Apuntes biográficos sobre Ana Mendieta

Por: Guillermina Ramos Cruz

El 1 de enero del año 1959 se produjo una Revolución que trajo como consecuencia una transición política en Cuba. Debido a esos cambios, se replantearon aspectos concernientes a la propiedad privada, a los partidos políticos y al sistema gubernamental. Todo ello trajo consigo tensiones sociales. Como preámbulo de estas contradicciones surgió el tema de la “Patria Potestad” que, en esencia, y producto a una campaña implementada por Estados Unidos y la Iglesia Católica local, ponía en tela de juicio el derecho de los progenitores sobre sus hijos. Por esta razón los padres de Ana y de Raquel Mendieta decidieron incorporarlas en la que fue denominada “Operación Peter Pan”. Dicha operación, consistió en que niños y adolescentes fueran trasladados hacia Estados Unidos de América, cumpliendo el deseo expreso de sus padres o tutores.

Ana tenía solo 13 años y Raquel 15 años; ambas salieron de Cuba el día 11 de septiembre de 1961, junto a otros niños y adolescentes quienes vivieron en distintos orfelinatos, casas de acogida y residencias familiares hasta la mayoría de edad. Según algunas cifras se dice que salieron de Cuba entre 14,000 y 25,000 niños.

Ana Mendieta realizó estudios superiores y se graduó en la Universidad de Iowa. Desplegó su creación artística a través del dibujo, la pintura y las instalaciones, su labor más significativa ha sido a través de las acciones plásticas, performancese intervenciones, realizados en espacios de la naturaleza, expresiones del arte de la tierra, representaciones efímeras que fueron captadas mediante fotografías y videos. Realizó su primera exposición personal en 1971. Desde los inicios de su labor artística las propuestas de sus performances estuvieron enfocadas en el tema de la mujer, sobre la figura femenina, vinculada al concepto de Madre Tierra.

Su vida y obra están íntimamente relacionadas, sus vivencias personales estuvieron marcadas por el tránsito hacia Estados Unidos y la necesidad de reencontrarse con sus raíces en Cuba.

Por esta búsqueda su obra fue siempre autorreferencial, marcada por una resiliencia, por la necesidad de expresar su irrevocable articulación a la tierra, a las fuerzas de la naturaleza, enfocadas a través de la tradición secular de la tierra como mujer, como Madre Nutricia. La tierra por su constante alusión a la naturaleza, como relación con la tierra donde nació, y un marcado sentimiento de pertenencia.

Asimismo exploró, mediante la fotografía, la denuncia contra la violencia de género, conociendo cómo a nivel social se ocultaban las situaciones que acontecían sobre los abusos y las violaciones hacia las mujeres, y sobre la negación de la igualdad de los derechos en el ámbito laboral.

Entre su vida y su creación, se interrelacionan algunas tendencias artísticas de los años 70 a la década de los 80, como el Land-Art y el Earth-Art, aunque ninguno de los artistas que hicieron alusión a la Naturaleza hayan tenido las fuertes motivaciones espirituales y conceptuales que desplegó esta creadora cubana a través de toda su obra.

Desde su graduación en la Universidad de Iowa comenzó a realizar performances sobre la violencia de la mujer, y los problemas que históricamente han pesado sobre la figura femenina, presentada como objeto de culto a la sensualidad,  como típicamente dedicada a las labores domésticas, figura de ama de casa y a todo lo relacionado con los Mass Media, donde se representaba a la mujer como imagen propia del erotismo y del consumismo.

Desde 1972 comenzó a realizar las “improntas de vidrio” sobre cuerpo. Mendieta se hacía retratar con su rostro comprimido sobre un cristal, como imagen deformada, alejada de los esquemas comerciales de belleza de la mujer. Otra de estas representaciones en performances fue la muerte de un pollo. Ana sosteniendo próxima a su cuerpo al ave que sangraba a la altura del pubis y dejaba la huella de su sangre sobre la piel de la artista.

En 1973 realizó acciones en zonas agrestes de Oaxaca, México. Allí se cubrió desnuda, con una tela dando la noción de estar completamente ensangrentada, con el corazón de un animal sobre su pecho. En el mismo año se presentó ella misma, con todo su cuerpo cubierto de unas florecillas blancas, acostada en un páramo, en una posición hierática.

Asimismo, en 1973, desplegó la acción “Autorretrato con Sangre”, cuyas imágenes documentan el rostro de Ana Mendieta cubierto de sangre, aspectos que denuncian la violencia de género.

En este recuento podemos recordar “Flores en el cuerpo” (1973), una acción donde la artista aparecía yacente, con el cuerpo situado entre las rocas, la tierra y la vegetación, cubierto de florecillas blancas.

Como reacción contra la violación de una estudiante de la Universidad de Iowa, realizó una acción donde se presentaba a sí misma ensangrentada, de la cintura hacia abajo, como denuncia contra las violaciones de mujeres. Estas expresiones de Ana Mendieta coinciden con hechos que sucedían con frecuencia en la sociedad norteamericana; acrecentando sus inquietudes personales por el desarraigo debido a la salida de Cuba, a la separación de sus padres y de su ámbito socio-cultural.

En la foto, de izquierda a derecha: Kaky Mendieta (prima), Elvin Cambó (prima), Paulette Oti (tía), Ana Mendieta, Raquel Costa (tía). Cortesía de Tony Mendieta e Iraida López

En 1976 Mendieta se presentó desnuda con su cuerpo cubierto de barro, mostrándose contra un árbol milenario, naciendo de esta naturaleza. Esta propuesta formó parte de la serie “Árboles de la Vida”.

Asesorada por Hans Breder, su profesor y amigo, viajaron a México, donde comenzó la investigación sobre las culturas prehispánicas y las aztecas. Estas indagaciones la condujeron a profundizar en las deidades femeninas, en la Madre Tierra como mujer, en la vida y la muerte. Desde esta fecha comienza a desplegar la Serie “Siluetas”, afirmadas en la tradición del Árbol de la Vida, proveniente de sus investigaciones sobre las culturas prehispánicas.

Durante los cortos años de su existencia, su obra se mantuvo activa en la proyección de los performances. Ana Mendieta pudo viajar a Cuba en 1981, acogida por los jóvenes artistas del “Grupo Volumen I”. En Jaruco realizó siluetas talladas en la piedra, en la zona llamada “Escaleras de Jaruco”. En esta ocasión talló imágenes recreando Siluetas de las deidades femeninas de la cultura de los primeros pobladores de la Isla de Cuba, los Taínos.

Podemos afirmar que la presencia de Ana Mendieta en La Habana coincidió con la inauguración de la exposición “Retrato de México”, inaugurada el 17 de enero de 1981, en el Museo Nacional de Bellas Artes, a la cual asistieron muchas personas, y dentro de ese público estuvo Ana Mendieta.

Apoyada por algunos jóvenes, Ana Mendieta realizó una exposición personal en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, en el año 1983. El texto del catálogo está firmado por Alberto Quevedo, especialista de arte en dicho Museo en aquel entonces. Existe en el Archivo del Museo Nacional de Bellas Artes un breve catálogo como testimonio de aquella exhibición.

Ana Mendieta escribió: “Mi arte se basa en la creencia de una energía universal que corre a través de todas las cosas. (…) Mis obras son las venas de la irrigación de ese fluido universal. A través de ellas asciende la savia ancestral, las creencias originales, la acumulación primordial, los pensamientos inconscientes que animan el mundo. No existe un pasado original que se deba redimir: existe el vacío, la orfandad, la tierra sin bautizo de los inicios, el tiempo que nos observa desde el interior de la tierra. Existe por encima de todo la búsqueda del origen.”

La existencia de Ana Mendieta delineó su obra, la marcó definitivamente. Su matrimonio con el artista Carl Andre, en Roma, fue quizás una decisión fallida por parte de ella. Matrimonio que tuvo un trágico final (¿suicidio o asesinato?), cuando su cuerpo descendía vertiginosamente desde el piso 34 de un apartamento en Nueva York, minutos después de discutir con Carl Andre, en 1985. El único testigo y potencial causante de la muerte de Ana Mendieta fue juzgado y Carl Andre, tras un juicio que se prolongó tres años, finalmente resultó absuelto.

Nota:

Raquel Mendieta, hermana de Ana Mendieta, escribió un texto autobiográfico donde relataba lo que les sucedió cuando llegaron a Estados Unidos de Norteamérica.

Quienes pudieran tener en su poder algunas fotos correspondientes a la visita de Ana Mendieta en La Habana, en febrero de 1981, pueden ser el crítico de arte Gerardo Mosquera, los artistas cubanos José Bedia, Juan Francisco Elso Padilla (ya fallecido),  Ricardo Rodríguez Brey, Gustavo Pérez Monzón, Rubén Torres Llorca, Leandro Soto,  entre otros jóvenes cubanos de la generación de los años 80, que expusieron con el Grupo Volumen I.

De la inauguración de la exposición de Ana Mendieta en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1983, no hay imágenes, ya que en el archivo de esta institución solo aparece el catálogo y no está acompañado de ninguna foto.  

Foto: Ana Mendieta (Cortesía de Galeire Lelong, New York)

Tomado de Cubaposible.

¿Importa el color de la piel?

Por Alain Darcout

En la sección científica del Grupo SERES, de la Sociedad de Psicólogos de Cuba, el panel ¿Importa el color de la piel? se aproximó a la realidad cubana de los estigmas, discriminación e inequidades por el color de la piel.

A pesar del compromiso de la Revolución desde sus inicios, el camino de la construcción de una sociedad más justa ha sido azaroso, más aun en medio de fuertes determinantes económicos e históricos que terminaron por reproducir las desigualdades sociales en los grupos y territorios que nunca superaron su vulnerabilidad (o como dijo Fidel al abordar este tema en el libro un Grano de Maíz de Tomas Borge, que reconoció que fueron ingenuos, al tratar de solucionar un problema tan complejo y enraizado solo con la prohibición legal..)

Sin embargo, lo peor, sin dudas, es que en momentos en que pretendemos (necesitamos) “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, desde los círculos de poder más conservadores se pretenda silenciar este problema asociándolo al juego ideológico que debilita y desune, pues lo que no se nombra no existe y por tanto no se hace nada para modificarlo.

Tres ponencias: “El color de la piel: de la biología a la ideología” del Dr. Antonio J Martínez Fuentes de la ENSAP, “Cuando el color sí importa; “Un análisis a las políticas de acceso a la educación superior” de la Dra. Yulexis Almeida Junco de la Facultad de Sociología de la UH y “SERES: creando espacios, abriendo mentes” de la Lic Norma R. Guillard Limonta Presidenta de SERES, sección de la Sociedad Cubana de Psicología, nos acercaron primero en las posiciones antropológicas que sustentaron la existencia de razas en el homo sapiens sapiens, lo que fuera totalmente desmentido por la Biología, por ello la “raza” es una construcción social elaborada sobre la base de elementos físicos externos e ideológicos, una biopolítica con el fin de perpetuar la hegemonía de un grupo sobre otros, representando asimetrías de poder de carácter estructural.

Foto: Alain Darcout

Posteriormente se presentaron resultados de investigaciones que revelan cómo, en el acceso a la educación superior, determinados grupos como (mujeres, negros y población LGBTI) enfrentan desventajas que mantiene deprimidas las cifras de ingreso en relación con su proporción en la población total. Dicha situación se agrava cuando se combina con otros factores: económicos, familiares, políticas públicas, aspectos selectivos de carácter meritocráticos ante las dificultades de recursos y/o de calidad de la formación en las universidades.

Sin tener en cuenta las desigualdades acumuladas, se refuerzan entonces las inequidades; dado que mayores niveles educativos no solo dan credenciales para el empleo, sino también elementos de análisis crítico de la situación social y herramientas para la transformación social.

Por último, se discutió el papel de la psicología como ciencia para comprender la resonancia que a nivel personal tiene la discriminación por el color de la piel y evidenciar de modo crítico la trasmisión de estereotipos por la escuela y los medios de comunicación, en tanto instancias socializadoras sin herramientas para para lograr mayor efectividad en la deconstrucción de los estigmas asociados al color de la piel.

También se señaló la relevancia de asumir la existencia de discriminación por color de la piel en la sociedad cubana contemporánea, la cual no significa desunir la nación sino al contrario, contribuir a reforzar la verdadera identidad nacional y la construcción de ciudadanías plenas con mayor participación política y acceso a los derechos, en el propósito de alcanzar mayor equidad y justicia social.

Foto de portada: j-No

“Nosotras paramos, no nos felicites”. Activismo y privilegios en torno al 8 de marzo

Por Lissette Gutiérrez
¿Cómo podría el feminismo convocar formas más inclusivas de acción y conmemoración por el 8 de marzo? Esa pregunta me la estoy haciendo hace varios años, cada vez que mi Facebook se inunda de lecciones gráficas, con cierta dosis de autoridad discursiva, donde se dicta qué es legítimo hacer y qué no este día. Se prohíbe regalar flores, felicitar y celebrar. Se invita, en cambio, al paro y la abstinencia en el consumo.

Cuando pienso en las prohibiciones, me viene a la mente una foto, que recibí hace unos años cuando vivía en México, de las viejas de mi familia, sentadas en el portal de mi casa en Güines “celebrando el día de la mujer”, sonrientes y con un vaso de refresco en la mano. Ellas no estudiaron género, ni teoría crítica, ni estudios postcoloniales. Pero, como muchas otras mujeres, se han apropiado de esa efeméride como un pretexto para juntarse, disfrutarse, pasar un buen rato, y celebrar algo que -aunque no conozcan los detalles fundacionales de su significado- saben que tiene que ver con ellas, que las incluye y las nombra. ¿Qué autoridad tengo yo, o cualquier otra feminista ilustrada, para venir a decirles que su conducta no es apropiada, y educarlas en la forma correcta de portarse el día de la mujer?

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No quiero ser malinterpretada: por supuesto que entiendo la importancia de reflexionar, recuperar el sentido histórico de los días señalados, politizar la cotidianidad, y hacer outreach en los grupos más expuestos a absorber y reproducir los estereotipos machistas. Pero entre esto y actuar como policías ideológicas con el derecho y el deber de guardar la corrección política, hay una gran diferencia. Tengamos siempre presente que el vocabulario que manejamos, las teorías que citamos, los hechos históricos que conocemos, y los argumentos que podemos tejer en una discusión, son en gran parte el resultado del acceso privilegiado que hemos tenido a cursos, a información, a bibliografía y a espacios de discusión que no han estado al alcance de muchas de esas personas que ven el 8 de marzo como un día para intercambiar flores, poemas y felicidades. Debatamos y cuestionemos, sí, pero con respeto y humildad. Y sobre todo aceptemos que los sentidos y las vivencias conmemorables relacionadas con el ser mujer son múltiples y diversas, y las feministas con postgrado no tenemos un monopolio sobre las formas de expresión de esos sentidos y vivencias en todas las mujeres que nos rodean.

Venir a vivir a Miami, y recorrer el camino de una migrante regular, que tiene que abrirse paso y encontrar espacios profesionales en un mercado laboral extranjero, sin garantías de ningún tipo, sin trayectoria previa en el país, en un momento donde las oportunidades de trabajos estables y protegidos son cada vez más escasas y están cada vez más concentradas en sectores específicos, me ha permitido confirmar algo que ya venía sospechando desde mis años en la universidad: lo sesgada que está nuestra visión, cuando nos movemos en un entorno académico, de las realidades fuera de la torre de marfil. En esta comunidad migratoria miamense me he reencontrado con amigas, ex colegas, parientas y conocidas, que me ayudaron a navegar el mercado laboral de esta ciudad. Me mostraron mis posibles oportunidades, me enseñaron a escribir un resume, me pusieron en contacto con empleadoras/es, me recomendaron, y me dieron ánimo y confianza porque “tú has estudiado mucho, eres muy inteligente y ya verás que te va a ir muy bien”. La mayoría de ellas vinieron directamente de Cuba, o pasaron antes por otro país, pero no tuvieron una beca que les permitiera dedicarse a leer y estudiar. O estudiaron ciencias exactas y son parte de esa estadística aún minúscula que tanto nos enorgullece y que tanto quisiéramos ver aumentar, pero no han sido iniciadas en el lenguaje de los estudios de género y las políticas de identidad. Son precisamente muchas de esas mujeres quienes hoy me mandan flores, GIFs con estrellitas, y mensajes de felicidades. Y aunque la lectura de esos mensajes me haga imaginar a mis ídolas feministas revolviéndose en sus tumbas, no puedo responderles otra cosa que “gracias” e “igualmente”.

En cuanto a las invitaciones oficiales sobre lo que sí se debe hacer este día, desde el año pasado estoy sintiendo que la campaña de “Un día sin mujeres” tiene también muchas cosas para matizar y cuestionar. La opción de preferencia que esta campaña ofrecepara conmemorar el 8 de marzo es no realizar ningún tipo de trabajo -remunerado o no- durante este día. Otras formas de participación consisten en abstenerse de comprar en los grandes mercados o corporaciones, y vestirse de rojo en solidaridad con la marcha.  En algún lugar leí también que las que no pudieran parar colgaran un delantal en el balcón en señal de apoyo.

En el sitio web de la campaña aparece una lista de preguntas frecuentes, donde una de ellas es: “¿Qué hay de las mujeres que no pueden permitirse tomar el día libre del trabajo o las que temen ser despedidas?” Se responde enseguida: “que muestren su apoyo vistiendo rojo en solidaridad el 8 de marzo”. Más adelante se dice que algunas del 82% de mujeres que se convierten en madres, especialmente las madres solteras, pueden no tener la opción de negarse a realizar un trabajo remunerado o cuidado infantil no remunerado el 8 de marzo. Y sentencian: “nosotras paramos por ellas”. La respuesta continúa en otro párrafo, admitiendo que muchas mujeres en nuestras comunidades más vulnerables no tendrán la capacidad de unirse a la huelga, debido a la inseguridad económica. Y vuelve: “nosotras paramos por ellas”. Se menciona también que muchas otras realizan trabajos que brindan servicios esenciales, incluidos servicios de salud reproductiva, y la interrupción de ese trabajo tendría un gran costo social. Sobre estas mujeres, las organizadoras de la campaña afirman: “reconocemos el valor de su contribución”.

¿En serio? ¿Ustedes “paran por ellas” y “reconocen el valor de su contribución”? El ligero escalofrío que pudieran darme las flores y las estrellitas es insignificante al lado del corto circuito que me genera, a estas alturas del partido, que unas feministas se autoproclamen representantes de otras en algún tipo de acción pública, y se atribuyan la autoridad de determinar el valor de las contribuciones ajenas. Me viene ahora a la mente GC Spivak con su eterna pregunta sobre si pueden hablar los subalternos, como el dejavu de un escollo recurrente que el feminismo parece no acabar de superar.

Y al parecer, mucha gente antes de mí ha mencionado ese corto circuito, porque la siguiente pregunta frecuente en la lista de “Un día sin mujeres” es si la participación en el paro es una cuestión de privilegios. La respuesta comienza señalando que, a lo largo de la historia, la resistencia económica ha sido más efectiva cuando la realizan directamente las personas afectadas, y enumera algunos ejemplos. Luego se acepta que las identidades que se cruzan entre las mujeres significan una amplia diferencia de privilegios. Esto lleva a las voceras de la campaña a emitir un enunciado aparentemente inclusivo: “Todos tienen un papel para jugar”. Por un lado, “las mujeres y los aliados con mayor privilegio están llamados a aprovechar ese recurso para el bien social el 8 de marzo”, y por otro “la participación de todos significa un compromiso igual con el día, especialmente aquellos que experimentan una mayor vulnerabilidad a la discriminación y la exclusión”. Más adelante, se subraya la posibilidad de que algunas mujeres sean despedidas, y se nos recuerda que “nada viene sin un sacrificio”. A pesar de esto, se reconoce que “las mujeres de color, las mujeres con discapacidad, LGBTQIA y las personas no conformes con el género, los musulmanes y otros grupos vulnerables corren un riesgo mucho mayor de represalias del empleador”. A continuación, se plantea que “debemos ser diligentes y velar el uno por el otro, utilizando nuestro privilegio en nombre de los demás cuando sea necesario”. Y el análisis se cierra con el planteamiento de que “el activismo social no es un privilegio. Es una necesidad nacida de un imperativo moral y una amenaza inminente”.

Esta reflexión en torno a la relación entre activismo y privilegios en una convocatoria de acción política me ha dejado con un mal sabor de boca. Me recuerda demasiado a las formas de neorracismo y micromachismos que, en lugar de desmantelar discriminaciones, las rearticulan de maneras más sutiles y eficientes, que puedan cumplir los requisitos de lo políticamente correcto, y continuar distribuyendo jerarquías a partir de formas y métodos que resulten menos evidentes y amenazantes. “Un día sin mujeres” reconoce el privilegio, sí, pero en lugar de interrogarlo lo normaliza, y lo utiliza como criterio válido para crear un espectro de formas posibles y jerarquizadas de participación, donde para algunos grupos de mujeres y aliados se genera el espacio de “aprovechar  sus recursos para el bien social”, “ser diligentes” y “usar el privilegio en nombre de los demás”; mientras que a otros grupos se les genera el espacio de “hacer un sacrificio”, “exponerse al riesgo de represalias por parte del empleador”, o de lo contrario, “ser representadas” y recibir la garantía de que su ausencia estará justificada, como la del estudiante que el siguiente día de clases lleva a la escuela el papel del médico.

Como parte de su afán por presentar un lenguaje de inclusión, “Un día sin mujeres” lista ese rosario tan familiar de categorías sociales que representan el cliché de la vulnerabilidad en el mundo contemporáneo: las mujeres de color, las mujeres con discapacidad, LGBTQIA, las personas no conformes con el género y las musulmanas. Me viene ahora a la mente S Mohanty, con su crítica al discurso humanista de las feministas occidentales, que presenta una noción homogénea de la opresión de las mujeres como grupo, bajo la idea de “mujer promedio del Tercer mundo”. Esa mujer promedio lleva una vida sexualmente constreñida, es ignorante, pobre, sin educación, limitada por las tradiciones, doméstica, restringida a la familia y víctima del patriarcado, todo lo cual la distingue, implícita y sustancialmente, de la mujer occidental educada, moderna, que controla su cuerpo y su sexualidad y tiene la libertad de tomar sus propias decisiones. En un tono similar, para “Un día sin mujeres”, la opresión y vulnerabilidad femeninas son encarnadas por las mujeres de color, con discapacidad, LGBTQIA, no conformes con el género y/o musulmanas.

Más que esta lista de arquetipos interpelando de forma superficial a los distintos grupos de mujeres desde sus dispares condiciones de vida y las dispares posiciones que ocupan en la sociedad, transmitiendo implícitamente el mensaje de que “las cosas son así, vengan a marchar si pueden, y si no, no pasa nada, nosotras vamos por ustedes”, a mí me hubiese gustado encontrar oportunidades más explícitas, comprometidas y responsables para nombrar, describir y analizar esas disparidades y las diferentes formas en que nos afectan. Yo, en particular, no puedo parar porque ahora mismo no tengo trabajo. Mi proyecto profesional actual depende de múltiples autorizaciones y procesos burocráticos, y ahora me encuentro en espera del -ojalá- último papel. Como mujer profesional migrante luchando por orientarme en los laberintos del empleo calificado en Estados Unidos, me gustaría no ser reducida a un estereotipo condescendiente de migrante oprimida; y me gustaría también que la simpatía y solidaridad de otras mujeres no esté teñida por ese estereotipo ni por la idea de que pueden y deben parar hoy en nombre mío.

Otra vez pido que no me malinterpreten: a mí me encanta que quienes puedan y quieran parar, paren. Pero más que ver a todas las paradas repitiendo y reposteando los mismos eslóganes, y a algunas asumiendo que están representando a las ausentes, me gustaría leer testimonios sobre qué implicó exactamente para ellas parar. ¿Qué arreglos y planificaciones tuvieron que hacer en sus trabajos y en sus familias? ¿Qué resistencias y qué apoyos encontraron? ¿Cómo negociaron la interrupción de sus actividades? ¿Qué consecuencias esperan enfrentar por haber parado? ¿Va a tener algún impacto en sus ingresos y/o en su situación laboral ese día que dejaron de trabajar? ¿De qué otras formas enfatizaron el significado del 8 de marzo? ¿De qué otras formas les gustaría enfatizarlo el año próximo? Para mí, es legítima la opción del paro, así como el orgullo de participar en él, pero la transparencia y la honestidad acerca de las posibilidades e implicaciones concretas de esa participación lo hace más legítimo aún, porque visibiliza el privilegio, lo acepta, lo ubica, y ayuda a cerrar las brechas de identificación entre quienes paran y quienes no.

Esta preocupación por el vínculo entre activismo y privilegio no es exclusiva del paro del 8 de marzo. Ha estado presente también en las discusiones sobre otros movimientos recientes, como #Metoo y #Neveragain. Mucha gente ha resaltado la situación extraordinaria de las actrices de Hollywood al contar con una plataforma tan poderosa para propagar su denuncia al acoso sexual, a diferencia de otras mujeres que han vivido experiencias similares y también han intentado exponer a sus agresores. Igualmente, se ha llamado la atención sobre cuán condicionada ha estado la actuación de los chicos y chicas de Parkland después del tiroteo en su escuela, a los recursos educativos y materiales a los que han tenido acceso. Incluso se ha comparado el impacto del Never Again con el Black Lives Matter, resaltando los diferentes efectos que han tenido ambos movimientos al generar simpatías y alianzas por la protección de las vidas de los jóvenes en los Estados Unidos.

Aunque tales debates siguen vigentes, movimientos como el Me too y el Never Again tienen una fuerza de convocatoria que, en mi opinión, no depende únicamente de la posición social aventajada de sus iniciadoras/es, y que a “Un día sin mujeres” le falta. Estos otros movimientos se han centrado en problemas muy específicos y han generado estrategias discursivas para definirlos de manera clara y precisa. Sus expresiones públicas han favorecido la horizontalidad al crear posibilidades de identificación. Las acciones de convocatoria masiva se han agendado en fines de semana, y -hasta donde conozco- no se ha solicitado ningún tipo de participación que implique evidentemente poner en riesgo la situación económica y laboral de las/os participantes. No se han hecho llamados al sacrificio, ni se han repartido roles asimétricos de representantes y representadas/os. Tampoco se han sugerido vínculos esquemáticos entre vulnerabilidades y categorías identitarias. Y es que la convocatoria al activismo pierde parte de su legitimidad cuando invita a formas de participación que amenazan la seguridad y el bienestar de quienes participen, especialmente cuando de antemano se sabe que no todas/os las/os activistas corren los mismos riesgos ni enfrentan los mismos obstáculos al participar, y cuando estas diferencias sólo se mencionan de pasada, sin generar una discusión al respecto y sin plantearse la posibilidad de concebir alternativas de acción que neutralicen esas disparidades, al menos en las formas simbólicas del protagonismo.

Por lo tanto, mi modesta sugerencia para un día como este, que toca tantas sensibilidades y entrecruza tantos significados, es que antes de inundar las redes sociales con memes aleccionadores y hashtags, mostrando cuánto sabemos de feminismo y de la verdadera historia del 8 de marzo, cuán dispuestas estamos a sumarnos al paro, o cuánto lamentamos no podernos sumar, hagamos una pausa para cuestionarnos las formas en que el activismo está ligado al privilegio en la experiencia inmediata de cada una, sin que esto implique desestimar que además -y ante todo-, está ligado al valor y al compromiso de pronunciarnos a favor de una causa social e involucrarnos lo suficiente en ella como para buscar información, cambiar el vocabulario, y hacer esfuerzos para acomodar la vida personal y profesional en torno a ella. De esta forma estaremos contribuyendo a que el 8 de marzo, y el feminismo en general, sean una sombrilla gigante que cubra por igual y sin jerarquías a quienes denuncian violencias y reivindican derechos, a quienes reciben flores y hacen fiesta, a quienes paran, y a quienes no pueden o no quieren parar.

#feminismohorizontal

#8demarzoinclusivo

Lisett Gutierrez

8 de marzo 2018

Tomado de La cuchareta.

Foto de portada: Eric Parker

Documentales sobre personalidades afrocubanas se exhibirá en Festival “Santiago Alvarez In Memoriam”

Del 15 al 21 de marzo del 2018 tendrá lugar en  Santiago de Cuba el Festival Internacional de Cine Documental “Santiago Alvarez In Memoriam”. El mismo estará dedicado a homenajear la Premio Nacional de Literatura  Nancy Morejón.

En el marco de dicho evento, serán exhibidos cinco documentales de la prolifera realizadora y productora Juanamaría Cordones-Cook, quien además es profesora de Literatura y Lenguas Romances en la Universidad de Missouri.

Las obras a exhibirse se listan a continuación:

El mundo mágico de Mendive (Cuba 2015), ca. 40 minutos con subtítulos en inglés. El documental ofrece una perspectiva única en el mundo personal y artístico de Manuel Mendive, el más celebrado artista plástico cubano. Creador en varios géneros, el dibujo, la pintura, la pintura del cuerpo desnudo, escultura blanda y en metales y maderas, instalaciones y performances, Mendive es un sacerdote de la santería cuya espiritualidad permea toda su obra. Este documental muestra la amplia gama de su creación incluyendo su última performance en La Habana, Las cabezas (mayo 2012). Asimismo Mendive aparece pintando en su estudio y también en medio de su bosque tropical, a la vez que ofreciendo comentarios inéditos sobre su vida, los elementos africanos en su arte, sus estéticas y su profunda subyugación con el proceso creativo. El filme es enriquecido con comentarios de prominentes intelectuales cubanos Adelaida de Juan, Pablo Armando Fernández, Nancy Morejón y  Yolanda Wood, además de música de Ulises Hernández y Argeliers León.

Choco (2014), ca. 29 minutos con subtítulos en inglés. Presentación de Eduardo “Choco” Roca Salazar, artista plástico que encarna el éxito cultural de la Revolución cubana en su promoción de las artes. De origen muy humilde en una aldea de la Provincia de Oriente cubana, Choco se graduó del Instituto Superior de Arte y ha llegado a ser un celebrado grabador en su realización de colagrafías. El documental lo muestra  trabajando en su taller en La Habana Vieja, recorriendo su ciudad y visitando la escuela de arte, a la vez que exhibe una amplia gam a de su creación desde los inicios de su carrera artística. El filme es enriquecido con lecturas de Nancy Morejón y Pablo Milanés, y con la música creada especialmente para Choco por Miguelito Núñez.

Diago, artista apalencado (2013), ca. 28 minutos con subtítulos en inglés. Presentación de un prominente artista, Juan Roberto Diago (1972), que crea empleando materiales desechables. Diago comprende las posibilidades creativas del reciclaje y del bricolage, además enriquece sus imágenes yuxtaponiendo graffiti con sentido racial desafiante. Se ha autodesignado “artista cimarrón” y su arte resulta en un acto de “resistencia cultural”. En este documental, Diago abiertamente comenta sobre temas de raza y pobreza en la Cuba de hoy en día, y en su  representación en sus cuadros, fotografías e instalaciones.

Cimarroneando con G.H. (2011), 30 minutos con subtítulos en inglés. Franca y abierta entrevista con la poeta Georgina Herrera (Jovellanos, Cuba, 1936) comentando memorias personales, temas de género, relaciones raciales y racismo en la Cuba socialista. El film incluye imágenes de la poeta en diferentes mom entos de su vida, con máscaras y objetos de arte  africanos del Museo de Arte y Arqueología y el Museo de Antropología de la Universidad de Missouri. La música fue compuesta y ejecutada para este documental por el Profesor Anthony Glise.

África en la danza moderna cubana: Eduardo Rivero (2017), ca. 42 minutos con subtítulos en inglés. El film documenta la historia de vida y el legado artístico del emblemático bailarín y coreógrafo cubano Eduardo Rivero Walker (1936-2012) contados por él mismo en una entrevista inédita y por quienes lo conocieron: Alberto Lescay, Santiago Alfonso, Nancy Morejón, Isidro Rolando y Natalia Bolívar, entre otros. Representante de la generación fundacional de la danza contemporánea en Cuba, Eduardo Rivero desarrolló una técnica muy singular para bailar y enseñar. Fue un creador de clásicos inolvidables de la danza contemporánea y maestro de generaciones de grandes bailarines a lo largo de toda Cuba y el Caribe. Los testimonios de personalidades de la cultura de la Isla se entremezclan con imágenes de este gran artista bailando y de varias de sus piezas clásicas Súlkary, Okantomí, Duo a Lam, entre otras, configurando un gran fresco que muestra la dimensión única de quien fue -y sigue siendo, a pesar de su muerte- un Maestro de la Danza Cubana.

Con información ofrecida por Juanamaría Cordes-Cook.

El fetiche de las mujeres negras

Por 

Los cuerpos de las mujeres negras siempre han sido sometidos al white gaze (mirada blanca). Esta mirada blanca históricamente proviene de la esclavitud y de la colonización, que desde el inicio ha representado a los cuerpos negros como animales salvajes e hipersexuales; lo que se utilizó por ejemplo para justificar las violaciones de las mujeres negras y el linchamiento de los hombres negros durante la esclavitud y la post-esclavitud.En efecto, las mujeres negras eran vistas como personas que no podían controlar sus deseos sexuales; las típicas Jezebel al contrario de las mujeres blancas que eran vistas como vírgenes y santas. Violar a una mujer negra era casi como hacerle un favor y la mujer blanca siendo santa y pura tenía que ser protegida del hombre negro salvaje y de su pene enorme.

Hoy en día la mirada blanca no ha cambiado mucho con respecto a los cuerpos negros. Escribí en mi blog personal un artículo sobre mi experiencia con hombres blancos exotificadores que quieren probar con mujeres negras porque todavía sigue vivo el estereotipo de que la mujer negra es mejor en la cama, más salvaje y más caliente.

Esas son experiencias muy comunes y muy dolorosas que viven las mujeres negras en Occidente. En noviembre de 2016, la activista escritora afrofeminista francesa Mrs Roots les pidió a mujeres negras usuarias de Twitter que le contaran las frases exotificadoras que habían podido escuchar en la intimidad. Ella recibió muchos testimonios, cada uno mas indignante que el otro, pero que describen la experiencia de ser mujer negra en Occidente en lo que tiene que ver con las relaciones y el sexo. Aquí están algunas de las frases que esas mujeres escucharon:

  • Córrete en tu idioma, por favor.
  • No voy a mentir, ustedes las morenas son unas bestias en la cama, salvajes como leonas.
  • Tú hueles bien, en general las mujeres negras huelen mal.
  • Tengo una fantasía: quiero hacer dirty talk con una mujer negra, llamarla esclava y puta.
  • Me he negado a salir con este hombre y él me dijo: nadie os quiere a vosotras, no puedes tener tantas exigencias.

Esta fetichización de los cuerpos negros aparece también en la literatura, donde las mujeres negras son representadas a través de un prisma exotificador. Yo soy amante de la literatura erótica y desde hace poco, para evitar leer descripciones de los cuerpos negros con términos que pertenecen al campo léxico exotificador y especista (pantera, salvaje, leona, etcétera), decidí leer exclusivamente libros eróticos escritos por escritores negres.

Desafortunadamente hay pocos, especialmente en la literatura francófona porque nosotres les negres hemos sido desposeídos de nuestras narrativas, especialmente con las que tienen que ver con nuestra desnudez y apenas empezamos a reconquistarlas. Me encanta ver que hay cada vez más blogs, tumblrs y libros eróticos cuyo objetivo es descolonizar el erotismo. Así que os vengo a dar una pequeña lista de libros de erótica negra si vosotras también queréis descolonizar vuestra imaginación erótica.

  • Push the Button, de Feminista Jones

Feminista Jones es una feminista negra interseccional afroamericana. Ella escribió este libro para dar visibilidad a las personas negras que practican BDSM, ya que esas prácticas son vistas como cosa de blanques. Este libro es perfecto para gente como yo a quienes les gusta el sexo con mucha dosis de romanticismo (hasta demasiado).

 

  • Volcánicas: una antología del deseo, de Leonora Miano.

Leonora Miano es una escritora franco-camerunesa. Vale la pena leer cualquier de sus libros traducido al castellano. En este libro, Leonora Miano ha reunido a escritoras negras francófonas para que escriban cada una una historia corta sobre el sexo desde un punto de vista femenino. Las historias son maravillosas y tratan de temas diversos como la homosexualidad femenina en África y los abusos sexuales.

 

  • Primera Noche: una antología del deseo, de Leonora Miano.

En este libro Leonora ha juntado autores negros francófonos, sólo hombres. La temática es la primera vez, no sólo la perdida de la virginidad pero diversas primeras veces sexuales. Me pareció muy interesante. Leyendo estos dos libros me di cuenta que la manera de escribir sobre el sexo es muy diferente según los géneros. Y claro, me gusta más como lo hacen las mujeres.

 

  • Erotique noire/ Black Erotica, de Miriam Decosta Willis y Reginal Martins.

Compré este libro porque en el prefacio de unos de sus libros, Leonora Miano se refiere a él como uno de los primeros libros modernos de celebración de la sensualidad negra, escrito por y para les negres. Este libro me pareció bastante extraño porque no es una historia sino varios tipos de escritos que no están ligados los unos con los otros: poemas, extractos de libros, ensayos, letras, historias cortas… Pero si une consigue acostumbrarse a esta estructura, el libro es muy interesante.

Foto: Peter Grifoni

Tomado de Proyecto Kahlo

 es autora del blog voodoopussy.wordpress.com

Sobrevivientes, 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista

He vivido la violencia de género tan cerca que aún no puedo ni contarlo. Compartirles Sobrevivientes, con prólogo de la (mi) querida profesora Clotilde Proveyer, más que una buena oportunidad, es hacerle justicia a todas las mujeres abusadas, violentadas, injuriadas y decirle a las otras que siempre hay una salida posible, una puerta que se abre.

Sobrevivientes, 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista, es un volumen también que nos habla de la posibilidad de vencer a la violencia machista, aquella que ejercen los hombres contra las mujeres y para la cual no existe razón alguna.

Dice Proveyer en el prólogo: “Este libro estremece, obliga a la reflexión y al compromiso, nos empuja a actuar contra ese flagelo, al demostrar cuán dañino es el silencio que desde el desconocimiento, la indiferencia o el temor nos convierte en cómplices de una de las lacras más antiguas de la humanidad.
Es un libro imprescindible, que debemos tener a mano para no dar tregua al desaliento.”

Además, me ha gustado mucho ver nombres de amigas, colegas, compañeras de lucha en el índice de Sobrevivientes: Lirians Gordillo, Sara Más, Lizette Vila y Dixie Edith. Me siento como en casa.

Descargar 16 testimonios de cubanas que han salido del ciclo de la violencia machista. Aproveche y regálelo.

¿Mujeres babalawos?

El artículo que aquí les comparto fue publicado en el ya lejano 2005. Sin embargo, dado el asombro con que se ha tomado la existencia de mujeres Iyaonifá en Cuba, considero importante azuzar el debate.

¿Mujeres babalawos?

Por Elsie Carbó

…Él fue avisado que las puertas de la casa de Orúnmila están abiertas para sus hijos e hijas y ninguno esta impedido de cruzar el umbral… (Proverbio de un poema del Odú de Ifá, Otura-Iroso)

Transgresoras, profanadoras o vanguardistas. Desde el 2000, al menos, hay mujeres Iyaonifá en Cuba. Un tema que a puesto en pie de guerra al Templo Ifá Iranlówo, de Los Sitios, y la Sociedad Cultural Yoruba, de La Habana Vieja. La noticia circula de boca en boca en las calles habaneras y en las Casas de Santo. ¿Tendrán los babalawos que buscarse otro trabajo? Algunos prefieren pagar en dólares.

Nidia Aguila de León es una mujer cubana que ha sido consagrada como sacerdotisa de Ifá en la religión Yoruba, o sea, Iyaonifá, que es como homologarlas al mismo rango de aquellos hombres que han recibido la investidura de babalawos o sacerdotes de Ifá, un hecho que ha puesto sobre el tapete la remota polémica sobre si las mujeres pueden o no aspirar a esta condición, sin ser repudiadas y hasta señaladas como profanadoras de los mandamientos de esa religión.

Pero ¿quién puede ser esta mujer que supuestamente ha roto un dogma fundamental de la Regla cubana de Ocha Ifá, sin importarle el correspondiente castigo físico y espiritual que advierte el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá?, ¿Por qué llegó hasta esta consagración y cómo se desenvuelve en su entorno familiar, social y devoto?. Eso es, en definitiva, por humano y legítimo, lo más importante dentro del conflicto.

Quizás Nidia Aguila de León nunca imaginó la repercusión que su audacia suscitaría en muchas juntas de babalawos, y en líderes religiosos que no solo se circunscriben a Cuba, según dan fe ciertos documentos, tal y como le ocurriría en el pasado, a una Flora Tristán y otras tantas mujeres, que a lo largo de estos siglos se han erigido en luchadoras por la igualdad de la mujer, pero eso no importa tanto, lo fundamental es que Nidia está convencida de que con su acto no ofende a nadie, y continuará fiel a aquellas remotas tradiciones que los seguidores de los lukumises trajeron a esta parte del mundo, a pesar de los inconvenientes y reprobaciones que encarará por ser transgresora en su época.

Sin intención de hablar de las razones que puedan tener las partes en pugna en sus alegatos y demandas, por ser algunas de orden religioso, solo pretendo mostrarlas en su esencia para que el lector tenga referencia del tema que ya ha tomado las calles con algazara de noticia, porque Nidia ha protagonizado un hecho audaz y vanguardista, ante la mirada de los que han visto durante siglos, oficiar como líder solo al hombre.

Ella sabe que está en el centro de un conflicto que ha puesto en pie de guerra a dos ramas de la santería cubana, la Sociedad Cultural Yoruba, en La Habana Vieja y el Templo Ifá Iranlówo, de Los Sitios, adonde pertenece, pero piensa que su espíritu no flaqueará ante lo que le depare el futuro, porque confía en que ambas entidades tienen el derecho a discrepar, a decir lo que piensan y a llegar, por medio de análisis y reflexiones, al camino más sensato en la búsqueda de lo justo y lo más honrado para la religión que profesa desde hace 24 años.
LOS SITIOS
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Nidia vive en la ciudad que Alejo Carpentier llamó de las columnas, pero que también puede ser denominada de las celosías, los portales, el saludo, el desgaste y la reparación, la familiaridad, la tristeza y la sombra, el olor de los solares… En ella están casi todos los grandes monumentos y los vendedores de fritas, los comercios, los conventos y las iglesias, los parques, las sombrillas, las arcadas, esa irrefragable vida humana.

Caminar por Los Sitios es andar por calles estrechas y desembocar en amplias plazas de arquitectura colonial e histórica, que alberga a más de un millar de edificios que se remontan al siglo XVI, pero para llegar al hogar de Nidia hay que olvidarse un poco de estas imágenes de la literatura y adentrarse en un antiguo inmueble, remontar escalones y recovecos hasta dar con la pequeña estancia interior, que muy poco concuerda con la visión romántica del escritor del siglo.

Mujer blanca, hermosa aún en su joven madurez, sin afeites ni lujos, no parece tener arrepentimientos o temores, a pesar de la carga emocional que implica tener a una parte de la comunidad creyente opinando que es una herejía su sacramento, y otra que lo considera como un acto consecuente y merecido.

Lo primero que me llamó la atención en Nidia fue su rostro sereno y paciente. El tono de su voz encuentra el punto exacto para hacerse escuchar, aunque en ella prima mucho más la timidez que alguna huella de protagonismo egocéntrico o provocador. Es de breves respuestas y ademanes finos, no interfiere cuando otros me cuentan acerca de las vicisitudes y gozos enfrentados en la crianza de sus cuatro hijos, sin embargo toma la iniciativa para recordar que a los 18 años comenzó a tener conocimientos sobre la santería, a pesar de que sus padres no profesaban ninguna religión.

_Fue por mi esposo que abracé la fe, él sí venía de una familia creyente. Afirma.

Nidia es habanera, de pura cepa, como se dice popularmente, por eso no me costó mucho esfuerzo encontrar en los alrededores a personas que la conocieran desde su juventud. Amigos y amigas, vecinos cercanos, creyentes y ateos, que ven en ella a una mujer con un gran sentido de la solidaridad, al no negarle un favor a nadie, y mucho menos cuando sabe que alguien está necesitado o enfermo. Nada, que lo resumen todo con esa frase de buena gente, con que diferenciamos en buen cubano a las personas que nos rodean.

Vive en ese mismo edificio de la barriada de Los Sitios desde que se casó hace 24 años con Víctor Betancourt, babalawo, y presidente del templo Ifá Iramlówo, en la misma zona.

_Hace trece años que me hice Yemayá. Dice Nidia, a quien la rodean dos de los cuatro hijos de su matrimonio, y ya de hecho estoy ante una pareja de babalawos que vive bajo un mismo techo, unida no solo por las cosas cotidianas del amor, sino también por el trabajo religioso, situación que implica una modificación del pensamiento, porque lo que se consideraba imposible hasta hace poco, hoy, se ha revelado como un irreversible acontecimiento, aduciendo que este paso sitúa a Víctor en una posición insólita, al trabajar con una Iyaonifá en su propia casa.

¿Estamos tal vez en presencia de una revolución religiosa en el conglomerado de los yorubas? Pregunto, y Víctor afirma que sí, que el hecho es trascendental e histórico, y me explica que con toda confianza delega en su esposa muchas funciones propias de su rango cuando él no puede estar presente. Y aclara además, que Nidia no es la única cubana que ha recibido esta consagración. Añade que también “este año una venezolana fue a Matanzas a hacer Iyaonifa”.

¿Entraña esta derivación de funciones algún inconveniente entre la masa de creyentes?

_Quizás ahí se localicen algunos de los problemas que enfrenta una sacerdotisa de Ifá a la hora de trabajar, según me explica el propio Víctor, quien ejerce desde hace más de 20 años en ese culto, pues no hay una costumbre en la población practicante de ser consultada por una mujer y esto, desde luego, conduce a un distanciamiento, que en muchos casos puede ser temporal, si una vez que sean atendidos por ella salen satisfechos. Afirma.

_Son prejuicios que no vienen en la mayoría de las veces de los hombres, sino de las propias mujeres, que no aceptan ser registradas por otra mujer, porque hay un recelo al no existir antecedentes, refiere Nidia, y relata anécdotas recientes de personas que han llegado hasta ella por curiosidad, y que luego, espontáneamente, han hecho una buena labor de divulgación de su trabajo ante el resto de la población practicante que la mira desconfiada.

Recuerdo que el Consejo de sacerdotes de Ifá de la Sociedad Cultural Yoruba consideró a propósito de la iniciación de Iyaonifá en Matanzas, que las mujeres no deben ser engañadas haciéndoles creer que las han iniciado en los secretos profundos de ifá, porque “el protagonismo en Ifá no está concedido a las mujeres”. Y fustigan a quienes violan estos mandamientos y lo mercantilizan.

Víctor me remite a una respuesta suya, posterior a ese artículo, donde expresa que existen muchos espacios vacíos dentro del sistema ritual en cuanto a conceptos y ceremonias, y postula, en otro párrafo, “que sus tendencias religiosas siguen las tradiciones de las regiones de Lagos, Ilé Ifé de Nigeria, y el sistema de trabajo de los descendientes de los lukumies del siglo pasado”. Agregando que en su templo “no han afectado ni económicamente, ni moralmente a nadie y mucho menos a los detractores, pues no ha existido ingerencia alguna en sus políticas religiosas”.

El factor económico siempre está presente en cada acto o ritual de la santería, aunque nunca se mencione, siendo para no pocos adeptos un incentivo apreciable el iniciarse en su membresía, por eso me es inevitable traerlo a colación ahora, bien porque es motivo de curiosidad en unos y objeto de señalamientos subversivos en otros, ¿Qué precio tiene que pagar una mujer por hacer Iyaonitsa?.

_Unos 7000 dólares pagó la venezolana que te mencioné que fue a Matanzas a recibir su consagración”. Afirma Víctor, pero eso está en dependencia también de otros factores, por ejemplo, hay personas que solo pueden ofrecer una merienda sencilla, porque no tienen más posibilidades, y todo se hace sin ningún problema, aunque sí hay que pagar las cosas que son obligatorias. Tampoco tiene que ser en dólares.

Se refiere a Alba Marina, quien en junio del 2004 vino a Cuba, específicamente al reparto Simpson, en Matanzas, para recibir la envestidura. De esta venezolana se ha divulgado que es la primera mujer consagrada en Ifá en América, sin embargo, hay otras publicaciones que dicen que la primera en el mundo fue una norteamericana en el 2003. A Nidia Aguila de León, solo la precede por unas horas María Cuesta Conde, cubana también y del mismo templo Ifá Iranlówo, pues la ceremonia de ambas se celebró el 19 de mayo del 2000.

Nidia cita el caso de esa norteamericana D´Haifa Yeye Araba Agbaye de Ifé, quien también suscitó en el 2003 enconadas discusiones procedentes de personalidades religiosas internacionales, quienes se pronunciaron por la toma de medidas disciplinarias contra la Iyaonifá, sin que hasta el momento se sepa que hayan llegado a ningún acuerdo definitivo. Ella, de hecho, es también una mujer de la vanguardia.

Recientemente la Asociación Española de Ifá, con sede en la ciudad de Valencia, preocupada tal vez por las batallas verbales e impresas entre Concilios, hizo un pronunciamiento en septiembre de 2004, donde expresa que “son respetuosos del derecho de cada país u organización a tratar a sus ciudadanos y/o miembros de la manera que estime pertinentes, siempre que ello no constituya una violación de los sagrados Derechos Humanos y de las personas en general, entre los cuales se encuentran la discriminación de género (o de sexos), en cuyo caso nos consideramos, (se refiere a la AESI) con el derecho a criticar tales hechos por tratarse de un asunto de interés universal”.

Pero ¿Cuál es el temor a que la mujer sea Iyaonifä? Nidia confía en que se puede luchar contra esas parcelas amuralladas y misteriosas donde se abroquelan clases, sectas o sociedades que esgrimen textos bíblicos, códigos secretos y sentencias orales milenarias, para impedir que la mujer logre una posición a la altura espiritual del hombre.

Ella comparte la opinión de Víctor de que existe un temor “a que haya un cambio socio religioso tradicional y se establezcan las normas docentes sobre un estudio metódico de Ifá, entonces la mayoría de los babalawos tendrían que buscarse su sustento en la agricultura, como sepultureros o cazadores de cocodrilos en la Ciénaga de Zapata”.

¿Se podría afirmar que la mujer es superior al hombre cuando funge como Iyaonifá? Estoy segura que Nidia podría hablar de su confianza en el triunfo sobre las aprensiones de los celosos guardines de dogmas y preceptos, que solo ven a la mujer como esposa, madre y ayudante en las actividades religiosas, y por supuesto, sobre los que duden de que ellas puedan cambiar el mundo, pero ante esa pregunta prefiere el silencio, no obstante, su esposo opina que a ellas les es dado el don de la espiritualidad.

Creo que mi última pregunta a lo mejor no hubiera tenido respuesta de haberla formulado, al menos por ahora, en que los ánimos están caldeados y no se cuela por la rendija ni una luz. Pero me queda la duda ¿Qué ocurriría si se les niega la entrada a las sacerdotisas en determinadas ceremonias y rituales que han sido a través del tiempo solamente prerrogativas del hombre, digamos por ejemplo, en la apertura del año, donde se saca la letra que regirá al mundo creyente durante los doce meses en curso?.

Cuatro años no es mucho tiempo para una mujer que ha sabido esperar. La diferencia radica en eso precisamente, en tener la sabiduría de hacerlo, algo que las mujeres hemos aprendido desde niñas como la tabla de sumar. Nidia sabe que aún como aquellas legendarias capitanas que encabezaron las luchas por los derechos y la igualdad de la mujer, a ella le esperan sorprendentes acontecimientos. Su cruzada contemporánea tal vez le exigirá grandes sacrificios en el futuro, pero puede sentirse satisfecha de que ya se hable con mayor flexibilidad sobre las mujeres sacerdotisas de Ifá en el mundo. Inexorablemente, nadie podrá detener el curso de la historia.

Texto tomado de Grillos Azules

Foto tomada de Yoruba Ifá Ìranlòwò Asociación Civil

Cuba: Celebran la vida de afrocubanas y sus raíces

Por Lirians Gordillo Piña

Inés María Martiatu y Georgina Herrera son mujeres imprescindibles dentro del afrofeminismo contemporáneo cubano. Artistas y activistas más jóvenes reconocen en ellas y otras antecesoras un legado vivo que las impulsa.

El segundo festival cultural NATUR-ARTE dedicó a las afrodescendientes cubanas su segunda jornada con conversatorios, exposiciones y conciertos. El evento dedicado a la cultura hip hop se realizó por segunda ocasión en La Habana del 4 al 6 de enero.

El panel Protagonista estuvo dedicado a recordar el legado intelectual, político y humano de Inés María Martiatu (1942-2013), mientras que la expo Bendiciones celebra la vida y poesía de la escritora Georgina Herrera.

Georgina Herrera

Licenciada en Historia, Inés María Martiatu incursionó en la crítica teatral, la narrativa, el ensayo, la investigación etnográfica y el activismo afrofeminista. En los últimos años llegó a tener un blog personal, donde compartía textos y reflexiones.

Sus más allegados la llamaban Lalita y para la mayoría fue una maestra, fuente de energía y cambio. Por eso la narradora y actriz Xiomara Calderón afirma que Martiatu “era y sigue siendo esencia, espiritualidad y vida”.

“Muchas cosas se podrían hablar sobre Lalita, como su empeño en la fundación de un grupo, que al final fue el Grupo Afrocubanas, cuyo objetivo central es visibilizar el aporte de las mujeres negras en todos los aspectos de la historia y cultura de nuestro país enriqueciendo la historiografía nacional con nuevas e interesantes investigaciones”, dijo durante el encuentro la también conocida escritora y afrofeminista Daysi Rubiera.

Por su compromiso y constante hacer, a Martiatu se le reconoce parte esencial de la lucha contra la discriminación racial y por la igualdad de género, en particular la reivindicación de las mujeres negras en Cuba.

“En sus libros profundizó mucho en el respeto a las mujeres negras y mestizas, hablando de su papel, de su dignidad y rol en la sociedad. Luchó contra los estereotipos que siguen reduciendo a las mujeres negras al sexo, al baile y el servicio doméstico”, dijo sobre Inés María la investigadora y activista Irene Esther Ruiz.
Promover conciencia de género y racial fue un sentido siempre presente en la biografía de la escritora. Martiatu compartió con los más jóvenes sus lecturas, anécdotas y cercanía con importantes artistas que defendían las raíces africanas y develaban las expresiones de racismo en la sociedad cubana como las realizadoras Gloria Rolando y Sara Gómez.

Para esta segunda edición de NATUR-ARTE Sahily Borrero, coordinadora del proyecto, se propuso hablar de las mujeres negras y mestizas no solo desde la cultura hip-hop -centro principal del evento cultural- sino también desde el intercambio de ideas y reflexiones que aprendió de su maestra y amiga.

“Todo lo que sé sobre género y racialidad, me lo enseñó Lalita. Ella sabía que no soy la más lectora y me contaba sus cuentos, sus experiencias y reflexiones. Conversaba siempre conmigo y así aprendí mucho”, recuerda Borrero.

La también fotógrafa colaboró con la artista de la plástica Nancy Cepero, la fotógrafa Zenaida Cordero y la estudiante norteamericana Zulay Holland en la creación de la expo Bendiciones. Todas se inspiraron en poemas de Georgina Herrera para conformar un discurso que desde la imagen gráfica y la plástica reverencia la sabiduría y la fuerza de la poeta cubana.

Tomado de SEMlac.

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José Martí y Zayas-Bazán y su rol en la Masacre de los Independientes de Color

Es un secreto a voces, que el segundo capítulo de 1912: Voces para un silencio, documental de la reconocida cineasta cubana Gloria Rolando, no ha sido televisado en Cuba, pues muestra irrefutablemente la participación activa de José Martí y Zayas-Bazán, el Ismaelillo, por entonces Brigadier del ejército republicano, en la masacre de los Independientes de Color.

Por su parte, el historiador y abogado Julio César Guanche ha compartido recientemente documentos que vuelven a situar el debate sobre el rol del Ismaelillo; quien tuvo el cargo de Mayor General Jefe de las Fuerzas Armadas de la República durante mal llamada “Guerrita del 12”.

Con la autorización de Guanche reproduzco lo que él publicó en su muro.

Declaración del presidente José Miguel Gómez ante los sucesos de 1912

Proclama del presidente al pueblo de Cuba.

“Los atentados a la civilización, los ultrajes a la humanidad y las injurias a la patria, perpetrados por las facciones en rebeldía, sin respetar siquiera los fueros del hogar, colocan al gobierno, con cuya presidencia me honro, en situación de proceder tan enérgicamente, como cuando es preciso defender, a costa de los más grandes sacrificios no solamente las instituciones republicanas y el gobierno propio, sino la honra nacional. No puede en manera alguna permitirse que en pleno siglo XX, en un país tan culto como el nuestro, una sociedad como la nuestra, que tiene títulos sobrados para ser respetada y respetable, consienta que turbe un momento más su paz moral y material esas manifestaciones de feroz salvajismo que realizan los que se han colocado, especialmente en la provincia oriental, fuera del radio de la civilización humana.

Ha llegado, pues, el instante de que todos los ciudadanos (útiles?), de que todo hombre digno del título de tal, cualquiera que sea su raza, se apreste para servir a la noble causa en cuyo nombre hablo, haciéndome eco de los sentimientos expresados al gobierno por la casi totalidad del país y de los nobles sentimientos de los corazones cubanos. La hora es de reacción inmediata. Los bárbaros atentados a la cultura pública y a la dignidad nacional, realizados por los que proceden movidos por instintos feroces, obligan a todo hombre civilizado a defender su derecho vulnerado en los derechos de todos, para acudir con el arma al brazo a ser de los primeros en tomar puesto en las filas de la defensa nacional. Me dispongo a terminar brevísimamente la actual campaña, a fin de aniquilar el movimiento armado en la República, que sonroja los rostros de los hijos de un pueblo valeroso, digno y de vergüenza; dicho sea esta última expresión apelando al vocablo que en crítica situación para los revolucionarios del 68 sirvió al inmortal Agramonte para levantar más el espíritu público y hacer que prosiguiera la jornada gloriosa.

El ejecutivo espera que el Congreso votará mañana mismo el crédito suficiente para poner en pie de guerra todo el contingente preciso para conjurar, con rapidez y rudeza, la tempestad de pasiones desenfrenadas que unos cuantos criminales y colaboradores del crimen han desencadenado sobre Cuba, que no podía esperar tan insólita y torpe agresión.

He de armar y organizar excepcional e inmediatamente al país para su propia defensa. No tanto como en el ejercicio de un derecho, cuanto en cumplimiento de un deber, cada cual debe disputarse la satisfacción patriótica de ser de los primeros en formar parte de la legión de honor que libre a la república del bárbaro atentado que se le hace por los que dan testimonio de no detenerse ante lo que es más digno de reverencia y veneración. A la agresión asoladora y disolvente opondrá el gobierno la acción del país organizado, que marchará denodada y virilmente a restablecer la paz, sin escatimar esfuerzo alguno, en aras de la salvación de la República y del decoro nacional.

Para el honor y para la gloria de esta empresa no hay grandes peligros ya que el enemigo se mueve entre la espesura de los bosques actuando por sorpresa, esquivando los combates pero aunque los hubiera, este pueblo digno y heroico que no sabe tolerar ultrajes a su honra, ahora como siempre y ahora más que nunca los arrostraría con la impetuosa serenidad de los que en los campos de Cuba, entre escombros humeantes, con su propia sangre tiñeron las franjas y el triángulo de la bandera de la patria.”

Habana, 6 de junio de 1912
José Miguel Gómez”

 

 

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Qué es y cómo funciona la fragilidad blanca

Por Desirée Bela-Lobedde

Señalar conductas racistas a personas blancas siendo una persona negra no es tarea fácil, y la fragilidad blanca complica las cosas. Es bastante complicado, sí. Vivimos un momento en que las personas negras hemos decidido dejar de agachar la cabeza y callar cuando oímos racistadas.

Siempre digo que estamos viviendo un momento histórico en España, porque hasta ahora creo que esto no se daba tanto.

Muchas veces yo misma me he visto bajando la cabeza cuando he oído un comentario claramente racista. Me he callado ante actitudes que caen en eso que se denomina microrracismo (no por su tamaño, sino por su cotidianeidad); pero de un tiempo a esta parte. Eso ya no está pasando más.

Las personas negras cada vez somos más proclives a señalar conductas racistas arraigadísimas. A veces de forma didáctica, a veces desde el enfado o la ira.

Qué es la fragilidad blanca

Ante la identificación de las conductas racistas, hay personas blancas que caen en la fragilidad blanca. En el mundo anglosajón se denomina white fragility. El término fue creado por la Doctora Robin Di Angelo, no me lo estoy inventando yo ahora mismo, y en este vídeo puedes ver su explicación de cómo lo acuñó. Este vídeo que tienes aquí abajo lo explica muy bien y, aunque lo limita al ámbito laboral, es extrapolable a cualquier otra situación en sociedad.

Conductas racistas

Siempre me gusta puntualizar que señalar una conducta racista no convierte a la persona en una Racista de Primer Calibre. No, no es eso. Pero hay que tener presente que el racismo es estructural y que vivimos en España, un país que ha tenido colonias durante varios siglos.

El país del que procede mi familia, Guinea Ecuatorial, fue colonia -y posteriormente provincia- española hasta 1968. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? ¡Cuarenta y nueve insignificantes años! Entendamos que unas cuantas décadas, frente a varios siglos, no bastan para eliminar el poso colonialista de las estructuras sociales. Este poso engloba actitudes, comportamientos, comentarios, expresiones del lenguaje y otras conductas que son racismo y que no se identifican como tal. Por lo tanto, tomémonoslo con calma.

Retomo: yo señalo conductas racistas. Yo le digo a una persona “eso que has dicho es racista”, no le digo “eres unx racista”. ¿Se entiende la diferencia? Espero que sí.

Reacción frente a las conductas racistas

La reacción de muchas personas, ante la llamada de atención sobre conductas racistas, cae en la fragilidad blanca. Es decir: se sienten atacadas y ofendidas de forma ultrajante, porque las he llamado racistas (cuando lo que he hecho ha sido señalar una conducta o un comentario racista).

Resulta que la fragilidad blanca ante las correcciones sobre conductas racistas opera así. Y parece que quienes debemos ser cuidadosas al expresarnos somos las personas negras. Tenemos que andar protegiendo y cuidando de los sentimientos de las personas blancas para que no se sientan heridas. Me da la sensación de que es la reacción que se da cuando una ha tenido el privilegio de que nunca se le haya llamado la atención porque las cosas que dice pueden ofender.

Lamentablemente esto no es así. Es necesario que las personas blancas aprendáis a gestionar ese sentimiento, porque muchas veces he sentido que me culpabilizaban porque, al haber señalado una conducta racista, la persona interlocutora se había sentido herida. Pues mira, como se dice en inglés: deal with it.

Porque la fragilidad blanca se conforma como un estado en el que cualquier mínima cantidad de estrés que genera una conversación sobre racismo se convierte en intolerable. Y, como dice Di Angelo, el término fragilidad no refiere exactamente a debilidad. Esta fragilidad desencadena una serie de comportamientos defensivos que incluyen un abanico de emociones que pueden ser tanto ira, como miedo o culpa, y comportamientos que llevan a discusiones, llantos, silencios o abandonar la situación que ha inducido el estrés. Estos comportamientos, a su vez, favorecen la “reinstalación” del equilibrio racial blanco y eurocéntrico.

Gestión de la fragilidad blanca

Las personas negras llevamos mucho tiempo gestionando la humillación y la ira que supone oír continuamente comentarios ofensivos. Ahora es tiempo de que las personas blancas gestionéis que se os señalen racistadas. Y, dear White People, gestionadlas p’adentro. No exterioricéis vuestro malestar y vuestra ofensa e indignación para hacer sentir mal a la persona negra. No cuestionéis a la persona negra de buenas a primeras. Tampoco nos hagáis luz de gas. Parad un momentito a pensar en lo que acabáis de decir. Poneos en el lugar de la persona que tenéis delante.

Es agotador, y desgasta muchísimo, que siempre se nos cuestione cuando señalamos una conducta racista. Resulta más agotador señalar esa conducta y que otras personas blancas se esfuercen en justificar a su par (a la persona blanca) intentando encontrar argumentos para excusar su comportamiento: “no, mujer, no ha querido decir eso en realidad”, “bueno, si es que eso se ha dicho siempre, qué más dará”…  Es agotador que intentéis darle la vuelta a la tortilla pretendiendo que sea la persona negra quien se sienta incómoda.

Podría seguir poniendo ejemplos de mierda condescendiente que aguanto cuando señalo racistadas. Así que, además de tener que lidiar con el ego herido de la persona que me ofende, tengo que estar aguantando que me ninguneen e infravaloren lo que me pasa siento. Al final parece que una tiene que acabar pidiendo perdón por haber ofendido a quien realmente ofendió. Y, mira: no.

Porque aquí parece que pasa una cosa: hay que hablar de racismo, y nadie es racista, y todo el mundo quiere luchar contra el racismo… pero sin contar con la opinión de las personas negras, que tenemos mucho que decir y que enseñar sobre todo esto. Y así no es.

 Tomado de Locas del Coño.
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