeros informes de investigación. Desde ese momento he ido tratando de completar lo que necesitaba saber acerca de la estancia de mi hermano allá. Hoy, por supuesto, estoy mucho más cerca de la verdad que cuando murió Benjamín. Mi hermano Salvador ha sido mi memoria para la historia familiar; yo no recuerdo mucho, pero trato de escribir, él dice que no escribe, pero recuerda todo lo que no recuerdo yo.

En cuanto a los amigos, todos me han sido de mucha utilidad, pero StinmiaSasturaín, a quien le escribí recomendada por el cineasta Tomás Piard -que fue también amigo de mi hermano- me ha aportado hermosos y bien escritos relatos que yo creo que algún día ella misma debería publicar.

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Carolina de la Torre.

¿Qué supones que traiga consigo la publicación de este texto sobre la valoración que hoy en día se hace de la UMAP y los acontecimientos que su existencia desencadenaron.

Yo creo que, con excepción de los testimonios de quienes vivieron la cruel experiencia de la UMAP y cuentan lo que les sucedió, hay muchos que publican del tema, no sin investigar, pero sí con poca información. La UMAP y sus consecuencias fueron una marca en el destino de mi hermano y el de mi familia, por no hablar de todo este país. Y, por supuesto que mi libro, aunque el énfasis está en la época entera y en las experiencias que nos tocó vivir (la homofobia y el empeño por moldear al “hombre nuevo” de acuerdo a un esquema machista y muy estrecho de lo que debe ser o “es correcto”) no le pasa por encima a la UMAP. Le dedico un espacio especial, además de que, de una u otra forma, está presente desde el inicio hasta el final. Tuve la desgracia de que mi hermano fuera a la UMAP, pero luego tuve la oportunidad de conocer de fuentes directas lo que allí se vivió y lo que se investigó e informó del lugar, además de lo que me pudo contar el propio Benjamín. Creo que todos los que tengan información o vivencias sobre ese triste episodio pueden aportar algo a la valoración de aquellos años y de la UMAP en especial. Es un deber. Entonces sí, creo que de alguna manera este libro tendrá sus consecuencias para la valoración de dichos acontecimientos.

¿Cuáles han sido los principales retos y obstáculos que has encontrado para escribir este libro que resume parte de tu historia familiar?

Han sido muchos los retos y te los contaré. En cuanto a los obstáculos, si aparecen, estoy segura que llegarán a partir de aquí. Por el momento parece que me encamino a una solución editorial. Este asunto es work in progress y no pudiera decir más. Bueno, está el obstáculo enorme que representa la búsqueda de información sin acceso fácil a internet, aunque la parte de la prensa de la época la pude resolver bien en las bibliotecas del país. De todos modos hubo búsquedas más difíciles. En cuanto a los retos, el mayor era el de enfrentarme a recuerdos y descubrimientos que me hacían sufrir o llorar. También el de escribir en una forma literaria, que es más difícil que la que he utilizado siempre en mi carrera profesional. Aunque la profesión no ha sido un obstáculo en general, sino una fortaleza, porque creo que, además de mi mirada de madre y de mujer, me ha ayudado mi gusto y mi experiencia con la investigación no tradicional. El otro reto es el que tiene que ver con la dificultad para averiguar y escribir de este tema en mi propio país. En mi libro se hace la historia de una familia durante los primeros diez años de la Revolución; se habla de Benjamín en la alfabetización, de Girón y de la Crisis de Octubre, pero se habla también de suicidio y de la UMAP y claro está que no existe un lugar adonde uno vaya y pregunte “¿qué información tienen aquí que me puedan ofrecer sobre la UMAP?”

Hace pocos días escuché decir al destacado historiador Pedro Pablo Rodríguez que existen tres versiones de los años sesenta en Cuba (y lo cito de memoria, no textual): la romántica, la contrarrevolucionaria y la verdadera. Es cierto, pero además, para hacerlo más difícil, cualquier versión que uno sienta verdadera es solo verdadera para sí; verdadera en la medida de la parcialidad que cada cual puede tener al relatar; no importa lo mucho que se estudie o se busque documentación; no se puede escapar de la parcialidad, de los falsos recuerdos ni del olvido. Yo, como muchos, trato de exponer mi verdad. Y creo que ese reto es grande también; sería muy fácil escribir un libro que se ajuste cien porciento a la visión de un segmento de potenciales lectores o de un grupo editorial. Eso sería más fácil, pero no ha sido lo que he querido hacer. Mi documental “El Accidente” no salió nunca en horario estelar de la televisión. La razón es lo que dije de mi hermano Benjamín; de su suicidio después de la UMAP. Pero a otros no les gustó porque había escenas y buenos recuerdos, por ejemplo, de la alfabetización. Es así la realidad… y ese será mi obstáculo mayor, creo yo.

Ahora que casi termino me doy cuenta de mi desgaste emocional. Lo que hoy siento me recuerda algo que parece no tener nada que ver. Estaba recorriendo el monte durante un trabajo voluntario en la misma zona cafetalera donde casualmente había alfabetizado antes Benjamín, cuando me vi enfrentada a un enorme buey en uno de esos caminos de montaña que tienen barrancos hacia arriba y hacia abajo, sin un lugar seguro para poder huir. Aterrada por la situación decidí dejarme caer resbalando hasta el lejano río, agarrada de los arbustos y bejucos que me iba encontrando al pasar. Al fin, adolorida por los golpes y por el roce de las piedras divisé el río que me permitiría salir de la situación. Tiré mi mochila que se fue con la corriente y me lancé a una poceta para poder cruzar. Todo lo hice perfecto y saqué fuerzas de donde no las creía tener, pero al llegar al bohío de una campesina me puse a llorar como una niña (es lo que era con 15 años) que llega asustada al regazo de su mamá. Eso siento desde que terminé de escribir; con la diferencia de que me falta un buen tramo para llegar al final y no sé si lo he hecho todo tan perfecto como cuando me lancé al río aquel.

9 comentarios en “Un libro para Benjamín. Testimonio de Carolina de la Torre

  1. Es una historia muy conmovedora. A mi lo que mas me afecta de este tipo de historia es que digan al principio o al final…Basada en hechos reales. Tengo una historia personal con mi hermano, que no fue a la UMAP porque ya no existia, pero era rockero en los 80s y despues de sufrir todo tipo de abusos, tambien decidio morir, de otra manera. Todavia no tengo valor de escarbar en los recuerdos de sus amigos, en realidad quedan muy pocos…no estoy todavia preparada para leer esa historia, pero todo mi respeto para esta mujer y mucha suerte en su camino!!

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  2. Felicidades, Carolina.
    Un relato de profunda raigambre personal.
    Mi sorpresa al leer este relato me demuestra una vez más “lo real maravilloso latinoamericano”. Tan cerca que siempre parecíamos estar y tan lejos en realidad.
    En el 68, si no recuerdo mal, viviamos y trabajábamos como profesores en la secundaria básica que alojaba el FOCSA en esa época. Incluso compartía habitación con Carlos, y nunca supe nada de esta historia.
    Aunque peque de abrumadoramente tardío, me apena haber estado ajeno a esta trágica página personal de tu familia para que mi inexperto hombro adolescente de aquellos tiempos hubiera servido para paliar de alguna manera tanto dolor inmerecido.
    A través de los tiempos y las aguas, llegue a ti hoy mi corazón de hermano.
    Muchos cariños.

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  3. Me siento my orgullosa de haber sido una de las tantas estudiantes que se beneficio de tener a Carolina como profesora. Ya en ese momento la considere mi profesora favorita, anos despues cuando me preguntaban de algun profesor en mi carrera que me hubiera impresionado y consideraba como un modelo a seguir siempre pensaba en ella. Nunca tuve la oportunidad de decirle hasta ahora lo maravillosa que es. Una vez mas despues de leer la introduccion de su libro siento una gran admiracion por Ella no solo como profesional sino como ser humano.
    Saludos

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  4. Genial, valiente, sabia, justa! Merece decir tanto…. Le deseo éxito en su proyecto y que al menos su meta personal y familiar de dar a conocer la obra de Benjamín sea cumplida y de esta manera rendir tributo a su vida! Y si definitivamente la muerte le pertenece a aquellos que son condenados al olvido! Tristemente tengo una vivencia similar! Usted fue profesora mía de Historia de la Psicología y la admire mucho como profesional! También como ser humano pues recuerdo su tolerancia, flexibilidad y compasión cuando llegabamos tarde debido a la situación del transporte en aquellos tan duros años del ” período especial”. Una vez mas mi admiración, respeto y el deseo de éxito!

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  5. Es una gran historia contada por una gran mujer y escritora quien puso toda su alma y amor en estos relatos , vivencias ! Este libro espero que sea un un éxito ! Ya lo es !

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  6. Carolina es una persona muy querida. Sería bueno que contara también como Arleen Rodríguez Derivet quiso sacar lo que ella decía de su hermano en el documental del accidente aereo, para hacerlo “potable” para el espacio de la Mesa Redonda. Eso me lo contó ella y es algo que cuento mucho para ilustrar la naturalización de la pérdida de la decencia bajo el castrismo. Después vi una entrevista de ella que le hizo una documentalista y lo que ella dijo era lo mejor del documental. Cito, pero no textual: “ahora todo el mundo habla de rescatar, yo veo los periódicos y sale todo el tiempo que hay que rescatar la productividad, la decencia. Y yo me preguntó, quién nos secuestró todo eso.” Así que felicidades para Carolina y ánimo a los actores de la sociedad civil cubana.

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