Diez años después, Cuba en su batalla rosa

Por Norge Espinosa Mendoza.

El 17 de mayo de 2008 parte de la calle más céntrica de La Habana se llenó de personas que celebraban algo inédito en ese entorno. Por vez primera salían a ese espacio tan público gays, lesbianas, transexuales, para proclamar en Cuba los festejos por el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia. Vale la pena repasar lo que algunos medios de prensa difundieron acerca de ese improntu, para calibrar lo que, a diez años de tal acontecimiento, se ha conseguido o no. Y sobre todo, repensar lo que las fuerzas que salieron del closet en aquella fecha han promovido como avances auténticos y aquello en lo que han retrocedido o se han estancado. O sea, no activar una memoria que se quede en el bullicio tropical, en el colorido de segunda mano, en la ruidosa manera en la cual convertimos en comparsa un gesto que contiene interrogantes mayores y que, en no pocas ocasiones, parecieran adormecerse una vez que termina el día de fiesta, a la espera de otra vuelta del calendario. Promovida por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), entidad del Ministerio de Salud Pública, esa jornada cubre ya un programa de encuentros con especialistas, una gala de transformismo en un teatro importante, y la réplica de algunas de esas proyecciones en una ciudad de provincias. En los tiempos de la colonia, se celebraba el Día de Reyes. De algún modo, esta fecha ha devenido una suerte de Día de Reinas, un cubano Queen´sDay, en el que los miembros de esa hipotética comunidad LGTBIQ de la Isla aprovechan las horas de ese día para mostrar sin recato aquello que son. Pero es una batalla que dura más que eso, que se muestra en cierta forma como una lidia fragmentada, demasiado intermitente, y en la que algunas de las demandas esenciales que se movilizan en ese día continúan a la espera en ciertas agendas que se resisten a responderlas.

Estos diez años de batalla han sido el escenario de varios golpes de efecto. Desde la posibilidad misma de tomar por asalto el Pabellón Cuba, con el pretexto de una fecha que tiene ese valor en el calendario internacional, y su choque inmediato con el registro de celebraciones oficiales que el gobierno aprobó hace mucho tiempo, según el cual el 17 de mayo es el Día del Campesino, una coincidencia que hizo poca gracia a personas y funcionarios, y que opera como pretexto sutil para que este suceso, en nuestro país, se haya ido desplazando a días posteriores o previos al 17. De hecho, creo que solo en una ocasión, la primera, el acto central ocurrió en esa fecha. Ello es un síntoma de la verdadera batalla que sucede más allá de la conga (versión criolla del Gay PrideParade que cubre aquí unas pocas cuadras), y que tiene que ver con algo mucho más profundo: abrir en la historia del país, y de su Revolución, un espacio para el homosexual, la lesbiana, el transx, el paciente de sida, etc., que no “moleste” ni obligue a ese aparato que ha generado su propia visión de la Historia a rehacer su propia noción de tiempo ni de representaciones. Los miembros de esa comunidad fueron durante años anulados, invisibilizados, estigmatizados como lacra y aun peligros políticos, según declaran los editoriales de la prensa en 1965. Pretender ocultar con la lentejuela y la bandera del arcoíris los ecos de esos traumas y algunos peores, todavía verdaderos tabúes, como la UMAP o la parametración, no ayuda en ese supuesto progreso, porque la falta de memoria, la conciencia activa de una memoria que genere una tradición precisa de lucha, de nombres, de otras guerras anteriores, es cosa sin la cual no existe comunidad alguna. Liderados por esa primera fila en la que salen a la conga los líderes del Cenesex y las personas transx en las que esa institución ha encontrado a sus representantes privilegiadas, los demás integrantes de ese ejército saben poco de tal cosa, y desconocen tal vez lo que ocurre a sus hermanos de lucha en sitios como Chechenia, aunque griten aquí consignas políticas que reclamen el fin del bloqueo, como si formaran parte de una manifestación, cualquier otra, una más, de las que suelen verse en Cuba, sin hacer hincapié desde ahí en las demandas que podrían caracterizarlos. Para ganar ese espacio en el calendario, se ha producido esa rara mezcla en la que plumas y trajes de satín cubren cuerpos que claman por lo mismo que guerrilleros y soldados enfundados en severos uniformes. Controlar el desborde, hacer creer que el desborde no se sobrepasa a sí mismo en esa delgada línea donde la libertad deviene libertinaje, ha sido ungesto común en estas celebraciones, a lo largo de diez años en los que la Constitución sigue dejando de lado el reconocer sus derechos, o se les anula como pareja, a quienes viven en ese estado, en las encuestas del más reciente Censo de Población.

Como eje de todo, es al Cenesex a quien podría exigírsele por todo esto. No reconocer que ha abierto en el espacio de representación social de Cuba un sitio para las personas de esa comunidad LGTBIQ que sigo pensando que aún no es tal, sería un error. No reconocer que sus representantes han alzado la voz aquí y en la escena internacional para nombrar algunos problemas, y resolver otros, como el de los que aspiran a una cirugía de reasignación de sexo, también sería fallido. Pero justo por eso, siguen vigentes otras demandas y preguntas. Cuba es un país que ha optado por crear instituciones que atiendan ciertas problemáticas, y a ratos hemos creado problemáticas para, asimismo, crear alguna institución. Si el propio Cenesex indica que los homosexuales ya no son enfermos, según el registro de patologías de la Organización Mundial de la Salud, resulta una inconsistencia que sea una entidad de este tipo la que los represente, amén del hecho de que su directora no conforme, en tanto biografía, parte de la comunidad por la cual habla en tantos cardinales. El matiz político de su linaje, ligado en varios momentos a la mirada homofóbica que descalificó a gays y lesbianas como ciudadanos en nuestra nación, no puede ser desestimado, y hace que muchos crean que detrás de todo esto hay en verdad una maniobra de postulación, de lavado discreto de ciertas culpas, que se reargumenta en el vaciado de memoria y de conflicto que esa institución sigue proclamando. Aunque para los extranjeros que llegan a Cuba, de la mano del Cenesex y sus amigos, a ver cuán armónica es esa vida rosa que proclaman sus embajadores, nada de eso sea preocupante ni demasiado visible. No son muy distintos, en muchos casos, de los turistas que llegan al archipiélago a creerse el cuento de la burbuja promisoria que encuentran en playas y cubanos de sonrisa complaciente.

A diez años de ese primer gesto, el Cenesex ha acuñado, en la sede de la Uneac, una estampilla que celebra esa década de supuesta lucha. Cuando supe de la noticia, creí ingenuamente que el sello representaría a algunas de las personas que se suman a la conga Rampa arriba. O que la directora del Centro ocuparía el centro de esa imagen, como lo hace en el hagiográfico documental que le dedicara HBO. Error mío: se trata de un sello que data de 2008, y quien aparece en la estampa no es ella, sino su madre, quien fuera presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas. Entre una de las maniobras más persistentes del Cenesex se encuentra la idea más o menos delirante de convertirla en una activista de la lucha por los derechos de gays, lesbianas, transx, etcétera. Hasta donde recuerdo, son escasas sus declaraciones al respecto. En su libro de 1994 Sexual Politics in Cuba, Marvin Leiner recuerda que alguna vez ella interpeló a un joven sicólogo que se expresó con frases homofóbicas en un Congreso de la UJC. Pero esa misma anécdota viene rememorada como una nota al pie, y tal vez las referencias que puedan encontrarse aquí y allá para argumentar esa ficción no pasen de lo mismo. Lo cierto es que no deja de ser elocuente que el Cenesex proponga dos cosas más o menos graves: celebrar el presente desde un hecho pasado que no tiene ligazón directa con lo que pretende ahora festejar, y desplazar en ese acontecimiento de la imagen central a quienes dice que representa. La directora del Cenesex ha dicho que probablemente en poco tiempo el apellido de su familia no ocupe más el centro de poder que hasta ahora ha poseído. Tal vez sea cierto, pero es evidente que sí se está operando, de esta manera y de otras, para que esa genealogía no desaparezca de la Historia, incluso manipulando símbolos y nombres para cubrir causas y demandas que poco tienen que ver con lo que en vida hicieron algunos de sus más visibles representantes. Ya en las galas del Karl Marx, antes de ver el desfile de transformistas, el Cenesex proyectaba en sus minutos iniciales un video con imágenes de la presidenta de la FMC que celebraban su vida en tonos épicos, mientras el público se desesperaba por ver a las divas de la noche. Esos espectadores pueden saber poco de Emilio Ballagas o Virgilio Piñera, de los que fueron obligados a irse por el Mariel al ser denunciados como maricones, o sobre el travesti que murió apedreado en Pinar del Río. No verán esos rostros en esa estampilla, a la que se le impone un gomígrafo en su hoja de primer día que hace referencia a la Jornada Cubana de Lucha contra la Homofobia y la Transfobia. Los aplausos de la gala, los gritos de “perra” y “dura” serán más fuertes que los de los activistas, del Cenesex o no, que reclamen el matrimonio igualitario, el reconocimiento de otras legalidades, por no hablar de la posibilidad de adopción entre parejas del mismo sexo.

Me consta que se trata de una batalla difícil, que no puede contarse únicamente en una gama de rosa y colores pastel. Me consta que la propia directora del Cenesex ha tenido reveses en sus diálogos con algunos de los máximos funcionarios del aparato político. Pero todo ello tiene que ser parte de una lucha en la que aspiro a que un día sea un homosexual o una lesbiana quien se levante ante el micrófono para hablar por su propia voluntad y su hoja de vida por aquello que reclama. Y me gustaría que a la vuelta de estos años nos ahorrásemos ciertas inconsecuencias, como la de oír a la figura central del Cenesex descalificar las marchas del orgullo gay y considerarlas inadecuadas, por frívolas y carnavalescas, en nuestro contexto, cuando ella misma ha aceptado aparecer en algunas, como parte de sus coloridos desfiles. O cuando un especialista de cine gasta tinta en un periódico de circulación nacional describiendo a sus lectores la trama de una serie como Queer as folk, no solo apelando a la peor traducción hispana de su título, sino a la narración de su argumento, único modo en el que muchos espectadores cubanos sabrán de esa serie que nuestra pacata televisión nacional no se atrevería a exhibir, aunque date de la década del 90. Todo ello ayuda a la proliferación de los estereotipos y de los prejuicios. Una entrevista publicada en Granma en estos días mostraba en la página web de dicho diario los comentarios retrógrados que numerosos lectores no dudaban en regalar a las palabras de la directora del Cenesex. Esa es la señal de alerta, la que nos dice que la batalla es aún cosa que sucede, y que no debe adormecerse en los spots didácticos, en la comparsa que dura unas horas, ni en puntos privilegiados de nuestro país, o en un evento en las arenas caras de Varadero. No solo estamos discutiendo cómo cambia el país, sino que deberíamos discutir para quién cambia el país y a quiénes deberían favorecer en realidad esos cambios. Y eso incluye al sexo de la Nación misma, a las variables de lo que ofrece como operación de cambio, a la manera real, y no solo en las fórmulas de campaña, en que abrimos espacios para una diversidad que ya suena a reclamo formal o vacío, apoyado por figuras públicas que a pesar de ciertos secretos a voces, se niegan a asumir su bisexualidad u homosexualidad ante las cámaras. Hay mucho de performance aún en todo esto, de fiesta que, en su vibración, oculta y enmascara algo que debería quedar más al descubierto. Y es en ese empeño que, por ejemplo, parecen encaminadas las entrevistas que Yaima Pardo ha subido recientemente a YouTube, bajo el título de Causas y Azares, dialogando con activistas del in and out, del Cenesex y otros que, en un afán civil mayor, no tienen que constreñirse al amparo y la sobreprotección oficial para aclarar sus exigencias y desasosiegos, no solo en La Habana. Me he ahorrado hasta aquí anécdotas personales: cuento ahora una que me sirvió para distanciarme de gran parte de esto, y a la que debo una visión más exigente de lo que hay y de lo mucho que nos falta. En una reunión preparatoria de una de estas jornadas, una persona transx se negó a compartir el mismo espacio con pacientes de sida. Y lo declaró de un modo brutal. Ello me dejó sentir cuán hondo es aún el desprecio que la propia comunidad LGTBIQ puede manifestar hacia algunos de sus propios integrantes. Y si ello ocurre en el seno de ese núcleo, qué dejar para quienes nos miran como fenómenos.

A mi manera he sido parte de esta lucha, mucho antes de que el Pabellón Cuba se abriera a la multitud que lo abarrotó aquel 17 de mayo de una década atrás. Tengo mis imágenes de esos acontecimientos. Hombres jóvenes y maduros, muchachas y mujeres cogidas de las manos. Familias y personas que, a su manera, con sus recursos humildes, quieren anunciar desde sus ropajes que respiran una diferencia a golpe de color y desafío. Yo creo en el desafío. Y son muchos los que aún están por pronunciarse. No solo a favor de una Cuba rosa, en la que también puedo desconfiar. Todo esto también tiene el nombre de Cuba. Su nombre, su rostro y su sexo. Tanto como su historia. Y ello viene desde mucho tiempo atrás, no solo de una década y todo lo que sus riesgos y tropiezos nos recuerdan. Es también lo que está por llegar. En esa página en blanco, los que vendrán a escribir sus nombres heredarán muchas de estas preguntas.

Foto de portada: Tomada del muro de FB de Norge Espinosa.

LGBTI de Cuba en rebeldía nacional

La Habana, 26 de julio de 2014

Los y las integrantes del Proyecto Arcoíris:

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INCONFORMES con la respuesta a nuestra misiva al  y de la comisión que, por acuerdo del Parlamento, tuvo a su cargo la redacción final de la Ley No.116 Código de Trabajo.

PREOCUPADXS porque la comisión parlamentaria desconoció el sentido del voto de los diputados y diputadas, las propuestas del Presidente y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y del propio Presidente de la Asamblea Nacional, de integrar de forma armoniosa al texto final las propuestas de modificación que realizaron varios integrantes, en especial las de Mariela Castro Espín, para incorporar el principio de no discriminación por identidad de género y seroestatus frente al VIH/sida.

INSATISFECHXS con los insuficientes avances legislativos de Cuba en relación con los derechos de las personas gays, lesbianas, bisexuales, trans e intersex, que no cumplen con la voluntad de las y los activistas LGBTI, ni la establecida por el Partido Comunista de Cuba en los Objetivos de Trabajo de su Primera Conferencia Nacional, de enfrentar todas las formas de discriminación, incluyendo por orientación sexual, y donde se recomendó incorporar la identidad de género.

SOLIDARIXS con nuestras hermanas y hermanos transexuales, travestis y transgéneros, grupo profundamente desfavorecido, porque está en situación de vulnerabilidad familiar y social, lo que les dificulta el acceso pleno a todos los niveles de enseñanza y les obliga a aceptar empleos no calificados en el mejor de los casos, u optar por la prostitución y ser víctimas frecuentes de violencia de género y trata de personas.

EXIGIMOS que la Presidencia de la Asamblea Nacional y la Fiscalía General de la República investiguen a fondo el incumplimiento del mandato recibido por la Comisión de Estilo y Contenido que concluyó la redacción de la Ley N. 116 Código de Trabajo, y de todas las instituciones o personas que puedan estar involucradas en ese hecho ilegal y violatorio de los principios de la Democracia Socialista.

REQUERIMOS que se agoten todos los procedimientos jurídicos existentes, con vistas a volver a someter a votación del Parlamento la incorporación a la Ley N. 116 Código de Trabajo de la no discriminación por identidad de género y seroestatus frente al VIH/sida.

SOLICITAMOS a la diputada Mariela Castro Espín, quien resumió varias propuestas de trabajadoras y trabajadores LGBTI, incluyendo las que fueron obviadas por la comisión de estilo y contenido, que, en uso de las facultades que le otorga la Constitución de la República, ejerza su derecho a la iniciativa legislativa individual –nunca antes utilizada en nuestra Asamblea Nacional– para presentar ante el parlamento un proyecto de Ley de Identidad de Género y de un nuevo Código de Familia, que reconozca explícitamente los derechos de la ciudadanía LGBTI y sus familiares.

IMPORTANTE: Sugerimos leer el siguiente post donde se encuentra la respuesta del Parlamento al proyecto Arcoiris.

Presidencia del Parlamento responde pero no satisface o Mariela Castro estaba clara al votar en contra

Norge Espinosa: El bibliotecario de Sodoma

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Norge Espinosa y Victor Fowler

Por Norge Espinosa

1. El poema.

La imagen brotó de la línea de Federico García Lorca y entró a mi página. En una noche de Santa Clara, en 1987, solo tenía conmigo la visión que Lorca me ofrecía, en uno de los pasajes de ese poema tan intenso y controvertido que es su Oda a Walth Whitman. Por años, el libro había estado al alcance de la mano, y solo mediante el impulso que la lectura de otros poetas cubanos y extranjeros empezaba yo a sentir en mi ciudad natal, alcancé la revelación que ese texto me ofrecía. Quedaban a un lado los lugares comunes que persiguen a Lorca hasta el día de hoy con tanto ensañamiento como el que le reservaban sus asesinos: gitanos, lunas, panderos, cuchillos, lunas de plata amenazante, etc. Tal vez el Lorca que me sigue acompañando hasta hoy es el de ese poema que nos lo describe en pleno conflicto: como un homosexual que quiere un espejo puro en el que hallar su rostro, y no en el gesto flébil de las mariquitas y los jotos y los pájaros a quienes condena. Pero también esas mariquitas, esos desbordes de la sociedad, esos excesos que a ratos algún credo y algún gobierno ha preferido sacar de la vista, tienen a Lorca como mártir, lo reconocen entre los libros del estante que tal vez no miran con igual interés. Lorca, Wilde, Genet, Proust, Cernuda, Salvador Novo, Miguel Ramos Otero, Virginia Woolf, Djuna Barnes, Isherwood, Auden, Gingsberg. Lentamente se va creado una genealogía, una tradición, una arqueología en la que poco a poco el discurso se convierte en fuerza que mueve a la batalla, y que va dejando atrás las máscaras del amor que no puede decir su nombre, o mejor, que no se atrevería a decir su nombre. En Cuba, donde Lorca juró perderse, leerlo tiene una connotación que invita al desborde, a la indisciplina de sus aventuras habaneras y en otras provincias. La Universidad de Miami acaba de digitalizar los fondos de su enorme archivo cubano que se ocupan de la presencia de Lorca entre nosotros, y ha reaparecido el rostro del granadino, en la playa de Marianao, junto a muchachos de sonrisa fácil, a los que ha de haber seducido con la gracia que es el reverso de esos terribles versos de la Oda a Walth Withman. Dejó entre nosotros una vibración que también es erótica, polémica, sexual, política. En una noche de Santa Clara, ciudad que no visitó, ese fantasma se manifiesta e impulsa la mano de un joven poeta. Quiere un espejo, insiste, donde encontrar su rostro de modo más puro. Pero cómo mirarlo. Con qué espejos. Con qué ojos.

VESTIDO DE NOVIA

Por eso no levanto mi voz, viejo Walth Whitman,
Contra el niño que escribe
Nombre de niña en su almohada,
Ni contra el muchacho que se viste de novia
En la oscuridad del ropero.

Federico García Lorca.

Con qué espejos
con qué ojos
va a mirarse este muchacho de manos azules
con qué sombrilla va a atreverse a cruzar el aguacero
y la senda del barco hacia la luna
Cómo va a poder
cómo va a poder así vestido de novia
si vacío de senos está su corazón
si no tiene las uñas pintadas si tiene sólo un abanico de libélulas
cómo va a poder abrir la puerta sin afectación
para saludar a la amiga que le esperó bajo el almendro
sin saber que el almendro raptó a su amiga le dejó solo
ay adónde podrá ir así tan rubio y azul tan pálido
a contar los pájaros a pedir citas en teléfonos descompuestos

si tiene sólo una mitad de sí la otra mitad pertenece a la madre
de quién a quién habrá robado ese gesto esa veleidad
esos párpados amarillos esa voz que alguna vez fue de las sirenas
Quién
le va a apagar la luz bajo la cama y le pintará los senos con que sueña
quién le compondrá las alas a este mal ángel hecho para las burlas
si a sus alas las condenó el viento y gimen
quiénquién le va a desvestir sobre qué hierba o pañuelo
para abofetearle el vientre para escupirle las piernas
a este muchacho de cabello crecido así vestido de novia

Con qué espejos
con qué ojos
va a retocarse las pupilas este muchacho que alguna vez quiso llamarse Alicia
que se justifica y echa la culpa a las estrellas
con qué estrellas con qué astros podrá mañana adornarse los muslos
con qué alfileres se los va a sostener
con qué pluma va a escribir su confesión ay este muchacho
vestido de novia en la oscuridad es amargo y no quiere salir no se atreve
no sabe a cuál de sus musgos escapó la confianza
no sabe quién le acariciará desde algún otro parque
quién le va a dar un nombre
con el que pueda venir y acallar a las palomas
matarlas así que paguen sus insultos
con qué espejos ay con qué ojos
va a poder asustarse de sí mismo este muchacho
que no ha querido aprender ni un solo silbido para las estudiantes
las estudiantes que ríen él no puede matarlas
así vestido de novia amordazado por los grillos
siempre del otro lado del puente siempre del otro lado del aguacero
Siempre en un teléfono equivocado no sabe el número
tampoco él se sabe
Está perdido en un encaje y no tiene tijeras
así vestido de novia como en un pacto hacia el amanecer

Con qué espejos
Con qué ojos.
2. Un bibliotecario de Sodoma.

Repentinamente dueño de un poema que, para decirlo con Sigfredo Ariel, desató algo parecido a un escándalo en la literatura cubana de ese momento tan intenso que fueron los años de cierre de la década del 80, comprendí que un texto de esa naturaleza exigía cierta noción de compromiso. En la literatura nacional, hacía mucho que lo homoerótico no se expresaba abiertamente, y el silencio impuesto sobre los autores que en alguna ocasión se interesaron en ello pesaba como una doble lápida de ignorancia y tabú. Habría que esperar a la década del 90 para que investigadores como Víctor Fowler desenterraran El ángel de Sodoma, la novela que en 1928 editó en España Alfonso Hernández Catá para que se abriera un curso nuevo en nuestra tradición letrada. Lo mismo sucedería con otra novela aparecida un año después, La vida manda, que publicó en México Ofelia Rodríguez Acosta. La lectura, en los años 30, de Lorca y Cernuda, despertó en Emilio Ballagas la necesidad de una confesión que, en su caso, terminaría siendo un drama. Pero de esa angustia nació un poemario como Sabor eterno, de 1939, en el que los homosexuales cubanos encontraron algunos de sus primeros cantos. Bajo ese influjo empieza a escribir Virgilio Piñera, quien firma su Oda a la vida viril, inédita hasta mucho después de su muerte, también en 1939. Ya para ese entonces, en México también, había aparecido Hombres sin mujer, la novela moderna que, para Cuba, en realidad, hace cambiarlo casi todo.

El impacto del gallego Carlos Montenegro, radicado en Cuba y conocedor aquí de los horrores de la cárcel que luego expondría en ese libro capital, llega hasta hoy como una sacudida que la crítica cubana no ha sabido aprehender del todo. Hemos tenido que esperar a este mismo 2014 para que al fin una nueva edición, precedida de un excelente estudio de Jorge Domingo, nos invite a releerla más allá de la rareza. Con la novela de Carlos Montenegro se entrecruzan, desde el concepto más hiriente de la violencia, autores tan diversos como Reinaldo Arenas, Norberto Fuentes, Guillermo Vidal, Angel Santiesteban y muchos otros que ahora escriben sus textos. Traspasar la piel y la urgencia que enlaza el cuerpo de dos seres de sexo semejante es una actitud que requiere el coraje de un escritor bien entrenado, de ahí la altura del reto, y la estatura no superada de Hombres sin mujer.

En la poesía del mundo de Orígenes, que presidía esa gran loca patricia que es José Lezama Lima, lo homoerótico también tenía su conflicto. La máscara y el músculo de lo católico imponían una capa verbal que necesitaba ser arañada, para que nos revelara sus neurosis más interesantes. Mientras se acumulaba un número tras otro, Lezama, agazapado, “preparaba su sorpresa”. Ningún origenista, ni siquiera los que combatían a Lezama, como Piñera o Lorenzo García Vega, estaban preparados para lo que significó Paradiso. Los ángeles de Lezama tenían sexo, un sexo dispuesto a gozar priápicamente, y no como se les entreveía en las castas viñetas de Mariano o Portocarrero. Ciclón, la revista que Piñera inventó como petardo ante la puerta de Trocadero 162 junto a Rodríguez Feo, gastó sus salvas en juegos de escándalo, que la novela de Lezama iba luego a disolver. Pero algunos de esos juegos son también insólitos y extremadamente útiles, como el ensayo “Ballagas en persona”, que Virgilio concibió como una batalla que aún perdura entre nosotros.

Como un bibliotecario de Sodoma, a lo largo de los años que corren desde aquella noche de 1987, he ido acumulando textos, rostros y nombres. Documentos que pudieran perderse, y sobre todos anécdotas que me permiten reconocer una tradición para mí, y para los lectores de Vestido de novia. Con humildad e irreverencia, organizo el archivo donde esos maestros encaminan la lectura hacia mi página, y de ahí hacia otras, que siguen haciendo crecer la biblioteca nocturna que puede ser también La Habana. Severo Sarduy, Calvert Casey, Antón Arrufat, Delfín Prats, Magali Alabau, José Mario, Reinaldo Arenas, José Milián, Abelardo Estorino, Ana María Simo, María Irene Fornés. En las paredes de esa biblioteca están otros rostros, artistas que desde otros ámbitos también hacen una tradición interesada y entendida: Ernesto Lecuona, Juan Bruno Tarraza, Bola de Nieve, Humberto Solás, Miguel de Gonzalo, María Teresa Vera, Amelia Peláez, Servando Cabrera Moreno, Raúl Martínez, Pepe Carril y Pepe Camejo, Vicente Revuelta, Francisco Morín, Adolfo de Luis. Tantos otros. Pasan sobre ellos los éxitos y los fracasos, errores políticos como la UMAP o la parametración. También el silencio es una tradición que puede resultar tan atroz como útil. Hurgar en ese agujero negro, hoy nos obliga a extender la biblioteca de una Sodoma tropical.

La explosión desencadena en Cuba y acerca de Cuba durante la década de los 90 hizo crecer este edificio hacia latitudes casi imposibles. El exilio de los 80 generó fenómenos como la revista Mariel, y la irrupción del sida convirtió en cuerpos martirizados a Sarduy y a Reinaldo Arenas, canonizados ahora según la voluntad de sus propios manifiestos. Y en Cuba, durante esa década, empiezan a dejarse ver textos de Pedro de Jesús López, Ena Lucía Portela, Nelson Simón, Jorge Angel Pérez, Ana Lydia Vega Serova, Arlén Regueiro, Alberto Acosta Pérez, Rubén Rodríguez, René Coyra, Mae Roque, Mabel Cuesta, José Rolando Rivero, Luis Yussef, Abel González Melo y tantos más. Los latin queer studies imponen la ruptura de algunas fronteras, y para ser consecuente con ello, y como un bibliotecario riguroso, hay que hacer espacio a libros también escritos en inglés. Achy Obejas, Rafael Campo, Elías Miguel Muñoz, José Esteban Muñoz, José Quiroga, Jorge Ignacio Cortiñas, Nilo Cruz, Alina Troyano, se unen a lo que siguen diciendo en español nuevos nombres que llegan al exilio, dígase en España, México, Estados Unidos, Suecia: Miguel Angel Fraga, Alberto Lauro, Odette Alonso, Félix Lizárraga, José Félix León, Juan Carlos Valls, Roberto Urías, Abilio Estévez, Raúl Alfonso, Chely Lima, Antonio Orlando Rodríguez… La onda expansiva de El lobo, el bosque, el hombre nuevo, con el que Senel Paz gana el Premio Juan Rulfo en 1990, tiene ecos en el mismo concurso que poco después obtienen Joel Cano, con Fallen Angels, Ena Lucía Portela con El viejo, el asesino y yo; y Miguel Barnet con Fátima o el Parque de la Fraternidad. Numerosos son los autores que se acercan de distinto modo a lo homoerótico. No todos desde un eje de compromiso que les deje ir más allá del carnaval y el estereotipo, esos dos grandes peligros cubanos. Dónde poner, en esa biblioteca de una Sodoma caribeña, tantos ejemplares. Cómo evitar que se confundan los unos y los otros. En la noche de la biblioteca, llegan títulos, revistas, otras páginas. En los anaqueles antes casi vacíos, se agolpan esos volúmenes. Falta haría el concurso de otros bibliotecarios que organicen y cataloguen tantas cosas. Para eso también se hace un Curso en La Habana. Para que si se produce un incendio o una catástrofe mayor, ellos, desde la memoria de lo que han leído, puedan volver a escribir todo lo que se perdió. Esos textos y otros. Los que escriben ahora mismo otros autores. Yunier Riquenes, Rogelio Orizondo, Fabián Suárez, Legna Rodríguez, Larry Javier González. Una biblioteca frente al mar.

3. Queer Nation: otro mapa de Cuba.

En Queer Nation, su excelente ensayo, el estudioso y profesor puertorriqueño Rubén Ríos Avila desmonta otro sueño posible acerca del mito de su país. Describir la patria como una nación maricona, como una noción pájara de la Historia que se vive a puertas cerradas o en consonancia con un secreto que, pese a la visibilidad más o menos reciente sigue activando claves de lectura erótica, moral, política y subversiva; es gesto que nos falta. Acostumbrados a pedir permiso, a esperar que alguna entidad se imponga como defensora de una causa que tal vez deba estar en manos de un compromiso más orgánico y natural sobre ese asunto, hemos confiado en que alguien, desde esas cúpulas, volverá a leer la Historia para nosotros, y nos hará en ella, como quien dispensa un favor, un sitio en sus márgenes. La literatura cubana, las artes de este país, tienen una tradición homoerótica de fuerza no calibrada. Nos falta leerla desde los cardinales que han propuesto al mundo Judith Butler, Eve Kosovsky, José Esteban Muñoz, Alberto Mira, José Quiroga o Daniel Balderston, y discutirlos desde un mapa propio. A los artistas ya mencionados, habría que añadir otros desde el audiovisual, el teatro, la música y por supuesto, las artes plásticas, amén del respeto necesario hacia las obras que, en ese ámbito, nos ofrecen Rocío García, Eduardo Hernández Santos, o René Peña y Alejandro González, entre muchos otros. O, que en el campo del audiovisual, tienen sus ejemplos, desde que en 1988 se produjera en la Escuela Internacional de Cine el documental No porque lo diga Fidel Castro, hasta los materiales que en la Muestra de Cine Joven dan fe de ciertas persistencias: Camionero, de Sebastián Miló, Ella trabaja, de Jesús Miguel Hernández, y que se combinan con otras piezas: Seres extravagantes, de Manuel Zayas, o los documentales de Lizette Vila y Belkys Vega. Mientras, en el teatro, Carlos Díaz y Nelda Castillo, se hacen imprescindibles. Las políticas del desacato, entre nosotros, las políticas del desborde y el desenfreno, aún no están articuladas desde su mayor fuerza eruptiva. La celebración en Cuba del Día Mundial de Lucha contra La Homofobia, o una campaña contra el VIH Sida, pueden y deben ser una fecha en el mapa, no el mapa único y formal desde el cual lanzamos otras consideraciones acerca de derechos y deberes que siguen siendo postergados. El diálogo, para saberse en verdad diverso, tiene que asimilar esas y otras demandas mayores, que provienen de cardinales distintos, de modos de discursar y vivir que tienen que ser distintos. Fuera de ese marco aparentemente político, la Isla se rompe en otras connotaciones. En sus playas y en sus noches, en la insolencia con la cual, un cuerpo, ansioso de otras posibilidades, se ofrece sin piedad tan cerca de las costas.

Organizando el Curso Literatura Cubana LGBT junto a Víctor Fowler, encarando al puñado de alumnos a los que, durante más de doce semanas hemos ido ofreciendo datos, títulos, nombres, referencias, todo eso se estrella contra esa noción posible-imposible de una verdadera nación queer. “¿Tú has visto país más maricón que este?”, me preguntó alguna vez un célebre dramaturgo y narrador, radicado hoy en Barcelona, poco antes de haber afirmado que La Habana, el verdadero tesoro y gozo de La Habana, son sus cuerpos. En el paisaje de esta capital hierven sus fantasmas, como el de Reinaldo Arenas entre los muros del Hotel Monserrate. La tradición exige rigor, compromiso y militancia. Escribir tan bien como ellos lo hicieron, ser respetuosos con la vibración que en Cuba pudo dejar Lorca o Cernuda, que llegó a creer que el cielo de la Isla sería tan puro como el de Italia, a la que no visitó. Frente a esta bahía se conocieron Teresa de la Parra y Lydia Cabrera, y aún no sabemos del todo qué secretos cruzaron esas dos grandes mujeres. Esos alumnos del curso serán los próximos bibliotecarios. Lo son ya, acaso sin que ellos lo sepan. Como tal vez tampoco lo sepan los autores que, imponiéndose contra la noche, ante la página de un escritor al que ven con otros ojos en plena madrugada, tienen que levantarse para ir al papel. Y escribir, sobre las palabras de esos autores muertos, la letra viva de una Nación que tienen más cuerpos, deseos, y urgencias de las que caben en una bandera o entre los símbolos de cualquier escudo.

Texto leído durante la tertulia del 10 de julio pasado, que se le dedicó al taller Literatura Cubana LGBT, en la Embajada de España.

Convocatoria: Taller Literatura Cubana LGTB

cubadiversidad-1El Centro Cultural Dulce María Loynaz, y los escritores Víctor Fowler y Norge Espinosa convocan a los interesados en participar en el Taller Literatura Cubana LGTB, el cual, con una programación de diez encuentros, comenzará sus lecciones en el propio Centro a partir del venidero 12 de marzo.

Sigue leyendo “Convocatoria: Taller Literatura Cubana LGTB”

Racialidad e identidades en Congreso Intercontinental de Psicología

Mi amiga Norma Guillar me informa desde La Habana, que próximamente tendrá lugar en el Palacio de Convenciones, del 2 al 6 de diciembre, el Congreso de Congreso Intercontinental de Psicología donde la Sección SERES de la Sociedad Cubana de Psicología presentará varias ponencias, conferencias magistrales, etc., acerca de la identidad racial, la intersexualidad, VIH/sida y otros temas de interés.

Miércoles 4 de diciembre
Sala 1110
2:00 – 2:25 p.m.

Conferencia Magistral
Raíces de identidad: el legado psicológico de la esclavitud
M. Sc. Zuleica Margarita Romay Guerra (Cuba)

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c(S)ero: Una escultura vestimentaria contra el VIH/sida

casero

El diseñador y artista visual cubano, Robertiko Ramos trabajará en el portal del Trianón, desde las 12:00 a.m. hasta las 11:59 p.m. del día 1ro. de diciembre, en una acción que se suma a los esfuerzos cubanos por el Día Mundial en respuesta al VIH/sida.
Robertiko hará, durante 24 horas ininterrumpidas, una “escultura vestimentaria”, armada con piezas de ropa, pertenencias personales y fotografías de personas con VIH, enfermas de sida, víctimas de la pandemia y sensibilizadas con el tema.
El título juega con el lema de “Llegar a Cero: Cero nuevas infecciones por VIH. Cero estigma y discriminación. Cero muertes relacionadas con el sida”, que entre 2011 y 2015 ha tenido la campaña de ONUsida; también con con el término seropositividad.
“Tomo el soporte del vestuario porque es la manera en la que la gente nos reconoce superficialmente: por cómo nos vestimos… Al detallarlo y visualizar el performance, se sabrá que está formado por un montón de piezas de gente diversa: diversos colores de piel, géneros, orientación sexual y condiciones serológicas”, me dijo.
Las piezas donadas deberán ser de color Rojo, como patrón o premisa conceptual relacionada con el color que identifica esta lucha en el mundo. Pero aclaramos que pueden ser de cualquier tipo, y, en función del interés de cada donante, una foto de la persona y su nombre.
“Trabajaré con todo lo que sea donado por los interesados”, aseguró. Y aclaró que no “desechará nada de nadie”.
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El enfrentamiento al VIH/sida necesita del voluntariado

sida-quic3a9nEl Centro Nacional de Prevención de las ITS/VIH/sida lleva 15 años proponiendo la incorporación de todas personas, instituciones, organizaciones, y la sociedad civil en general, al enfrentamiento de la epidemia de sida.

“El Centro”, como le conocen muchos, tiene como misión contribuir a la disminución de las Infecciones de Trasmisión Sexual y el VIH en el territorio nacional. Para cumplimentar dicha misión, el CNP cuenta con especialistas de diferentes áreas: epidemiólogos, educadores, enfermeros, bibliotecólogos, sociólogos y médicos. Su accionar se multiplica con la incorporación de más de 300 promotores voluntarios y activistas que constituyen un grupo imprescindible cuando de prevención y educación para la salud se trata.

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CONVOCATORIA: Género y creación: el compromiso de mirar

cartelLa central provincia de Sancti Spíritus será sede entre el 2 y el 5 de julio del taller “Género y creación: el compromiso de mirar” dirigido a profesionales de la cultura y el arte para extender una mirada libre de sexismo y discriminación en este ámbito.

El encuentro constituye una de las acciones del recién creado Grupo Género y Cultura “Mirar desde la sospecha” de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) a través del proyecto Universo Avellaneda de la Fundación Nicolás Guillén, y cuenta con la colaboración de Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual de la Universidad de las Artes, ISA.

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Actividades por el Día Mundial de respuesta al VIH/SIDA

Presentación del Documental  ” No a la violencia de género”
Fecha: 27 de noviembre
Lugar: Museo Nacional de Bellas Artes
Hora: 4:00pm
Experiencias vividas de un grupo de mujeres negras residentes en el hogar de
transito de Consejo Popular latinoameticano, sus opiniones y vivencias.
Además actuará el grupo ALAMI que está constituido por mujeres negras jassistas

Gala  Cultural por el Dia Mundial del sida
Fecha: 30 de noviembre
Hora: 8:00pm
Lugar: Teatro Lazaro Peña