Zurbano y el “New York Times”: Lo perdido y lo ganado en traducción


Por Alan West-Durán

Un artículo de opinión escrito por Roberto Zurbano de Casa de las Américas, publicado el 23-24 de marzo, 2013 en el “New York Times” (NYT) es un buen ejemplo, por una parte, de valor y franqueza; y por otra, de mala traducción, insensibilidad cultural y ceguera histórica (en especial en lo que toca al esfuerzo de titular descarriado sino mendaz por parte del diario neoyorquino. Empecemos con el título: la versión original en español era “El país que viene: ¿y mi Cuba negra?” La veracidad del título de Zurbano estriba en su consonancia con el compromiso cubano a favor de la igualdad social y las futuras posibilidades del país que auguran nuevas transformaciones y en cómo explora el futuro de Cuba y la verdadera igualdad para su población negra. Su crítica se hace dentro de un proceso revolucionario activo y en marcha, en el cual la justicia debe trabajarse, y no tomarse por dado. Este entendimiento del futuro a construirse es medular porque el artículo se hilvana sobre el proceso inacabado de la Revolución cubana, más todavía cuando se ve a la luz de las transformaciones económicas del país, que ha desatado nuevas realidades sociales, algunas positivas, otras perturbadoras. Tanto el futuro del país y el de su población negra se articulan como preguntas, como incógnitas.

Estuve en Cuba cuando Zurbano recibió la traducción del NYT, junto con un contrato de varias páginas (en inglés, no vi el contrato) afirmando que el NYT tenía la última palabra sobre el editorial y su título. Esta versión traducida (y altamente revisada) tenía un título distinto a la versión en español (pero no el que eventualmente se publicó), con múltiples inserciones en el texto para supuestamente clarificar para sus lectores aspectos de la sociedad cubana pero con un subtexto político innegable. También introdujeron frases y palabras que Zurbano reconoció como contradictorias a su argumento y problemáticos, políticamente. Como él sabía que yo era traductor y conocedor de Cuba, me pidió que le ayudara a responder al NYT y descodificar los cambios que habían hecho al texto. El primer cambio notable fue el título: “Para los negros en Cuba, la Revolución no ha terminado aún”. Dicho título todavía preserva algo de la apertura hacia el futuro del original, pero a su vez indica un cambio de énfasis parecido al comentario de Henry Louis, Gates, Jr. en su documental sobre asuntos raciales en Cuba, cuando afirma que Cuba necesita de una “segunda revolución” para enfrentar y resolver las desigualdades raciales en la isla. El cambio de título subraya las diferencias políticas y culturales, y de esta manera cambia el énfasis cubano de Zurbano que era “el país que viene”, seguido por la pregunta sobre los negros cubanos. El cambio de título refleja cómo se enmarcan estos asuntos en EEUU, poniendo más énfasis en lo racial y sugiriendo un futuro más o menos delineado. No obstante este cambio de énfasis, se pensaba que el título no violaba el contenido del artículo. Sin embargo, el título final —impreso sin el consentimiento de Zurbano y sin tomar en consideración las posibles consecuencias políticas para el autor— fue “Para los negros en Cuba la revolución no ha comenzado.”

Este viraje completo en el título no es sólo desfachatadamente falso sino que tergiversa la historia contemporánea cubana. No importa que el contenido del artículo contradiga el título, el daño está hecho. Primero, afirma que cincuenta y cuatro años de revolución no han hecho nada por la población negra y mulata de Cuba, una aseveración tan errada que da risa. Hoy día Cuba tiene más doctores, abogados, ingenieros y maestros negros que jamás en su historia; ha terminado la discriminación legal en espacios públicos, centros de trabajo y en las escuelas. La contribución de negros al deporte, a la cultura y a las Fuerzas armadas son inmensas, para no mencionar su papel en terminar con el apartheid de Suráfrica. Segundo, el título le echa toda la culpa a la Revolución y el gobierno. Ahora bien, el gobierno (y el estado) juega un papel protagónico en la sociedad cubana, más que en EEUU, pero aun en los EEUU (donde hay sentimientos populares anti-estatales) nadie alegaría que el racismo que existe aquí es enteramente la responsabilidad del gobierno. Los EEUU han implementado leyes contra la discriminación, todas las formas públicas discriminatorias han sido abolidas y sin embargo, persiste el racismo y las desigualdades raciales en salud, vivienda, educación y en lo económico. Estos problemas ¿sólo recaen sobre el gobierno? ¿No requiere el esfuerzo de grupos públicos y privados, comunidades e individuos, el gobierno y los ciudadanos? La actitud del NYT revela una especie de paternalismo sobre el estado cubano que el cubano promedio no aceptaría.

Tercero, el título cambiado ignora la historia del racismo en Cuba que Zurbano sí atiende, los siglos de esclavitud y los sentimientos anti-negros que engendró (y todavía engendra), décadas de exclusión durante la era republicana (incluso la masacre del 1912), y ciertos tipos de segregación basada en la posición social de la familia a finales de los cincuenta. Aunque las dinámicas raciales de Cuba nunca llegaron al tipo de segregación estilo Jim Crow de EEUU, las secuelas de la esclavitud y la historia colonial de la isla marcó la evolución política y racial de la isla, legando problemas que persisten no sólo en Cuba sino en todos los países que padecieron del colonialismo y la esclavitud. Es importante recordar, que como jefe del editorial de Casa de las Américas Zurbano promovió la publicación de libros importantes sobre el tema; uno de esos libros fue su edición, con su propia introducción al singular libro de Frantz Fanon,Piel negra, máscaras blancas, un texto que confronta cómo los negros internalizan los códigos de inferioridad y también las mentiras usadas por el amo colonial para proteger su privilegio, con su carga de violencia.

El texto original de Zurbano ofrece una poética del cambio histórico en pos de hacer un futuro que todavía está por hacerse y esa futuridad está íntimamente entretejida en todo su texto. El primer párrafo del original habla de los cambios económicos recientes: “Los resultados, no solo económicos de tales gestos, traerán verdaderos cambios y que permitirán a Cuba salir de la Historia y entrar, de una vez, en el Presente. El Futuro se acerca veloz, desesperadamente, y en esa carrera van cayendo sueños y utopías compartidas hasta ayer por muchos cubanos.” Zurbano no sugiere que Cuba pueda evitar la historia, sino que hay que salir de una versión estática, utópica de la Historia (sí, con mayúscula) que sigue amarrada por (y al) pasado y que es incapaz de moverse hacia adelante (futuro). Su manejo del Presente, sirve para subrayar que Cuba tiene que actualizarse bastante para poder entrar de lleno en el futuro.

Su referencia al futuro recuerda la distinción de Zizek cuando habla de las palabras en francés (futur y avenir), ambas traducidas como futuro en español. Futur, alega, “es el futuro como continuación del presente como la actualización plena delas tendencias que ya se dan en lo existente; mientras que avenir apunta hacia una discontinuidad con el presente —avenir es lo que viene (a venir), no sólo lo que será.” (Zizek, The Year of Dreaming Dangerously, Verso, 2012, p. 134). El título original, “el país que viene” es justamente un ejemplo de avenir, una discontinuidad con el presente, una interrupción del devaneo automático hacia un punto fijo en el futuro. Esta noción de avenir es la que opera al final cuando Zurbano escribe: “Ese país no ha llegado todavía, pero además de soñarlo, salgo a buscarlo cada mañana.” Este lanzamiento a lo desconocido está completamente ausente de la versión del “New York Times”.

Además de estas malas traducciones históricas y políticas, los editores insertaron textos que eran para clarificar información histórica o contemporánea que el lector promedio necesitaba para comprender el contexto, pero esas clarificaciones tenían una visión editorial y cierta inclinación política. Entre ellos se había colocado ciertas referencias irrelevantes a Fidel y Raúl Castro; Zurbano por lo contrario, invocaba el futuro (avenir), donde la sociedad cubana iba a construir algo nuevo hecho por jóvenes, negros y mujeres. El NYT siempre trataba de explicar todo lo que pasa en la isla por Fidel o Raúl, bastante típico en el reportaje de la prensa occidental. El artículo de Zurbano quería ir más allá de los clichés y a su instancia esas referencias fueron sacados del artículo.

En otra sección sobre el Periodo Especial, el NYT añadió bastante información que no estaba en el original. Se entiende esta decisión ya que los lectores del Times no van a recordar lo que Cuba experimentó en los noventa. Aquí se destacaron las dificultades del momento (1990-1994) y después afirmar que el sueldo promedio mensual de Cuba es aproximadamente de $20 CUC. El autor insistió que había añadir más información para contextualizar la cifra; las prestaciones sociales (educación, salud gratuitas y la gran mayoría que pagan poca o ninguna renta). Pero aun eso no es suficiente porque poner esa comparación en Cualquiera que ha estado en Cuba sabe que no obstante la escasez, los precios altos dólares ya es injusto y hace lucir a Cuba como el equivalente de un país done la gente come cada tres días.  (para productos vendidos en CUC) y la falta de variedad en los comestibles, los cubanos todavía se alimentan decorosamente, con la ayuda del invento. Simplemente lanzar esas comparaciones sin contexto o interpretación es irresponsable en el mejor de los casos.

De nuevo, cuando se habla del reconocimiento que Raúl Castro hace del problema del racismo, la primera versión traducida dice que nada se había hecho bajo Raúl para resolver el problema, cosa incierta. Aquí el autor tuvo que reinsertar al texto los hechos: hay más profesores negros y representantes negros en la Asamblea Nacional.

Hay múltiples ejemplos de este tipo de cambio por toda la versión en inglés. No es necesario repasarlos todos, pero a grandes rasgos, este artículo (su versión original) era un escrito que miraba hacia el futuro de Cuba y con esperanza de que sus problemáticas raciales se podrían resolver. En NYT lo transformó en lo opuesto, y por eso le deben una disculpa pública (por lo menos) a Roberto Zurbano. Hasta el viernes 5 de abril sabemos que Zurbano fue destituido de su puesto como jefe del Editorial de Casa las Américas, y que se quedará en Casa, tal vez como investigador. El 6 de abril el NYT publicó algo por su reportero desde México sobre el incidente, pero en cuanto al asunto clave del cambio de título, lo esquivaron alegando que Zurbano había dado permiso para la versión final del título, lo cual no es cierto. El NYT dice que su contrato claramente estipula que ni el autor ni los traductores o los editores que trabajan con los autores tienen decisión final sobre el texto o el título, que provee un tono o contexto para el escrito en su totalidad. Sin embargo, hay que preguntarse si el NYT haría tal decisión editorial —tanto controversial como pendenciero— en el caso de otros activistas en otras partes del mundo, cuya habilidad para efectuar cambios necesarios en sus respectivas sociedades podrían hallar sus reputaciones (y vidas) comprometidas por la disponibilidad del NYT de canjear la veracidad por una buena controversia en aras de vender periódicos.

Más importante es la reacción en Cuba, gran parte recogida en La Jiribilla. Todavía se desconoce el texto original en español, y muchos de los comentaristas no saben lo que se perdió con la traducción, en particular con el título. El título ha suscitado respuestas encrespadas, pero curioso que la mayoría no han discutido los verdaderos temas que Zurbano menciona: ¿por qué persiste el racismo después de cincuenta y cuatro años de revolución, por qué los negros y mulatos siguen el las escalas mas bajas de la sociedad, por qué viven en viviendas más precarias, por qué conforman un alto porcentaje de los presos, por qué no se encuentran en las altas esferas del poder (comité central, politburó), por qué hacen  papeles estereotipados en los medios y están sub-representados como locutores y reporteros en la televisión?

Los críticos de Zurbano han hecho comentarios agudos a  su artículo, lo cual no debe sorprendernos, ya que tratar toda la complejidad de lo racial en Cuba en 1,200 palabras es imposible, no importa el idioma. Algunos han cuestionado cómo Zurbano define lo negro, o asuntos relacionados con el censo cubano, las realidades del Período Especial (que golpeó a todos los cubanos, no sólo los negros), o cómo el autor entiende la presencia de negros profesionales, o el debate caluroso sobre raza en Cuba (aunque no esté diseminado en los grandes medios), o difieren con él sobre como avanzar el destino de los negros en Cuba. Todos esto temas son de suma importancia, pero esperaré para discutirlos en otro artículo. Lo importante por ahora es que Zurbano ha removido temas de urgencia para la Cuba contemporánea: los negros y su sentido de ciudadanía, la importancia de combatir la inequidades raciales, el tipo de sociedad que Cuba aspira ser en los años venideros, cómo los cambios recientes en la economía tienen repercusiones de clase y raza, cómo la Cuba que viene va a abrazar la diversidad racial, cultural, sexual, religiosa, y de género.

En la película de Titón, La última cena, que toma lugar en los 1790s, hay un escena de un banquete donde doce esclavos comen con su amo. Sebastián, uno de los esclavos, narra una historia yoruba sobre Olofi, oricha que hizo el mundo, que incluye La Verdad y La Mentira. “La Verdad era hermosa y fuerte, la Mentira fea y flaca. Par compensar, Olofi le entregó un machete a La Mentira, para defenderse. Un día La Verdad y La Mentira se enfrentan en el camino y pelean, ya que son enemigos. Cuando la Verdad baja su guardia la Mentira le corta la cabeza. Como no puede ver la Verdad busca su cabeza y se equivoca y toma la cabeza de la Mentira y se lo pone donde su cabeza había estado.” En ese momento Sebastián toma la cabeza del lechón en la mesa y se lo pone delante su cara, como si fuera una máscara (un hombre con cabeza de puerco) y dice: “Y desde entonces va por el mundo engañado a toda la gente, el cuerpo de la Verdad con la cabeza de la Mentira.”

Este pattakí debe servir como lección de cautela para ver lo que ha ocurrido entre Zurbano y el New York Times. La cabeza del artículo (el título) viene a ser la cabeza de la Mentira, aunque el cuerpo (el Texto) sea la Verdad. Pero al ver que ocurrió en el proceso de traducción vemos que la cabeza del puerco termina mal puesta sobre un cuerpo pensante y perceptivo. Mientras vamos desenmascarando todo esto, quizás podemos juntar la Cabeza Verdadera con el Cuerpo de la Verdad.

En un sentido perverso, quizás el New York Times nos haya hecho un favor: al exhibir una mentalidad tan mendaz e insensible, no sólo nos permite discutir lo que Zurbano dice de verdad sino que también podemos examinar cuán fácil y descaradamente la prensa de EEUU puede distorsionar las realidades de un país extranjero o torcer los pensamientos de un importante pensador cubano y hacerlo decir lo contrario a lo que quería expresar. La verdadera lección aquí no es que el New York Times miente y Zurbano dice la verdad, sino que aún cuando el Times miente se atisba una frágil verdad, y que cuando Zurbano pone el dedo sobre la llaga del racismo y las luchas que conlleva en Cuba, nos hace confrontar las mentiras que nos contamos sobre raza, no importa el país en que vivimos.

Alan West-Durán
Boston, 6 de abril, 2013
Tomado de Afrocubaweb.com

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