Roberto Zurbano: Bienvenido el permiso para ser antirracista


Por Roberto Zurbano Torres

Una llamada tempranera me saco de la cama para darme la noticia de la creación de un Programa Nacional contra el racismo y la discriminación racial en Cuba que será dirigido por una Comisión Gubernamental encabezada por el presidente de la República. A ese amigo dije. “Bienvenido al Club”, pero esa es una misión personal, intelectual y política que no me ha dejado dormir durante un largo tiempo de mi cincuentenaria existencia. Es una noticia que no sorprende a muchos de los que hemos estado despierto y despertando a muchos otros sobre la creciente presencia del racismo en Cuba. Los que no hemos pedido permiso para ello porque lo asumimos como una responsabilidad social y un valor político, a pesar de haber sido silenciados, marginados, vilipendiados, criminalizados y castigados por algo tan evidente que, aun, muchos quieren seguir negando y minimizando, esperábamos algo así, como esta Comisión, pues esta no debe sufrir la suerte de las anteriores que terminaron su labor demasiado limitadas, silenciadas y sin efecto, con muchas ideas abortadas.

En el contexto actual no declararse antirracista es un pecado de cualquier persona, institución, partido o gobierno que se declare de izquierda. Puede parecer una incorrección política más, pero es nada menos que un error estratégico en medio de la lucha social y política que hoy vive el mundo entero.

El activismo antirracista en Cuba ha sido maltratado por la izquierda y por la derecha, es decir, por el gobierno cubano y por la llamada disidencia cubana. Siempre me resultó curioso que fuera un punto en común entre ambos bandos, como solía decir Martí, a esas actitudes que dividen a los hombres.

Bienvenida la necesaria comisión que desde el gobierno, un tanto tardíamente, debe enfrentar una ardua tarea y cientos de acciones a corto y mediano plazo, a la cual anteceden decenas de acciones, resultados y propuestas elaboradas durante los últimos veinte años por las casi veinte organizaciones antirracistas cubanas que han resistido la dura travesía entre dos fuegos políticos, en contra de un largo malestar que aun supura entre la población negra cubana.

Ahora le toca a esa Comisión Gubernamental acompañarnos en esta tarea, apagar uno de los fuegos y sacar a la luz, no solo las viejas raíces, sino las causas contemporáneas del racismo en Cuba, que alguna vez llamé neorracismo, por su sobrevivencia y nueva configuración en el entramado socialista.

Bienvenida tal Comisión si es capaz de escuchar, acompañar y resolver, a quienes sufren, conscientemente o no, cada acto racista que vemos en la calle, las leyes, los medios de difusión, los programas institucionales, los centros de trabajo, los informes diplomáticos y las mismas escuelas. La maquinaria burocrática cubana que fue capaz de censurar discursos del propio Fidel Castro contra el racismo, no cejará en sus resistencias poco sutiles. Hay cientos de libros, investigaciones y eventos que corroboran el daño del racismo entre los cubanos de hoy. Y más allá de Cuba, ya nadie explica la pobreza, la prostitución, la migración, el sexismo y toda forma de discriminación sin reconocer al racismo y sus bases coloniales e imperiales, como una de los núcleos, causa y consecuencia de viejos y nuevos desastres internacionales.

El racismo contemporáneo es un arma de sometimiento social, político y económico. Los que despertaron hoy con la noticia de que ser antirracista ya no es un pecado en Cuba y que no le van a cuestionar por decirlo públicamente, bienvenidos también, negros, mestizos y negros con conciencia racial, junto a la nueva Comisión. Esta batalla comenzó hace muchos siglos atrás, con nuestros abuelos cimarrones, atravesó los años de la República con cientos de organizaciones y en los años revolucionarios también obligó a construir palenques, insuficientes aun si no contamos con los medios, las comunidades, las escuelas y las instituciones de un país que debe a la población negra mayor respeto y justicia social. Bienvenida, Comisión. Mañana será tarde.

En Cayo Hueso, Centro Habana, noviembre 22 y 2019

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