Georgina Herrera, miembro de honor del Club del Espendrú

Por Roberto Zurbano

Sin la poética de Georgina Herrera la literatura cubana del siglo XX no tendría una estética de la maternidad tan sensible, sufrida y generosa como las letras y la vida que ha tenido y sufrido, y de la cual ella anda orgullosa por cada rincón de la vida. Esa razón es suficiente para que su pequeña luz nos ilumine por dentro y por fuera, del pasado hacia el futuro, y también desde el silencio hasta los días más ruidosos.

Nuestra Yoya, Georgina, es la modestia misma, es la esperanza que nace todos los días de los peores momentos de la vida. Ella es una poeta cuyo discurso lleno de sencillez y autenticidad atraviesa sesenta años de escritura, consecuente con su vida, de la manera en que la ha vivido y desde la paciencia que ha tenido para ver pasar el mundo ante sus ojos, colocarse ante sus pies, sin que los malos pensamientos alcancen su cabeza de reina coronada por su conciencia de mujer negra que perdona, pero no olvida las humillaciones de la historia y del presente a su gente y a su familia grande.

Su primer libro fue publicado por Ediciones El Puente, el primer grupo literario alternativo de la Revolución, donde su cuaderno G.H., la colocó para siempre en las letras cubanas de la Revolución sin grande exaltaciones, ni militancias, ni escándalos literarios, solo con sus versos debajo del brazo, hablando de sí misma, apenas en un tono menor, casi en un susurro que ninguna algarabía ha logrado callar. Hay una fuerza descomunal en sus versos que podrían sorprendernos, por lo cual nadie debe acercarse con paternalismo a esta poetisa, sino con el mayor respeto y veneración. Entonces su poética se vuelve surtidor, escudo, espada…. Ella provoca lecturas varias, rotundas, que van creciendo con el lector, con el tiempo y con el conocimiento de un mundo silenciado que ella nos abre con toda fuerza y generosidad, reivindicando los saberes afrodescendientes en la vida cotidiana y en la historia, sembrando para el futuro una semilla que se multiplica en cada uno de sus poemas.

Magia López, Georgina Herrera, Araceli Rodríguez, Roberto Zurbano y Alexei Rodríguez. Foto: Onel Torres Roche

Georgina Herrera es una mujer grande que salió de Jovellanos, su pueblo natal, casi adolescente para colocarse de empleada doméstica en una casona de la capital. Allí en su tiempo libre estudiaba, leía y ejercía sus primeros versos. Le sorprendió la Revolución en esos menesteres y sus versos florecieron entre gente joven como ella, llenas de sueños y esperanzas. El Puente fue su espacio fundacional, pero su obra no se detuvo, anda y desanda dentro y fuera de Cuba, ha sido querida, premiada, traducida y elogiada en todas partes. Su obra se explaya en nuevos caminos, muchos estudiosos y estudiosas le aclaman, su obra comienza a hacerse universal desde su sencilla condición de mujer negra, madre cubana y orgullosa de su lugar.

Ese lugar de la Yoya también nos corresponde y enorgullece. Es la razón por la cual EL CLUB DEL ESPENDRÚ otorga a Georgina Herrera la Condición de Miembro de Honor. Es la poeta cubana más sencilla del último siglo. La más paciente y emotiva, quizás la más consciente de la simultaneidad del sufrimiento y la alegría, de la fugacidad de lo terrible y la permanencia de lo amable. Su mirada limpia y tristísima extiende su maternidad hacia la gente y las cosas sensibles. Sus versos nacieron iluminando la pobreza real, atravesando discriminaciones y otros pesares hasta revelarnos el envés de lo domestico y convertirse en reina cimarrona, mensajera de nuevas sublevaciones del corazón y la esperanza.

Foto de portada: Onel Torres Roche

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Yolanda Arroyo Pizarro: «¿Y tu abuela dónde está?»

La escritora afropuertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro se conduce magistralmente, en una intervención que hay que escuchar, sentir, y vivir, acerca de nuestras ancestras y su rol en la historia de las familias.

Disfrútelo con la conciencia racial abierta

 

Foto tomada del perfil de Yolanda Arroyo Pizarro en FB.

36 escritoras cubanas contra la violencia hacia la mujer

Por: Zaida Capote Cruz

Presentación de la antología Sombras nada más. 

Hace un año justo un grupo de colegas llevamos a cabo una acción en el espacio virtual. Lanzamos una convocatoria pública para que en Cuba se aprobara una Ley contra la violencia. El detonador fue la carta que un escritor cubano enviara a otro, acusado de violentar a una mujer, en que hacía afirmaciones dolosas del tipo, “ya se reconciliarán y todo quedará en el olvido”.
Aunque nuestra declaración, Tod@scontralaviolencia, estuvo circulando algún tiempo, y consiguió firmas solidarias de muchas personas, y mujeres del grupo se reunieron con representantes de varias instituciones y organizaciones cubanas que podrían haberse implicado en la discusión pública que proponíamos, nada de eso tuvo lugar.[1]

En nuestro país el tema de la violencia contra la mujer es aún tabú, y pensarlo como un tema de discusión pública todavía parece una utopía demasiado irreal. Lo que ocurre, en cambio, cuando la prensa se refiere al tema, es que se ciñe, por un lado, al asunto del comportamiento personal (la causa es el machismo inoculado por la práctica cultural histórica) y, por el otro, a las vías de denuncia y enfrentamiento ya existentes (que han demostrado no ser idóneas en todos los casos). Nuestra propuesta de una ley específica sobre el tema propugnaba gestionar la violencia contra la mujer del mismo modo para cada víctima del mismo delito; tal como está organizado en este momento, sin embargo, el sistema de prevención y atención depende mucho de la gestión de la víctima o sus familiares, y muchas veces a aquella le es imposible pensar con claridad, buscar ayuda o salirse del ciclo de la violencia, tantas veces descrito. Por otro lado, permite que el lugar del agresor en la sociedad sea decisivo en que este pueda librarse o no de la condena. Pasa con este tema lo mismo que con otros pendientes de discusión y transformación: para las autoridades establecidas, aunque queda mucho por hacer, ya hemos hecho mucho más que otros en otros lados. Con semejante ritornello, sigue siendo imposible movilizar opiniones y cuerpos; cambiar las reglas del juego.

Reducir las causas de la violencia contra la mujer al machismo individual o colectivo en nuestra sociedad conlleva el reconocimiento implícito de que la solución es individual, subjetiva; lo mismo ocurre con las tareas de sensibilización, que suelen concebirse destinadas a la mentalidad individual, algo muy coherente con los nuevos tiempos en que el individualismo pareciera haber desplazado los proyectos colectivos. Emprender una discusión para la transformación social profunda desestabilizaría no solo la concepción de cada individuo, sino incluso conllevaría la evaluación de cómo está organizada nuestra sociedad, desde el espacio mínimo de la vida familiar o doméstica, hasta la escuela, el trabajo y las estructuras sociales. Una vez más, la ocasión que ofrecíamos se desestimó. Las estructuras existentes nos escucharon (seguramente incluso aprovecharon alguna de las ideas que compartimos) pero no ocurrió nada más.

Este año se celebró en La Habana otro congreso de la Federación de Mujeres Cubanas y en el discurso de clausura, a cargo de uno de los vicepresidentes del gobierno, José Ramón Machado Ventura, afloró continuamente el paternalismo que el estado reserva para su trato con las mujeres en Cuba.

La violencia es real, y a menudo mata; y antes de matar, ocasiona mucho dolor y genera tristeza, infelicidad y desazón continuas. Pero hay muchos modos de ejercer la violencia, y pocas personas verían, en la insistencia con que se demanda a la mujer cubana el aumento de su fertilidad, por ejemplo, un rasgo de discriminación o de violencia. Al traspasar a la mujer la responsabilidad de la reproducción poblacional se está ejerciendo contra ella una violencia sutil pero real. Cuando evitamos hablar de las causas del envejecimiento poblacional que van más allá del evidente desarrollo social de la sociedad cubana o de los logros en la atención a la salud pública, como podrían ser las deplorables condiciones de vida de parte de la población, o la migración casi forzosa de personal calificado que no encuentra espacio de desarrollo en nuestra sociedad por errores en la relación entre el Estado y el ciudadano, y hacemos énfasis, como se hizo en el congreso mencionado, en el compromiso de la mujer con la patria para seguir pariendo sin garantía de felicidad, entonces estamos ejerciendo violencia, aunque muchas veces no seamos capaces de verlo. Cuando en los medios nos presentan a una deportista, campesina o académica y al hacerlo se habla con insistencia de su feminidad (tradicional, claro, un comentario apoyado, por ejemplo, con un primer plano de sus uñas pintadas), estamos haciendo una exigencia mayor: no solo hay que ser competente en la profesión elegida, también hay que lucir bonita… cuidarse las manos, maquillarse, ser delicada, etc. Tal tipo de exigencia adicional —pensémoslo un poquito— jamás se le hace a un hombre en situación semejante. Y lo mismo ocurre, con algo más de elegancia, aunque no tanta, en el mundo literario.

Con frecuencia, un libro de mujer, sobre todo aquel susceptible de ser tildado de feminista porque bordea la denuncia, o expresa una afirmación de una sexualidad distinta, o se ríe de la feminidad tradicional y de la figura de la mujer como ser-para-los-otros, que dirían las filósofas, exhibe algún indicador de su condición ajena al feminismo. Editoriales y autoras coinciden en la advertencia purificadora, para evitar conjeturas y sospechas, un dilema que ha comentado sabiamente Mirta Yáñez[2] y que sigue vivo, a pesar de todo. La pervivencia de los prejuicios antifeministas que tiñeron las reacciones contra ese movimiento social en sus inicios, la incomprensión del feminismo en tanto ideología y filosofía de vida, mantienen esa herencia, tan útil para las mujeres cubanas de hoy, a medias silenciada. La preocupación por el lugar de las mujeres en la sociedad, por su plenitud como seres humanos y como ciudadanas, merecería otro destino. Pero los prejuicios son fuertes y se metamorfosean continuamente, como un virus negado a sucumbir. Y no por eso debemos ceder ni darnos por vencidas. Y no por eso debemos aceptar que la agresión de cualquier tipo es una práctica individual, basada en la subjetividad de las personas, sin entender que la violencia contra la mujer es una práctica social diseminada en todos los espacios de nuestras vidas, con profundas raíces estructurales, y perceptible en muchos espacios, además del privado.

Este libro pretende dar cuenta de esa multiplicidad de la violencia contra la mujer tal como la han percibido varias narradoras cubanas. Proyectos semejantes han visto la luz en otros países.[3] Esta es una antología amplia, inclusiva, que busca llamar la atención sobre un tema de imprescindible actualidad en nuestras vidas. Laidi Fernández de Juan trabajó arduamente para conseguir este mosaico de situaciones y de voces, y a más de su valor como denuncia o llamada de atención sobre un tema específico, este libro reúne narradoras de poéticas y generaciones distintas, pone a convivir relatos o fragmentos de novela cuyo eje de contacto es la violencia contra la mujer, y, en última instancia, si no bastara aquel gesto nuestro para declarar el compromiso de las intelectuales cubanas, aquí queda declarado cómo la violencia contra la mujer ha motivado la intervención simbólica de cada una de estas autoras en el espacio público. Cada relato, cada fragmento de novela, justifica su inclusión aquí con la denuncia de la violencia contra la mujer; su realización, coherente con la capacidad de cada una de sus autoras, ofrece enfoques diversos, lenguajes distantes, pericias disímiles. Cada quien elegirá sus favoritos, encontrará los ecos de experiencias propias o ajenas, podrá imaginar cómo cambiar a sí o al mundo para evitar la terrible convivencia con el dolor cotidiano. Nuestras autoras han hecho lo suyo.

Notas

[1] Salvo una declaración pública del CENESEX que apoyó nuestra propuesta desde el principio.

[2] Mirta Yáñez, “Feminismo y compromiso: Ambigüedades y desafíos en las narradoras cubanas”, en Cubanas a capítulo. Segunda temporada. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2012, pp. 61-87.

[3] Pía Barros, ha antologado y editado en Chile ¡Basta!/Enough! (Asterión, 2012), colección bilingüe de cien relatos breves sobre el tema.

Tomado de Asamblea Feminista.

Teatro Cimarrón convoca al concurso «Mi abuelo negro»

 

Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Nicolás Guillén

En ocasión del 120 aniversario de la caída en combate de los generales Antonio y José Maceo Grajales, la compañía Teatro Cimarrón convoca al concurso literario «Mi abuelo negro» en los géneros de teatro (patakines y obras en un acto), narrativa (cuentos, fábulas y relatos) y poesía (en todas sus modalidades, incluidas la décima y la prosa poética).

Las obras deberán reflejar la impronta de heroínas y héroes negros en el cimarronaje, gestas independentistas y en la Revolución; así como la huella de prominentes figuras negras en la sociedad, ciencia y cultura cubanas.

Se concursará con obras dirigidas al público infanto-juvenil y al adulto, en las categorías de aficionados (en tres niveles: estudiantes de primaria; secundaria y preuniversitario; así como adultos) y escritores profesionales, sean miembros o no de la AHS o UNEAC.

Las obras serán admitidas hasta el 3 de agosto del 2016 en el Centro Cultural Edison (Calzada del Cerro No. 1951, esquina a Zaragoza, Cerro, La Habana; Teléf. 7648-5216). Se recepcionarán tres ejemplares, debidamente foliados, precisando el título, nombre del autor, género, categoría y nivel en el que concursa; así como un breve currículum de su autor (una cuartilla).

Las obras premiadas serán representadas por la compañía Teatro Cimarrón y los autores, premiados y mencionados, recibirán diploma acreditativo. La premiación se efectuará el 6 de diciembre del 2016, en víspera de la caída en combate de Antonio Maceo.

Almas en pena: Belkis Cuza Malé e Ileana Álvarez

Por Rolando Jacomino

Cuando se habla de arte, cuando se habla de literatura, lo que uno menos esperaría es que salten a darse mordiscones, como fieras celosas, aquella que decidió antologar a una poetisa y aquella otra, la escritora, que inconsultamente fue incluida en la antología. Porque… no sé, pero uno debería agradecer la mayoría de las veces que “te incluyan.” ¿No? En un mundo como este, donde cada cual ha tomado su propia cuerda y ha decidido halar el bote para donde le plazca, resultaría placentero que una poetisa “perdida” dentro de la generación post 59 como Belkis Cuza Malé sea traída de vuelta en forma de versos para las actuales generaciones de cubanos. El mérito – si acaso puede llamársele así – estaría dado, pienso, porque Belkis Cuza, desde hace años, enfiló sus cañones contra la Revolución cubana y sus dirigentes, y esta antología ha sido publicada dentro de Cuba, y ya sabemos que el gobierno cubano, con sus muchos tentáculos, es bien celoso con estas cosas. En un inicio se dice que:

“(…) comenzó siendo una antología, por el camino nos fuimos percatando de que, aunque nuestro principal objetivo era propiciar un diálogo entre generaciones de autoras cubanas vivas, se hacía imprescindible abrir el espectro hacia otras zonas donde ese diálogo nunca había ocurrido, o apenas se habían insinuado en anteriores antologías de poesía cubana. Apareció entonces la necesidad de echar abajo toda una serie de obstáculos o estancos erigidos casi en monumentos a través de esas prácticas compilatorias; y ya no solo el generacional, sino también el estético, el racial, el sexual, el geográfico, el religioso y el ideo político, este último asimilado durante muchos años como un tabú, pues apenas se intentaba romper el silencio con la presencia de una o dos voces. (1)

El chu-chu-chú comenzó cuando Ileana Álvarez, una de  las antologadoras, vino a la ciudad de Miami hace par de meses a presentar la antología de poesía femenina cubana Catedral Sumergida.

No voy a saltar en defensa de Ileana, quien no tuvo la decencia, siquiera, de invitar a algunas poetisas residentes en esta ciudad que están incluidas en su antología. El disparate me parece mayúsculo porque, entre las muchas ideas que Ileana Álvarez intenta esbozar en su prólogo una parece ser determinante: AUNAR

¿Cómo – entonces – se intenta aunar dejando fuera a las protagonistas?

El detalle más visceral en todo este entuerto entre Belkis Cuza Malé y la propia Ileana, se saltó las bardas cuando la segunda, en un intento de explicar tanto desatino político-cultural en Cuba durante estas décadas (me refiero a la segregación por motivos de muy diversa índole) dice:

“Entre una y otra escritora, el lector podrá conocer la obra de una extensa nómina de poetas: unas cultivadoras de las formas clásicas, otras con un discurso experimental; unas residentes en la isla, otras asentadas en otras latitudes del mundo; unas heterosexuales, otras lesbianas; unas conocidas, otras casi desconocidas; unas religiosas, otras ateas…  (2)

El mejunje a Belkis no le causó mucha gracia, y en un artículo aparecido en Martí Noticias – expresó:

“Yo no he dado mi autorización para esa antología. Ni para ninguna de ustedes, y mucho menos con supuestas poetas que no las conoce ni su madre y donde se excluyen a otras que son disidentes (…) Además, detesto las antologías racistas, sexistas, o lo que sea. No me interesa ser etiquetada por nada ni nadie. Soy un ser humano, no un sexo (…)” (3)

En este punto, es donde Belkis pierde la batalla. Primero, porque ser disidente no garantiza, per sé, calidad. Aunque yo la entiendo. En esta ciudad de Miami pululan falsos escritores que se atrincheraron en la publicación de sus memorias y sus catarsis, para ocupar un puesto dentro de la élite cultural de la ciudad. Una editorial como Neopress Club se ha cansado de publicar libros de estos disidentes, cuyo valor literario es nulo. Ponderar disidencia en detrimento del valor literario es un error cuyas consecuencias viven a diario muchos escritores en esa ciudad.

Sus palabras, de que la antología solo beneficiaría al régimen castrista, más parecen haber salido de la boca de un Miguel Saavedra trepado en su aplanadora frente al Versailles, que de la boca de una escritora como Belkis Cuza.

También se hace necesario aclararle a Belkis que ella no es quien para juzgar de “Don Nadie” a Fina García Marruz (por ejemplo) Su valía literaria, la de Belkis, se resume en tres menciones ganadas en concursos Casa de las Ámericas. Tres menciones de la cual rescataría su “Cartas a Ana Frank:”

Las otras dos menciones, Belkis, son solo eso: menciones.

(1) Ver más: Catedral sumergida, en Trabajadores.

(2) Idem.

(3) «Escritora rechaza firmemente participar en antología del régimen«, en Martí Noticias.

Rogelio Martínez Furé: Un Príncipe reyoyo como las palmas verdes

Con esa voz que raja oídos y quiebra pensamientos, Rogelio Martínez Furé se acerca a nuestras vidas para entregarnos lecciones sobre la existencia humana, en diversas formas: cantos, orikis, poemas, gritos, danzas…

El Príncipe de la etnología cubana acaba de recibir un reconocimiento nacional oportuno y sobre todo que hace justicia a los intelectuales de su generación y a su fecundo pensamiento. «Un cubano reyoyo como las palmas verdes», se define a sí mismo el Maestro.

Sirva este mínimo post para reconocer su grandeza y la deuda que tenemos con él las mujeres afrocubanas.

Foto de portada: Fotograma del documental El aché de las palabras de Féliz de la Nuez

¿Un fantasma en El Caribe?: Muerte y resurrección de Frantz Fanón en cuarenta años de lecturas cubanas

Por Roberto Zurbano

Mi última oración: ¡Oh, cuerpo mío, haz de mí, siempre, un hombre que interrogue!
(Fanon en Piel negra, máscara blanca)

Fue un pensador radical y un pensamiento crítico tan vertical no suele nombrarse en tiempos de consenso y conservadurismo. Sin embargo, es imposible silenciarlo, pues es muy difícil aplacar la rabia consciente, la confirmación histórica del odio personal y colectivo contra una comunidad que sentimos discriminada y el descubrimiento de una humillación estructurada, modernizada y siempre excluyente con los mismos capitales con que engordan las ideas racistas, coloniales, capitalistas y de las nuevas clases aun inclasificables que prosperan con el sufrimiento y la explotación ajenas, convirtiendo la vida de la mayoría de los seres humanos en materia prima de su felicidad y sus sofisticadas maquinarias de exclusión. Es decir, condenándonos, a la pobreza, la discriminación, la sumisión y otros horrores modernos.

Las ideas de Frantz Fanon todavía se consideran, desde la percepción de un pensamiento único, eurocéntrico e imperial, ideas despiadadas, irracionales y violentas ante esa ideología colonial que, históricamente, ha sabido justificar violaciones, maltrato, esclavización, sexismo, racismo y explotación de millones de mujeres y hombres a través de una orgánica cultura del poder; es decir, mediante la religión, las leyes, la tecnología, la política, la economía y todo imaginario posible, dispuesto a reducir cada subjetividad opuesta a dicho poder.

Frantz Fanon pertenece a esa casta de pensadores negros anticoloniales y antirracistas que integran Toussaint Louverture, José Antonio Aponte, Antonin Firmin, Antonio Maceo, Marcus Garvey, Sylvestre Williams, W.E.B Du Bois, C. L. R. James, Walter Rodney, Eric Williams, Pedro Deschamps Chapeaux, Jeddy Chagan, Walterio Carbonel, Stokely Carmichael, Alfie Roberts, Maurice Bishop, Michel-Rolph Trouillot y otros muchos, quienes desde el Caribe supieron convertir sus biografías personales y familiares en actos de concientización y emancipación colectiva de los pueblos negros donde nacieron, desde esa posición marcada por la deshumanización aprendieron a denunciar el entramado racista de sus épocas y países respectivos, desde emplazamientos críticos, epistemologías insurgentes y propuestas políticas emancipatorias que configuran un amplio proyecto antirracista que atraviesa la sociedad caribeña desde la Revolución haitiana hasta hoy.

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Foto de portada Bruno Cordioli

Denuncia: Contra el racismo en Costa Rica

Ilustración de Hugo Díaz, para una de las ediciones de Cocorí. Tomado de juliaardon.net
Ilustración de Hugo Díaz, para una de las ediciones de Cocorí. Tomado de juliaardon.net

Un llamado de respaldo a la lucha contra el racismo en Costa Rica

Hace algunos días en Costa Rica, la Comisión Permanente de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa, por solicitud de la Sub Comisión de Asuntos Afrodescendientes, espacio creado por esta Comisión y en el cual participan cuatro diputadas de Costa Rica; solicito que se sacara de escena una obra musical basada en un cuento muy reconocido de la literatura costarricense llamado Cocorí, el cual reproduce estereotipos raciales que minimizan y discriminan a los niños y niñas afrodescendientes. Por ejemplo, en una parte de la lectura la niña del cuento, una niña rubia blanca de ojos celestes hermosa como se describe, se encuentra con un niño negro (Cocorí) a quien lo confunde con un monito, o bien, en ediciones más recientes lo confunde con algo raro; y así otras cosas más se reproducen en el cuento. Esto ha significado que por generaciones nuestros niños y niñas afro tengan el estigma de “negrito/a” y se reproduzca la burla y la discriminación en las Escuelas.

Dado que esta lectura sigue siendo obligatoria para los niños y niñas de Costa Rica, está Sub Comisión también solicito que la misma se excluya del currículo escolar del primer y segundo ciclo de enseñanza y, a la vez se proteja el derecho que tienen todas las niñas y niños a una educación libre de estereotipos y de pre-juicios, tal como se consagra en la Convención Internacional de Derechos de los Niños y las Niñas ratificada por nuestro país hace décadas y en la Convención Internacional para la Erradicación del Racismo y la Discriminación. Así como los principios Constitucionales de Igualdad y No Discriminación, la Declaración y Plan de Acción de la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y todas las formas conexas de intolerancia firmados por nuestro país en 2001.

La polémica ha significado innumerables notas de prensa, caricaturas racistas, incontables comentarios en redes sociales que en su mayoría van dirigidos en contra de la población afrocostarricense y de quienes presentaron esta propuesta. Sin embargo, los mayores ataques están concentrados en las dos únicas diputadas afrodescendientes: Epsy Campbell Barr, activista por los derechos humanos de la población afro e integrante del Centro de Mujeres Afrocostarricenses y de la diputada Maureen Clark, también activista por los derechos de la población afro.

La Defensoría de los y las Habitantes de Costa Rica ha solicitado medidas de protección internacional tanto para Epsy como para Maureen, esto dado el alto grado de acoso y amenazas que tienen a nivel nacional sobre el tema. Ante esta difícil situación, estamos requiriendo el respaldo de la comunidad afrodescendiente de las Américas; para que mediante cartas dirigidas al Presidente de Costa Rica, CIDH, CERD, Comisión Permanente de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa, se manifiesten en contra de esta situación que violenta los derechos humanos de la población afrocostarricense y, además para que se resguarde la integridad física y emocional de las personas que han levantado esta lucha y se garantice el principio de una educación para la niñez libre de estereotipos y de prejuicios raciales. Hoy más que nunca requerimos del apoyo de todos y todas.

Naderías de hoy

Por Laidi Fernández de Juan

Le hizo lo que le hizo y ella se puso como se puso, por lo cual ella tuvo que responder como respondió, y todo acabó como acabó, porque él no se podía quedar como se quedó, ni ella dejar de decir lo que  dijo, y por eso cuando llegó la policía pasó lo que pasó, y los vecinos se escondieron como se escondieron, mientras ella gritaba como gritaba y los niños corrieron como corrieron y el gobierno se hizo como el que hacía, pero todos supieron que no pasaría nada, y que de nuevo él haría lo que haría, y ella iba a quedar como iba a quedar, porque siempre ha sido tan igual como ha sido siempre.

(Gran Premio del Concurso Internacional de Minicuentos “El Dinosaurio”, impulsado por el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso).

Tomado de Asamblea Feminista

Foto de portada: Liborio Noval. Tomada de La Jiribilla

Libros de Editorial de la Mujer en la FIL 2015

LENGUAJE VISUAL DE LA VESTIMENTA-2Por Marilys Suarez Moreno

Para esta vigésima cuarta edición de la Feria Internacional del Libro, la Editorial de la Mujer  ofrece variados y atractivas publicaciones. Sabor y Color y Lenguaje Visual y Vestimenta son dos  títulos que seguramente atraerán la atención de  quienes asisten a esta fiesta de las letras. El primero de ellos, de Paula Moraima González Zamora califica como un libro de cocina ecológica, el cual persigue que la población conozca la diversidad que existe en las elaboraciones con vegetales y hortalizas, como un modo de elevar la cultura vegetariana y diversificar la mesa con múltiples y sencillas recetas que ayudaran a balancear sus comidas para que sean más nutritivas y saludables.

Mientras que Gladys Gómez Regüeiferos  nos tienta con El lenguaje visual de la vestimenta y cómo favorece está a la construcción de una imagen aparencial, a la vez que reflexiona sobre cómo se asumen las tendencias de la moda. Es objetivo de este texto orientar, instruir, acerca de los aspectos esenciales del cuidado de la imagen, partiendo de que no es solo la figura el soporte, sino el espíritu con el cual se asumen determinadas tendencias y estilo de la moda.

Por su parte, nuestra colega Gladys Egües, nos trae Tradiciones al rescate., texto con propuestas para la salud y la buena imagen y, sobre todo, consejos para aprovechar la medicina natural. Tejer a crochet un muy demandado material, en este caso, un acabado periolibro que describe los pasos  a seguir para elaborar tejidos con ese añejo arte. De seguro llenara las expectativas de las y los lectores.

A los  más pequeños de la familia les espera muchas novedades. Entre ellas, Cuentos de muñeca, de Magaly Sánchez Ochoa, que inspirado en  la muñeca negra de José Martí compila importantes cuentos de escritores del patio, además de una destacada autora de libros infantiles de Islas Canarias. El libro, bellamente ilustrado, tiene como valor agregado varios juegos de Cuquitas. También Los gnomos están tristes, del joven escritor guantanamero EldysBaratute Benavides. Las historias  que aquí se narran mezclan la fantasía con la realidad cotidiana. El libro, además, posee admirables ilustraciones del joven artista de la plástica Maykel Herrera.

Destinado a estudiantes de  Secundaria Básica  y Preuniversitario, el cuaderno de actividades de Mabel Dorta de la Rosa, Acompañarte a la escuela No. 3. Gramática práctica, resultará de mucha utilidad para consolidar de forma entretenida, los conocimientos recibidos sobre esta disciplina en las clases de estos grados.

El Acompañarte a la escuela No. 4. Para las niñas y los niños de los primeros grados. Texto de los autores Ovel Martínez Carmona y Mabel Martínez Sánchez que esta destinado  a la familia y al personal docente que atiende a escolares de estos grados. Cuaderno de trabajo que de forma lúdica ayuda a sistematizar y afianzar los conocimientos adquiridos en la escuela.

Vamos a divertirnos. Con obras de arte para coleccionar, de Nerys Pupo Pestana. Un bellísimo proyecto que vincula el arte con la literatura y que cuenta con la colaboración de varios artistas de la  vanguardia contemporánea. El proyecto incluye la impresión de cada una de las obras que aparecen en el libro como afiches o pancartas, aprovechables para adornar habitaciones  y aulas escolares., lo que le otorga un valor agregado de gran utilidad.

Cada una de estos títulos será presentado y firmados por sus autores el próximo día 14 a las 10 de la mañana en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, del Vedado. una de las subsedes habaneras de este Festival Internacional del Libro, que tiene como país invitado a la India y está dedicado a la historiadora y ensayista Olga Portuondo y a Leonardo Acosta, músico y ensayista de esa rama artística.

Tomado de Revista Mujeres